Ruth y José

Cada vez que se produce una desaparición de niños se me encoje el corazón y siento un fatal presentimiento. Así me sucedió anteriormente con otros niños y también en el caso de Ruth y José.

Al principio quise albergar esperanza, pero con el paso del tiempo, las pocas veces que vi a esa madre en televisión pensé, para mí, que era una nueva «Madre sin hijos».

Si las noticias que hoy aparecen son reales, se confirma que este mundo camina hacia la locura.

Ayer veía la película «Los hijos de los hombres», un mundo sin niños, sin posibilidad de que las mujeres los tengan, pero, al final,  con un punto de esperanza. Hoy, tengo la certeza de que hay un dolor mayor que el de perder a un hijo o a dos: perder los hijos a manos de su propio padre.

Mi solidaridad con esa confirmada, nueva, madre sin hijos. Su dolor comenzó hace mucho y no tendrá fin.

Ya existen dos nuevos angelitos, duendes, estrellas, hadas o como queráis llamarlos: Ruth y José

Se cumplió el presagio

e hirió el alma,

se hizo la luz

en las tinieblas heladas.

Se nos rompió el corazón

de tanto buscarla,

se apago la luz

de su tierna mirada.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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La salud y la pérdida de un hijo


Normalmente, y siempre se dice, no nos damos cuenta de lo importante que es la salud, hasta que se pierde.

Y a lo largo de nuestra vida la perdemos y recuperamos con cierta facilidad y normalidad. Pero no pasa lo mismo cuando ha habido por medio una pérdida, porque el sentimiento de pena hace mella en nuestra salud física.

Conozco muchos casos de padres y madres que han enfermado a raíz de la pérdida de un hijo. Muchos de ellos con enfermedades de las llamadas raras o autoinmunes.

Cualquier pérdida produce un efecto emocional de distinta consideración y magnitud en cada uno de nosotros, pero cuando se trata de un hijo, el shock es tan tremendo que en nuestro interior se debe producir tal caos que termina por afectar a la maquinaria.

Y nuestra vulnerabilidad se hace más patente, y nuestra recuperación más difícil, y la añoranza de nuestros hijos, en los momentos de falta de salud, más acuciante.

Será porque es cuando más necesitas el apoyo y la compañía de un hijo, aunque siempre están ahí haciendo un quite los amigos o la familia, pero no es lo mismo.

Cada momento de enfermedad que sufre cualquier persona, con una salud normal, termina por ser un arañazo en la carrocería, pero para los que hemos perdido a nuestros hijos suele ser un nuevo zarpazo que nos deja una profunda cicatriz, que nos acerca más a un triste final.

Siempre recordaré varios comentarios de muy al principio de mi dolor. Uno era de unos vecinos que conocían a otros padres que habían perdido a un hijo y comentaban: esos padres estuvieron ya siempre enfermos. El otro, fue un comentario en uno de mis blogs de un sobrino sobre su tía que también había perdido un hijo en accidente de tráfico: mi tía nunca fue ya igual. Hoy por fin ha muerto para reunirse con él, que fue lo que siempre quiso.

Aunque en los primeros momentos siempre decimos y sentimos cosas así como me quiero morir, quiero ir con él, para qué seguir viviendo, etc., nadie se muere, y menos mal que muchos de vosotros no habéis muerto, porque existen otros hijos a los que querer, cuidar, y seguir vivos por y para ellos. Y los que no tenemos más hijos, cuando ya ha pasado tiempo, tampoco quieres morir, porque la muerte es fea, negra, duele, y sabed que, como decía mi psicóloga, ni siquiera los que se quitan la vida quieren morir .

¿Y quién te ha dicho a ti que, aunque mueras, vas a volver a estar con tu hijo o hija?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

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Otra vez verano

Hay fechas claves que producen más dolor, ese que está ahí siempre presente, pero que se reactiva con los recuerdos, la añoranza. Y una de esas fechas es el verano. Con él comienzan las vacaciones, y para las que tuvimos la suerte o la desgracia de trabajar, también, fuera de casa, el mejor tiempo dedicado a nuestros hijos.

Tiempo fuera de la rutina, lúdico, lleno de buenos momentos, y que siempre estará en nuestro recuerdo. Por ello, es un nuevo momento, una fecha más para añorar su ausencia.

