Nunca o casi nunca se habla del dolor de los que quedamos aquí tras un siniestro de tráfico

(Entrevista publicada en Sietedias, Alcobendas, el 15 de noviembre de 2019)

La pérdida de un hijo, en mi caso, la única hija que tenía, es el dolor más grande que se puede sentir. Un dolor devorador, una locura, algo difícil de transmitir. Pero nadie podría sobrevivir con un dolor de esa intensidad por mucho tiempo. El cuerpo, que es sabio, utiliza sus resortes para agarrarte a la vida.

La herida estará ahí siempre, pero vuelves a vivir. Una vida que jamás será igual.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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Manifiesto de una madre

Manifiesto que desde abril de 2005 vivo esta locura que es perder un hijo.

Manifiesto que trato de concienciar para que no se pierdan otros hijos.

Manifiesto que las políticas siguen siendo escasas o nulas para que estas muertes se eviten.

Manifiesto que la sociedad sigue sin vernos como víctimas, hasta que no le toca.

Manifiesto que siguen llamándolo accidente para que quien lo produce no se sienta culpable.

Manifiesto que las políticas no endurecen las penas porque creen que todos podemos ser causantes.

Manifiesto que lo anterior no es cierto porque somos muchos los que conducimos con responsabilidad.

Manifiesto que sí somos culpables de que esto no cambie.

Manifiesto que me desangraré en el intento por que tú no seas el bebedor pasivo.

Manifiesto que todos debemos afear, criticar, condenar la irresponsabilidad de conducir con todo tipo de drogas (incluido el alcohol), a mayor velocidad, atendiendo el teléfono, con indiferencia hacia el prójimo y próximo, con un patinete o bicicleta por la acera, o que las administraciones no mantengan sus aceras, calles y carreteras en buen estado.

Manifiesto que hace catorce años que muero, y tú puedes ser el próximo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor con alcohol

10 de noviembre de 2019.

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Quién cuidará de nosotros cuando hayamos muerto

Se me olvidó  que tenía adoptada otra tumba. Sí, la de una madre y un hijo. Al hijo nunca lo conocí, a la madre sí. Un día de los que fui al cementerio. Estaba llorando, hacía tan solo unos meses que había perdido a su hijo y se quejaba de que no había empezado a hacer su duelo por que la familia no le había dejado. No la volví a ver hasta el día que me encontré escrito el nombre de ella en la lápida. Una lápida que nadie cuida. Nunca, desde que la enterraron, he vuelto a ver flores. Ni nuevas, ni secas, ni naturales, ni de plásticos.

Desde entonces, de vez en cuando, le pongo unas florecitas, y hasta que yo no las cambio siguen allí.

Me pregunto qué pasaría con la sobrina de la que ella me habló, y de la que hablaba la cinta de una corona el día que la enterraron.

Muchas veces me he preguntado, cuando yo no esté, quién llevara flores a Helena.

“Y cuando ya no estés, te recordarán tus hijos, y los hijos de tus hijos”… de Troya. Helena, la más bella.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol

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Estreno de «Una Mañana Fría» en el 28º Festival de cine de Madrid


Hasta ahora siempre os había hablado de películas que había visto y que me impactaban por frases, situaciones, historias, relacionadas con el duelo. Pero hoy os hablo del próxio estreno de una película de la que formo parte.

«Una Mañana Fría», de la directora Raquel Troyano, habla del duelo de las víctimas de siniestros de tráfico, y cuenta con el testimonio de familiares que han perdido a sus seres queridos en una carretera y de aquellas víctimas que consiguieron no perder la vida, pero se la rompieron.

Este blog está plagado de hechos, recuerdos, aniversarios, etc, de hijos, padres, hermanos, que perdieron su vida en eso que llaman accidentes de tráfico.

Después de catorce años, pocas veces vuelvo a traer noticias de siniestros de tráfico, porque cada vez sufro más, pero no podía pasar de hacer referencia a esta película, porque en ella se habla también mucho de duelo. El que a todos nos toca hacer y que es diferente en cada persona.

