Las madres y las elecciones generales

Aunque pareciera que la campaña electoral comenzó hace 4 años, en teoría, acaba de empezar.

Es el tiempo para que políticos y electores se hagan peticiones y ofertas, intenciones y deseos, insinuaciones y enamoramientos. Pero, la mayoría de las veces, la novia y el novio más presentable no es el que más interesa, porque es sabido que de novios somos una cosa y como decía mi abuelo «esto no es nada para cuando nos casemos».

Y en este te compro o te vendo votos, se unen grupos de presión, se venden intenciones y se flirtea por ambos lados para conseguir lo que se quiere.

Las madres, que somos los únicos ministros del hogar que acumulamos varias carteras a la vez como son: educación, sanidad, economía, justicia, interior, etc., y que no cobramos por ninguna de ellas, vemos como, nosotras, sin grandes estudios, llevamos nuestros ministerios con asombrosa pulcritud, exactitud y a tiempo, mientras que los que luchan por nuestro voto nos quieren convencer de que como ellos lo llevan o lo quieren llevar es la mejor forma, cuando sabemos que así es imposible.

Y quieren convencernos de que entrando menos dinero en casa se pueden hacer las mismas cosas.

Pero nosotras somos demasiado listas con nuestras cuentas y cada día realizamos un master en economía, para dirigir nuestra Hacienda, sin perder calidad en Sanidad y Educación.

Y no hablemos de Justicia. La justicia de nuestro hogar no tiene retrasos, demoras ni sentencias injustas. Los castigos se administran adecuadamente, en el momento y medida exacto y justa.

Todo esto por hablar de los ministerios más visitados por los habitantes de nuestra casa, sin pensar que los de Fomento, están ya también definidos, estructurados, asentados y conservados, que casi no nos damos cuenta que vivimos desde hace años en el mismo hogar y ni se nota.

Así es que Señores políticos, éstas son las peticiones de las madres antes estas elecciones:

No cuenten con nuestros votos si no cumplen lo siguiente:

– Una Sanidad Publica eficaz, saludable, respetable y respetada.

– Una Educación Pública a nivel Europeo y sin tener que recoger al niño para llevarle a clase de Inglés.

– Una agricultura y pesca que nos permita traer a casa los productos más sanos y a los mejores precios.

– Unas infraestructuras de Transportes Públicos asequibles para todos y a todos los lugares, para que no haya que coger el coche a todas horas y los hijos puedan volver a casa los días de salida en dichos transportes, ahorrándonos el dolor de perderlos en las carreteras. También una mejora de la Red de Carreteras, evitando esos puntos negros, esas carreteras de doble sentido llenas de choques frontales. Mejores y más Autovías. La eliminación de esos baches que más que eso son socavones así como esos guardarrailes asesinos. Quítenlos, es mejor que salgan rodando por mitad del campo cuando pierden el equilibrio.

– Una Seguridad y Vigilancia acorde con el número de personas que somos, que nos transmita tranquilidad.

– Unos medios técnicos y humanos, acorde con la sociedad y las necesidades de los tiempos en que vivimos, que permitan que la Justicia se aplique con Exactitud, de foma Adecuada y a Tiempo, no a los 3 años de cometido el delito.

– Una Economía saneada, sin sustos ni sobresaltos.

Y casi con esto se cubrirían bastantes carencias, aunque no todas. Dejaremos algunas para la próxima legislatura.

Pero claro, para todo esto se necesita trabajar bastante y derrochar poco.

No hace falta que nos devuelvan nada de lo que ya hayamos puesto para la administración de este gran hogar, pero, si sobrara algo, por favor, miren bien que siempre habrá algún que otro agujero que tapar.

¡Ah! Y si lo prometen, tengan en cuenta que se lo demandaremos y lo recordaremos, si no lo cumplen. Las madres tenemos muy buena memoria.

Flor Zapata Ruiz y unos cuantos millones de madres más. Muchas de ellas, sin hijos, por culpa de lo que no hicieron en anteriores legislaturas y no me refiero sólo a la última.

Publicado lunes, 25 de febrero de 2008 20:37 por FZ_madredHelena

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Carolina, viuda y madre sin hijos

Cuando puse titulo a este artículo pensé que me dirían que era muy fuerte, tal como me dicen con el título de este blog, pero es que la vida es así de fuerte, así de dura.

