«La muerte: un trámite lo más breve posible» Tribuna. El País

«La muerte: un trámite lo más breve posible» Tribuna. El País.com

Este es un artículo de Adreu Segura, publicado el día 30 de octubre en El País, muy apropiados para estos días, y de una claridad y una realidad que nunca nos atrevemos a afrontar, pensar o recapacitar sobre ella.

Yo creo, que si nuestra relación con la muerte fuera tan diaria y continua como nuestra relación con el resto de aspecto de la vida, nuestro sufrimiento, quizás, fuera menor, cuando nos enfrentamos de repente con ella.

En mi modesta opinión, un buen artículo:

«la muerte: un trámite lo más breve posible»

Nuestra sociedad no mira de frente a la muerte, ni ve sus vertiginosos ojos claros como los contemplaba Gabriel Celaya. Y eso que la conciencia de la muerte nos distingue a los humanos de otras especies animales. De modo que los enterramientos son señales inequívocas de hominización que los paleontólogos emplean para clasificar los fósiles.

La muerte está presente en la sociedad como un ingrediente espectacular de noticiarios y culebrones

Es verosímil que el cuidado de los moribundos, junto a la ayuda al parto, la inmovilización de las fracturas y el uso de hierbas medicinales, fuera una de las primeras actividades de la medicina primitiva. Cuidado de los que mueren y consuelo a los que permanecen. El nacimiento de las ciudades propició mucho después las primeras intervenciones de salud colectiva, el abastecimiento de agua potable, el almacenamiento y conservación de alimentos y los procedimientos de evacuación de residuos; pero también la inhumación sistemática y ordenada. En algunas de las primitivas ciudades los cadáveres se enterraban en el subsuelo de las viviendas.

Todavía hoy la policía sanitaria mortuoria es una de las prestaciones de la salud pública. Por cierto, de un modo que convendría agilizar y actualizar, disminuyendo la burocracia y algunos de los persistentes vestigios de épocas pretéritas.

La presencia de la muerte se ha mantenido a lo largo de la historia como atestiguan tantos monumentos funerarios, dólmenes megalíticos, pirámides, catacumbas y cementerios. Construcciones erigidas con diversos y discutibles propósitos, rituales y conjuros, supersticiones y esperanzas en un incierto más allá, que, en cualquier caso, reflejaban la asunción de la muerte como un fenómeno inexorable.

También los velatorios en el domicilio de la persona difunta agrupaban familiares, deudos, amigos, vecinos y curiosos durante largas horas hasta el entierro. Pero las transformaciones sociales de las últimas décadas, tal vez la comodidad y las prisas, el rechazo a las situaciones tensas y hasta grotescas que a veces se producían y, sobre todo, el disgusto, la impotencia o la comodidad, están acabando con estas manifestaciones de proximidad.

Bien es cierto que la muerte está presente en la sociedad mediática, aunque de forma dramatizada, como un ingrediente espectacular de los noticiarios y los culebrones, a menudo trivializada, mientras que la muerte doméstica se intenta reducir a la mínima expresión, un trámite lo más breve posible que conviene olvidar cuanto antes.

Tal vez porque la cercanía de la muerte desbarata los sueños de inmortalidad y los anhelos de la eterna juventud y nos pone de bruces frente a nuestras limitaciones e impotencias. Nadie ha podido hacer nada por evitarla y los extraordinarios avances de la medicina se estrellan frente a ella.

Precisamente la medicina considera, en general, la muerte como un reto, lo que la convierte en un poderoso acicate del progreso, un propósito absolutamente razonable cuando se refiere a las muertes prematuras que, sin embargo, deja de serlo en cuanto se generaliza. Y no tanto porque se trate de un anhelo vano sino por los efectos indeseables que sobre nuestra salud y nuestro bienestar provoca la obstinación terapéutica, denominación políticamente correcta del encarnizamiento terapéutico.

Los inconvenientes se manifiestan en el ámbito individual, ya que postergar desproporcionadamente la muerte se acompaña a menudo de sufrimiento y acostumbra a mermar nuestra dignidad personal, pero también en el ámbito colectivo, al contribuir a generar falsas expectativas en la comunidad, sin olvidar las consecuencias negativas sobre la eficiencia y la equidad del sistema sanitario. No hay que olvidar que cerca de la mitad de las defunciones se producen en los hospitales y que una de cada siete defunciones hospitalarias tiene lugar en los servicios de urgencias.