Por muchos años que vivamos, por muchas vacaciones que volvamos a tener, nunca serán plenas, siempre estarán llenas de ausencia y recuerdo. Y de envidia cuando vemos correr y juguetear a otros niños por la playa o a los jóvenes que vuelven de la discoteca.

Y, algunas de vosotras, os dolerá la herida pero podréis volver a recordar esos tiempos viendo jugar a vuestros nietos con la arena. Pero otras no tendremos ni siquiera esa oportunidad.

Querida Helena, como recuerdo tu piel morena, tan bella, luciéndose con tus bonitos vestidos de verano. ¡Cómo te echo de menos!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Rafael Zapata Juaristi, maquinista de extracción

(Rafael Zapata ante los mandos de la máquina que manejaba por los años cincuenta)

Cuando pensé en el título de este comentario como homenaje a mi padre, fallecido el pasado día 30 de junio, iba a hacerlo como R.Z.J. un hombre del Renacimiento, porque ese es el concepto que tengo de él. Un hombre que lo mismo dibujaba, pintaba, diseñaba, trabajaba la madera, el cemento, la electricidad, fontanería o cualquier otra cosa que fuera motivo de reparación.

Rafael era un Leonardo da Vinci del siglo XX. Y podría haber competido con él en cuanto a sus inventos. Rafael, con mucha imaginación, un matamoscas y un trozo de tela, fabricaba un sistema de desconexión para que en los días de lluvia el sistema de riego, otro tema en el que era y fue especialista, dejase de regar.

Nació en el seno de una familia numerosa y humilde. Tenía siete hermanos y pocas palabras, y esta poca necesidad de hablar, quizás porque a él lo que gustaba era hablar con las manos, es lo que llevaba a pensar que de todos los hermanos era el menos inteligente. Hace poco supe que mi abuelo decía: “cuidao este muchacho que  parece tonto, que no habla, y luego ¡lo que sabe!”. Y Rafael, sin apenas estudio, manejando todas las artes, pero sin recursos, no llegó a la fama del tal Da Vinci pero no le faltaron méritos.

Pero volviendo al tema de mi título, si a Rafael, a Zapata, se le preguntaban ahora por su profesión, y a pesar de haber pasado media vida recorriendo España con una furgoneta, recogiendo maderas para ser clasificadas y calificadas por AITIM (Asociación de Investigación Técnica de las Industrias de la Madera), repito, ahora, cuando el presente y el futuro pierden toda importancia porque solo se recuerda el pasado y nunca el de hace pocas horas para saber lo que se comió, el contestaba que era maquinista de extracción.

Para los que no conocen el mundo de la minería, en estos días también tan de actualidad, maquinista de extracción es aquel que se encarga de manejar los mandos para subir y bajar una jaula, también para los que no lo saben, una jaula es una especie de ascensor, donde van los mineros y el material desde las entrañas del pozo de mina, al exterior o viceversa.

Y como decía, aunque se haya pasado media vida realizando las más diversas profesiones, pluriempleo o profesiones, pues si de algo podía presumir era de ser un trabajador, el seguía diciendo “soy maquinista de extracción”.

Fue el hombre que cualquier mujer querría tener en casa, porque igual te arreglaba un grifo, una persiana o realizaba esa pequeña chapuza. Eso sí, como dice la canción, “nunca fue tierno”. Porque él nunca besaba, siempre ponía la cara, para recibir. De eso se quejaba su mujer, María, eterno pinche de Rafael, al que preparaba mezcla, traía los ladrillos, y le reprochaba si estos no quedaban completamente rectos. María, trabajadora incansable también como él, era demasiado nerviosa para esperar a ver como moría él, y  se fue un año antes. Y María no sabía que antes, a los hombres, no se les enseñaba ni se les permitía ser tiernos.

También fue el técnico, en su pluriempleo de instalador de riegos, que nos habría gustado recibir en casa, porque si visitaba dos casa en ela misma calle, les cobraba la mitad del desplazamiento a cada una de las casa visitadas. Y todos tan contentos, excepto, supongo, su jefe, pero éste ya se lo cobraba con creces ante la generosidad y benevolencia de Zapata.

Y Rafael, Zapata, tuvo muchos jefes y compañeros que le quisieron, admiraron y respetaron, a pesar de su falta de palabras, porque ante todo, Rafael, Zapata, fue un hombre honrado y trabajador.

Para nosotras, sus hijas, fue el mejor padre y sé que sonará como siempre y para todos, pero es que en nuestro caso así lo fue.

