Otro día, otros muertos

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(Dibujo de Helena para el día de la madre)

Otro día de la madre que pasó. Así uno tras otro, ya van quince. Sin beso, sin abrazo, sin nada que celebrar. El regalo es lo que menos importa, porque el regalo ya fue el haberla tenido.

Hace días que vengo pensando en esa nueva madre que ha perdido a su hijo, como dice mi dedicatoria en este blog,  por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos, en las pasadas  fiestas de Cobeña. Pero como ya no escribo sobre todas las muertes, no queda reflejado en este blog.

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(carta publicada en el diario El Mundo)

Pero hoy, coincidencias, entre los recuerdos de Facebook, aparecía la publicación de una mis muchas cartas al director, publicada en el diario El Mundo, sobre lo de siempre, el consumo de alcohol y los siniestros de tráfico. Y hoy, coincidencia, leía en ese mismo diario, la carta de los padres de este  joven asesinado en Cobeña, que publicaron ayer. Una carta que me recordaba a nuestra esquela, y a mi carta abierta a los jóvenes. A todo lo que escribimos en esos momentos de locura, esa que produce la pérdida de un hijo.

El caso de este chico me ha traído muchos recuerdos. Él, como Helena, creo que también estaba estudiando fuera. También tenía 20 años. Y también encontró la muerte a manos de otro. Sin culpa, sin verlo venir, sin posibilidad de protegerse.

Sé que en estos casos se llama asesinato, y que en los siniestros de tráfico se llama accidente. Que probablemente en ambos casos estuvo por medio el alcohol (por parte de los que matan), porque no se puede entender que haya jóvenes que pierdan la cabeza de tal manera y quiten la vida a sus semejantes. Pero el resultado es el mismo: la pérdida de un excepcional hijo o hija: “la muerte de todos” (Texto carta de los padres de Alex)

Y sé lo que les espera a estos padres, porque antes lo sufrí yo.

Estimados padres de Alex, siento vuestro dolor como si fuera mío. Es probable que jamás nos lleguemos a conocer, pero ya siempre estaremos unidos por ese hilo de dolor que nos va cosiendo. Aprenderéis a sobrevivir como tantos. No esperéis gran cosa de la justicia, porque ella no puede devolvérnoslos. Tardaréis mucho tiempo en remontar, cien años no serían suficientes, pero en vuestro caso, creo, hay más hijos. Ninguno suple al perdido, pero ayudan a  seguir el camino, y debéis hacer un sobre esfuerzo. Mi abrazo más cálido y solidario para Nuria y Felipe, padres de Alejandro Bartolomé Morcuende.

“Quiero que viváis mientras yo, dormido, os espero. Quiero que lo que amo siga vivo. Pablo Neruda. ” Texto de la carta de los padres de Alex”

Alex, busca a Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Hace Catorce Años

calas Santiago

Hace catorce años era domingo. Acabábamos de llegar del pueblo. Lo primero, poner la lavadora. Al día siguiente, lunes, había que trabajar, y ese fin de semana fuera era un impedimento para las tareas domésticas que habían quedado aparcadas.

Ahora que lo pienso, ni siquiera sé que pasó con la lavadora. ¿La llegué a poner? Y si la puse ¿qué pasó después, siguió lavando, quién tendió esa ropa?

Yo nunca miraba los mensajes de teléfono. Prefería que los vierais papá o tú. Siempre se me olvidaba la clave. Eran sobre las seis y media de la tarde. Quizás las siete, y me extrañó que no estuvieras en casa esperándonos, por eso descolgué el teléfono…y escuché los mensajes.

Nunca más hemos vuelto a tener contestador.

“Le habla la guardia civil de tráfico, si son los familiares de Helena Castillo Zapata, pónganse en contacto con el siguiente número”

Era el 17 de abril. Ese año la semana santa fue en marzo. Nuestra última semana santa feliz, contigo, en un país extraño, diferente, pero en el que te gustaba y te sentías bien. Estudiando, aprendiendo, una experiencia de gran hermano, como decías tú.

