Enterrar a los hijos

Durante mucho tiempo, el día 18 me era más doloroso que el propio día 17, día que mataron a Helena. Porque hasta el   día 18 no pude ver a Helena y no tuve la certeza de que estaba muerta. 

 

Y al fin, el accidente inesperado,

el golpe oscuro de la desventura,

el ciego encontronazo, la segura,

clara certeza de que te han matado.

«Accidente» Rafael Alberti.

 

Cuando escuchamos el mensaje en el contestador telefónico y fuimos a la guardia civil de tráfico de Colmenar, el tanatorio ya estaba cerrado. Lo abrieron para acogernos durante un tiempo pero Helena estaba ya en la sala del forense y hasta el día siguiente, después de la autopsia, no podíamos verla.

Y esa noche del 17  creo que, hasta dormí. Estaba convencida de que al día siguiente, cuando la viera, diría que esa no era mi hija. ¡Qué cosas!

Primero negamos que nuestro hijo esté muerto: Mi hijo no puede ser. Después, comienzas a llamar a la familia y los amigos: dicen que Helena se ha matado, decía yo. Luego, comienzan a venir personas y sigues sin creerlo. No, no eres tú quien está contando que tu hijo está al lado, metido en una caja, con una cara sería, de disgusto, decía yo.

Y cada vez vienen más personas, amigos, compañeros. Algunos lloran contigo o más que tú porque tú aún no te enteras o buscas cómo evadirte porque no puedes soportar ese dolor tan inmenso: Pensaremos que sigue en Holanda, eso, que no ha venido que sigue allí, me decía yo una y otra vez. Pero llega el momento. Te dicen que si quieres darle el úlñtimo beso. Un beso de hielo. Nada que ver con los besos que dan los hijos.

Alguien quiere que te tomes una tila que acaban de traer.

No, no, yo no quiero tomar nada, quiero estar despierta, quiero enterarme de cómo la bajan, cómo golpea la tierra sobre la madera, yo quiero verlo para creerlo, porque si no lo veo nunca creeré que mi hija está muerta.

Y ese 18 de abril de 2005,  la tierra se abrió y se tragó mis entrañas.

Helena, Helena… repetía yo una y otra vez. Con una voz de conformidad que no era mía. Al final, me habían introducido ese bebedizo que atontaba mi voluntad y me impedía tirarme para seguir a la caja.

Conozco padres que no han sido capaces de estar en ese momento, o que se han desmallado. Yo, que no iba a los entierros, que siempre fui sobreprotegida, cuidada, de no verme en momentos tan dolorosos porque era muy frágil y propensa a las depresiones. Yo, que hacía tres días había recibido el alta de mi médico psiquiatra de la última depesión, yo deseaba estar presente, quería verlo con mis ojos, para poder creerlo.

Porque nadie puede esperar la muerte de un hijo. Nadie está preparado para ver morir a un hijo. Nadie puede superar la muerte de un hijo. Pero sucede y seguimos vivos. Porque estar vivo es comer, dormir, seguir trabajando, llorar, reir, o seguir educando a los otros hijos que quedan.

Lo malo es que Helena era mi hija preferida. La única que tenía.

A pesar del verde manto que la cubre a mi me sigue resonando la caida de los ramos de flores en el agujero. Eran tantos que hubo que echar algunos dentro.

 

…Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

 

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

 

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

 

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

 

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,…

Rosalía de Castro.

 

Hoy, he encontrado una de las cartas de Helena, de su primer viaje a Irlanda (que obsesión con que aprendiera inglés). Tenía solo 13 años, y escribía unas cartas cariñosas, como era ella, llena de besos y corazones.

Gracias, de corazón, a todos los que habéis tenido palabras de consuelo, flores, abrazos, para este nuevo aniversario. Máxime, cuando la mayoría de vosotros, con mi dolor, renováis el vuestro. Gracias, por vuestros comentarios, aquí y en Facebook. Os quiero.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

 

Publicado miércoles, 18 de abril de 2012 21:05 por FZ_madredHelena
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Siete años sin Helena

Siete años sin Helena. Sin su presencia, sin su sonrisa, sin su alegría, sin besos y caricias.

Siete años de tristeza, pena, melancolía.

Siete años que pesan como siete siglos. Nunca el tiempo fue tan largo, tan denso, tan eterno.