Raquel Troyano ha hecho una película bella y poética con la forma en que cada uno lleva su duelo y la ha dotado de una música y fotografía especial, sin escenas macabras, llena de sinceridad,  e intentando poner un final positivo y lleno de vida.

Sé que quizá algunos esperabais una película reivindicativa, que creéis que no existe final positivo, que no hay esperanza,  depende del momento en el que estéis.

El tiempo no cura nada. Ya lo hemos dicho miles de veces. Pero con el tiempo aprendemos a vivir con ello. Encontramos la forma de sobrevivir. Las cicatrices nunca desaparecen, pero  algunas veces intentamos que no se nos noten y otras veces, procuramos disimularlas, pero seguimos viviendo con ellas.

Las víctimas de tráfico luchamos por obtener algo de justicia, y digo algo porque jamás encontraremos la suficiente justicia para paliar nuestra pérdida, pero se nos olvida muchas veces hacer nuestro duelo. Y os lo dice alguien que lleva catorce años siendo activista por la educación vial, porque desde el principio lo tuve claro que de la justicia no encontraría esa respuesta, que sería muy tarde y difícil cambiar, pero si debía intentar cambiar a esta sociedad.

Los niños, los jóvenes, son el futuro. Y un niño educado es un futuro conductor concienciado.

Y sigo pensando y creyendo que la educación es la base de todo.

“Una Mañana Fría” se estrena oficialmente el doce de octubre en la sala Azcona de Matadero, Madrid, a las cuatro de la tarde. Una hora antes se pueden recoger las entradas, gratis. Pero después tendrá un largo recorrido y se podrá ver en asociaciones, ayuntamientos, festivales…

Gracias, Raquel Troyano, por dejar que esta madre haya intervenido en tu película.

Gracias, Luis Centurión, por esa magnífica fotografía.

Gracias, Rosi Troyano, por haber sido la causa, el motivo, el origen de esta película.

Y gracias, Lewa, mi Lewa, por hacer una canción para las víctimas, tan bella. Me perdono por ser el dardo en la conciencia.

“…Somos voz,

Cadencia y azar;

Viento y polvo de estrellas.

He vencido el miedo

A ser el dardo en la conciencia…”

“Tras  las niebla”, canción original de la película. Lewa HadPan

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

www.quieroconducirquierovivir.com

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El cine y yo- Una Mañana Fría

Querida hija: Tu madre está loca, pero eso ya lo sabías.

Yo, que dije muchas veces no, a peticiones de entrevistas, vídeos, programas de televisión, etc., con la excusa de que no daba bien a cámara, ahora voy y participo en una película.

Yo, que nunca quise poner mi foto en las redes, ahora salgo en una película. Sí, sigo estando loca, desde que tú te fuiste.

Aún no he visto la película, no sé cómo se me verá, pero lo único que me importa es que, una vez más, lo que digo sirva para salvar vidas. Y esta vez lo que he dicho lo he hecho tratando de no asustar, de no entristecer, sin rabia, casi sin utilizar mi faceta de activista por la seguridad vial. ¡Cómo me gusta esta definición que alguien dijo de mí!

He tratado de forzar una sonrisa y no ensuciar con mi dolor la obra de arte de una joven que podrías ser tú.

Una mañana fría es la historia de una mujer que perdió a su hermano en un accidente de tráfico, y que nunca asumió y después de muchos años inicia un recorrido para encontrarse con ese pasado y comenzar un duelo que no había hecho.

Y esa película, que en principio era una historia personal de la madre de la directora, al final se ha llenado de la voz de otros protagonistas, entre ellas, tu madre.

Pero quien vea esta película, no se hará ni una milésima de idea de lo que supone y ha supuesto tu pérdida.

A cada uno le duele lo suyo, y ninguna pérdida es buena, pero la pérdida de un hijo es lo peor. A nosotros se nos quebró la salud física y psíquica. Envejecimos, engordamos, entristecimos, perdimos nuestro objetivo y el futuro, y aún no sabemos lo que nos quedará por pasar en lo que nos quede de vida.