Al año siguiente, las noticias de todas las televisiones habrían con tu esquela:

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Esa semana santa había habido 106 víctimas de tráfico. Este año también es semana santa, y puede que más de uno encontrará en su contestador un mensaje como el que yo encontré.

Querida hija: Siempre he tenido interés en que no les pasara a otras madres lo que a mí me pasó. Me costó mucho que mi mensaje llegase, entonces las redes no estaban en las manos de todos y los siniestros viales eran “accidentes de tráfico”. Y está costando que la gente cambie la forma de verlo. Pero ahora todo es más fácil. Enseguida aparece una petición change.org, una recogida de firmas virtual, y aparece una nueva ley. Yo no tuve esa suerte, pero no dejé que tu muerte fuera en vano.

Y durante un tiempo, esa lucha me ayudo a sobrevivir. Ahora, ya ni eso.

Y catorce años son pocos, cien años no sería suficientes para apaciguar este dolor.

Un dolor cada vez más interior, más profundo. Ahora ya no se nota nada. Ahora se nos ve felices, alegres, haciendo las cosas normales de nuestra edad. Y cómo no. ¿Qué vamos a hacer, seguir llorando delante de la gente? No, hija. Eso es ya solo nuestro.

Pero año tras año, no solo se acumulan arrugas, también penas, y recuerdos, que con la edad se olvida uno de lo que cenó pero se acuerda de lo que pasó hace catorce años, con todo lujo de detalles.

¡NO, MI HIJA, NO, MI HIJA, NO!

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Pues fue que sí. Y aún nos parece un sueño. Sigo sin creerme que un día me arrebataron a mi hija, y que ya nunca te volveré a tener. Y cada día estoy más loca de dolor, pero ahora soy una loca cuerda. Ya casi no se me nota.

TE QUIERO. TE QUEREMOS.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho.

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El Pomo Azul

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Los que seguís este blog, sabéis de mi gusto por las películas, y siempre traigo alguna frase, temática, o comentario de aquellas que me impactan.

Hoy he asistido a una representación especial, algo parecido a un estreno, pues se encontraban los actores, y el equipo de la misma, así como una de sus directoras.

Se tata de la película “El Pomo Azul” de Raquel Troyano y Montse Bodas. Raquel Troyano es quien me ha invitado, y debo decir que la película me ha sorprendido, emocionado y encantado.

Ella la define como una película mágica, un cuento, una realidad social, y se cumplen todas las definiciones.

No quiero desvelar su temática, pero invito a verla a todos aquellos que hemos perdido nuestros sueños,  que nos hemos reinventado, o que no hemos abandonado una ilusión, porque la película emociona, y cada uno nos podemos encontrar reflejados en algún personaje o en alguna situación.

Para mi sorpresa, yo me he sentido identificada con  una parte de esa historia. Para mí también es mágica.

Enhorabuena a todo el equipo. Gracias, Raquel Troyano

“Una puerta de color y con sombras” (o algo así dice la frase). ¿Cuántas madres no tenemos una puerta así?

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Muy Personal

Sí, el dolor es muy personal. Puede que muchas personas pasen por el mismo estado de dolor, producido por la misma causa, o por otra diferente, pero cada uno lo sentirá de forma diferente en grado o en reacción.

Y el paso del tiempo afectará de forma diferente.

Este blog que trataba de ser un paliativo para otras madres sin hijos, y un medio de concienciación para evitar más muertes en las carreteras, se volverá un diario muy personal, porque ya no quiero compartir mi dolor. Porque ahora me avergüenza exponer de esta forma mis sentimientos. Porque Internet nos vuelve cada día más vulnerables.

No hay recetas para el dolor. No hay medicina que lo cure. No hay tiempo que lo aplaque. No hay duelo que termine.