Siete, siete, mi número preferido, antes, ahora maldecido.

Querida hija, Nieves, mi compañera de taller de escritura, nos ha hecho un poema, ya sabes que los versos son palabras mayores, y aunque desde que te apartaron de mi vera me he vuelto muy atrevida, los versos se me resisten, por eso siempre acudo a las palabras que juntan los demás, para expresar mis sentimientos.

Pero ni con los versos soy capaz de decir todo lo que siento, porque no hay palabras suficientes para arrancar de lo más profundo del corazón este dolor inmenso.

Gracias, por tus regalos, esos que dicen las madres que nos vais poniendo. Hoy he encontrado en la caja de costura de la abuela María, una de tus tarjetas monedero de Holanda, ese monedero electrónico, tan moderno, que tu recargabas para tantas cosas. Se ve que se la diste a ella porque estaba gastada, para que la tuviera de recuerdo. Como os echo en falta a las dos, mi pasado y mi futuro.

Lo tuve todo, ahora no tengo nada, que dice el poema de Manuel Juliá.

Quiero pensar que lo que dice Nieves es verdad:

 

MI VIDA

 

Dicen que has muerto,

 pero yo, te siento tan viva…

 

En la soledad de la noche

 escucho tu silencio, y

 me miras, me sonríes,

 tus risas son mis alegría.

 

Dicen que has muerto,

 pero yo, te siento tan viva…

 

Cuándo amanece  y

 el sol acaricia mi cara.

 Es tu mano la que siento,

 tu piel la que me abraza.

 

Dicen que has muerto,

pero  yo, te siento tan viva…

Son tus ojos, tu pelo,

tu aroma el que me embriaga,

cuándo contemplo tus fotos

y  me abrazas por la espalda.

Dicen que has muerto,

pero  yo, te siento tan viva…

Qué sabrán ellos si

tú, no eres su hija.

Si nadie te parió salvo yo,

si nadie te dio la vida.

Dicen que has muerto

¡Mentira, todo mentira!

 Puesto que a mi lado andas,

junto a mí siempre caminas.

En tus hombros yo me apoyo

y  en tu recuerdo, mi niña,

vivo más que cualquier ser

ya que tú, eres mi vida.

 Nieves Gallardo Cañaveras (Dedicado a Helena y a su madre Flor Zapata)

 Mi querida hija, mi hija preferida, como cuando me pedias que te dijera que te quería y yo te decía que eras mi hija preferida, y tú te enfadabas, eres mi vida. Antes, mi vida alegre. Ahora, mi triste vida.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Publicado martes, 17 de abril de 2012 0:36 por FZ_madredHelena
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Abril y las calas de Helena

Lo único bueno que tiene abril, este mes aciago para mí, es que florecen las calas de Helena.

Helena llegó de Ámsterdam el 8 de abril de 2005, venía a pasar 15 días, y en casa había abierto la primera cala. Cuando lo vió dijo: «¡Ay, mi cala!». Después, mi casa comenzó a llenarse de calas. Aparecieron donde yo no las había sembrado. Mi terraza se llenó de ellas, repartí a mis amigas, me encontré otras madres que habían perdido también a sus hijos a los que les gustaban o ellas mismas tenían calas.

 (En el jardín de Manuela, en recuerdo de su hijo Edu. Al fondo aparecen las calas que plantó su hijo) 

Comencé a encontrar calas en los lugares donde iba. Me comenzaron a enviar calas para Helena. Y en decoración, las calas se pusieron de moda.

Ayer recibía las fotos de las calas de mi amiga Maribel, que también se las regalé yo:

 

 (Las calas de Maribel)

Helena tiene en su morada la primera maceta que este año tuvo flor, y mi terraza está hoy llena de flores.

Esas flores de cala que iban a ser el ramo de novia de Helena, si un conductor borracho no hubiera acabado con su vida.

Gracias, Maribel, amiga, por tus fotos, son preciosas. Helena está por todos los rincones de nuestras casas y en nuestros corazones, y yo os lo agradezco.

(Azulejo de la artista pacense Victoria Navarro) 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado miércoles, 11 de abril de 2012 6:56 por FZ_madredHelena
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Camino Verde

 Publicado martes, 28 de octubre de 2008 11:55 por FZ_madredHelena

«Camino Verde» es el nuevo disco de Diana Navarro que sale hoy a la venta.

