
Las madres que hemos perdido un hijo, y ahora su morada está en un cementerio, normalmente tenemos adoptada alguna otra tumba o nicho que solemos cuidar cuando visitamos a nuestros hijos.
Nos apiadamos de aquellos que no tienen flores, o están descuidados, por falta de alguien que les visite, o simplemente pensamos que van a sentir envidia de nuestros hijos, casi siempre con flores.

Yo misma tengo adoptada a una madre y un hijo. Conocí a la madre en una de mis visitas. Estaba destrozada, apenas me pudo hablar o contar su historia. Pero lo más triste fue que, pasado muy poco tiempo, me encontré escrito su nombre, también en la lápida. Desde entonces, esa madre y ese hijo, no han recibido ni una visita, al menos que se evidencie por un rastro de flores.
Pero hoy quiero contaros la historia de otra madre, que se llama también Elena, como mi hija, madre de Javi, también muerto por un siniestro de tráfico, y que ella no ha adoptado ninguna tumba, bueno, sí, la de mi hija, pero que ella tiene más merito porque ha adoptado el jardín de Helena y Laurita.
Elena, como otras madres, tiene a su hijo en casa, pero tiene la foto de Javi en la tumba de Laurita, hija de Isabel, que murió por culpa del maldito cáncer. Y cuando Isabel, cada miércoles, visita el jardín de Laura, en su mayoría, Elena la acompaña.
Toman café con Laurita y luego visitan la tumba de mi hija, la cuidan y le llevan flores, si hace mucho que yo no he ido.

Pero lo más curioso de Elena, la madre de Javi, es que, muchas veces, lleva con ella a sus nietos, cosa curiosa porque nadie quiere llevar a los niños a los cementerios. La sociedad disfraza a los niños de muertos para Hallowing pero luego les evitan tener contacto con la muerte real.
Estos niños tienen asumido como algo natural acompañar a su abuela al cementerio, e incluso, ellos mismo cuando están allí, corretean por el jardín o dicen “vamos a ver a Helena”.
Pues, el próximo día cuatro, es el aniversario de Javi.
A veces, cuando visito a Helena, me paso por la tumba de Laurita, y le dejo alguna flor o maceta, casi con miedo a estorbar porque la tumba de Laura es la más bonita, cuidada, y adornada de este cementerio. Y cuando dejo ese pequeño detalle, casi siempre lo hago pensando también en Javi, porque allí está presente su foto.

Este año no podre ir para esta fecha, pero mi corazón está con su madre.
Querida Elena, eres increíble. De todas las madres sin hijos que conozco, tú eres la única que tienes adoptado un cementerio. Además, creo que eres la que más visitas el monumento a las víctimas de tráfico de Alcobendas.

Gracias, por todo lo que haces en memoria de nuestros hijos.
Y considera este humilde escrito como un homenaje a tu figura, a Javi y a tus nietos.
Un abrazo inmenso en este nuevo aniversario.
….No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
….
Rosalía de Castro. “Era apacible el día”
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a la que mató un conductor con alcohol.

