A Mi Vera

Esto es una playa

Las playas de Vera, Almería, fue un paraíso que descubrieron hace muchos años los nuditas y naturistas de toda Europa. Después, llegó el ladrillo y los nudistas se vieron obligados a compartir playa con el área textil, pero no pasa nada. Desnudos y vestidos se mezclan, pasean y disfrutan de un lugar, que a pesar de haber dejado de ser completamente virgen, no tiene edificaciones de más de tres alturas.

Han pasado 15 días de la riada de Vera, Almería, y ya casi ningún medio habla del desastre que aquí se ha habido. Tampoco ha habido una llegada masiva de voluntarios para quitar barro como sucedió con el chapapote. Quizás porque piensan que esto no es un bien común sino algo de lo que solo se benefician aquellos que tienen aquí su apartamento para alquilar o su segunda residencia.

El barro de calles secos por el sol

De hecho, algún lugareño puede dar esta justificación, y también los hay que dicen que ninguno del pueblo tiene una casa en el lugar más afectado, Pueblo Laguna, porque ellos saben que ese es un lugar de muerte.

La riada producida por el río Antas ha transformado el paisaje de la playa de Vera y, además del destrozo en casas y negocios, ha partido en dos la playa. Ahora, un brazo de mar entra en la zona del río, o mejor dicho, por fin el río puede desembocar en el mar.

Con el tiempo es probable que todo vuelva a su normalidad. El ayuntamiento limpiara las playas ahora llenas de cañas, árboles, tuberías, etc. La junta o a quien le competa tendrá que dar una solución al cauce de ese río que ya ha producido tres riadas, algunas mortales. Y los afectados, conseguirán sacar todo el barro de sus casas, aunque entre él se irá más de un recuerdo. Los que no conseguirán recuperarse son aquellos que han perdido la vida o los que habían invertido sus ahorros y se habían instalado aquí para pasar los últimos años de su vida con una jubilación escasa.

Ahora, dicen que los culpables son los ecologistas que nunca dejan limpiar ni tocar nada, y esa desembocadura del río llevaba mucho tiempo sin limpiar. Pero yo creo que los verdaderos culpables son los que después de dos riadas, en el 73 y en el 89, recalificaron terreno de inundación como terreno urbanizable. (Ver informes del Miguel Ángel Losada, Catedrático de ingeniería hidráulica y visitar portalmazora.es,  un magnífico informe de toda la problemática de esta zona desde sus inicios.

Por los comentarios de algunos lugareños pareciera que no saben que son muchos los pueblos, ayuntamientos y vecinos que viven de estas personas que huyen de países más fríos para pasar sus últimos días al cálido sol del invierno. De personas a las que les gusta este lugar para pasar su vacaciones. O de los que vivimos de buenos recuerdos porque pasamos momentos mejores cuando nuestras vacaciones eran felices y completas.

Helena, que pasó quizás sus mejores vacaciones en estas playas, se asustaría de ver lo que ha hecho la naturaleza en ellas. Perdón, de lo que ha hecho el hombre a la naturaleza.

Sirva este post como denuncia y homenaje a aquellos que han perdido algo más que lo económico: la vida. Y nuevamente, la dedicatoria de este blog se cumple perfectamente: por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos.

Me acabo de dar cuenta que el título de este post es también el de una canción (A mi vera, de Juan Peña)  y la letra de una canción que habla también de mi pena: “a tu vera, siempre a la verita tuya, siempre a la verita tuya, hasta el día en que me muera…” Pero la vida que nos junta también se encarga de separarnos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Correo sin entregar, Duelo, Historias, Reflexiones, Sentimientos, Solidaridad, Uncategorized | Etiquetado , , , , | 1 comentario

Madres sin hijos cumple seis años

Este blog cumple seis años. El primer post lo escribí el 24 de septiembre de 2006, pocos meses después de haber iniciado el de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!, con la finalidad de que las madres leyeran los temas de seguridad vial y fueran agentes en el cambio de usos y costumbres a la hora de conducir.

Pero este blog adquirió personalidad propia. No es un blog de duelo, al uso. Tampoco es un blog de seguridad vial. A veces es un blog de denuncia. Otras, es un inmenso correo sin entregar. Incluso fue la primera editora de «Los Cuentos del hada Helena». Fueron vuestras historias y vuestro dolor lo que me llevó a escribir esos cuentos y dedicarlos, especialmente, a los más pequeños de nuestros desaparecidos, y por la peor causa, la culpa de otro: Diego y la pequeña Julia. Después, hubo otros cuentos, para otros, madres o familiares de víctimas y el último, el más doloroso, para la pérdida que llevamos todos en nuestro corazón: Ruth y José.