Hoy, conocía algunas de las canciones de este nuevo disco, a través de la entrevista que le hacían a Diana en el programa “en días como hoy” de Radio Nacional de España.

Seguro que, para los que su voz, sus canciones y su forma de cantar, nos araña el corazón, será un disco más, de los suyos,  que nos emocionará y nos cambiara la piel.

Mucha suerte con este nuevo disco.

Gracias, Diana, por querernos.

 

Gracias, Juan Ramón Lucas, por transmitirle mi cariño, en directo.

Audio de la presentación del nuevo disco:

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20081028/camino-verde-diana-navarro-dias-como-hoy/325486.shtml

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Adiós a un amigo

Hoy, leía esta carta titulada «Adiós a un amigo», firmada por Luis Alberto Luengos, y publicada en el diario  «metro».

Es una carta de despedida al policía de Boadilla que murió el pasado día 22 en un punto negro de la carretera M-513.

Como me ha sido imposible encontrarla en la versión digital de forma que pudiera copiarla, la transcribo:

Fue en la mañana lluviosa del 22 de octubre cuando el destino nos arrebató para siempre tu vida con 44 años. Un fatídico accidente de tráfico en un maldito punto negro de la M-513 en acto de servicio de Policía Municipal de Boadilla. Tus amigos te queremos dar las gracias por como eras, por tu enorme bondad, por esa felicidad que transmitías, por lo noble y lo buena gente que eras, por todos los momentos que hemos compartido. Dejas un vacío insustituible. Cuesta mucho asumir los zarpazos que da la vida y la forma en que te hemos perdido para siempre. Te echaremos muchísimo de menos y estarás siempre en nuestros corazones. Gracias por haber existido y haber podido compartir contigo nuestra amistad. Te queremos. A nuestro gran amigo, Eduardo Asenjo Carrasco, donde quiera que estés. Luis Alberto Luengos.

Me recordaba muchas cosas y muchas cartas de las que recibí, sobre la pérdida de mi hija.

¡Qué pena que, normalmente, estas cosas se las decimos a los amigos, cuando ya los hemos perdido!

Deberíamos decir más veces y a menudo lo que queremos a las personas. Deberíamos repartir más besos y abrazos. Porque los besos que no se dan se pierden.

Vuestro dolor es también el mío. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado lunes, 27 de octubre de 2008 21:28 por FZ_madredHelena
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¿Dónde está la justicia?

Esta es una carta publicada hoy en el diario El País, escrita por María del Carmen Guilló y que considero muy apropiada para traer hasta aquí.

MARÍA DEL CARMEN GUILLÓ  22/10/2008

Me gustaría preguntar a los funcionarios en huelga por qué muere una niña, se conoce el tremendo dato de la falta de coordinación para ejecutar una sentencia y no se manifiesta nadie.

Y ahora se sanciona a una funcionaria por no cumplir un mínimo exigible, un perjuicio mucho menor que una muerte (la sanción), y todos se unen al grito unánime de injusticia. Y los jueces, ante la expectativa de un aumento de la sanción a uno de los suyos, también se movilizan. ¿Dónde está la justicia?

Si hay alguien que lo entienda que me lo explique, porque yo a lo largo de mi extensa vida laboral he tenido que responder de todos mis fallos al margen de la presión del trabajo y de la posible falta de medios.

 

Publicado miércoles, 22 de octubre de 2008 8:37 por FZ_madredHelena
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Muere otro joven en la M-607

Hace 3 años y medio, cubríamos el cuerpo de Helena con un  verde manto de césped. Ayer en concreto. Y ayer, sobre las 12.30 moría otro joven, dicen que por un accidente de coche, muy cerca del lugar donde moría Helena.

Hoy, cuando trataba de encontrar datos sobre esta nueva muerte de un joven y en la misma carretera que mi hija, me encontraba , nuevamente, con la mala noticia, una mujer de 20 años, muere en la M-607 en un choque en cadena. Mala por no ser real y mala por el resultado.

Según las noticias, que después de la inexactitud de la de mi hija siempre pongo en cuarentena, este joven de 22 años, ha fallecido al salirse su coche de la autovía y dar varias vueltas cayendo en el centro de la mediana.