Es mucho más duro y más difícil de asimilar que Carolina, una joven, demasiado joven casi para ser madre y mucho más para ser viuda, lo sea y mucho más que ambos títulos se los haya ganado a la vez, el mismo día.

Cuando el Ministerio del Interior anunciaba que los muertos en carretera, en el puente de Diciembre de 2006, habían descendido un 20%, Carolina ponía en su vida dos muertos. Lo que siempre digo, que no son menos muertos, sino más y si no que se los pregunten a los familiares de las víctimas.

Conocí a Carolina en la celebración del día de las víctimas del pasado 2007. Pero ese fue sólo un primer contacto. Los que hemos perdido a nuestros seres y de forma tan dramática y drástica como es en los mal llamados accidentes de coche, no nos preguntamos ¿Qué tal estás? Ni ¿Cómo fue? Eso viene después.

Ayer, despues de 3 meses, supe cómo Carolina perdió a su marido y si bebe de tan sólo 5 meses.

Lo que iba a ser un puente de disfrute y descanso para terminar el permiso maternal, se convirtió en una pérdida total.

Aunque no he podido encontrar la noticia con algunos detalles que creo recordar, leí en su día,  que el presunto culpable de este espantoso accidente, demasiado cargado para conducir, salió ileso, abandonó su coche y se marchó. Carolina quedó muy grave y sus amores, rotos.

A Carolina se le ven mucho sus heridas físicas, hace poco que el forense le ha dado el alta y ahora empezará el proceso judicial. Las otras heridas, las psiquicas, no se le ven. Es más, como psicóloga que es tiene recursos para parecer un ejemplo a seguir, pero, están ahí.

Por una vez he pensado que ha tenido peor suerte que yo, doble dolor, pero enseguida he rectificado porque Carolina es muy joven. Demasiado joven para tanto dolor. Demasiado joven para no tener más vidas.

He recordado la frase de mi suegro: «En una vida hay muchas vidas» y yo deseo y espero que Carolina tenga más vidas en esta vida. Vida que le vuelva a traer alegría, esperanza, futuro y que algún día deje de ser «madre sin hijos».

Es lo que más deseo. 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

“Eres lo que yo más quiero
y no me canso de decirlo

eres en la noche el sueño
y en el día mi hechizo

si pudiera mirarte un ratito
si pudiera tenerte un poquito

eso es lo que yo siento”

(“Deja de volverme loca”, Diana Navarro)

 

 Publicado domingo, 24 de febrero de 2008 15:10 por FZ_madredHelena

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Sara y la poesía

Sara es una joven que me descubrió a Rosalía de Castro. A ella le debo conocerla en su ámbito más cercano a la temática de este blog, la pérdida de los hijos.

Y me quedé prendada de Rosalía, porque con sus versos puedo poner palabras a mis sentimientos, palabras que jamás sería capaz de escribir.

De vez en cuando me descubre a otros autores que expresan estos sentimientos o parecidos. Hace unos días me mandó otros poemas. Esta vez me dijo que no saben de quién son, que los encontró por casualidad y se acordó de nosotros.

Mi querida Sara, junto con Helena eran la juventud del rellano, pero ella también nos ha abandonado, aunque por suerte sólo para irse unas manzanas más lejos. Se ha hecho mayor y quiere vivir como tal.

En la vida de Helena ha habido varias Saras, cada una corresponde a una etapa de su vida. Sara amiga y compañera de colegio, Sara compañera de Universidad y Sara vecina. Todas ellas tuvieron mucha suerte de conocer a Helena, creo que pensarán, y nosotros de conocerlas a ellas, pensamos.

La Eternidad, uno de los poemas que me envió Sara: 

LA ETERNIDAD

 

Lo eterno, aquello que ya no

dejará de existir,

porque está en mi cabeza

porque está en tu corazón.

 

No me resisto a que el tiempo

borre los recuerdos

de quien ya no se encuentra

para quien ya no necesita respirar,

y hallar su destino

quizás mezclado con la incertidumbre

pero siempre intenso y maravilloso.

 

A pesar del dolor que produce

tu marcha, hoy quiero decirte adiós

y abrir la puerta a los fantasmas

que me atormentan,

que cada noche me visitan

y cada mañana me torturan.

