Morir de pena

Fue una amiga, y también madre sin hija, quien me informó de la muerte de la madre del pequeño que murió arrollado por una carroza de la cabalgata de Reyes en Málaga. No me había enterado.

Mi primer comentario: no extraña, se habrá suicidado. Y ella, enseguida me dijo: no, no se sabe. Simplemente ha podido morirse de pena. Yo tenía una clienta que se murió de pena.

Hoy, cuando buscaba información para este post he leído que esta madre que perdió a su niñito en la cabalgata no estaba muy bien del corazón. Imaginaros, si los que lo tenemos bien se nos estropea, después de una cosa así, cómo puede afectar a los que ya no lo tienen.

He sentido una gran pena por esta madre. Y una vez más he reflexionado sobre el drama de perder a un hijo, sea por la causa que fuera.

Y buscando más, he encontrado que la causa fue cerrada por que no se encontró delito. Palabras textuales que aparecen en un medio: El juzgado archivó la causa al no ver indicio de delito ni de falta en este caso; y señaló que, aun cuando pudiera existir una «falta de cuidado» por parte del conductor y del coordinador de seguridad, calificó ésta de «levísima, carente de entidad para configurar penalmente la falta de atención padecida».

La fiscalía de Málaga había decidido este mismo mes, unirse a la petición de la familia para que se reabriese el caso.

La muerte de un hijo no es algo «levísimo» y puede llevar a otras muertes.

Las cabalgatas de reyes tienen que tener más medidas de seguridad. La cabalgatas y cualquier otro evento.

Y vosotras, queridas madres sin hijos (lo sé por experiencia), que muchas habéis pensado, soñado, fantaseado, imaginado, con quitaros de en medio en algún momento, mucho cuidado. Cuando esa imagen pase por vuestras cabezas, buscad ayuda. No está demostrado que directamente fuéramos a encontrarnos con ellos, y tenemos que seguir aquí para seguir recordándolos, para llevarles flores, para que no les olviden, para pedir justicia, para terminar aquello que dejaron a medias, para cuidar a otros hijos, las que los tienen o, simplemente, para que otras no los pierdan.

Mi más sentido y cariñoso abrazo para con esta familia que suma un nuevo dolor.

Y para el resto de madres, cuidaros mucho. La pena es como un bichito que te va comiendo y reconcomiendo poquito a poco.

¡Ay, pena, penita, pena -pena-,
pena de mi corazón,
que me corre por las venas -pena-
con la fuerza de un ciclón!
Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe dónde va.
Es un desierto de arena -pena-,
es mi gloria en un penal.
¡Ay, penal! ¡Ay, penal!
¡Ay, pena, penita, pena!
(Autores Quintero, Leon y Quiroga)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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Ochos años sin Helena

Se cumple el octavo aniversario de la pérdida de Helena.

Y seguimos aquí, con la misma pena, con el dolor adormecido, porque la vida ya se encarga de engancharte para que no trates de bajarte de este mundo.

Y siguen pasando los días, las semanas, los meses, los años, tratando de llenar la bolsa de la vida, que sigue con un roto por el que se van cayendo todas las cosas que vamos metiendo.

Y de nada sirven risas, charlas, viajes, escritos, cuentos, lucha… porque cada una de esas cosas es por la ausencia y para Helena. Si ella estuviera aquí, nada de eso existiría. No sería necesario, no habría caído en ello, sería más egoísta, viviendo mi vida feliz.

Gracias, amigos, amigas, por estar ahí, pendiente de nosotros, mostrándonos vuestro cariño, preocupados porque ya son 8 años de ausencia. Pero no os preocupéis. Mañana volveremos a llenar la bolsa, y pasado, y al otro, y cada día se irá cayendo algo. No importa.

De momento, tenemos al hada Helena. Y esta noche, duerme en su cama:

elhadahelena

(Muñeca Realizada por Virtudes Castro)

Gracias a Virtu, que la ha enviado desde A Coruña. Ya sabéis la querencia que tiene el hada Helena por un tal Diego, de esa ciudad.

Preciosa, Virtu. La foto no es muy buena, y no se distinguen bien las alas, pero enseguida se reconoce que es el hada Helena porque en su manos porta un corazón. Ahora, la cama de Helena ya no está vacía.  Esto ha dulcificado un poco este día.

El cielo se vistió de rosa

de azul  y brisa de mar,

veinte calas tan hermosas

como su dulce mirar…

esperaban su llegada

al reino de nunca jamás

 “Amanecer”. Julia Zapata, para Helena.