Pero sobre todo este blog es el germen de la creación de un gran grupo: el grupo de «Madres sin hijos». Un grupo de madres que han perdido algún hijo, algunas hasta dos, que nos hemos ido conociendo a través de la pantalla de un ordenador, y que ha ido creando una red de solidaridad con el alma, para los momentos difíciles y de máximo dolor.

A través de este blog y del grupo Madres sin hijos, creado en Facebook, madres con hijos perdidos por cualquier circunstancia: accidentes de tráfico, enfermedad, violencia de género, terrorismo, asesinato o suicidio, se unen, se escriben, se consuelan, se intercambian fotos, se ayudan cada vez que una cae en la tristeza por su pérdida y siempre hay alguna con fuerza para consolar a otra, aunque la pérdida de un hijo no tiene consuelo.

En estos seis años, este blog casi ha dejado de contar historias de Helena, de plasmar mis sentimientos, de traer historias de accidentes, para dar paso al recuerdo de muchos otros hijos, con sus fechas de cumpleaños o aniversarios.

En estos seis años, nos hemos puesto cara de una en una, de dos en dos y hasta en un grupo más numeroso en nuestro primer encuentro de Madres sin hijos: Duelo compartido.

Este año tendría que ser nuestra segunda reunión, pero aún no puedo convocarla por problemas familiares, pero os prometo que la haremos, aunque no os pueda prometer una sorpresa tan especial como la de ese año.

Este blog, con más de 600 artículos, ninguno especialista en nada, solo lleno de dolor y experiencias vividas, escritos por esta madre y por las cartas a sus hijos de otras madres, se ha convertido en una referencia para muchas madres en España y América Latina. Una forma de encontrar a iguales y saber cómo se sobrevive, aunque parece imposible, a la pérdida de un hijo.

Por eso, me encuentro muy orgullosa de vosotras, compañeras de dolor. De todas las que habéis dado pasos para llegar a un pozo, pero le habéis rodeado y no os habéis tirado.

Me encuentro orgullosa de que cada una de vosotras se ha encargado de otra. Que yo no he tenido nada más que alimentar este blog, y vosotras habéis hecho todo el trabajo. Vosotras sois las que os encargáis de chatear y así ayudáis a otras.

Me siento contenta de que también muchos padres han encontrado ayuda en este blog y en otras madres, no olvidemos que detrás de una madre sin hijo, hay también un padre, porque lo más difícil es compartir el dolor con tu propia pareja, porque piensas que le va a hacer sufrir Aún más. Y así, viviendo el mismo dolor, cada uno lo comparte y expresa de manera diferente.

Queridos amigos y amigas, este blog sigue estando dedicado a todas las Madres que han perdido a sus hijos, por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos. Y a las que van a ser Madres, para que no los pierdan. Y a las mujeres en general.

Pero es de todos los que hayan sufrido una pérdida, porque El dolor compartido no es menor, pero es más llevadero.

Gracias, a Vanessa, mamá de Diego, por hacernos un vídeo tan precioso. Faltan muchos de nuestros hijos, pero es por ellos, por todos ellos. Y creo que es un buen regalo de aniversario.

Y sigo dando las gracias a Célsa Sánchez, la autora de la imagen de Madres sin hijos, la cabecera de este blog. También en Madres sin hijos, en mi página de quieroconducirquierovivir.com, aunque no estén todos los artículos de estos seis años.

Os quiero, muchos besos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Aniversario, Duelo, Mujeres, Reflexiones, Sentimientos, Solidaridad, Víctimas | Etiquetado , | Deja un comentario

Frases para padres que han perdido un hijo

Muchas veces encuentro que, hasta este blog, han llegado personas que en los buscadores habían escrito lo siguiente: frases para padres que han perdido un hijo.

Supongo que son personas que buscan ayuda para saber cómo tratar a personas que han tenido una pérdida. Pero no una pérdida cualquiera, sino la más importante: un hijo.

Es cierto que en esta vida que hay enseñanza para todo y toda clase de asignaturas, al menos en nuestra cultura, no hay una muy importante: cómo actuar ante una pérdida.

Y la vida está llena de frases hechas: le acompaño en el sentimiento; le doy el pésame; hay que seguir; la vida sigue; tiene que animarse, el o ella no querrían verle llorar; el tiempo lo cura todo…

Frases que, por mucha voluntad que pongan en ellas los que las dicen, no nos ayudan nada.

En Facebook cada día me llegan muchísimas frases, que supongo, las han sacado de esos libros de autoayuda y duelo, pero a mí tampoco me ayudan, porque el dolor por la pérdida de un hijo no tiene consuelo.

No hay frases para transmitir solidaridad ni consejos para sobrevivir. Cada uno tiene que encontrar su camino de supervivencia.

El tiempo no cura nada, solo ayuda a «aprender a vivir» con ello, a dulcificar el dolor, porque nadie podría sobrevivir mucho tiempo con el mismo grado de dolor. Moriría.