 

Es cierto que nunca te olvidaré

pero también he de sonreír

porque aún soy humano

y tu eres eterno.

Siento que me das fuerzas

para conseguir vivir

en este infierno llamado día.

Publicado miércoles, 20 de febrero de 2008 21:40 por FZ_madredHelena
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Visto para sentencia

Hoy, día 18 de Febrero de 2008 se han dado bastantes coincidencias. Unas relacionadas con el número 18 y el resto con la pérdida de Helena.

Hace 2 años y 10 meses, tal día como hoy, enterrábamos a nuestra hija.

Hoy, las cifras de muertos de este pasado fin de semana que comunicaban todos los diarios, eran de 18 muertos, 8 menos que el año pasado, se empeñan en decir. No, no es así. Son 18 muertos más y si no que se lo pregunten a sus familiares.

Hoy, también se podía leer en El País un artículo titulado «morir en el carril correcto». En este caso, el artículo se refería a los que mueren por culpa de los Kamikazes, pero la coincidencia con mi hija es la misma en el sentido de que ella también iba de forma adecuada por su carril.

Hoy, 18 de Febrero, 2 años y 10 meses después de que mataran a mi hija, un juez a pronunciado la frase: «Visto para sentencia»

Hoy quiero dar las gracias, a pesar de todos los avatares, retrasos, huelgas y deficiencias con las que cuenta nuestra justicia (han sido necesarias 5 convocatorias),  a los profesionales que han hecho su trabajo: Guardia Civil, Fiscales, Abogado defensor de nuestra causa.

Y como ya comenté en otra ocasión, no traeré hasta aquí los pormenores de la audiencia pública hasta que no se haya dictado sentencia, pero quiero hacer una mención especial para nuestro abogado que ha documentado, argumentado y defendido magníficamente su petición de condena.

El abogado del presunto implicado ha hecho también lo que ha podido. Ha defendido lo indefendible.

Y el culpable, que es el único que a pesar de quitar una vida tiene el privilegio de decir la última palabra,  ha dicho algo así: «Yo no soy una mala persona. Tengo una hija de 10 años, si a ella le hicieran algo así, yo les odiaría mucho».

Él jamás podrá comprender ni entender los sentimientos que yo tengo y padezco. Los que tienen sentimientos como los que él describe, no esperan a la justicia. 

Nosotros no hemos aportado pruebas a la justicia para que dé un veredicto de culpable porque le odiemos. Nosotros ya sólo pedimos justicia, porque sabemos que a nuestra hija, no nos la van a devolver.

Y para celebrar este «visto para sentencia», nos hemos ido al cementerio, a visitar la tumba de nuestra hija. A llevarle flores. Lo único que ya podemos hacer con ella.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

Ya duermen en su tumba las pasiones

El sueño de la nada;

¿es, pues, locura del doliente espíritu,

o gusano que llevo en mis entrañas?

Yo sólo sé que es un placer que duele,

Que es un dolor que atormentando halaga,

Llama que de la vida se alimenta,

Mas sin la cual la vida se apagara.

(«Ya duermen en su tumba las pasiones». Rosalía de Castro)

Publicado lunes, 18 de febrero de 2008 19:07 por FZ_madredHelena
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Desde que era jovencita, siempre estudié por las mañanas, antes de que el sol se despertara y el día con sus ruidos y su vida comenzara a brotar.

Mi madre era la encargada de llamarme y enfadarse conmigo, porque, a pesar de esta costumbre, nunca llevé bien lo de madrugar y el reloj sonaba, mi madre llamaba y yo no encendía la luz y comenzaba a estudiar.

Mi madre insistía e insistía y al final se enfadaba, «si no piensas levantarte a estudiar, porque nos despiertas a todos y sigues en la cama». Después, con el paso de los años y ya casada, no me quedaba otra que seguir madrugando para estudiar, era el único momento, después el trabajo. Por la tarde / noche la universidad y cuando llegaba a casa ¿qué más podía hacer?