Hoy he querido rendirle este pequeño homenaje como padre y como hombre. Un hombre trabajador, honesto, servicial, con valores, que nos enseñó. Y nos hablo de civismo y educación, algo que ahora intentan enseñar a los niños como una asignatura más.

En definitiva, un hombre bueno. Y como dice la canción, aunque nunca fue tierno, nos regaló miles de violetas a lo largo de su vida: las violetas del amor de un padre.

Querido padre, papá, papi, perdóname que te arrancara con desesperación, de forma tan brusca la mascarilla de oxígeno cuando ya no te llegaba. Que intentara cerrarte la boca, inútil esfuerzo, para que no se te quedara abierta. Fuiste el hombre más guapo que he conocido, hasta el último momento. Jamás olvidaré todas las cosas que creaste para mí: el triciclo, el columpio, las veces que me llevaste al cine en moto, o los juguetes que hiciste para mi hija: sillitas, camitas, armarios, la casita de piñata… o aquella noche víspera de mi actuación en el teatro, cuando te presentaste en casa con peinetas, collares, abalorios que habías alquilado para adornar mi traje de baile, ese baile que tú mismo me prohibiste seguir practicando cuando decías que ya era mayor para realizarlo sin ir a una academia, y tú no me lo podías pagar.

Gracias, papá, por todo lo que nos has dado. Descansa en paz.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, hija de Rafael.

 

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Aniversario de Paula, hija de Loly

Aniversario de Paula, hija de Loly

Creo que en todo este tiempo nunca he hablado de Paula (cómo me gusta este nombre), y es una de nuestras niñas que más tiempo hace que se marchó. Hoy se cumplen 15 años.

Paula se marchó por una maldita enfermedad difícil de solucionar y, a veces, dificil de detectar, en los tiempos que corren. Se trata de la Anorexia.

Conozco dos madres que perdieron a sus hijos por este motivo o como consecuencia: el hijo de Francisca Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, un terrible caso de cómo juzgamos por el aspecto, y que algún día os contaré, y la hija de Loly, Paula.

Loly es la madre que en nuestra reunión de «Madres sin hijos» nos habló como abogada.

Querida Loly, perdóname que en todo este tiempo no haya traído hasta aquí el aniversario de Paula.

Helena se podría haber llamado Paula, porque a mi me gustaba especialmente ese nombre, pero al final decidimos que no llevara nombre de ningún miembro de la familia, para evitar quealguien se enfadara. Y mira por donde, Helena y Paula están juntas.

Un fuerte abrazo, Loly, compañera de luchas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Llorar, hasta cuándo

(Las calas que me envían para Helena)

Creo que ya he contado aquí, en otra ocasión, que un familiar, que también perdió a su hijo con una moto, aunque parece ser que no fue un accidente, sino que le pasó algo físico y perdió el control de la moto, pues, como decía, este hombre me contaba el día que murió su mujer, que esta se paso cinco años llorando. Y lo decía de una forma despectiva. O a mí me lo parecía.

Ahora, cuando intento recordar a esta mujer, a esta madre también sin hijos, porque era su único hijo, la recuerdo prematuramente envejecida, con el pelo completamente blanco, con un semblante dulce y sonriente. Debía ser su cara hacía los demás, su cara para no asustar a los jóvenes, esa cara que intentamos poner para que no se nos note el corazón partido, y los jóvenes no huyan.

Esta mujer murió justo cuando se cumplía el primer aniversario de la pérdida de Helena.  Y en ese momento, en otro probablemente habría pasado, me sentía solidaria, compañera de ella, y fui hasta el tanatorio para pasar un rato con su marido que, prácticamente, estaba solo.

Por entonces, yo llevaba un año llorando. Su marido me decía que ella, cinco. Quizás fueron los únicos que él vio porque tal vez ella se escondiera para seguir llorando. En ese momento no supe medir si eran pocos o muchos años llorando. Lo que pensé es que el dolor duraría mucho.

Llorar es algo que no todo el mundo puede hacer y no por eso lo siente menos, pero llorar es liberador y sano.

Para mí han pasado siete años. Sigo llorando, por supuesto, pero no con la misma frecuencia. Quizás porque cada vez tengo más problemas para  escribir, y con la escritura siempre libero mi pena. Tal vez porque se me agotaron las lágrimas. O puede que sea porque ya llego mi hora de dejar de llorar, pero esto último no se cumple.