Y no hay palabras para consolar el dolor. Los abrazos y los besos sentidos son las únicas palabras posibles.

No hace falta decir nada. Abraza a la persona que ha tenido la pérdida. Llora con ella. Déjala que hable de su pérdida. No intentes cambiar de tema. No creas que si pronuncias su nombre se lo recordarás, porque ese padre o madre no necesita que le recuerden a su hijo, lo llevan en la cabeza  las 24 horas del día. No le metas prisas en su recuperación. Cada uno tiene su «tempo». No dejes pasar tiempo para ir a verles cuando tú creas que ya tienen menos dolor. No les olvides.

Porque el dolor compartido no es menor, pero es más llevadero.

«Las caricias son las palabras del amor». De la colección de frases de Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Duelo, Reflexiones, Sentimientos | Etiquetado , , , | 300 comentarios

Nuestros hijos tienen nombre

Mi última carta al director, publicada en El País de ayer día 10 de Septiembre

 

Ya se ha producido el macabro recuento de este verano. Y como en otras ocasiones, también con gobiernos anteriores, se habla de menos muertos. Descensos optimistas. ¿Alegría para quién? ¿Quién se alegra de pertenecer a esos 62 muertos menos si nunca pensó que pudiera tocarle? ¿Y los familiares de los que sí han muerto?

Las víctimas de siniestros de tráfico nunca son menos, siempre son más. Son más muertos que se unen a los del año anterior, y a los del otro, y al otro. Muertos que tienen padres, hermanos, familia, ilusiones y un nombre.

No son solo un número. Y para los que los quieren, el sufrimiento es el mismo, aunque hayan muerto por exceso de velocidad, por no llevar el cinturón puesto, por salirse de la vía en un punto negro o por el mal estado de las mismas.

Esas víctimas, en su gran mayoría, habrán muerto por las acciones de otros, por la omisión de tantos, por la culpa de todos. Porque todos debemos estar implicados para que no existan esos mal llamados accidentes de tráfico.

Esos fríos números que nos ha facilitado la DGT son: Marta, Irati, Ibai, Antonio, Alejandra… y así hasta 262 nombres, y eso, solo, en julio y agosto.— Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. “Vida en la Carretera”, Asociación de afectados por la violencia vial.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Cartas al director, Muertes en carretera, Reflexiones, Sentimientos, Víctimas | Etiquetado , , | Deja un comentario

Los guardianes del fuego. Un cuento para Ruth Ortiz

Este cuento está dedicado a Ruth Ortiz, la madre de Ruth y José.Es probable que ella jamás lo lea. Como ha sucedido con otras madres o madres de víctimas de accidentes de tráfico, algunas me encuentran y otras no, porque somos tantas las madres sin hijos que es difícil llegar a contactar con todas.
Ruth y el caso de sus hijitos, me impactó como a la gran mayoría de esta sociedad, y  aunque desde
el principio tuve un mal presagio, siempre quise pensar que aparecerían.
Me gustó la idea del lazo verde, un lazo de esperanza,porque me recordaba a mis inicios con el  lazo naranja. Y una vez más, no me sorprendió la fuerza y el tesón de una madre, porque para una madre no hay descanso, ni habrá, hasta encontrar o saber dónde están (estaban), qué pasó, ni hasta que se
haga justicia.
Ruth y José, como anteriormente Sandra Palo,  Mariluz o Marta del Castillo, son solo ejemplos y resultado de la acción de verdaderos monstruos, de la maldad que existe en este mundo.  Y como otros muchos casos que conozco de víctimas de accidentes, una vez más, son los padres los que tienen que indagar, investigar y descubrir lo que pasó.
La dedicatoria de este blog, una vez más, se hace presente en este caso:Dedicado a todas las Madres,
que han perdido a sus hijos,
Por la acción de otros,
Por la omisión de tantos,
Por la culpa de todos…
Querida Ruth, quisiera ayudarte, consolarte, pero no hay consuelo, solamente canalizar tu rabia y dolor en algo provechoso.
Con este sencillo cuento he deseado hacer un homenaje a tus hijos, y no nos vamos a engañar, mientras que lo escribía, conseguía vivir. Tenemos que aferrarnos a pequeñas cosas para conseguir sobrevivir, porque aunque quieres morir, no te mueres.
Con la escritura he conseguido hacer mi terapia particular y revivir a mi hija, el hada Helena. Sus cuentos son una forma de traerla a la vida una y otra vez. Ojalá tú encuentres la manera de sobrevivir.
Espero que te guste la ocurrencia de convertir a tus hijitos en dos lindos gatitos. No me preguntes cómo elijo los animales, o el motivo que representa a cada uno de los personajes del hada Helena, pero  los padres suelen encontrar coincidencias con aquellas cosas que les gustaban a sus hijos.
Querida madre sin hijos, ellos siempre van a ser tus hijos,seguro, y tú nos tendrás a nosotras, otras madres sin hijos. Un fuerte abrazo.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.
 