El dolor por la pérdida de un ser querido es crónico, aunque aparentemente todo vaya mejor, aunque los demás piensen que ya se pasó. ¡Qué descanso para los demás! Ya no hay que ocultar, falsear, ponerse triste, porque la persona ha superado su duelo y ya ríe, bromea, sale, entra. ¿A quién le gusta estar con una persona triste? El dolor ensucia. El dolor contagia.

Pero el dolor siempre va a estar ahí. Esta depresión es crónica. La locura se curó pero quedaron las secuelas, para el resto de esta vida.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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El Pozo

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Supongo que a algunos os habrá extrañado que aún no me he pronunciado sobre el pequeño Julen, pero es que no quiero ser pesimista, y mucho menos, transmitirlo. Sobre todo por esos padres que ya perdieron un hijo.

Me crié en una zona de minas, con muchos pozos abandonados, y viví durante años, casi a la boca de una mina: El pozo Calvo Sotelo.

Mi feliz infancia está rodeada de vivencias, juegos, e historias de minas y pozos. Cuando era un bebé, viví,  aunque sin enterarme, la primera explosión de grisú del pozo,  después, ya sí recuerdo, la segunda con las consabidas muertes. Y yo misma, en un día de esos de juegos infantiles, estuve a punto de caer a uno de esos pozos abandonados. Gracias a la actuación de una tía mía que me agarró cuando estaba en el borde.

Pero esto no es una mina. Para bien y para mal.

A los padres que perdemos un hijo en siniestro de tráfico, normalmente nos dicen que murió en el acto, que no se enteró. Es más consolador. Aunque hay personas que han pasado por un grave siniestro y dicen que una vez sucedido, ya no te enteras de nada.

Quisiera creer en los milagros. Y también en que el hada Helena estará merodeando por allí.

Mucha fuerza para esos padres.

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

www.quieroconducirquierovivir.com

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Catorce finales sin ti

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Un año más estoy aquí, intentando hacerte este resumen, y cada año digo que va a ser el último, porque ¡cómo cuesta! Pero no sé si es que soy un poco masoca o como dice la canción “no puedo vivir sin ti, no hay manera”, y no hacer este resumen es reconocer que no puedo comunicarme contigo. Ya vendrá muchos años más en los que no habrá nadie que haga este resumen.

Como cada año, hubo muchos que se fueron:

Eran tíos y primos míos, pero ellos también te recordaban y siempre tenían palabras bonitas para tu ausencia. En menos de un año se fue mi tío Vicente, su mujer y su hijo. Ha sido un duro año para “Los Tininis”.

Y como siempre se han marchado cantantes, actores, actrices, pero sobre todo se han marchado mujeres, como el año pasado, mujeres a manos de aquellos que les querían. Pero de eso te hablaré más tarde.

Tus amigos:

Tus amigos siguen con sus vidas, disfrutando de sus hijos e incluso teniendo otros hijos, como en el caso de Sara que ha tenido un niño. Y María, tu compañera de baños en la playa durante algunos veranos, también ha sido mamá.

Hace poco estuvimos en Burgos con tu compañera Sara, joven emprendedora, y con futuro, como tú ya lo presagiabas cuando decías que “era la mejor”.

Tus primos:

Casi todos ya se han emancipado. La vida sigue y es lo normal. Como habría pasado contigo.

La política:

Creo que este año no te voy a hablar de política. Está tan enrarecida, tan mal, que o tienes problemas de libertad de expresión, o tienes problemas de decir cosas políticamente no correctas. Y los términos se han equivocado, confundido, alterado y los que antes eran rojos luchando por la democracia ahora pueden ser tachados de fascistas. Una locura.

La Carretera:

La carretera se sigue cobrando vidas. Como director de la DGT ha vuelto una persona que estuvo cuando tú te fuiste y que hizo muchísimo porque durante su dirección los muertos disminuyeran, y él hizo posible que mi carta abierta a los jóvenes fuera noticia.