Querida hija, ¡cuánto te echamos de menos! Porque, como tú bien decías, no es más grande el que más espacio ocupa, sino el que más vacío deja cuando se va.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

 

 

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La normalidad de los demás

 

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¡Ay, cómo duele la normalidad de los demás! Qué sentimientos más contradictorios. Te alegra la felicidad de los otros, cómo no alegrarte, pero te hiere, sin quererlo tú, y sin quererlo nadie.

De nada sirvieron los buenos deseos, propósitos, y razonamientos, llenos de lógica y amor hacia todos los que viven una vida razonablemente feliz, porque los sentimientos no saben de razones, y porque tu normalidad es anormal, y siempre lo será.

De repente te das cuenta que aquellas cosas que pensaste, dijiste, escribiste, cuando tu dolor estaba en el nivel más alto, esas cosas que los demás creían que te hacían dignas de una persona buena, altruista, llena de amor, quizás eran fruto del empastillamiento, como dice una amiga, y no eres tan buena.

Porque, aunque deseas la felicidad de los demás, cómo duele y la envidias. No sólo porque nuestros hijos no la alcanzarán, sino porque tú misma nunca pasarás por ciertas cosas.

Porque, como dice el poeta, «… alguien, cruel como un día de sol en primavera, con su sola presencia ha dividido en dos un  cuerpo…», tu normalidad nunca será normal, aunque trates de disimularlo.

¡Qué difícil es, entonces, disfrutar de la felicidad de los demás!

Que me perdonen a los que les tengo envidia. Que me perdonen si ahora me duele. Es que me acuerdo de mi hija, que se pongan en mi lugar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Padres sin hijos

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(Las felicitadiones de Helena a su padre)

Dentro de vuestra infelicidad, feliz día del padre a todos los «padres sin hijos».

Esos padres que están, siempre, en un segundo plano. Que no lloran por fuera. Que no pueden alardear, como nosotras, de que los llevaron en su vientre. A esos padres que sufren por la pérdida, igual o más, pero que unas veces son más silenciosos o menos batalladores, porque no se ve bien que anden llorando por la esquinas o luchando.

Esos padres que sufren en silencio, que no buscan ayuda, pero que tienen el mismo motivo para sentirse desdichados y tristes: ser padres sin hijos por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos.

Recordad que sin vosotros no habríamos disfrutado de esos hijos maravillosos los años que pudimos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Se olvida

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A veces, se olvida que soy una víctima, afectada, herida, dañada, perjudicada, damnificada.

A veces, se os olvida que un día enloquecí de dolor y arrastro secuelas.

A veces, algunas veces, no aparece rastro en mí de esa catástrofe, porque después de cada tsunami viene una reconstrucción.

A veces, río, bromeo, canto, bailo, cocino, como, beso, abrazo, acaricio, sin amargura, y con las fuerzas que poseo.

Algunas veces, hasta se me olvida que mis entrañas se revolvieron, arrugaron, secaron y fui perdiéndolas poco a poco.

Pero no se me olvida, que perdí a mi hija por un conductor borracho. No se me olvida.

No se os olvide.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Cuando un amigo se va

Primero fue nuestra hija, sin darnos tiempo a despedirnos, después fueron los padres, completando el ciclo de la vida, y ahora, nuestro amigo José María.

 Él junto con Rosita, siempre estuvieron ahí en nuestros peores momentos con la pérdida de nuestra hija. Ellos también sabían lo que era la pérdida de un hijo. En ellos, casi recién nacido, pero no por ello más deseado, esperado y querido.

Pero la vida les premió con otros tres hijos, dos de ellos mellizos. «Los huesitos», como les llamaba mi hija.

 A José María le debemos los mejores montajes fotográficos de Helena. Era un experto en photoshop, y la quiniela de todas las semanas, que ahora se queda huérfana.

El era el que ponía el acento andaluz en las reuniones de amigos, siempre haciendo patria,  conversador polémico, fumador incansable y  eterno colchonero.

 Pero una vez más,  ese dicho del abuelo de mi marido: no me voy a morir en toda mi vida, se cumplió, y la muerte, siempre inoportuna, puso final demasiado pronto a esa vida.

 A pesar de su lucha con la enfermedad, tuvo tiempo para conocer a su preciosa nieta y aguantarnos a los amigos, cuando ya no tenía muchas fuerzas.

 Descansa, amigo, compañero del metal. Nos vemos en un rato.

 Con todo el cariño, a José María Hueso Hermoso.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, y el resto de amigos.