Cuando Helena comenzó a estudiar en los cursos más avanzados, tomó la misma costumbre, pero a ella apenas había que llamarla. No era necesario, ella se ponía su reloj, su móvil…

Ahora, cuando me desvelo y decido salir de la cama que no me reclama, espero abrir la puerta de su habitación y encontrarla allí estudiando y admirarme que no necesitara de mi ayuda para levantarse. Pero, no está. Después voy al salón, miro por el ventanal y descubro luz en otras habitaciones de las casas de la urbanización y me digo «Ahí están otras Helenas, estudiando, es época de exámenes.

Ahora no estudio cuando me levanto pronto, no podría, la tristeza me tiene agarrada, atrapada, atada, pero es el momento en que necesito escribir, llorar, expresar mis sentimientos.

Aprovecho para leer los periódicos, comprobar que el infierno que declara la iglesia que existe, no está en la otra vida, ni en otro lugar, sino que está aquí, entre nosotros, en el día a día, en la vida que nos toca vivir, mejor dicho en la que otros nos obligan a vivir, porque la mayoría de las veces, son otros los que nos cambian la vida.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

(Helena estudiando)

(Dedicado a los que hoy son noticia en los periodicos porque han perdido la vida y a los que les cambiará la vida por esta pérdida)

Publicado domingo, 10 de febrero de 2008 7:15 por FZ_madredHelena
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«Dolor»

Carta de Cristina Hernández Martín, publicada hoy en la sección de cartas al director de El País) Más sobre lo mismo, más sobre el mismo dolor).

 

Dolor

 «CRISTINA HERNÁNDEZ MARTÍN – Ciudad Rodrigo, Salamanca – 09/02/2008

  Cuando en octubre de 1999 mi padre falleció en nuestra casa, junto a la vega del río Águeda, después de que en tres años un cáncer lo devorara a los 53 años de edad, lo hizo con dolor. Porque duele dejar de escuchar las risas de una hija de 16 años y las historias otra, estudiante de segundo de Sociología. A mi padre le dolió mucho despedirse de mi madre. Cuando en sus últimas horas decidimos sedarlo para evitarle la angustia que produce empezar ese viaje del que no se regresa y que se hace siempre tan solo, lo hicimos para evitar que le doliera también el alma. Debe de doler mucho saber que te vas a perder la próxima primavera. Por eso, Rajoy me ofendió cuando en la entrevista con Iñaki Gabilondo, acusó a las personas que decidimos sedar a nuestros familiares ante una muerte inminente de «no hacer todo lo posible para que viviera». Porque no hubiera deseado nada más en el mundo que tener esa posibilidad.»

 Publicado sábado, 09 de febrero de 2008 7:28 por FZ_madredHelena Editar

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Lo que hay que sufrir

Ayer fui a visitar a la madre de una amiga que el día de Nochebuena le dio un infarto cerebral.

Aunque en todo momento les decían que no saldría y enseguida la catalogaron de coma vegetativo, enfermo terminal y en el hospital donde la ingresaron se dieron unas prisas desmesuradas por mandarla a una de esas clínicas donde mandan a los enfermos, en especial a los que tienen más de 80 años, a morir, ella no ha muerto, ni está para morir, por más que los médicos digan que su cerebro está destrozado y que sus reacciones son actos reflejos.

Al principio te contestaba con el hombro o con la cabeza, ahora intenta hablar con dificultad, con un hilito de voz, a veces monosílabos, pero entiende perfectamente y lo que es peor, sufre.

Ayer su hija le hacía ejercicios, que nadie le ha aconsejado, pues como digo, la han llevado allí para que se muera. Le pide sumar: dos más tres, «cinco» contesta y cuatro más dos, «seis», con una rapidez casi mayor que la que podríamos tener nosotros.

Ayer, cuando la toque, me miró fijamente y dijo algo así «Lo que hay que sufrir», su hija hizo una exclamación y se salió de la habitación, no podía con la pena y con la rabia ¡Cómo pueden decirle que su madre está vegetal!

Cuando salió mi amiga yo seguía tocándola y asintiendo y demostrándole que entendía perfectamente lo que me estaba diciendo, como sufría ella y como sufría yo. Entonces le pregunté ¿Te acuerdas de Helena? y ella me contestó «sí, mucho»

Su compañera de habitación está en la misma situación desde hace 3 años. No habla, decían al principio las enfermeras y no era cierto, no hablaba porque no oía, porque nadie se ha molestado en saber si lo podía hacer.