Para los que no han sido víctimas, esta vuelta a la DGT es comenzar nuevamente con campañas muy violentas, trágicas, impactantes. Pero no saben ellos que la realidad supera a la ficción. Que la tragedia más grande es la que nos ha pasado. Que solo aquellos que hemos recibido una llamada: “le habla la guardia civil de tráfico…”, solo los que hemos recibido esa llamada, sabemos lo que es la realidad.

Yo estoy un poco apartada de la lucha. Los médicos y tu padre, intentan separarme de lo que durante mucho tiempo me ha dado la vida y me la ha quitado a la vez. Escribo menos, y he disminuido mis charlas, pero no va a ser fácil  quitarme totalmente de esta lucha. Por ti y por las futuras madres sin hijos.

Las mujeres:

Este capítulo es nuevo este año, pero es que el 2018 ha sido el año de las mujeres. Para lo bueno y para lo malo. Desgraciadamente para lo malo.

¿Recuerdas cuando papá decía que el mundo sería de las mujeres? Y yo siempre vivía con miedo de que algún hombre pudiera hacerte algo por tu belleza y tu simpatía. Nunca pensé o tuve miedo relacionado con el tráfico, sabía que tú eras buena conductora, eran otros mis miedos, como toda la vida han tenido las madres. Bueno pues este año las mujeres han sido las protagonistas, han dicho basta ya al predominio del abuso machista. Las mujeres han dicho estoy aquí y el día de la mujer, en marzo, salieron a la calle. Colgamos el delantal. Y comenzó un grito: NO, ES NO.

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Porque ha sido un año donde se han disparado las violaciones, y el asesinato de mujeres. A las que han muerto a manos de sus parejas o ex parejas, han seguido las que han sido asesinadas por hombres solo por el deseo de abusar de ellas. Todas mujeres guapas, con estudios, simpáticas, con futuro, con sueños. Y han sido asesinadas de forma violenta y brutal.

Y la muerte es siempre muerte, para los padres el mismo dolor, el mismo resultado, pero el sufrimiento para la propia víctima no es el mismo.

También han muerto niños a manos de mujeres. El caso más famoso fue el de Gabriel. Pero ese ya sé que lo conoces, porque tú misma me hiciste saber que ya estaba contigo.

Y es que la maldad en este mundo sigue existiendo, y las leyes siguen siendo demasiado beneficiosas para estos monstruos.

La música:

Y como todos los años,  te quiero contar también algo de música, eso que tanto nos gustaba.

Este año ha seguido siendo moda la música latina. Pero este año, la canción y la cantante revelación es Rosalía. Hace una mezcla de flamenquito y rap y ha ganado dos premios Grammy. Y el título de su canción va mucho con nuestro estado: Malamente.

Sí, porque nosotros estamos bien. Envejeciendo. Esa vejez prematura que tenemos desde hace 13 años. Salimos, entramos, reímos, casi somos normales, felices. Viajamos, disfrutamos, vivimos, pero….malamente.

Querida hija, seguimos echándote en falta. Hacemos camino, por ti, pero sin ti. Y eso es lo más duro, que hacemos cosas que sabemos que a ti te gustarían, pero que tú nunca las verás o harás.

Te quiero, te queremos, lo que nos quede de vida. Nuestro único pensamiento, día y noche. Por siempre.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Sin ti no hay navidad

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Estas fiestas son lo peor que hay para las madres y padres que han perdido a sus hijos. Es un nuevo esfuerzo para ese corazón destrozado. Si no había más hijos, la soledad es inmensa. Y si hay más hijos, el esfuerzo para seguir dando el mismo amor y felicidad, supongo que debe ser agotador.

Son fechas en las que la gente enloquece, parece que todo es felicidad, alegría, que nunca hemos sido más buenos o que a partir de ahora vamos a serlo, que queremos a todo el mundo.