«Los guardianes del fuego»
 
 
 
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena
Septiembre de 2012
 
omo cada mañana, el rey Melenao se había reunido con sus colaboradores. Estaban todos, el guardián del ventanal, la cuidadora del columpio, el de los pasos de cebra, algunos ángeles y estrellas y el hada Helena.
 
En esas reuniones se planificaban nuevas ocupaciones, se proponían nuevos candidatos para realizar tareas de salvación y, en algunos momentos, el rey  podía dar un toquecito a él que hubiera abandonado su labor en algún momento.
 
-Bien, hoy vamos a hablar de nuevos rescates. Como sabéis, no podemos hacerlo hasta que sus familiares se han convencido de que se han marchado y no volverán o hayan tenido tiempo de decirles adiós.  Así pues, hoy vamos a traer hasta aquí a Ruth y José.
 
La cara de Diego, Julia y Juan era un poema. Sus bocas se abrieron enormemente y todos quisieron formular una pregunta, pero solo fue el guardián del ventanal quien la pronunció
– ¿Qué?
 
(Diego el guardián del ventanal)
 
-Si, sí, ya sé que no es tarea fácil después de lo que hizo el ogro con ellos, pero para nosotros no hay nada imposible. Bueno, solo una cosa no es posible, devolverlos o devolveros a la otra orilla.
 
Y de esta última tarea te va a encargar tú, hada Helena.
(El hada Helena según Pilar)
 
-¿Yo?
-Sí, tú. Cuando estés en el horrible lugar sabrás cómo hacerlo.
-Pero… yo…
-No dudes. Sabrás y podrás. Has hecho cosas más difíciles. Por desgracia, en este caso como en el de Diego, solo podrás actuar de porteadora.
 
Y diciendo esto, abandono su trono, dio una palmada y dijo- todos a trabajar. Y cada uno, incrédulos pero esperanzados, se marcharon a sus diferentes puestos.
 
Así fue como el osito Diego, desde su ventanal, vio que el hada Helena emprendía vuelo y se ocultaba bajo las nubes blancas que, ese día, se extendían bajo el ventanal.
 
Las alas de Helena se batían con fuerza para llegar cuanto antes a su destino, tenía muchas ganas de ver a esos pequeños que durante 11 meses habían estado desaparecidos para su pobre madre, aunque, de donde venía ella, sabían perfectamente dónde estaban.
 
Cuando llego a su destino, recorrió con la mirada la cantidad de mensajes que,  las personas de bien, habían dejado bajo esos muros blancos, donde los mortales suponían que habían muerto Ruth y José, a manos del ogro. Aquellas personas que no entendían cómo podía haber ocurrido una cosa así.
 
Primero se posó sobre el muro que encerraba un campo de naranjos. Desde allí, divisó unos pequeños restos de fuego, voló hasta allí y se posó en el suelo. Entonces, su bello y joven cuerpo se hizo visible, sus alas se hicieron más grandes y comenzaron a aletear fuertemente, produciendo un tibio y agradable viento. A la vez, y todo ello sin voluntad propia, sus labios se unieron como lo hacía cuando pedía besos y de ellos salió un fuerte soplo.
 
El viento producido por alas y boca comenzó a reunir las cenizas que quedaban esparcidas en aquel lugar. Primero fue un pequeño montecito, después se fue haciendo más grande y de repente se comenzó a dividir iniciándose un nuevo revuelo de cenizas. Parecía que con la fuerza de ese viento las cenizas iban a desaparecer, pero no fue así.
 
De esos pequeños montículos comenzaron a emerger dos pequeñas formas que cada vez se hacían más definidas y nítidas. Por fin las alas dejaron de batir y los labios de soplar y Helena fue la primera sorprendida: dos pequeños gatitos, blancos, uno con toques de color canela y en el otro oscuros, estaban ahora en el lugar de las cenizas.
 
 
Ambos tenían un lacito por el que el hada Helena dedujo que eran gato y gata. La gatita que llevaba el lazo rosa era de mayor tamaño que el otro. Estaban muy juntitos y parecía que la gatita quería proteger al pequeño.
 
¡Hola, soy Helena! -Dijo sonriente.  El hada cuando emprendió su viaje no tenía ni idea de cómo conseguiría reunirlos y llevarlos hasta más allá de las nubes.
 
Los dos gatitos respondieron con un suave ¡miau!,  juntándose aún más.
 
Fue entonces cuando el hada cayó en la cuenta de cómo transportaría a dos gatitos. Hasta ese momento, los recates habían sido de uno en uno. Recordaba el del osito Diego, en el río, como tomándole por el lomo voló con él, pero estos eran dos.
 