Estos enfermos no están sedados. Manuela, que así se llama la madre de mi amiga, tiene los ojos abiertos, inmensos, intentando no perderse nada. Tiene paralizado la mistad de su cuerpo y una sonda para la alimentación que nadie se ha preguntado o ha pensado en la posibilidad de darle de comer de otra forma y que después de tanto tiempo con ella, será imposible no depender de la misma el resto de sus días.

¡Qué fácil es recuperar una cama de un hospital cuando quien la ocupa es un anciano! ¡Qué fácil es no ocuparse de los que ya, por su edad, no tienen solución! ¡Qué fácil es facilitarles el camino para que se mueran! Eso sí, sin sedarlos, porque eso puede provocarles la muerte.

La familia de Manuela no ha hecho caso de que esté en estado vegeta,l según los médicos y está buscando un lugar agradable para que pase el resto de sus días, los que le queden y no un lugar donde dejarla morir.

Y yo me pregunto, ¿Ésta es la caridad humana?

 

Ayer fui a visitar a la madre de una amiga que el día de Nochebuena le dio un infarto cerebral.

Aunque en todo momento les decían que no saldría y enseguida la catalogaron de coma vegetativo, enfermo terminal y en el hospital donde la ingresaron se dieron unas prisas desmesuradas por mandarla a una de esas clínicas donde mandan a los enfermos, en especial a los que tienen más de 80 años, a morir, ella no ha muerto, ni está para morir, por más que los médicos digan que su cerebro está destrozado y que sus reacciones son actos reflejos.

Al principio te contestaba con el hombro o con la cabeza, ahora intenta hablar con dificultad, con un hilito de voz, a veces monosílabos, pero entiende perfectamente y lo que es peor, sufre.

Ayer su hija le hacía ejercicios, que nadie le ha aconsejado, pues como digo, la han llevado allí para que se muera. Le pide sumar: dos más tres, «cinco» contesta y cuatro más dos, «seis», con una rapidez casi mayor que la que podríamos tener nosotros.

Ayer, cuando la toque, me miró fijamente y dijo algo así «Lo que hay que sufrir», su hija hizo una exclamación y se salió de la habitación, no podía con la pena y con la rabia ¡Cómo pueden decirle que su madre está vegetal!

Cuando salió mi amiga yo seguía tocándola y asintiendo y demostrándole que entendía perfectamente lo que me estaba diciendo, como sufría ella y como sufría yo. Entonces le pregunté ¿Te acuerdas de Helena? y ella me contestó «sí, mucho»

Su compañera de habitación está en la misma situación desde hace 3 años. No habla, decían al principio las enfermeras y no era cierto, no hablaba porque no oía, porque nadie se ha molestado en saber si lo podía hacer.

Estos enfermos no están sedados. Manuela, que así se llama la madre de mi amiga, tiene los ojos abiertos, inmensos, intentando no perderse nada. Tiene paralizado la mistad de su cuerpo y una sonda para la alimentación que nadie se ha preguntado o ha pensado en la posibilidad de darle de comer de otra forma y que después de tanto tiempo con ella, será imposible no depender de la misma el resto de sus días.

¡Qué fácil es recuperar una cama de un hospital cuando quien la ocupa es un anciano! ¡Qué fácil es no ocuparse de los que ya, por su edad, no tienen solución! ¡Qué fácil es facilitarles el camino para que se mueran! Eso sí, sin sedarlos, porque eso puede provocarles la muerte.

La familia de Manuela no ha hecho caso de que esté en estado vegeta,l según los médicos y está buscando un lugar agradable para que pase el resto de sus días, los que le queden y no un lugar donde dejarla morir.

Y yo me pregunto, ¿Ésta es la caridad humana? 

Publicado domingo, 03 de febrero de 2008 18:26 por FZ_madredHelena
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El amor en los tiempos del cólera, según Zabala de la Serna

El amor en los tiempos del cólera según Zabala de la Serna

Hoy traigo un escrito de Zabala de la Serna porque esta lleno de amor y habla de una mujer muy especial.

Yo pude conocer a  esa mujer que se describe en esta historia  y es cierto que tenía una belleza singular.

Aunque cuando la conocí ya era abuela de bastantes nietos, la belleza seguía ahí. Tenía unos ojos preciosos, pero sobre todo, una belleza y elegancia especial.