Los demás se esfuerzan por hacerte llegar esa felicidad y tú por responderla y no mostrar tu dolor.

¡Qué pesada, siempre a cuesta con su pena y su dolor! ¡Si ya han pasado tantos años! La vida sigue. Anímate, a ella le hubiera gustado. A ella no le gustaría verte así. Está en el cielo”…. Son miles de frases como estas, las que recibimos en estos días. Todas ellascon buena voluntad, con deseo de aliviar nuestra ausencia, con mucho cariño y amor, pero como dice uno de los personajes de “Criadas y señoras”, –“Cien años no serían suficientes…”

Por eso, perdonadme que no os felicite la navidad. Lo haré en el nuevo año, pero ahora no.

Hoy me salía en el recordatorio de la única red que utilizo, este pensamiento que expresé hace dos años: A veces, de repente, me paro, pienso, digo, no puede ser, y cuando todo parecía que iba bien, que ya había pasado, se vuelve como una pescadilla que se muerde la cola y me doy cuenta de lo que me ha pasado. Esto no se puede superar. Ni acostumbrarse. La única forma es emborracharse de trabajo para no tener tiempo de pensar.

Poco antes de leerlo este fue el que tuve: No me lo creo, no me puede estar pasando esto a mí.

Sí, hace catorce navidades que no celebramos. Hace catorce navidades que nos alegramos con la felicidad de los demás, aunque por dentro estemos llorando. Hace catorce años que no existimos, para no manchar con nuestra tristeza, porque ya no tenemos nada que celebrar. Y podemos hacerlo porque no hay más hijos, por eso, admiro el esfuerzo de otros padres.

Dice el escritor, poeta y  mi paisano, Manuel Juliá, que no hay navidad sin recuerdos. Y yo digo, mi querida hija, sin ti no hay navidad.

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“Y es ya el olor a navidad quien me rescata las huellas de lo que murió con el tiempo…
…Y como humano que soy, recuerdo y siento que casi todo lo que sucede es una maravillosa excusa para volver a sentir lo que ya nunca será. Salvo que quizás lo perdido habite donde el tiempo no exista, esperando. Quizá.”

No hay navidad sin recuerdos. “Cuarenta Latidos”. Manuel Juliá Dorado.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Carta a los padres de los jóvenes de Jódar

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Queridos padres de Loren, Sebastián, Lucia y María del Mar:

Sé que en estos momentos no hay palabras de consuelo. Y lo sé por propia experiencia. Ni siquiera sé si esta carta os llegará algún día o si tendréis la suficiente fuerza para leerla, de lo que estoy segura es de que cada uno de vosotros reaccionará de diferente forma, aún sufriendo todos el mismo dolor.

La pérdida de un hijo nos zarandea, nos descoloca, nos golpea y nos deja tocados para el resto de nuestra vida. Y no morimos, aunque lo deseamos fervientemente como la única forma de no sentir más dolor. Ese  dolor insoportable, insufrible, que nos rompe por dentro, quemándonos las entrañas..

Pero también quiero transmitiros una cierta esperanza, aunque os parezca imposible. Tendrá que pasar mucho tiempo para que dejéis de llorar y volváis a reír. Para ello tendréis que volver a aprender a vivir. Será otra vida. Diferente. Nada será igual, lo sé, pero la vida te atrapa, te agarra, te engaña y te obliga a seguir. Esa dichosa frase que odiamos escuchar todos los padres que hemos perdido a nuestros hijos.

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La muerte es siempre inoportuna, y si es en un siniestro de tráfico, es un shock difícil de creer y asimilar. Pero ahí están y estarán los recuerdos, los momentos vividos, y siempre estarán presentes en esta ausencia eterna.

Tomaros vuestro tiempo para elaborar vuestro duelo. Cada uno tiene el suyo, ninguno es igual. No hagáis como que no ha pasado nada, para evitar la tristeza a otros. Ahora no hay nada ni nadie más importante que vosotros. Todo lo demás puede esperar.