Queridas madres, esta reflexión es solo para daros una idea, a las que menos tiempo llevan, de que llegará un momento en que vuestro llanto se secará, lloraréis sin lágrimas, que es el peor de los llantos.

Y seguiréis vivas, si así se llama el seguir en este mundo, comiendo durmiendo, trabajando, saliendo y entrando, volviendo a comprar ropa, o riendo sin darte cuenta. Porque con el paso de los años, todo tiende a normalizarse. Porque nadie puede sobrevivir con el dolor que atenaza en los primeros momentos, en los momentos en los que eres conscientes de lo que te ha pasado. Porque cuando ha transcurrido un tiempo, nos apremian, empujan, piden, que volvamos al mundo de los vivos y pasemos de los muertos.

A mí me achacan que no estoy mejor por seguir dando apoyo a otras madres, por ocuparme de sus aniversarios y cumpleaños, por estar en una asociación, por seguir luchando para que no haya otros muertos.

No saben que llorar no tiene un tiempo. No detectan que nuestra normalidad es aprendida y mayormente, por darles contento. No tienen ni idea la de veces que digo, en un día: ¡Ay, mi hijita! No conocen que lloramos por dentro.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Pérdidas que se convierten en ganancias

 

Cuando el dolor era insoportable me preguntaba qué era lo siguiente: mueres o sigues viviendo. ¿Hay vida después de la muerte para los que quedan aquí? Busqué a otras madres que habían perdido a sus hijos para preguntárselo.

Llevo varios días que me llegan mensajes sobre la vida después de la muerte.

Primero me llegó el vídeo que me envió Esther, y que veréis más abajo, sobre el autor del guión de la película “cuarta planta” y ahora “Si tú me dices ven lo dejo todo…, pero dime ven”, Albert Espinosa.

Después, en una de mis sesiones de rehabilitación, encontré en una de esas revistas que vienen las casas que casi nadie tenemos,  los famosos, los vestidos, y las vidas que no poseemos, las declaraciones de una madre que también ha perdido un hijo.

Se trataba de una princesa que ha perdido a un hijo en accidente de coche. Porque las princesas también tienes pérdidas.

Era una noticia que yo no conocía.  Y me marcó tanto lo que decía que me lo anoté
para traerlo hasta aquí.

Sofía de Habsburgo, princesa de Windisch-Graetz,  perdió a su hijo Alexis en febrero de 2010. Una princesa muy guapa, pero que, a pesar de sus declaraciones, tiene una mirada triste.

Esa es una de las preguntas que le hace el periodista:

¿Es el fondo de tus ojos se adivina tristeza?

-No, no creo que sea tristeza.

¡Cómo puede decir que no! Hace poco encontré una foto que me hicieron unos amigos a los pocos meses de suceder lo de Helena. Es increíble la imagen que refleja esta foto, hasta yo misma me conmoví y sorprendí cuando la vi.

Pero la entrevista tiene muchas más frases que me llamaron la atención, por ejemplo esta:

-En nuestra vida familiar todo está igual que antes. Y somos los mismos… solo que tenemos un ángel en casa: Alexis se ha transformado en ese Ángel que vela por nosotros.

Bueno, muchos de nosotros tenemos esa opinión de tener un ángel, un duende, una estrella, un hada con nosotros, pero no serán muchos los que digan que su vida familiar  sigue igual. Porque la vida después de la muerte nunca es igual.

Otra de las frases de Sofía de Habsburgo es:
-No me considero una mujer marcada para siempre por la tragedia.
Pues, yo sí. Pero quien no me conozca no lo adivinará, no se dará cuenta. Solo aquellos que lo saben que me conocen, verán en mí esa mirada triste, ese poso de pena que se instala en nuestro rostro en nuestros ojos y que llora aunque estemos riendo.

Y, ahora, respondo a Esther, que me preguntaba que me parecía eso de que se gana de las pérdidas.

Para el autor de los libros que os acabo de hablar, el contacto con la muerte le ha dado vida. Ahora su vida tiene todo el valor y contenido. Y me creo que vive la vida que se repartió con sus compañeros. De hecho, yo les digo a muchas madres, mira bien con tus ojos, porque a través de ellos ve tu hijo que ya no está. Aunque nada ya  es lo mismo.