Rosi, la protagonista de esta película, según su directora Raquel Troyano, su hija, fue siempre una mujer triste, y con esta película ha recuperado la alegría y las ganas de vivir. Rosi, que muy probablemente con la pérdida de su hermano también perdió a su madre, porque eso es lo que manifiestan muchos hijos que han perdido un hermano: «madre tu has perdido un hijo, pero yo he perdido una madre». Pues como decía, Rosi no sabe la suerte que tiene a pesar de su desgracias. Tiene una hija estupenda, y un futuro.

Y yo te tengo a ti en mis sueños. Como está noche. Soñaba que estábamos durmiendo juntas, y me pedías ropa porque tenías frío. Sí, ya debe comenzar a hacer frío en tu jardín. La hierba sigue pujante, verde, abundante, pero los árboles comienzan a perder hojas. No me extraña que tengas frío.

A veces, me tengo que levantar porque comienzo a escribir en la cama, sin ordenador, sin papel ni pluma, solo con mi cabeza y agua, y si no comienzo a teclear la habitación se inunda.

Querida hija, perdona la locura de tu madre. Sí, sigo estando loca, pero es de dolor.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

www.quieroconducirquierovivir.com

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Los milagros del cielo

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(Mariposa dibujada por Helena)

Sigo sin escribir sobre el principio de «Los Cuentos del Hada Helena». Sí, muchas personas me lo han preguntado, ¿Cuándo vas a escribir el inicio? Está escrito en mi cabeza, pero no sé cual es la causa para que aún no lo haya hecho.

Anoche, viendo la película «Los milagros del cielo», película que jamás había visto y de la que he leído críticas a favor y en contra, porque ya sabemos que en temas de fe cada uno piensa según sus creencias, me llamó la atención una serie de cosas. Esas que yo llamo «coincidencias», porque mis creencias no me permite llamarlas «señales» o «milagros».

No voy a destripar la película («Spoiler» que dicen hoy en día, para no usar nuestro rico idioma), para aquellos padres que quieran ver el sufrimiento que produce la enfermedad de un hijo, o para aquellos que han tenido la desgracia de perderlos.

Siempre he dicho que determinadas creencias religiosas son un bálsamo cuando se pierde a un hijo, y que, para aquellos que no las tenemos, la pérdida es aún más dura. Y siempre he recomendado que hay que encontrar la forma de agarrarse a la vida.

Para mí, esa forma fue escribir. Y no me pregunten cómo convertí a mi hija en una mariposa,  qué me llevó a ello. Y no sé cuándo mi casa se llenó de mariposas. Ni cómo convertí a mi hija en un hada: el hada Helena. Casi fueron los demás los que me lo hicieron ver.

Solo sé que de las primeras veces que me reuní con un grupo de madres, y me llamó la atención las manos de una de ellas llenas de mariposas, le pregunté y ella me dijo, tú también tienes mariposas. Enseguida contesté que no, pero cuando regresé a casa me di cuenta que era cierto.

Ayer, esta película, nuevamente, me hizo un guiño: las mariposas aparecen incluso en el vestido de la madre que escribió esta historia, una historia real, según cuentan, y para los que creen, la historia de un milagro.

Ahora mismo recuerdo la frase de un imán que me hizo una madre, esta con hijos, que trabaja con libros: «Toda las vidas tienen su libro». Yo más bien diría que todas las vidas dan para un libro, como es la historia de la que surgió esta película, o como sería mi vida.

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Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Treinta y cinco

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Llevo varios días que no me encuentro bien, me duelen hasta las pestañas. Primero pensé que debía ser un ataque de reuma, pero después he caído en lo que es.

Hace treinta y cinco años también tenía dolores. Al principio eran como si fuera a empezar con la regla. -Sí, estás de parto, pero vas para largo – me dijo el doctor. -te recomiendo que pasees mucho. Y yo  que siempre he sido muy obediente, me tiré toda la tarde paseando.

Hace treinta y cinco años, tuve los dolores más grandes que, pensé, se podían tener. ¡Qué ilusa! No sabía lo que me vendría después.

Treinta y cinco años, toda una mujer.