 
(El hada Helena y Diego. Imagen encontrada por la Cazadora de ángeles y hadas)
 
Miró a un lado y otro buscando algo que le ayudara. Enseguida, sonrió feliz. Se acercó al primer naranjo y arrancó una pequeña y verde ramita llenas de hojas. Después voló hasta el siguiente y la anudo a otra de las mismas características, y de allí al siguiente.
 
Cuando había recorrido varios árboles pensó que ya tenía bastante. Volvió donde estaban los gatitos e intentó unirlos rodeándolos con esas verdes ramitas y ante el miedo de los gatitos y el estupor del hada, las ramas se convirtieron en una suave y firme cinta verde, de seda, que parecía adquirir vida propia y, en un segundo, formó una especie de cesta rematada por tres cintas que se unían en un gran lazo que permanecía erguido invitando a ser tomado. El hada Helena lo asió y levantó el vuelo. El lazo verde se tensó y actuó como un paracaídas.
 
Según tomaban altura, Helena volvió la cabeza para echar un vistazo y a  sus pies observó que el lugar de donde había recuperado a esos dos lindos gatitos, un lugar lleno de naranjos, aparecía gris, lúgubre, devastado. Los árboles habían perdido todas sus hojas. Ella solo había tomados las ramas de algunos y solo las más pequeñas y verdes, pero en ese momento aquellos árboles se mostraban completamente desnudos.
 
Y pronto ya no pudo ver nada porque el hada y los gatitos entraron en unas nubes blancas, algodonosas y todo desapareció bajo sus pies. Al contrario, sus cabezas se despejaron y comenzó a aparecer un cielo azul y una larga escalera al fondo.
 
El cuerpo joven y hermoso del hada comenzó a transformarse y volvió a convertirse en una mariposa. La cesta en la que habían viajado los gatitos, depositaba en los escalones, comenzó a deshacerse y el lazo verde y sedoso emprendió una loca carrera resbalando por ellos y desapareciendo por entre las nubes.
 
Los gatitos habían ido ascendiendo, sigilosos, hasta llegar al final de la escalera, donde encontraron un gran ventanal desde el que se divisaba pueblos, campos, casas, con gran nitidez. Allí se encontraba el osito Diego.
 
-¡Hola! ¿Sois vosotros?
-Yo soy Ruth y él es José. –Por primera vez, se había escuchado la voz de la gatita.
-Yo soy Diego, soy el guardián del ventanal, me encargo de cuidar a los niños que están en el agua. Aquí todos tenemos una misión.
 
En ese momento, Julia, bajo de su columpio y se presentó- ¡Hola, yo soy Julia! Soy un ángel y me encargo de cuidar a los niños que cruzan las calles o van en sus carritos de bebés.
(Julia en su columpio)
 
Y Juan, que hasta entonces había estado sentado junto al columpio de Julia, se levantó lentamente, llegó hasta ellos, los olió, observó, los rodeo y directamente les preguntó- ¿Vosotros no tenéis siete vidas, qué hacéis aquí?
 
(Dibujo realizado por Helena)
 
– Sí, así es, pero el ogro terminó con todas ellas, por eso estamos aquí.
-¿Siete vidas os quitó? Pues sí que es un “ogro” malo. Más que ogro es un “Monstruo”
-¿Tú eres un perro callejero? –preguntó la gatita.
No, no. Yo soy el guardián de los pasos de cebra. Yo estoy aquí  por culpa de un hipopótamo.
 
-¡Ah! ¿Y estamos seguros contigo? ¿No nos atacarás?
-Por supuesto, que estáis seguros -dijo el león que en ese momento se unió al interrogatorio-. Yo soy Melenao, rey de “el país infinito”, y aquí todos somos iguales y hermanos, solo nos diferenciamos en la labor que tenemos encomendada. Vosotros también vais a tener la vuestra.
 
Los gatitos se sintieron más cómodos al ver que allí quien mandaba era alguien que se parecía bastante a ellos.
 
-Vosotros vais a ser “los guardianes del fuego”. Tendréis un ventanal como el de Diego y podréis vigilar cualquier columna de humo, o cualquier incidente que un niño pueda tener con el fuego.
 
Y diciendo esto, el rey abandono el grupo y se dirigió a su trono.
(El rey Melenao, y el ventanal, según David)
elena, la mariposa, que le había seguido, se posó en uno de los brazos del sillón. El rey la miró, sonrió y dijo- Ves como no hay nada imposible para mi reino.
 
La mariposa aleteó, y emprendió el vuelo para reunirse con sus compañeros.
 
Ruth y José siguieron juntos, pegaditos al ventanal, intentando llevar a cabo su labor, y, de vez en cuando, abandonándola por unos instantes para  filtrarse a través de los muros de su casa y observar a su mamá.
 
–          Mamá, mamá, estamos aquí, entre las nubes, tal como tú querías.
 