Alguien  que, dentro de la frialdad del mundo del trabajo se portó fenomenal con nosotros, y de él recibimos la primera ayuda, me dijo que la pérdida de mi hija me haría mejor persona, me haría más buena. Siempre me consideré una buena persona, y siempre había sido una buena niña, joven e hija, pero quizás tenía razón. Me hice una persona más solidaria con el dolor de los demás. Pero eso no tiene ningún mérito es, simplemente, porque conoces el dolor por el que está pasando el otro.

Perdí a mi hija y perdí mi vida futura. El corazón se me encogió, arrugó, y se convirtió en azul. Pero gané en otras cosas que jamás pensé que tuviera, encontrara o pudiera desarrollar. Aunque esas ganancias no compensan.

Perdí amigos, recuperé a los que no me ocupaba de ellos, gané otros. Por ganar, gané
hasta peso. Más de 20 kilos. Perdí el trabajo, gané tiempo y encontré la escritura y su poder de curación.

Y os encontré a vosotros, todos los que pasáis por este blog. Los que me empujáis a seguir, los que me contáis, escucháis y escribís.

Recuperé mi mundo interior, le escuche, aprendí a no escuchar a otros, a estar sola y comencé a recibir mensajes que me hablaban de cadena de favores.

No recuperé la fe, esa que a tantos les ayuda, pero recuperé la confianza en que hay vida después de la muerte, pero está aquí, en este mundo, y dedicada a otras personas. Eso es lo que yo pienso que se gana con las pérdidas.

Y vosotros que, siguiendo la teoría de  Albert Espinosa, disfrutáis de la parte de
vida de: Helena, Juan, Alvaro, Miriam, josé, David, Rocio, Sandra, Diego,
Carlos, Edu, Guille, Jose Ramón, Juan José, Manuel, Regis, Dani, Nadia, Albert,
Esther, Ángelica, Rodrigo, Naira, Garazi, José Ramón, Bárbara, Aday, Enaitz,
Maria, Gabriel, Luisa Mariano, Rubén, Amna, Alex, Paula, Irina, Miguel, Rafael,
Sergio, Mariano, Paolo, Javier, Luis, Lourdes, Santi, Carolina, Mar, Adrian,
Mario, Enrique, David, Julia, Marc, Jorge, Alejandro, Amaia, Yisela, Noelia,
Hugo, Petra, Laura, Alejandro … y tantos que se me olvidarán… Aprovechad esa
parte de vida, porque es la que le debéis a ellos. Y la vida es bella. Y a la
vez, cruel por lo que nos tocó.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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El regalo de «El Día de la Madre»

El regalo de «El Día de la Madre»

Este es el tercer año que El Corte Inglés ha vendido un regalo menos en este día.

Sí, cuando no se echa en falta a ningún ser querido, este es un día más de los que normalmente decimos está inventado por los grandes almacenes. Ahora, ni siquiera coincide en el mismo día ¡El primer domingo de Mayo! Cada año un día distinto.

Pero, cuando eres madre sin hijos, entonces te das cuenta que es la forma de que te digan ¡Cuánto te quiero!

Queridas madres sin hijos, todas las que hemos perdido a nuestros hijos por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos, no sentimos la pérdida del regalo de «El día de la madre», lo que sentimos es la pérdida de recibir ese ¡Cuantos te quiero! Y el beso, el achuchón y ese no dicho y entendido «esto es por todo lo que te hago, no te hago, te digo, no te digo y en definitiva por nuestras peleas de madres e hijos».

Lo menos importante es el regalo que, a veces, se podría quedar hasta sin abrir porque nos da igual.

La otra pérdida es el disfrute de tú poder hacer lo mismo con quien es tu madre, porque la vida te ha robado la posibilidad de disftrutar de ser madre y ya no tienes interés en ser hija.

Esto es algo más que les debemos a los que nos han arrebatado a nuestros hijos, porque no sólo nos convierten en madres sin hijos sino que nos quitan el placer de ser hijas, esposas, seres humanos que disfrutan de los placeres de la vida.

Queridas madres sin hijos…

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

(El abrazo más hermoso que conozco)

Publicado domingo, 04 de mayo de 2008 17:53 por FZ_madredHelena
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Sentencia para un conductor ebrio

Sentencia para un conductor ebrio

Sentencia  71/08

“El juzgado de lo penal nº 9 ha dictado sentencia el pasado 21 de Febrero de 2008, contra el implicado en la muerte de HELENA CASTILLO ZAPATA, acusado de un delito de HOMICIDIO IMPRUDENTE, en concurso ideal con otro delito de LESIONES IMPRUDENTES al acompañante de la misma, ALVARO MARTÍN HERNÁNDEZ, a la pena de 2 años y 9 meses de prisión, inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la  condena, privación de derecho de conducir vehículos a motor y ciclomotores por 4 años y al pago de las costas procesales, incluídas las causadas por la acusación particular.