El verdadero espejo de Fermina Daza

18-1-2008 02:54:59

POR ZABALA DE LA SERNA

MADRID. «Cierta noche entró en el Mesón de don Sancho, un restaurante colonial de alto vuelo, y ocupó el rincón más apartado, como solía hacerlo cuando se sentaba solo a comer sus meriendas de pajarito. De pronto vio a Fermina Daza en un gran espejo del fondo…» Aquel espejo mágico existió realmente e inspiró a Gabriel García Márquez una de las escenas más románticas de «El amor en los tiempos del cólera». Supo de su existencia a través de la palabra de Jomí García Ascot, poeta, cineasta, ensayista, crítico de arte, editor y uno de sus primeros amigos, junto a Carlos Fuentes y Álvaro Mutis, a su llegada a México en 1961. Jomí compartía tanto con Gabo que el Nobel colombiano le dedicó «Cien años de Soledad»: «A Jomí García Ascot y María Luisa Elío».

Jomí (José Miguel) había nacido en Túnez en 1927; contaba sólo doce años a la hora de partir hacia el exilio de la mano de su padre, el diplomático Felipe García Ascot. Atrás dejó España y a su adorada hermanastra, hermana de madre, Virginia Ernst, casada ya en 1939 con Victoriano de la Serna, figura del toreo de la edad de plata, época prebélica e incivil de la II República. Nada, ni la distancia ni la guerra, separó nunca a los hermanos, unidos por el amor y los recuerdos.

Siendo García Ascot un niño de babero aún, vivió con la débil consciencia de la tierna infancia la excursión estival desde el consulado de Elvas (Portugal) a Villagarcía de Arosa (Pontevedra) que refrescó luego en conversaciones epistolares y añorantes charlas fraternales en visitas intercaladas por demasiado tiempo.

Virginia irradiaba una belleza pura de cara lavada, muy Ingrid Bergman, iluminada por el gris profundo de unos ojos que arrastraban el mar de invierno desde su Turquía natal. No había pasado la barrera de los dieciséis en aquel verano de principios de los años treinta, cuando entró con toda su familia en un hotelillo gallego de corriente presencia. Victoriano de la Serna fumaba, con las piernas cruzadas como su traje de alpaca inmaculado, sentado en el brazo de un butacón, de espaldas a la entrada, enfrentado a un grande espejo, rodeado por su cuadrilla. Alzó la vista para elevar una columna de humo desde su boca, y el reflejo de Virginia lo deslumbró: «Alicia había vuelto a atravesar el espejo». Al genial torero de hondas verónicas se le iluminó la vida y no dudó, una vez más: «Acabo de conocer a la que será mi mujer», dijo a sus sorprendidos subalternos. Sólo hubo que esperar a que la mayoría de edad le llegase a Virginia Ernst; La Serna, como Florentino Ariza, se obsesionó con el espejo, que le había traído a sus brazos a la mujer que lo acompañaría hasta su último aliento en 1981, hasta que lo compró: «No fue fácil, pues el viejo don Sancho creía en la leyenda de que aquel precioso marco tallado por ebanistas vieneses era gemelo de otro que perteneció a María Antonieta, y que había desaparecido sin dejar rastros: dos joyas únicas. Cuando por fin cedió, Florentino Ariza colgó el espejo en la sala de su casa, no por los primores del marco, sino por el espacio interior, que había sido ocupado durante dos horas por la imagen amada».

El espejo de Virginia Ernst fue el verdadero espejo de Fermina Daza.

 Virginia Ernst era la abuela de Vicente Zabala de la Serna y la suegra de una de mis mejores amigas. Una de mi amigas que están y han estado ahí en todo momento, aguantando mis bajones, mis lagrimas y mis malos escritos, que no tienen nada que ver con el de su sobrino y mucho menos con el de García Márquez, pero que ella aguanta estoicamente porque para eso es mi amiga.

 Ella, como Virginia Ernst tiene también una belleza especial y sobre todo una paz, una dulzura y un saber estar que, el dicho de “todo se pega, menos la hermosura”, en este caso no se cumple y además,  ambas mujeres tienen mucho en común.

 Publicado lunes, 21 de enero de 2008 5:25 por FZ_madredHelena

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Soñar no es un sueño

Dicen que soñando liberamos miedos, tensiones, problemas y acumulamos energía para el día siguiente.