 

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Escribir con agua

Anoche vi una película que me pareció preciosa. Por su argumento, mensaje, fotografía, y la coincidencia con mi ánimo.

Esta vez no me recordaba a tiempos pasados con mi hija, al cine que veía con ella, aunque sé que a ella le habría encantado.

Se titula Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera, y es del director  Kim Ki-duc. Es un cuento taoísta, la historia de un aprendizaje y un mensaje claro: el deseo de posesión lleva en sí mismo la destrucción de lo que más quieres.

Toda ella me gustó, pero hubo un detalle que se me quedó especialmente.

Un monje budista escribe, sobre un cilindro de piedra, con agua.

Esta mañana, me he despertado, todavía impactada por la historia de esta película, y de repente, me he dado cuenta de lo que hago: escribo con agua.

Esta película muestra como el ciclo de la vida siempre está ahí, siempre se cumple, y es imposible evitar los avatares de la vida, los odios o las pasiones. Quizás demasiado pesimismo, acorde con mi espíritu.

Una película llena de bellas imágenes y poesía.

Escribir con agua me sirve para pasar los días, las semanas, las estaciones del año. Para sacar mis pensamientos y mis sentimientos. A veces, para dar de comer a mi ego. Otras, para arrancar mis lágrimas o para sentirme impotente cuando no me salen las palabras que expresen toda mi rabia, mi dolor o mi deseo de salvación. Una salvación que ni siquiera tratar de ser espiritual.

Escribir con agua es mi piedra. La que yo arrastro.

No dejéis de verla.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Las Chanclas de Diego

Diego, nuestro duende, nuestro guardián, cumple 8 años. Ya es un hombrecito. Y junto al hada Helena, en el reino del rey León, siguen sus aventuras. En estas ocasión, han decidido impartir justicia divina.

Felicidades, Diego. Muchos besitos.

  

 

Las chanclas de Diego

(Aventuras del guardián del ventanal)

Cuentos del hada Helena

 

 

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

 

El Osito Diego estaba sentado encima de una roca, muy pensativo, apoyando su barbilla sobre su manita. El hada Helena se le acercó y le peguntó

 -¿Qué te pasa?

Diego, ni le había escuchado y contesta  con una pregunta- ¿Qué?

-¿Qué te pasa?

-¡Ah! Nada.

-¿Nada? No dice eso tu cara.

-Estoy triste porque hoy es mi cumple. Cumplo 8 años.

-¡Felicidades! ¡Qué bien! ¿Y por eso estás triste?

-Estoy triste por mi mamá. Estará pensando en mí y, además, está impaciente y preocupada por el resultado del juicio sobre mi muerte.

-Bueno, ya sabes que hoy es uno de esos días en los que puedes acercarte a ella y esparcir los polvos mágicos. ¿Qué haces que no has ido ya?

-Es que creo que no va a servir de nada.

¡Pero qué dices, el año pasado estabas impaciente por acercarte a ella!

-Sí, pero este año ha sufrido mucho, y lo que le quedará, por eso que los mayores llaman justicia.

-¿Justicia, qué justicia? ¿La justicia de la tierra? Esa no sirve para nada. Tienes que soplarle al oído que no espere esa justicia.

-¿Cómo le voy a decir eso? Ella necesita saber qué pasó.

-Pero eso nunca lo va a saber. No a través de los humanos. Hoy en día nadie se declara culpable, nadie admite su culpa, nadie dice lo siento. Nosotros tenemos la solución. ¡Haremos justicia!

-¡Ah!, ¿sí? ¿Qué haremos?

– Muy fácil, sígueme- Diciendo esto, el hada Helena se dirigió al gran ventanal, aquel del que Diego era el guardián.

-Ves allí- dijo señalando hacía la tierra. La imagen se fue acercando y cada vez se hizo más nítida.  Entonces, cuando la imagen se detuvo se distinguieron unas chanclas.

-¡Son mis chanclas!

-Sí, esas que todos vieron o nombraron pero nadie se tomó en serio. Pues, esas chanclas van a ser nuestra justicia.

 

-¿Cómo?

-Muy fácil. Todos aquellos que vieron tus chanclas, o te vieron a ti sin chanclas, a los que se olvidaron de ti, todos los que no han contado toda la verdad, todos ellos, cada vez que se vayan a poner unos zapatos, con nuestra magia, haremos que se pongan los zapatos al revés, y cuando comiencen a andar, se caerán.