Se consideran hechos probados que el acusado C.T.R., conducía el 17 de abril de 2005, por la carretera M-607, sentido Madrid, bajo la influencia de bebidas alcohólicas, debido a lo cual, tenía sus facultades físicas y psíquicas de percepción y concentración disminuidas para la conducción de vehículos a motor, circulando a gran velocidad y realizando cambios continuos de carril…

En el punto Kilométrico 31,750 de la citada carretera, pretendió hacer un nuevo adelantamiento, no calculando debidamente las distancias real de separación con el vehículo que le precedía, vehículo que conducía Helena Castillo. Golpeó fuertemente la parte trasera del mismo haciendo que se saliera de la vía…

Requerido el acusado para la práctica de la prueba de alcoholemia con un etilómetro debidamente homologados marca DRAGER 7110 ARJK-0043, arrojó en la primera prueba, el resultado positivo de 1,07 miligramos de alcohol por litro de aire espirado y la segunda, 1,08.

Como consecuencia de la colisión, Helena Castillo Zapata, conductora del Renaul Clío, de 20 años de edad, sufrió un intenso politraumatismo que le causó la muerte.

Asimismo, Álvaro Martín Hernández, de 21 años de edad, el cual viajaba como ocupante sufrió traumatismo craneoencefálico, fractura esternón, fractura abierta peroné izquierdo, fractura dedos del pie izquierdo y policontusiones …

El ilustrísimo juez D. Ignacio Bigeriego González Camino ha tenido en cuenta para la determinación de la pena, el elevado índice de alcoholemia que presentaba el acusado, unido a la velocidad excesiva a que circulaba (superior a 120 Km/h) Así como las continuas maniobras de adelantamiento, lo que provocó el accidente y el fatal desenlace”.

—————————————-

Esta condena  ha sido recurrida por el condenado, argumentando la no homologación de los etilómetros utilizados por la Guardia Civil de tráfico, las declaraciones parciales de  los Agentes de tráfico y testigo (persona que le acompañaba) y por considerar excesiva la pena impuesta. Dicha persona no ha tenido durante estos 3 años, prisión preventiva, ni le ha sido retirado,  aún, el carnet de conducir.

Los padres de Helena Castillo Zapata, han recurrido la misma por considerar que los hechos son suficientemente graves como para reafirmarse en su petición inicial. El Ministerio Fiscal junto con la acusación particular (padres de Helena) han coincidido durante todo el proceso, en la acusación y en la petición  máxima de 4 años de privación de libertad y 6 años de privación de derecho a conducir.

Publicado domingo, 27 de abril de 2008 20:34 por FZ_madredHelena
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Otra princesa muerta en la carretera

Otra princesa muerta en la carretera

 

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(Imagen traída hasta aquí desde El País)

No sé si son mis ojos que de tanto llorar distorsionan las imágenes que llegan hasta ellos o es mi amor de madre sin hijos, pero últimamente me parece que todos las niñas que mueren son preciosas.

Hoy, me encontraba con la imagen de esa niña de 7 años, del grupo de turista finlandeses que no llegaron a regresar a su país y se quedaron en una carretera. Una carretera sin la posibilidad del peligro de un adelantamiento, porque tenía 3 carriles para poder hacerlo, pero no contaron con otro elemento, la irresponsabilidad y el alcohhol.

Una princesita más para su padre, como lo son tantas y que tienen una belleza angelical, la belleza de las princesas sin corona pero con un baúl lleno del tesoro más preciado, el amor de sus padres.

Algunas no se quedan en la carretera de forma física, pero se quedan en el camino de la vida, las arroyan la enfermedad, la velocidad y el alcohol o aparece el lobo feroz engañandoles con la ofreda de un caramelo.

En recuerdo de Mari Luz (que se encontró con el lobo feroz),  Ainhoa (que perdió su reino por el cáncer) y Katja Liikka (que terminó su reinado en un pais con sol y demasiado alcohol)

Flor Zapata Ruiz, madre de otra princesa, Helena.

Publicado martes, 22 de abril de 2008 7:39 por FZ_madredHelena
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