Afortunadamente se han ido desarrollando iniciativas como la de los cuidados paliativos que asumen como función principal ayudar a los moribundos y a sus familias a soportar mejor el último tránsito. Pero lamentablemente son minoritarias y, lo que es más significativo, no impregnan transversalmente al conjunto de las profesiones clínicas. De manera que apenas se traducen en contenidos formativos tanto de las licenciaturas y diplomaturas como de la especialización.

La mayoría de la población manifiesta su preferencia por morir en su propia casa, deseo que se frustra en la práctica, muchas veces como consecuencia del temor a la ignorancia del manejo de la situación y a la desconfianza en disponer de suficiente y puntual atención sanitaria, de la atención primaria o de los equipos ambulatorios especializados. En otras ocasiones las causas tienen que ver con la soledad o la falta de implicación de la familia. Naturalmente, no es posible morir en familia si ésta no existe. Pero fallecer en los hospitales de agudos o en los servicios de urgencias no es una alternativa sensata.

Frente a esta situación no se trata de propiciar la necrofilia, cultura que ha producido aberrantes resultados, sino simplemente no escamotear la experiencia de la muerte, dejar de negarla. Mirarla a los ojos cuando toque. Y afrontarla dignamente. Lo que, además, puede que comporte una mayor racionalidad en el consumo de los servicios sanitarios, menos sufrimientos innecesarios y, desde luego, una disminución de los costes económicos que tal vez pudiéramos invertir más atinadamente.

Andreu Segura es profesor de Salud Pública de la Universidad de Barcelona

Publicado jueves, 01 de noviembre de 2007 8:46 por FZ_madredHelena
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Halloween, todos los santos o la fiesta de las flores

Halloween, todos los santos o la fiesta de las flores

Tres denominaciones para un mismo día, una noche y dos actividades muy distintas.

La festividad de los santos, antes día dedicado al recuerdo de los muertos y la visita obligada a los cementerios, está dando paso con mayor relevancia a la noche de Halloween, una moda importa pero que, en especial entre los jóvenes, cada vez tiene más adeptos.

Y es que para los jóvenes cualquier excusa es buena para divertirse y tomar la vida con alegría, aunque sea utilizando la muerte, el terror o justo lo contrario de vida.

Pero para nosotros «el truco o trato» que nos recuerda momentos felices de la vida de nuestra hija, ha pasado a ser un día triste, aunque no más que otro.

España que por su clima debería ser el país de las flores por excelencia, sólo hace alarde de éstas en estos días y al contrario que en otros países con peor climatología que utilizan las flores en su vida cotidiana de forma alegre, aquí pasamos a utilizarlas de forma multitudinaria sólo en estos días, llenándose las calles las esquinas y en especial los cementerios de miles de ramos de flores.

Cuando visitamos a Helena en Holanda, ella nos esperaba en el aeropuerto con un ramo de tulipanes. Siempre me decía: «mamá cómo disfrutarías aquí con las flores y que baratas son» y nosotros mismo pudimos observar como muchas personas llevaban en sus bicicletas,  en sus cestas, ramos de flores de forma habitual.

Lo primero que hizo Helena al llegar allí fue comprar unas macetas de violetas africanas y ponerlas en su habitación.

Por eso, de estos tres aspectos de esta fiesta, me quedo con la parte bonita de las flores. Yo definiría estas fechas como eso «la fiesta de las flores», pero no puedo dejar de pensar que es una fiesta de flores no disfrutadas por nadie.

Los que las compramos, no las disfrutamos porque las compramos con dolor y nos recuerdan la pérdida de nuestros seres queridos y para los que las compramos, tampoco las pueden disfrutar. Este es el caso de Helena y sus calas. Su futuro ramos de novia. El ramo que nunca utilizará.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
………….que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
………….a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
………….yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

(Rosalía de Castro)

Para todos los que en este noviembre de 2007 son nuevos moradores de su último hogar. Nunca os prodremos olvidar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

 

Publicado miércoles, 31 de octubre de 2007 20:00 por FZ_madredHelena
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Las acciones de nuestros hijos

Las acciones de nuestros hijos

Como dice una canción de Serrat: “a menudo se nos parecen y con ello nos dan la primera satisfacción…”, pero, aunque siempre les vamos a querer, incluso dando la vida por ellos, a veces, nos enfadarán porque creemos que nos responden a nuestras ilusiones o deseos.