-¿Qué? Jajaja- Diego comenzó a reír cogiéndose la barriga- jajaja, los zapatos al revés, jejeje, y se caerán, jijiji.

-Sí, sí, siempre que se pongan unos zapatos, al revés.

-¿Y no se los podrán cambiar?

-No, lo intentarán, pero otra vez los tendrán al revés.

-Jaja, ¡que risa! ¡Cómo me gusta! Jajaja.

-¿Verdad que es buena idea?

-Sí, pero, ¿cómo se enterará mi mamá? ¿Cómo sabrá ella que somos nosotros los que hemos hecho posible que se haga justicia? ¿Crees que ella pensará que eso es justicia?

-Estoy segura que ella lo único que espera es Justicia Divina, y nosotros somos lo más cercano a la justicia Divina. No te preocupes, ya me encargaré yo. Tú, ahora, lo que tiene que hacer es hacerla estornudar. ¡Vamos a trabajar!

 

 

 (El hada Helena según Laura, una niña de A Coruña)

Y diciendo esto, se alejó moviendo sus alas. Diego, buscó con la mirada su casa y enseguida encontró a su madre. Metió su mano en la bolsita que el hada Helena había dejado junto al ventanal, sacó un puñado de polvos mágicos, abrió la mano y sopló fuertemente.

 

 

La mamá de Diego comenzó a estornudar.

 -Mamá, mamita, soy yo, soy yo. Te quiero mucho, mucho, mucho…

La mamá de Diego estornudaba una y otra vez. Y seguidamente, una sensación de tranquilidad le invadió. Retiro la tarta que estaba cocinando en el horno, y volcó una lluvia de canela sobre ella diciendo- Mi querido Diego, esto es por tu cumple, ojala pudieras comerla.

 

 

 

Seguidamente se sentó a esperar que la tarta se enfriara y mientras comenzó a leer el periódico que estaba sobre la mesa. En la portada una noticia llamó su atención: “Suceso extraordinario. En  A Coruña, muchas personas son incapaces de ponerse los zapatos de forma correcta, terminando por el suelo cuando intentan andar. Se da la circunstancia que en su mayoría, son personas que trabajan en un mismo colegio. Las autoridades piensan que este extraño suceso responde a alguna extraña epidemia, pero no encuentran remedio. Estas personas terminan por el suelo constantemente, produciendo en los que les ven una gran risa”

 

 

 

La mamá de Diego, mira la foto que acompaña a la noticia y no puede contener la risa.

 

Mientras, sobre las cortinas de la ventana de la cocina, sin ella darse cuenta, una mariposa revolotea.

 

 

Queridos niños y papás, no está bien reírse de las personas que se caen porque, normalmente, las personas que se caen pueden producirse mucho daño, pero tampoco está bien mentir, y no ser buenas personas. Vosotros decid siempre la verdad, porque si no lo hacéis, el hada Helena puede hacer que vuestros zapatos estén siempre al revés.

 

Y colorín colorado, este cuento justiciero, se ha acabado.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

10 de febrero de 2013

 

Diego se subió a un monte,
desde allí veía el mar y el horizonte.
Él siempre con buena visión,
desde un ventanal o un monte.
Y surcó los mares como un bucanero.
Como un pirata,
“el garrapata”
Con cara de malo.
Con pata de palo.
Imposible, porque él era bueno.
Inaceptable, porque era inmejorable.
Insoportable, no verle y acariciarle.
Inaguantable, su ausencia,
a pesar de verle surcar los mares,
en un barco de papel,
con las velas extendidas,
desafiando al viento,
con un ojo tapado,
y otro guiñado,
sonriente.
Y así, se convirtió en duende.
En guardián.
En capitán.
Y nos dejó su pato de palo,
como regalo.…
…para armar nuestras esperanzas
Flor Zapata Ruiz. “Diego el pirata

  

Notas de la autora:

 Cuento dedicado a Vanessa, la mamá de Diego Anido, en el octavo cumple de Diego, y en espera del resultado del juicio por la muerte de éste, en la piscina de su colegio.

 

Para comprender este cuento, si no conoces la historia de Diego, lee antes el cuento “El guardián del Ventanal” y “Los polvos mágicos en el día del cumple”. Cuentos del Hada Helena.

 

Chanclas: Tipo de calzado ligero. Es tanto calzado de interior como de exterior pues se la usa tanto para estar en casa como para ir a la playa o a la piscina. Diego las llevaba siempre en casa.

 

Justicia: Virtud que inclina a dar a cada uno lo que en equidad y recta razón le es debido.