Mientras sucedía todo esto, el gran lazo verde había llegado hasta el suelo. Y, en ese momento, los naranjos comenzaron a cubrirse nuevamente de hojas.
 
Desde entonces, los mortales llevan un lazo verde cuando algún niño se pierde. Un lazo de esperanza, con el deseo de que los niños aparezcan y que ningún nuevo ogro consiga quitarles la vida.
 
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
 
Flor Zapata Ruiz, madre del hada Helena
 
Notas de la autora:
 
Este humilde cuento está dedicado a Ruth Ortiz, la madre de Ruth y José, con todo mi cariño, y deseo de paliar un poquito su dolor. Como ella ha dicho, ellos están ahora entre las nubes, arropados por otros que llegaron antes: Diego, Julia, Edu, Juan, Iván, millones de ángeles y estrellas…y el hada Helena, que murió por un conductor borracho.
 
 
-Portada: El hada Helena según  Laura Hernández Castro (seis años), de A Coruña.
 
-Otros dibujos: realizados por niños de un colegio de Albacete, para el cuento de “El guardián del Ventanal”, sobre Diego, un niño muerto en la piscina de su cole.
 
-Fotos y dibujos de Helena, Diego y Julia Pertusa, “la guardiana del columpio”, una niña atropellada cuando iba en su coche de bebé.
 
-Fotos de gatitos y otras, autor desconocido para mí. Este cuento es sin ánimo de lucro, si aparecieran sus autores, que me lo hagan saber y las retiraré del cuento.
 
-Cuentos del hada Helena, inscritos en el registro de la propiedad intelectual.
 
-“Monstruo”: Persona o cosa muy fea. Persona muy cruel y perversa. Producción contra el orden regular de la naturaleza.
 
-“Ogro”: Gigante que se alimenta de carne humana. Persona feroz
 
Este cuento se finalizó el 6 de Septiembre de 2012
 
(Disculpas por la edición. Por algún tipo de problema sale todo seguido)
Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Correo sin entregar, Cuentos, Literatura, Sentimientos, Solidaridad, Uncategorized | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Querida hada Helena


(Hada, de Virtu)

Querida Hija:

Cuando te convertí  en hada, papá no puso demasiadas objeciones, y el primer cuento, el de “El guardián del ventanal”, le encanto, aunque ya sabes su sentido crítico.

 

Otros cuentos del hada Helena no le han gustado tanto, y cuando escribí el de las navidades pasadas, “Rápido, rápido” se reía y me decía que estoy loca: Si a mí me cuesta creer en ciertas cosas, él es peor aún.

Pero el cuento de la pasada navidad está inspirado en la última vez que estuvimos en el hospital y el hada Helena apareció por allí, metiendo prisa a los médicos para que le salvaran.

Hoy me he quedado de piedra. Debe estar desesperado y aburrido y después de la visita del médico me ha dicho: habla con el hada Helena y dile que haga algo. Que eche unos polvitos de esos mágicos para darles luz a los médicos y que sepan, por fin, qué hacer conmigo.

Y aquí estoy. Transmitiéndote esa petición de alguien que no cree en las hadas.

Hasta que no mejore no le pueden operar, y, muy probablemente, si no le operan no mejorará. Ese es el dilema.

Quizás tus polvitos no sean mágicos, pero seguro que tienes influencias. Quizás
debieras darte una vuelta por el hospital, ya lo hiciste en otra ocasión.

No sabes cómo te necesito en los momentos en los que la salud flojea.

Mi querida y amada hada Helena siempre estás con nosotros, en nuestros corazones, pero yo te necesito de carne y hueso.

Y necesito besarte y abrazarte. Tenerte un ratito.

Flor Zapata Ruiz, madre del hada Helena.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Correo sin entregar, Cuentos, Literatura, Sentimientos | Etiquetado , | 5 comentarios

Ruth y José

Cada vez que se produce una desaparición de niños se me encoje el corazón y siento un fatal presentimiento. Así me sucedió anteriormente con otros niños y también en el caso de Ruth y José.

Al principio quise albergar esperanza, pero con el paso del tiempo, las pocas veces que vi a esa madre en televisión pensé, para mí, que era una nueva «Madre sin hijos».

Si las noticias que hoy aparecen son reales, se confirma que este mundo camina hacia la locura.

Ayer veía la película «Los hijos de los hombres», un mundo sin niños, sin posibilidad de que las mujeres los tengan, pero, al final,  con un punto de esperanza. Hoy, tengo la certeza de que hay un dolor mayor que el de perder a un hijo o a dos: perder los hijos a manos de su propio padre.

Mi solidaridad con esa confirmada, nueva, madre sin hijos. Su dolor comenzó hace mucho y no tendrá fin.