Los que hemos perdido a un ser querido le damos, además, otra utilidad.

Al principio necesitas soñar con ellos para verles nuevamente. Es una necesidad imperiosa. Recuerdas sueños anteriores que los has vivido como una realidad tan clara que piensas que es la única forma de ver y estar con ellos como si estuviera en esta vida, como si no se hubieran ido.

Pero eso no es tan fácil. Soñar es irracional, caprichoso, así como recordar esos sueños. Hay quien sueña y jamás recuerda lo que sueña.

Tú llamas al sueño, ¡qué estoy aquí, ven! Pero el sueño no viene, pasa de ti. Te levantas tomas esa famosa pastillita que ponen debajo de tu lengua cuando tú lo que quieres es morir, no soñar. Vuelves a la cama y esperas a que pase nuevamente el «señor sueño por allí». Entonces, cuando se va  acercando, le pides algo más, «quiero soñar». Pero ya son demasiados deseos, dormir, soñar, ver, no llorar…

Al final, unas veces duermes, otras sueñas, otras recuerdas, otras lloras y te despiertas peor que cuando te dormiste y siempre, siempre, te das cuenta que dormir no es soñar, que soñar no es un sueño y que los sueños, no son sueños, porque en tus sueños están también tus angustias, tus penas, tus pérdidas y ni siquiera te puedes valer de ellos para reencontrarte con tus seres queridos, tal como tu quisieras.

Sé de muchas madres que sueñan con sus hijos y los ven con toda nitidez.

Durante mucho tiempo, yo tenía sueños donde se suponía que estaba mi hija, pero no la podía ver. Después, comencé a tener sueños en los que aparecía, pero siempre o casi siempre era un bebe o una niña pequeña. Apenas recuerdo sueños en los que apareciese tal como era cuando me la arrebataron.

Porque soñar, para algunos, es un sueño, para otros, no es un sueño, es la realidad y no es cierto aquello de que «los sueños, sueños son».

(Dedicado a todos los que han perdido el sueño, los sueños y toda su ilusión y a los que lloran soñando, porque no pueden llorar despiertos. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena)

Publicado sábado, 19 de enero de 2008 7:34 por FZ_madredHelena
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La Jauría. Elvira Lindo

Para las madres que quieren educar a sus hijos de forma adecuada. Y a los padres.

Gracias a Elvira Lindo por ser valiente de decir ciertas cosas.

La jauría

ELVIRA LINDO 16/01/2008

Aunque no hay evidencias biológicas que demuestren que el lobo es un lobo para el hombre y las últimas teorías sobre el comportamiento apuntan a lo contrario, que uno de los aprendizajes que más nos distinguen a los humanos es el de la sociabilización, no dejan de sorprendernos cada poco sucesos que nos llevan a pensar que algo no está funcionando bien en el proceso de formación de algunos niños. Una manada de adolescentes mostró el otro día su rostro menos humano a una mujer, Pilar de la Fuente, de 43 años. La mujer, madre de un chaval de la misma edad que sus agresores, no comprendió la furia rabiosa y humillante de aquella jauría porque, probablemente, está educando a su hijo con otra actitud más saludable ante el mundo. Duele más la burla que los golpes, y así exactamente se expresaba la pobre Pilar cuando decía que le pegaron para divertirse. Los sucesos de manadas de niños que agreden a sus iguales o que se atreven también con los grandes (un síntoma nuevo, lo lógico era que los cachorros arremetieran contra el más débil) se repiten con inquietante frecuencia, y la opinión se divide entre los que piensan que las alarmas deben sonar y aquellos que aducen que, con respecto a la adolescencia, hay una especie de catastrofismo militante. Aunque opino que la repetición de agresiones de la misma naturaleza debería llevarnos a una reflexión para que el asunto no apareciera sólo puntualmente en las crónicas de sucesos, no estaría de más que la consecuencia de esta violencia no se redujera a la búsqueda sin más de los culpables, sino que se instara a los padres a reunirse, a los padres del grupito en cuestión y, tratando de sacudirles la conciencia, alguien con autoridad moral les planteara, ¿no será que estáis haciendo algo mal?

Publicado jueves, 17 de enero de 2008 22:15 por FZ_madredHelena
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