Querida hija, en tan solo varios días, he conocido que otras dos amigas tuyas ya son mamás, y otra que va a serlo… y tú que podrías serlo, también te lo arrebataron.

Nadie sabe los esfuerzos que hay que hacer par seguir en este mundo como si no hubiese pasado nada, como si todo ya estuviera superado, como si ya hubiéramos pasado página, con buena cara, con la sonrisa puesta, porque los demás no tienen culpa.

Y a mí me parece que sigo metida en una película, y que esto no nos ha pasado a nosotros.

Felicidades, cariño. Mañana tendrás tus calas, como cada año. Es lo único que podemos ofrecerte. ¡Qué triste!

Feliz cumple sin velas. Sí, esta es también una de esas frases que se me ha ocurrido en estos catorce años de ausencia. Como la de «madres sin hijos», o «dolor compartido», o «tu dolor es también el mío», porque desde que no estás, me paso la vida inventándomela.

Sí, estoy loca, sigo loca, pero es de dolor.

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(No llegaste a tener la crisis de los 21, ni a volver a señalar tu cumple en ninguna agenda)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un conductor borracho.

 

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Otro día, otros muertos

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(Dibujo de Helena para el día de la madre)

Otro día de la madre que pasó. Así uno tras otro, ya van quince. Sin beso, sin abrazo, sin nada que celebrar. El regalo es lo que menos importa, porque el regalo ya fue el haberla tenido.

Hace días que vengo pensando en esa nueva madre que ha perdido a su hijo, como dice mi dedicatoria en este blog,  por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos, en las pasadas  fiestas de Cobeña. Pero como ya no escribo sobre todas las muertes, no queda reflejado en este blog.

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(carta publicada en el diario El Mundo)

Pero hoy, coincidencias, entre los recuerdos de Facebook, aparecía la publicación de una mis muchas cartas al director, publicada en el diario El Mundo, sobre lo de siempre, el consumo de alcohol y los siniestros de tráfico. Y hoy, coincidencia, leía en ese mismo diario, la carta de los padres de este  joven asesinado en Cobeña, que publicaron ayer. Una carta que me recordaba a nuestra esquela, y a mi carta abierta a los jóvenes. A todo lo que escribimos en esos momentos de locura, esa que produce la pérdida de un hijo.

El caso de este chico me ha traído muchos recuerdos. Él, como Helena, creo que también estaba estudiando fuera. También tenía 20 años. Y también encontró la muerte a manos de otro. Sin culpa, sin verlo venir, sin posibilidad de protegerse.

Sé que en estos casos se llama asesinato, y que en los siniestros de tráfico se llama accidente. Que probablemente en ambos casos estuvo por medio el alcohol (por parte de los que matan), porque no se puede entender que haya jóvenes que pierdan la cabeza de tal manera y quiten la vida a sus semejantes. Pero el resultado es el mismo: la pérdida de un excepcional hijo o hija: «la muerte de todos» (Texto carta de los padres de Alex)

Y sé lo que les espera a estos padres, porque antes lo sufrí yo.

Estimados padres de Alex, siento vuestro dolor como si fuera mío. Es probable que jamás nos lleguemos a conocer, pero ya siempre estaremos unidos por ese hilo de dolor que nos va cosiendo. Aprenderéis a sobrevivir como tantos. No esperéis gran cosa de la justicia, porque ella no puede devolvérnoslos. Tardaréis mucho tiempo en remontar, cien años no serían suficientes, pero en vuestro caso, creo, hay más hijos. Ninguno suple al perdido, pero ayudan a  seguir el camino, y debéis hacer un sobre esfuerzo. Mi abrazo más cálido y solidario para Nuria y Felipe, padres de Alejandro Bartolomé Morcuende.

«Quiero que viváis mientras yo, dormido, os espero. Quiero que lo que amo siga vivo. Pablo Neruda. » Texto de la carta de los padres de Alex»

Alex, busca a Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Hace Catorce Años

calas Santiago

Hace catorce años era domingo. Acabábamos de llegar del pueblo. Lo primero, poner la lavadora. Al día siguiente, lunes, había que trabajar, y ese fin de semana fuera era un impedimento para las tareas domésticas que habían quedado aparcadas.