Pero cuando creemos que no se nos parecen, que no han aprendido nada de lo que les hemos enseñado, siempre sucede algo que nos hace ver que la semillita lleva mucho más que nuestro genes y que las enseñanzas de muchos años han dejado un poso.

También es cierto el tópico de que cuando una persona muere para el resto de futuros mortales, la que ya no nos puede oír era muy buena persona.

Pero en muchos casos este tópico se convierte en pura realidad.

Hoy quiero traer aquí la opinión de algunas personas que conocieron a Helena, que nosotros no conocemos y que no tenían ninguna necesidad de regalarnos el oído para paliar nuestra tristeza.

Hace unos días, después de dos años y medio, recibí un mail de una joven que se identificada así, como una joven de 24 años que había asistido al colegio de Helena:

Queridos Padres de Helena,
Me llamo Raquel, soy una chica de 24 años, compañera del colegio Los Sauces, iba un curso por encima de su hija. Llevo visitando su blog, Flor, desde hace varios meses, desde entonces he querido escribirla un email, y ya por fin me he decidido. Supe de la muerte de su hija desde que ocurrió, pero no sabía que era la Helena que yo conocí hasta hace unos pocos meses. La verdad es que no sé si Helena les hablaría de mi, yo llegué nueva al colegio en 3º BUP, cuando Helena estaba en 4º ESO. Nos encontrábamos en el autobús, en el L2, todas las mañanas, un buen día Helena bajando hacia el colegio decidió hablarme, ya que supuso que yo era nueva. Sólo les quería contar y dar las gracias a su hija porque fue la única ese año, que me hacia las mañanas agradables (fue un curso muy duro para mi),la única que un día que realmente lo pase mal, vino y me ayudo, e hizo que se me olvidara todo. El curso siguiente seguíamos en contacto en el bus, y allí en los recreos. Una vez que yo entré en la universidad, perdí totalmente el contacto con ella, sólo recuerdo que la mandé un mensaje al móvil, ya  no supimos más la una de la otra. No sé si hago bien en contarles todo esto, sólo quiero que sepan que lo único agradable que recuerdo de mi paso por el colegio ese año fue la relación con Helena. Puesto que sé que ustedes estaban muy orgullosos de su hija, deseo que este pequeño email, al menos les sirva para saber que quien aquí les escribe, le está muy agradecida a su hija por su apoyo por entonces, y que nunca la olvidaré.

Esta carta, junto con otra que recibí hace tiempo y que puse en un post  titulado «Cruzar la A-6«, son quizás las dos cartas más bonitas que hemos recibido relacionadas con Helena, porque ¡dicen tanto de ella!, de cómo era ella, vista sin el velo del amor de padres, que no he podido resistirme en traerlas hasta aquí.

¡Es tan bonito saber que las acciones de nuestros hijos son bien recordadas!

Gracias, Raquel. Es mucho más que sentirnos orgullosos de nuestra hija. Con sentimientos como el tuyo, paliamos nuestro dolor.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado domingo, 28 de octubre de 2007 9:08 por FZ_madredHelena

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Atropellado dos veces

Atropellado dos veces

Como si hubiera sido una pelota. Y el primer coche, ni paró.

¡Díos mío! No sé por qué le nombro si no debe existir.

Otro motero caído en el asfalto. Otra vez una mujer, una familia, unos amigos. Otra vez hay que investigar los hechos. Otra vez un joven que no volverá.

Esta vez, ni siquiera sé si habrán devuelto el casco. Lo han encontrado a un kilómetro del lugar.

Va a llegar un momento en que no va a haber suficientes rafagas para hacer al cielo.

 

Publicado martes, 16 de octubre de 2007 20:23 por FZ_madredHelena
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24 Rosas

» 24 Rosas»

« 24 Rosas « El nuevo disco de Diana Navarro.