Ya existen dos nuevos angelitos, duendes, estrellas, hadas o como queráis llamarlos: Ruth y José

Se cumplió el presagio

e hirió el alma,

se hizo la luz

en las tinieblas heladas.

Se nos rompió el corazón

de tanto buscarla,

se apago la luz

de su tierna mirada.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Correo sin entregar, Duelo, Mujeres, Sentimientos, Solidaridad, Víctimas | Etiquetado , | Deja un comentario

La salud y la pérdida de un hijo


Normalmente, y siempre se dice, no nos damos cuenta de lo importante que es la salud, hasta que se pierde.

Y a lo largo de nuestra vida la perdemos y recuperamos con cierta facilidad y normalidad. Pero no pasa lo mismo cuando ha habido por medio una pérdida, porque el sentimiento de pena hace mella en nuestra salud física.

Conozco muchos casos de padres y madres que han enfermado a raíz de la pérdida de un hijo. Muchos de ellos con enfermedades de las llamadas raras o autoinmunes.

Cualquier pérdida produce un efecto emocional de distinta consideración y magnitud en cada uno de nosotros, pero cuando se trata de un hijo, el shock es tan tremendo que en nuestro interior se debe producir tal caos que termina por afectar a la maquinaria.

Y nuestra vulnerabilidad se hace más patente, y nuestra recuperación más difícil, y la añoranza de nuestros hijos, en los momentos de falta de salud, más acuciante.

Será porque es cuando más necesitas el apoyo y la compañía de un hijo, aunque siempre están ahí haciendo un quite los amigos o la familia, pero no es lo mismo.

Cada momento de enfermedad que sufre cualquier persona, con una salud normal, termina por ser un arañazo en la carrocería, pero para los que hemos perdido a nuestros hijos suele ser un nuevo zarpazo que nos deja una profunda cicatriz, que nos acerca más a un triste final.

Siempre recordaré varios comentarios de muy al principio de mi dolor. Uno era de unos vecinos que conocían a otros padres que habían perdido a un hijo y comentaban: esos padres estuvieron ya siempre enfermos. El otro, fue un comentario en uno de mis blogs de un sobrino sobre su tía que también había perdido un hijo en accidente de tráfico: mi tía nunca fue ya igual. Hoy por fin ha muerto para reunirse con él, que fue lo que siempre quiso.

Aunque en los primeros momentos siempre decimos y sentimos cosas así como me quiero morir, quiero ir con él, para qué seguir viviendo, etc., nadie se muere, y menos mal que muchos de vosotros no habéis muerto, porque existen otros hijos a los que querer, cuidar, y seguir vivos por y para ellos. Y los que no tenemos más hijos, cuando ya ha pasado tiempo, tampoco quieres morir, porque la muerte es fea, negra, duele, y sabed que, como decía mi psicóloga, ni siquiera los que se quitan la vida quieren morir .

¿Y quién te ha dicho a ti que, aunque mueras, vas a volver a estar con tu hijo o hija?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Duelo, Reflexiones, Sentimientos | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Otra vez verano

Hay fechas claves que producen más dolor, ese que está ahí siempre presente, pero que se reactiva con los recuerdos, la añoranza. Y una de esas fechas es el verano. Con él comienzan las vacaciones, y para las que tuvimos la suerte o la desgracia de trabajar, también, fuera de casa, el mejor tiempo dedicado a nuestros hijos.

Tiempo fuera de la rutina, lúdico, lleno de buenos momentos, y que siempre estará en nuestro recuerdo. Por ello, es un nuevo momento, una fecha más para añorar su ausencia.

Por muchos años que vivamos, por muchas vacaciones que volvamos a tener, nunca serán plenas, siempre estarán llenas de ausencia y recuerdo. Y de envidia cuando vemos correr y juguetear a otros niños por la playa o a los jóvenes que vuelven de la discoteca.

Y, algunas de vosotras, os dolerá la herida pero podréis volver a recordar esos tiempos viendo jugar a vuestros nietos con la arena. Pero otras no tendremos ni siquiera esa oportunidad.

Querida Helena, como recuerdo tu piel morena, tan bella, luciéndose con tus bonitos vestidos de verano. ¡Cómo te echo de menos!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Correo sin entregar, Duelo, Historias, Reflexiones, Sentimientos | Etiquetado , , , | 2 comentarios

Rafael Zapata Juaristi, maquinista de extracción

(Rafael Zapata ante los mandos de la máquina que manejaba por los años cincuenta)

Cuando pensé en el título de este comentario como homenaje a mi padre, fallecido el pasado día 30 de junio, iba a hacerlo como R.Z.J. un hombre del Renacimiento, porque ese es el concepto que tengo de él. Un hombre que lo mismo dibujaba, pintaba, diseñaba, trabajaba la madera, el cemento, la electricidad, fontanería o cualquier otra cosa que fuera motivo de reparación.