Ahora que lo pienso, ni siquiera sé que pasó con la lavadora. ¿La llegué a poner? Y si la puse ¿qué pasó después, siguió lavando, quién tendió esa ropa?

Yo nunca miraba los mensajes de teléfono. Prefería que los vierais papá o tú. Siempre se me olvidaba la clave. Eran sobre las seis y media de la tarde. Quizás las siete, y me extrañó que no estuvieras en casa esperándonos, por eso descolgué el teléfono…y escuché los mensajes.

Nunca más hemos vuelto a tener contestador.

«Le habla la guardia civil de tráfico, si son los familiares de Helena Castillo Zapata, pónganse en contacto con el siguiente número»

Era el 17 de abril. Ese año la semana santa fue en marzo. Nuestra última semana santa feliz, contigo, en un país extraño, diferente, pero en el que te gustaba y te sentías bien. Estudiando, aprendiendo, una experiencia de gran hermano, como decías tú.

Al año siguiente, las noticias de todas las televisiones habrían con tu esquela:

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Esa semana santa había habido 106 víctimas de tráfico. Este año también es semana santa, y puede que más de uno encontrará en su contestador un mensaje como el que yo encontré.

Querida hija: Siempre he tenido interés en que no les pasara a otras madres lo que a mí me pasó. Me costó mucho que mi mensaje llegase, entonces las redes no estaban en las manos de todos y los siniestros viales eran «accidentes de tráfico». Y está costando que la gente cambie la forma de verlo. Pero ahora todo es más fácil. Enseguida aparece una petición change.org, una recogida de firmas virtual, y aparece una nueva ley. Yo no tuve esa suerte, pero no dejé que tu muerte fuera en vano.

Y durante un tiempo, esa lucha me ayudo a sobrevivir. Ahora, ya ni eso.

Y catorce años son pocos, cien años no sería suficientes para apaciguar este dolor.

Un dolor cada vez más interior, más profundo. Ahora ya no se nota nada. Ahora se nos ve felices, alegres, haciendo las cosas normales de nuestra edad. Y cómo no. ¿Qué vamos a hacer, seguir llorando delante de la gente? No, hija. Eso es ya solo nuestro.

Pero año tras año, no solo se acumulan arrugas, también penas, y recuerdos, que con la edad se olvida uno de lo que cenó pero se acuerda de lo que pasó hace catorce años, con todo lujo de detalles.

¡NO, MI HIJA, NO, MI HIJA, NO!

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Pues fue que sí. Y aún nos parece un sueño. Sigo sin creerme que un día me arrebataron a mi hija, y que ya nunca te volveré a tener. Y cada día estoy más loca de dolor, pero ahora soy una loca cuerda. Ya casi no se me nota.

TE QUIERO. TE QUEREMOS.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho.

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El Pomo Azul

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Los que seguís este blog, sabéis de mi gusto por las películas, y siempre traigo alguna frase, temática, o comentario de aquellas que me impactan.

Hoy he asistido a una representación especial, algo parecido a un estreno, pues se encontraban los actores, y el equipo de la misma, así como una de sus directoras.

Se tata de la película «El Pomo Azul» de Raquel Troyano y Montse Bodas. Raquel Troyano es quien me ha invitado, y debo decir que la película me ha sorprendido, emocionado y encantado.

Ella la define como una película mágica, un cuento, una realidad social, y se cumplen todas las definiciones.

No quiero desvelar su temática, pero invito a verla a todos aquellos que hemos perdido nuestros sueños,  que nos hemos reinventado, o que no hemos abandonado una ilusión, porque la película emociona, y cada uno nos podemos encontrar reflejados en algún personaje o en alguna situación.

Para mi sorpresa, yo me he sentido identificada con  una parte de esa historia. Para mí también es mágica.

Enhorabuena a todo el equipo. Gracias, Raquel Troyano

«Una puerta de color y con sombras» (o algo así dice la frase). ¿Cuántas madres no tenemos una puerta así?

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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