Un disco para las madres, incluso las madres sin hijos, como yo.

Lee el post y escuchalo en ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!

Publicado martes, 09 de octubre de 2007 21:41 por FZ_madredHelena
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¡Ay pena, penita, pena, pena!

¡Ay pena, penita, pena, pena!

La aprobación de la Ley que endurece las penas de tráfico sigue siendo una pena.

«Una pena, penita, pena, pena», en todo los sentidos.

Los que ya estamos afectados por  la acción de personas que, hasta ahora, se pasaban la responsabilidad y el respeto a la vida de los demás por el forro…, esta ley no nos va a resarcir en nada y sobre todo en devolvernos a nuestros seres queridos.

Y para los que siguen haciendo caso omiso del derecho a la vida  y tienen como bandera la violencia vial, siempre encontrarán un abogado defensor que defienda lo indefendible y un resquicio de la ley en que basarse para ser absuelto o condenado a la menor pena posible.

Se dice que esta ley quiere acabar con la ambigüedad de la ley anterior y evitar que los jueces sean los que tienen que tomar la decisión de castigar el hecho o no, pero eso va a seguir existiendo.

¿No creen que  ya es bastante ambigüo los tramos de velocidad a los que alude la Ley?

Superar en 60 Km. la velocidad en vías urbanas y 80 en vías interurbanas, supone ponerse a una velocidad de 110 Km en población y 200 Km en carretera. Yo ceo que son velocidades más que suficientes no sólo para poner en peligro la vida de las personas, sino para seguir produciendo muchas muertes.

En cuanto al alcohol, cuando en otros países están pidiendo nivel «Cero» para una conducción segura, nosotros comenzamos por castigar un nivel 1, 2 ml en sangre, es decir: haber tomado un litro de vino u otras bebidas que contengan la misma cantida de alcohol.

En cuanto a las penas, es también una pena.

Las anteriores acciones serán castigadas con prisión de 3 a 6 meses o multa y trabajos en beneficio de la comunidad. ¿No creen que para surtir efecto deberían ir unidas todas ellas?

Las asociaciones de conductores se llenan la boca con decir «que no hay estructura suficiente para llevar a la cárcel a tantas personas que produzcan infracciones sujetas a esta pena».

Pero ¡de qué hablan! Creo que en nuestra legislación, las penas inferiores a 2 años de carcel, si la persona no tiene en su haber otra pena, no cumple dicha entrada en la cárcel!

Recuerden que Farruquito entro en prisión porque acumulo dos penas en el mismo hecho y la suma de ambas eran tres años.

Para partidos como el PP esta ley es excedida o improvisada, el PNV que la reforma se ha hecho de forma precipitada e izquierda Unida se ha abtenido.

Supongo que los representantes de estos partidos no tienen ninguna víctima entre sus familiares, sino la verían escasa más que excedida.

Para las víctimas de las carreteras, únicas víctimas mayor en número que las de cualquier tipo de terrorismo, pero que no reciben ni ayuda ni honores,  esta reforma sigue siendo escasa, aunque, es mejor que nada.

Esperaremos a ver su puesta en marcha y su aplicación por los órganos jurídicos.

Personalmente, no desearía que nadie se viese ni perjudicado ni beneficiado por esta Ley. Esto tendría un significado y un resultado muy positivo, porque yo, ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado sábado, 06 de octubre de 2007 22:21 por FZ_madredHelenaEditar

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Los días interminables

Los días interminables

Han pasado tres o cuatro días, desde el día en que como dice Rosalía de Castro:

«Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,

Bien pronto en los terrones removidos

Verde y pujante crecerá la hierba….»

Pero habrán sido días que parecen años. Días interminables.

Se alargan igual que se alarga el dolor como una sombra fría tras nosotros y aún, apenas, ha comenzado nada.

Estos días que llevan los padres sin sus hijos, sin sus niñas, sin sus niños, porque con esas edades son niños, aún apenas han empezado a pesar. Aún el calor de la familia, de los amigos, arropa cada día, con su mejor intención, pero después vendrá el silencio, el cesar de las visitas el reencuentro con una casa llena de recuerdos, con una habitación llena del perfume de ellos, de sus ropas recién usadas y que quedaron por allí, quizás revueltas, tiradas por las prisas de salir.