Rafael era un Leonardo da Vinci del siglo XX. Y podría haber competido con él en cuanto a sus inventos. Rafael, con mucha imaginación, un matamoscas y un trozo de tela, fabricaba un sistema de desconexión para que en los días de lluvia el sistema de riego, otro tema en el que era y fue especialista, dejase de regar.

Nació en el seno de una familia numerosa y humilde. Tenía siete hermanos y pocas palabras, y esta poca necesidad de hablar, quizás porque a él lo que gustaba era hablar con las manos, es lo que llevaba a pensar que de todos los hermanos era el menos inteligente. Hace poco supe que mi abuelo decía: “cuidao este muchacho que  parece tonto, que no habla, y luego ¡lo que sabe!”. Y Rafael, sin apenas estudio, manejando todas las artes, pero sin recursos, no llegó a la fama del tal Da Vinci pero no le faltaron méritos.

Pero volviendo al tema de mi título, si a Rafael, a Zapata, se le preguntaban ahora por su profesión, y a pesar de haber pasado media vida recorriendo España con una furgoneta, recogiendo maderas para ser clasificadas y calificadas por AITIM (Asociación de Investigación Técnica de las Industrias de la Madera), repito, ahora, cuando el presente y el futuro pierden toda importancia porque solo se recuerda el pasado y nunca el de hace pocas horas para saber lo que se comió, el contestaba que era maquinista de extracción.

Para los que no conocen el mundo de la minería, en estos días también tan de actualidad, maquinista de extracción es aquel que se encarga de manejar los mandos para subir y bajar una jaula, también para los que no lo saben, una jaula es una especie de ascensor, donde van los mineros y el material desde las entrañas del pozo de mina, al exterior o viceversa.

Y como decía, aunque se haya pasado media vida realizando las más diversas profesiones, pluriempleo o profesiones, pues si de algo podía presumir era de ser un trabajador, el seguía diciendo “soy maquinista de extracción”.

Fue el hombre que cualquier mujer querría tener en casa, porque igual te arreglaba un grifo, una persiana o realizaba esa pequeña chapuza. Eso sí, como dice la canción, “nunca fue tierno”. Porque él nunca besaba, siempre ponía la cara, para recibir. De eso se quejaba su mujer, María, eterno pinche de Rafael, al que preparaba mezcla, traía los ladrillos, y le reprochaba si estos no quedaban completamente rectos. María, trabajadora incansable también como él, era demasiado nerviosa para esperar a ver como moría él, y  se fue un año antes. Y María no sabía que antes, a los hombres, no se les enseñaba ni se les permitía ser tiernos.

También fue el técnico, en su pluriempleo de instalador de riegos, que nos habría gustado recibir en casa, porque si visitaba dos casa en ela misma calle, les cobraba la mitad del desplazamiento a cada una de las casa visitadas. Y todos tan contentos, excepto, supongo, su jefe, pero éste ya se lo cobraba con creces ante la generosidad y benevolencia de Zapata.

Y Rafael, Zapata, tuvo muchos jefes y compañeros que le quisieron, admiraron y respetaron, a pesar de su falta de palabras, porque ante todo, Rafael, Zapata, fue un hombre honrado y trabajador.

Para nosotras, sus hijas, fue el mejor padre y sé que sonará como siempre y para todos, pero es que en nuestro caso así lo fue.

Hoy he querido rendirle este pequeño homenaje como padre y como hombre. Un hombre trabajador, honesto, servicial, con valores, que nos enseñó. Y nos hablo de civismo y educación, algo que ahora intentan enseñar a los niños como una asignatura más.

En definitiva, un hombre bueno. Y como dice la canción, aunque nunca fue tierno, nos regaló miles de violetas a lo largo de su vida: las violetas del amor de un padre.

Querido padre, papá, papi, perdóname que te arrancara con desesperación, de forma tan brusca la mascarilla de oxígeno cuando ya no te llegaba. Que intentara cerrarte la boca, inútil esfuerzo, para que no se te quedara abierta. Fuiste el hombre más guapo que he conocido, hasta el último momento. Jamás olvidaré todas las cosas que creaste para mí: el triciclo, el columpio, las veces que me llevaste al cine en moto, o los juguetes que hiciste para mi hija: sillitas, camitas, armarios, la casita de piñata… o aquella noche víspera de mi actuación en el teatro, cuando te presentaste en casa con peinetas, collares, abalorios que habías alquilado para adornar mi traje de baile, ese baile que tú mismo me prohibiste seguir practicando cuando decías que ya era mayor para realizarlo sin ir a una academia, y tú no me lo podías pagar.

Gracias, papá, por todo lo que nos has dado. Descansa en paz.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, hija de Rafael.

 

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter
Publicado en Duelo, Historias, Sentimientos | Etiquetado , | 9 comentarios