Son demasiadas coincidencias para un día tan señalado.

Este joven se ha  quedado en el kilómetro 29 de la M-607, Helena en el kilómetro 31,750. ¿Va a convertirse esa zona en un punto negro? En el caso de Helena, el punto negro lo puso el conductor que bebió. Ese que dio como causa de ese mal accidente un choque en cadena. Supuesto desmontado después de la investigación.

¿Qué podría decir que ya no haya dicho? Sólo se me ocurre lo de siempre.

Vuestro dolor es también el mío, porque, hace 3 años y medio, mi vida se quedó en ese mismo lugar.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
………….que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
………….a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
………….yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

-Mas… es verdad- ha partido,
………….para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

(Rosalia de Castro. Era apacible el día)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

Publicado domingo, 19 de octubre de 2008 9:53 por FZ_madredHelena
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Los palos que da la vida

El 28 de Septiembre, El País Semanal publicaba en su portada la imagen de Farruquito con un título «la penitencia del príncipe flamenco». Y en su interior un amplio artículo sobre su reaparición artística y referencias a lo que le llevó a la cárcel hace 18 meses.

Cuando leí este artículo, inmediatamente me puse a escribir una carta que no llegue a enviar a este periódico y que sólo el comentario de una amiga de Helena «…me ha extrañado que no hayas hecho referencia a la publicación del artículo sobre Farruquito en El País semanal…» me ha hecho traer hasta aquí.

Esta carta, escrita con la indignación que produce darte cuenta cómo hay personas que les parece que lo suyo es lo más penoso, lo más triste, lo peor, cuando sabes que lo peor que hay en esta vida es perderla y especialmente la pérdida de un ser querido, quedó guardada en un cajón, porque, a veces, piensas que para qué tanto dolor, para qué tanta lucha si la vida de nuestros seres queridos no nos la van a devolver.

«Es igual…que escriban otros. Esperaré a ver si hay otras cartas que hacen referencia a esta historia». Me dije.

El domingo pasado, se publicaban 2 cartas en este mismo medio que hacían referencia a este artículo, pero ninguna de ellas recogía en lo que yo me había fijado de este artículo: «Aprendes de los palos que te da la vida. Cometí un grave error, pedí perdón, dije que me arrepentía y era sincero. Hablar de ello me recuerda cosas muy malas».

Esta frase de Farruquito desencadenó mi carta.

Farruquito, tú no sabes lo que son los palos de la vida. Tú sólo sufres las consecuencias de una mala actuación, una mala acción. El palo se lo llevó la persona que perdió su vida y en especial su viuda. Eso sí es un palo.

Esta fue mi carta, que como tantas veces, se convirtió en un correo sin entregar:

«El día que perdí a mi hija no acertaba a decir otra cosa que no, no, mi hija no. Hubieron de pasar varios días para ser verdaderamente consciente de que mi hija no había tenido un accidente. No se había matado. La habían matado.

He intentado que mi sentimiento hacia el culpable no fuera de odio, canalizando mi rabia y dolor en una campaña de concienciación, para que a otras madres no les pase lo mismo.

El culpable de la muerte de mi hija no pidió perdón, sólo acertó a de decir que él nunca había hecho daño a nadie y que tenía una hija y si le hicieran algo así él odiaría mucho al causante.

Farruquito ha pedido perdón, pero cuando los actos que se cometen producen la muerte de personas, es difícil por no decir imposible, poder perdonar.

Él tampoco sabe de los palos de la vida. Porque los actos irresponsables que uno comete tienen siempre unas consecuencias, pero eso no es un palo.

Los palos, normalmente y por desgracia, los pagan las víctimas inocentes.

María Ángeles, la mujer de la persona a quien mató, los padres de Mariluz (con un tema distinto pero con la misma consecuencia), las familias afectadas por la violencia vial y yo misma, sabemos mucho de los palos que da la vida.

Unos palos que, en muchos casos, impiden recuperar tu vida e ingresas en una cárcel de dolor, de la que nunca llegas a salir.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó”

Publicado martes, 14 de octubre de 2008 8:45 por FZ_madredHelena

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Mi querido Paul Newman

Cuando se produjo la pérdida de Paul Newman no podía escribir en este blog, pero no había olvidado hacer mi pequeño recuerdo. Pero tampoco estaba entusiasmada por recordarle de la forma en que suelo llevar aquí los recuerdos. Sería una vez más un triste recuerdo, que estaría centrado en su figura de padre, que también perdió a un hijo.

