Sus cosas

Han pasado cuatro años y sigo sin recoger sus cosas. Su habitación sigue estando tal como ella la dejó o, algunas cosas, como estaban antes de marcharse a Holanda. Así sucede con su corcho de fotografías que se quedó prácticamente vacío cuando se marchó, porque se llevó las fotos que en él había para ponerlas en su habitación de la Haya.

 

 

 (La habitación de Helena en la haya)

Cuando fuimos a recoger su habitación, una de las actividades más dura para unos padres que han perdido a su hija, recuperamos esas fotos y las volvimos a poner en el corcho, tal como estaban anteriormente y con algunas otras fotos que tenía en Holanda.

 

(El corcho antes de la Haya)

El resto, sigue tal cual, incluso la nota tras la puerta con las anotaciones que ella había hecho para ir recordando las cosas que quería llevarse. Helena había venido sólo por unos días y cada vez que lo hacía se llevaba nuevas cosas. Esta vez era primavera. Comenzaba el buen tiempo en Holanda y quería ir a la playa. Por eso tenía anotado: bikini, toalla de playa, pendientes…

Esta página con sus anotaciones, sigue pegada en la puerta. No se ha caído.

Pero ayer, iba buscando algo que no encontraba en el resto de la casa y comencé a buscar en su habitación, y como otras veces, cada vez que comienzo a rebuscar entre sus cosas, me encontré nuevos rastros de su vida. ¡Verdaderos tesoros!

Nuevas fotos de sus amigas en uno de sus monederos, ¡tenía tantos! Nuevas hojas de recopilación de frases. Más tarjetas monedero de las que usaba en Holanda. Más notitas con teléfonos.

 

Hay padres que nada más perder a su hijos retiran todas su cosas. Las guardan, las entierran. La mayoría de las veces es una labor que llevan acabo otros miembros de la familia. Conozco padres que después de una actuación así se han arrepentido y ha echado en falta las cosas de sus hijos. ¡Cómo no! “Sus cosas” son la parte viva de ese hijo. Y por retirarlas no van a olvidarlos, no van a sentir menos dolor.

No quiero decir que esto no sea lo adecuado, tampoco tengo claro que sea lo mejor dejar todo tal como ellos lo dejaron. No estoy segura. Es cierto que con el paso del tiempo puedes hacer cosas que los primeros días es imposible, pero mi experiencia es que los primeros días “sus cosas” me permitían mantener su olor, su presencia. Me envolvía en ellas, las besaba, abrazaba, me vestía con sus ropas. Revisaba buscando no sé que cosa, a veces con pudor, con miedo,   pensando que podría encontrar algo que desconociera y me hiciera daño, pero era mayor mi deseo de impregnarme de su presencia, de conocer sus últimas horas de vida.

Ahora, cada vez que descubro algo nuevo es como si descubriera un tesoro, pero un tesoro que sale a la luz después de excavar en la arena con las propias manos, con las uñas, y se producen algunos rasguños que duelen mucho, mucho.

Ayer, comencé a ver el paso del tiempo sobre algunas cosas de las que siguen en su habitación. Por ejemplo, sus pendientes. Helena tenía muchísimos. Los hacía ella misma.

Porque no soy creyente y por tanto tampoco, para mi pesar, creo en el más allá o en la reencarnación de otras religiones, que si no fuera así, pensaría que Helena vino a vivir los años que le faltaban por vivir de su etapa hippy. Sí, Helena era my hippy. Hasta para los pendientes. Aprendió a hacerlos. Le enseñó su amiga Julia y se le daba muy bien. Los hacía de todas clases pero le gustaban especialmente con plumas.

Ayer los recogí todos. No quiero que el paso del tiempo los deteriore. Porque son más que pendientes. Son parte de ella. Algunos, una pequeña obra de arte. Cuando comenzó a hacerlos pensé que quizás le gustara hacer algo de diseño o joyería, pero no, esto era sólo una parte de su creatividad  y su parte lúdica.

También guardé parte de lo que venía en esa bolsita que nos devolvieron junto con su cuerpo: los pendientes que llevaba, la gomita con la que recogía el pelo…

¿Qué hacer con sus cosas? ¿Qué hacer con las cosa de los hijos? No sé, no tengo la respuesta.

Retirarlas demasiado pronto puede producir posteriormente gran frustración por no tenerlas a mano. Dejar pasar el tiempo, siempre que volvamos a ellas nos producirá dolor, pero es que el dolor va a estar ahí siempre, pase el tiempo que pase. Pero también es cierto que, a veces, dejarlas como estaban, terminan por ser algo más que sigue ahí, con nosotros, como todo, con lo demás, y, al final, pasa inadvertido, como el resto de muebles, fotos, que nos rodean y nos van a rodear el resto de nuestra vida.

Las fotos de Helena están diseminadas por toda la casa. En cada rincón. Y son tantas que, al final, producen el mismo efecto que los dibujos animados: adquieren movimiento.

Y me desangraré en el intento,

viviré rota

por el resto de mi vida

procurando que

tú no seas el bebedor pasivo (Flor, madre de Helena)

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Publicado viernes, 10 de julio de 2009 7:40 por FZ_madredHelena
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Acerca de Flor Zapata

Desde Abril de 2005, soy Flor Zapata, madre de Helena. Ese es mi pie de firma desde que escribo para concienciar sobre los peligros de una conducción no responsable.
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