 

Juicio: Acto en virtud del cual y después de madurado examen, el juez pronuncia con autoridad una sentencia.

 

Sentencia: Resolución de un juez o tribunal, que poniendo fin a un juicio, decide sobre el asunto que ha sido planteado.

 Pena: Castigo impuesto al que ha cometido un delito o falta.

Justicia Divina: La que los mortales, decepcionados por la terrenal, piensan que será aplicada.

 Mentir: Dar por cierto, deliberadamente, lo que se tiene por falso.

 Caerse: Dar un mal paso. Casi siempre, produce risa en las personas que ven la  caída de un adulto.

 Ponerse en sus zapatos: Lo que deberían hacer aquellos que no han sufrido la pérdida de un hijo.

 Cuento de la serie “Los cuentos del Hada Helena”. Autora Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Registrados en el registro de la propiedad.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

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Flamenco solidario a beneficio de ALAIA

(Grupo flamenco Concha Baras)

Hace 8 años, cuando mataron a mi hija, no había ninguna oficina de atención a las víctimas, en mi casa no se presentó ningún equipo de psicólogos, mi ayuntamiento no me ofreció servicio de psicólogo, porque, hace 8 años, no había nada de todo eso.

Tuve la gran suerte de que, buenas personas de mi empresa, si me ofrecieron esa ayuda, y me pusieron en contacto con la mejor psicóloga que pude tener, especializada en muertes traumáticas. Por eso siempre digo que una buena terapia, no te va a devolver a tu ser querido, pero puede salvarte la vida.

Pero un buen psicólogo supone tiempo y dinero.

Con el paso del tiempo y mi labor de escritura en mis blogs Madres sin hijos y ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!, he conocido a muchos padres y madres y me han hablado también de sus terapias.

A través de algunas de esas madres conocí ALAIA, centro de atención al duelo. Una asociación de ayuda formada por psicólogos y padres que han pasado por lo mismo.

Esta asociación que se mantenía con ayudas estatales y con aportes de sus socios, también se ha visto afectada por los recortes, y como todos, hacen malabarismos para buscar recursos.

Y así han conseguido que el grupo de baile de Concha Baras, el próximo día 16, realice un acto a beneficio de ALAIA.

Aquí están los datos y más información en su página web:

http://www.alaia-duelo.com/flamenco.htm

Flamenco Solidario a favor de la asociación de duelo ALAIA. Día 16 de Febrero, a las 19.00 en el Centro Cultural Nicolás Salmeron. C/ Mantuano, esquina Pradillo.
Animaros, es por una buena causa.
Si no podéis asistir, tambien tenemos FILA CERO
CONCHA BARAS Y SU GRUPO MUJERES. 
Información sobre la compra de entradas:
http://www.alaia-duelo.com/flamenco.htm

Porque hay algo que nos une más allá de razas, religión, clase social o económica, porque todos tendremos que pasar un duelo, infórmate, ayuda y ayúdate.

Misión cumplida, Meli. Muchos besitos para todas las madres y padres de ALAIA.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta en un mal llamado accidente de tráfico.

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Lola Velayos

(Lola Velayos)

Se cumple un año de la pérdida de Lola Velayos, hija de Oliva, que murió por un conductor irresponsable que iba más atento a su teléfono móvil que a la carretera.

Y en este año, la madre de Lola ha volcado todo su dolor y rabia en organizar una nueva asociación de víctimas, para luchar porque otras vidas no se pierdan, para y por la memoria de Lola, y porque hay que aferrarse a algo para no morir y no volverse loca.

Hasta ahora he conocido a muchas madres como consecuencia de lo que he escrito en mi blog ¡Quiero Conducir, Quiero vivir! En el caso de Lola, escribí sobre su accidente, cuando ignoraba que de esas dos personas muertas en el carril Bus VAO de la Carretera de la Coruña, una de ellas era Lola.

Conocí muy pronto a Oliva y me sorprendió su fuerza y su lucha. Y sé y deseo que Oliva con esa asociación «Lola Velayos, no más vidas rotas» conseguirá y seguirá el camino que otras madres comenzamos antes, con mayor o menor fortuna.

Querida Oliva: sabes que estoy contigo en estas fechas. Sabes que tu dolor es también el mío. Siente mi abrazo fuerte y sincero. Y la canción de «mi niña Lola» está aquí con todo mi cariño.

(Calas y siempreviva para Lola)

Mi niña Lola, mi niña Lola
Ya no tiene la carita del color de la amapola…

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