Queridos amigos en el dolor, vuestro camino sólo acaba de comenzar. Haced oídos sordos a quien os quieren consolar, lo hacen con su mejor voluntad, pero vosotros, ahora, no estáis nada más que para vuestro dolor.

No hagáis como si no hubiera pasado nada, si que ha pasado y ya nada será igual, al menos durante mucho tiempo. Refugiaos en vuestro dolor, porque él os curará y primero será una locura, una lo-cu-ra-lo-cu-ra-lo-cu-ra, que lo curará. Eso me decía siempre mi psicóloga, al principio, de esto hace más de dos años y ella, sigue intentado curarme y consiguió que no se vonvirtiese en locura.

Y no me canso de repetir esta frase y cada fin de semana la vuelvo a repetir:

Vuestro dolor es también mío, porque antes, ya fui yo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

(Dedicado a todos los padres que han perdido a sus hijos este último fin de semana de Septiembre: Rocío, Francisco, Mabel, Lucia, y otros tantos de los que sólo conozco unas iniciales)

Publicado miércoles, 03 de octubre de 2007 21:25 por FZ_madredHelena

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La vida de los hijos. Cartas al director

La vida de los hijos. Cartas al director

Carta publicada en la sección cartas al Director de «El Correo Gallego.es», hoy 2 de Octubre de 2007

Flor Zapata Ruiz . Madrid

La vida de los hijos

 

Cada mañana del fin de semana, nos desayunamos con las noticias de este y otros diarios sobre los muertos en las carreteras esa noche, esa madrugada y cada vez, los muertos son más jóvenes.

Este fin de semana tenían 15, 17 y 18 años. Los conductores tenían 18 y 19 años.

A esa edad, nuestros hijos conducen los coches de los padres, en muchas ocasiones coches potentes y de gran cilindrada.

Y en los casos en que conducen sus propios coches, estos son comprados por los padres.

Nos es bueno que lleven coches viejos y sin seguridad, pero tampoco que lleven los coches más potentes del mercado, cuando en muchos casos, no pueden ni deben ir a más de 90 kilómetros por hora.

Una curva, el exceso de velocidad, la impericia, el alcohol, otras drogas, todo ellos serán factores sobre los que, ya está claro, los padres no podremos hacer nada, por muchas advertencias que les hagamos. Pero sí podemos influir sobre el coche que ponemos en sus manos y cuándo.

Si nos importa la vida de nuestros hijos, hagamos algo por ella.

No demos facilidades para que cada fin de semana varias familias entierren a sus hijos, cada vez más jóvenes. Ya no es sólo cuestión de educación, es también una cuestión material. No pongamos en sus manos máquinas de matar para las que no están capacitados.

Es la vida de nuestros hijos y, a nosotros, sí nos importan.

¡Quiero conducir, quiero vivir!

Esta carta está dedicada a todos los padres que han perdido a sus hijos en este fin de semana.

En otra ocasión se habría titulado «carta a las madres de los jóvenes de…» En esta ocasión tendría que haber escrito unas cuantas cartas, porque ¡Han sido en tantos sitios donde han muerto jóvenes!

Vuestro dolor es también mio, porque antes, ya fui yo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

Publicado martes, 02 de octubre de 2007 21:13 por FZ_madredHelena
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Almudena, la mujer de NIK

Almudena, la mujer de NIK

Ayer se celebró un funeral por el motero fallecido el día 8 de Agosto en la carretera de Extremadura, muy cerca de Mostoles. NIK, un luchador por la reforma de los guardarraíles.

Ayer conocí a su mujer, muy joven y a su hijo, un hijo que NIK no llegó a conocer, pero que a mí, por algunas fotos que he visto, me parece que tiene la cara de NIK.

Con este motivo, también tuve la oportunidad de conocer a muchos moteros de «Lucha Motera», a los que conocía por su nombre en Internet, pero  que desde ayer pude ponerles cara.

Los amigos y compañeros de NIK estuvieron arropando a Almudena, otra Almudena viuda de motero, ya conozco dos, y entregándole su apoyo, incluso económico, y su cariño. Fue muy emotivo.

