
(Las calas de Helena y siempreviva, para las víctimas del tren de Santiago)
No soy psicóloga, no soy experta en nada, solo tengo la experiencia vivida y desde ella, en estos días, pienso en el dolor de los familiares de las víctimas de tren de Santiago.
Y pienso en el momento por el que han pasado o están pasando, para identificar a sus muertos o a los restos de ellos. Un momento cruel, desolador y muy fuerte, dentro de toda la etapa de duelo por la que tendrán que pasar.
Cuando la muerte se produce en los mal llamados accidentes, cuando no viene de forma natural, ni en la cama de un hospital o en el lecho del hogar, el enfrentamiento con el cuerpo del ser querido siempre nos asusta y nos inquieta.
Siempre hay algún familiar caritativo que quiere evitarnos ese mal momento y se muestra voluntario para hacer la identificación. Es de agradecer, pero solo nos aparta por un momento de algo a lo que nos tenemos que enfrentar.
Cuando mataron a mi hija, ni siquiera pudimos estar con ella esa noche. Estaba en la sala de autopsia y no podíamos verla ni estar con ella hasta el día siguiente, después de que la forense hiciera su trabajo.
Ella misma me aconsejó de que no la viera, que me quedara con el recuerdo de su cara sonriendo. Menos mal que no le hice caso.
Conozco a alguna madre que no ha sido capaz de ver a su hijo o hija. Cada uno respondemos de una forma y todas son respetables, pero, por mi experiencia, lo mejor es ver a nuestros muertos, reconocerlos, despedirnos de ellos.
Esa noche que no pude estar con mi hija, que no la pude ver, hasta dormí. Sí, me quedé dormida. Estaba tan segura de que no era ella, que no podía ser ella, que quizás eso me hizo dormir. Me decía una y otra vez que cuando la viese podría decir: ésta no es mi hija, se han confundido. Es la fase de negación.
Cuando terminó la forense, y antes de cubrir el amado cuerpo de mi hija, bajo un verde manto de hierba, pude verla, comprobar que era ella, y depositar un beso en su rostro frío como el mármol. Entonces fui consciente de que mi hija estaba muerta.
Algunos psicólogos aconsejan que este momento se produzca para ayudar en el proceso de duelo. Y yo estoy de acuerdo. Jamás me hubiera perdonado no haberlo hecho, me habría pesado el resto de mi vida. Ese último beso, y ese “te queremos”, siempre en plural, siempre en nuestro papel común de padres, reunía todos los besos y todos los «te quiero» pasados y futuros.
Entiendo que no es lo mismo enfrentarse a una cara limpia, con un pequeño golpe que a un cuerpo mutilado, pero creo que habría sido capaz de besar cualquier parte de mi hija.
Es espantoso enfrentarse a ese rostro frío, triste, la muerte nunca tiene cara alegre, y mi hija estaba siempre sonriendo, pero mereció la pena.
Si cuesta hacerse a la idea, si durante tiempo se sigue esperando que entren por la puerta, si de vez en cuando oyes su risa, si te parece verles por la calle, cuando no ha existido esta despedida ¿qué será?
Queridos familiares de Carla, Blanca, Tomás, David, Eva, Yolanda, David y Laura, Rodrigo, Celtia, Laura, Carolina, Luismi, y tantos que los medios de comunicación no han dado a conocer sus nombres ni sus historias, vuestro dolor es el mío. Ahora os queda hacer vuestro duelo, a cada uno le llevara su tiempo y pasará todavía mucho hasta que se pueda cumplir lo que dice el poeta…
Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
Aunque siempre nos falte alguno;
Recoger la vida vacía
Y caminar esperando que lentamente se llene,
Si es posible, otra vez, como antes,
De sueños desconocidos y deseos invisibles.
“La Realidad y el Deseo” Luis Cernuda.
Y después de reconocer a nuestros muertos…
Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromperse… ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!…
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad….
Rosalía de Castro.
No, ellos serán siempre eternos. Como nuestro amor por ellos.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.
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