Hoy, leyendo el blog de uno de mis amigos, Alberto Moyano del diario vasco, he encontrado el mejor comentario sobre la figura de Paul. Eso me ha animado a traerlo hasta aquí.

Su título es simplemente Paul Newman y tiene el gran valor de ser un comentario escrito por un hombre sobre otro hombre que gustaba tanto a las mujeres y destaca un valor muy importante: la risa.

Algo tan importante, de tanto valor y que es lo primero que se pierde con una tragedia.

Gracias, Alberto, por haber hecho el comentario que yo no habría sido capaz de plasmar, sobre la figura de mi querido Paul Newman.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado jueves, 02 de octubre de 2008 8:10 por FZ_madredHelena
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La lucha de unos padres

Ayer fue la segunda vez que visitaron La Moncloa.

Ayer fue la segunda vez que veía a Irene. Nuevamente en un segundo plano, con la mirada perdida, en un extremo, la más lejana, no queriendo quitar protagonismo a los dos hombres, Zapatero y Juan José, su marido.

Estaba haciendo la cena cuando veía esta imagen y mis lágrimas brotaron. Ya sé que eso no es una novedad. Mi lágrima es más que fácil, pero a mi mente vinieron muchos recuerdos.

Recuerdos de hace casi 3 años y medio y nuestras primeras visitas a nuestro abogado.

Ya sé que no son temas comparables, pero eran situaciones parecidas. En esas primeras visitas al abogado, yo no podía entender que la persona que había matado a mi hija siguiera con su carnet de conducir. Ya era demasiado que no estuviera en la cárcel, pero que además pudiese conducir, me parecía toda una temeridad que podía afectar a la vida de otras personas.

Recuerdo que, con la fuerza que desde el primer momento me transmitió mi hija (supongo), le decía a nuestro abogado que si tenía que recoger firmas para cambiar algo de la ley lo haría. Él, una persona más que acostumbrada a estos pleitos por las muertes en los mal llamados accidentes, me miraba con compasión, pensando si no tenía ya demasiado dolor y pesar como para meterme en un imposible.

Él me decía: «si el juez de guardia no se lo ha quitado en un primer momento, es imposible que otro juez se lo vaya a quitar. Además, tardará tanto en resolverse el juicio y puede ser tan pequeña la condena, que podría darse la situación que si le retiran el carnet ahora mismo, estuviera más tiempo sin carnet que la condena que le impusieran.

Además, si quiere seguir conduciendo, lo va a hacer con carnet y sin carnet».

Hoy, casi 3 años y medio después, esta persona sigue teniendo su carnet. La sentencia le condena a 4 años de retirada de carnet.

Anoche, recordaba, esta batalla pueril que intentaba comenzar. Creo que no habría tenido el éxito de Juan José Cortés. En temas de tráfico seguimos siendo demasiados víctimistas.

Pero también es cierto que en esos 3 años han cambiado mucho las cosas y que las asociaciones de víctimas han ido consiguiendo mucho, aunque, aún, no es suficiente.

Queridos Juan José e Irene, es admirable que vuestro dolor os haya proporcionado la fuerza suficiente para luchar contra esta injusticia. Pero no desfallezcáis ahora, una vez cumplida la misión. Queda mucho por hacer.

La justicia es lenta, muy lenta y la pérdida de vuestra hija tiene que tener, al menos, un fruto, aunque para vosotros nunca haya consuelo.

Han sido 2,3 millones de firmas, pero es probable que todos os tengamos que agradecer vuestro esfuerzo. Nosotros aún no tenemos noticias de que la sentencia sobre la persona que mato a nuestra hija se haya hecho efectiva (han pasado ya medio año de su publicación y 3 años y medio de ocurrido el hecho)

Jamás habría pensado que tuviera que estar pendiente de que una sentencia se haga efectiva y se cumpla.

Vuestra tragedia ha servido para que toda esta porquería salga al exterior. ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor!

Mi afecto y mi admiración. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por el alochol que otro tomó.

Publicado miércoles, 01 de octubre de 2008 9:28 por FZ_madredHelen
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