Y conocí a un grupo de moteros, nada salvajes, sin chinchetas ni cadenas, jóvenes y menos jóvenes y personas comprometidas con una causa y con la sociedad.

Querida Almudena, creo que NIK te ha dejado mucho, empezando por ese hijo, pero, además, un grupo de amigos que espero estén siempre ahí contigo.

NIK se encargará de ello.

Un beso.

Flor, madre de Helena.

Publicado sábado, 29 de septiembre de 2007 9:25 por FZ_madredHelena
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Carta para Marc Serra

Carta para Marc Serra

Marc Serra fue uno de los jóvenes que murió el pasado 11 de Agosto en la C-60 en Argentona.

Esta es la carta que ha escrito su prima, una joven de su misma edad y que ya no podrá disfrutar de su presencia, sólo de su ausencia.

La obras comenzadas en esta carretera un mes después de su muerte, le habrían salvado la vida, un mes antes.

LA MÁS AMARGA DE LAS CARTAS

“Deportista, simpático y con gran sentido del humor”. Así es como te definías a ti mismo en uno de los perfiles que rellenaste para un conocido servicio de mensajeria instantánea; lo que no querías decir, quizás por timidez, es que tenías un corazón que no te cabia en el pecho, que eras el más decente de todos los chavales de nuestra edad, que tenías un trabajo estable, una novia que te quería y una familia que te adoraba. Que te acababas de poner la “L” en el coche que tanto deseabas y que chinchabas a tu primica porque tú, siendo dos meses más pequeño, te habías sacado el carné antes que ella. Que después de alguna que otra mala racha, la vida te sonreía y que, por ello, tus ojos brillaban mucho más. Estabas contento porque tu hermano se había casado hace un año y porque dentro de poco ibas a ser tío de un niño que seguro que será tan guapo como tú.

Pero todo ha acabado de la forma más amarga posible; todos tus sueños se vieron rotos el pasado día 11. No hablaré del tema… ya de nada sirve porque tu no estás aquí.

Te vas y me dejas con el recuerdo de mi comunión, en la que por fin nos conocimos… ¿te acuerdas de nuestra fotografía? Está en mi habitación enmarcada y bañada con besos que nunca te podré dar y con las lágrimas más amargas que salen de mi corazón.

Recuerdos de un día en el touring… un día especial porque vivíamos nuestro primer eclipse y lo hacíamos juntos. Ese día que amaneció nublado pero aun así, decidimos meternos en la piscina con el riesgo de coger el peor de los catarros. Y esa conversación en los columpios bajo la lluvia… en ese momento encontré a la persona que había buscado siempre, un chico que me hiciera sentir especial, y yo tenía la suerte de ser su prima.

Recuerdos de momentos nupciales en los que nuestras miradas se cruzaban y nuestros labios se sonreían; que miradas tan cómplices, eh Marc, en ese momento nos lo decíamos todo sin pronunciar ni una sola palabra.

Encontronazos en el metro, que nos obligaban a llegar un pelín tarde a nuestras obligaciones, pero no importaba, porque con la sonrisa que nos mostrábamos mútuamente sabíamos que lo demás ya no importaba.

Recuerdos de conversaciones cibernéticas nocturnas, en las que nos explicábamos los planes para el próximo fin de semana, entre ellos una quedada para ir juntos a la discoteca que nunca llegará.

Y un baile pendiente… en la boda de tu hermano no lo pudimos llevar a cabo porque tenías una picadura en la planta del pie.

No te olvides de nuestro baile, Primiko, sea en la vida que sea, estoy segura de que nos lo daremos, pero hasta que llegue ese momento, gritaré a los cuatro vientos que has sido, eres y serás la mejor persona que he conocido, un chaval noble, amigo de sus amigos, divertido, tímido en sus momentos, agradecido, prudente y sobre todo, muy responsable; tu repentina muerte a los 18 años nos ha marcado a todos de por vida, pero no te preocupes, que desde aquí no te olvidaremos.

Sólo te pido que cuides de nosotros, Marc.

Con mucho cariño y adoración, tu “primika”.

Patricia Serra Arráez

Publicado jueves, 27 de septiembre de 2007 20:53 por FZ_madredHelena

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