Los demás, lo que pueden y deben hacer es cuidaros, abrazaros sin decir nada, vigilar vuestra salud física, y en especial, cuidar de que os alimentéis, porque vosotros ahora no sois capaces de comer y menos cocinar para vosotros o el resto de familia. Y de vuestra salud psicológica que deciros, dejaros cuidar por los médicos.

Quisiera poder daros más consuelo, pero ahora mismo no lo hay. Solo deciros que vuestro dolor es el mío.

…No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad
… (Rosalía de Castro)
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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La Nada

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Mi infancia, y parte de mi adolescencia, se desarrolló en un lugar especial y poco común. No era un pueblo, ni ciudad, tampoco granja, aunque estaba rodeado de campo, y ese lugar desapareció, quedó arrasado, destruido y ningún vestigio de que allí un día hubo vida, trabajo, actividad.

Casi treinta y cinco años de mi vida laboral transcurrieron en la misma empresa, en el mimo lugar, pero poco antes de salir de ella, el edificio donde se realizó esa actividad, fue transformado, cambiado, y ahora pertenece a otra empresa, y en su fachada luce un nuevo luminoso, el logo de otra.

Mi labor de madre desapareció hace trece años, cuando un conductor borracho acabó con la vida de mi hija.

Incluso lo que escribo en este blog de Madres sin hijos, o en el de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!, desaparecerá el día que deje de pagar el sitio web. Porque Internet es como escribir con agua.

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Hasta la tumba en la que reposan los restos de mi hija, y a donde iré yo, también desaparecerá. Y el “polvo eres y en polvo te convertirás”, se cumplirá.

Pareciera que mi paso por la tierra está destinado a desaparecer, sin dejar rastro. Solo unos pocos que lean este texto, y con mucha suerte por mi parte, pueden que algún día recuerden a una mujer que firmaba como “la madre de Helena”.

Sé que diréis que es el fin de todos, desaparecer, pero en mi caso, al no tener más hijos, y si es verdad eso de que solo desaparece al que se olvida, será más fácil.

Si al final todo se pierde en la nada más absoluta, no sé por qué nos empeñamos en vivir jodiendo la vida al prójimo.

(Dedicado a una mujer anónima, a la que solo conocí de lejos, y ayer me enteré, que después de haber sufrido dos incendios de su casa, no por culpa de ella, sino de otros, su estado de salud no pudo superar el shock y murió. No tenía hijos).

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Demasiado jóvenes para morir

Hubo un tiempo en el que los post de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! y Madres sin hijos, eran los mismos. Después, Madres sin hijos se dedicó más a los sentimientos y el duelo y Quiero Conducir más a la concienciación sobre  Seguridad Vial.

Pero el post de Hoy “Persiguiendo un sueño” une las dos cosas y tiene que estar también aquí:

Persiguiendo un sueño

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Es curioso el concepto que tenemos de la vida y la muerte, cada uno. Y cómo vivimos la vida unos, y como afrontamos la muerte otros. También, como alzamos la voz ante determinadas muertes, y como se sobrellevan otras.

Si se trata de perseguir un sueño, no hay edad, mucha publicidad, y aceptación. Si la muerte sobreviene por negligencia, o en carretera, se denominará accidente. Si es con un arma, normalmente se denominará homicidio o asesinato, pero pocas veces nos planteamos lo que una muerte acarrea a aquellos que quedan vivos.

Seguro que ayer se produjeron muchas muertes, con el mismo impacto en cada ocasión, aunque con distinta repercusión mediática.

Ayer moría el niño piloto, Andreas Pérez, después de su accidente en las pistas de carreras de Montmeló.  Ayer, también morían dos hermanos en un siniestro de tráfico en Carnota, Galicia.

Todas esas muertes no eran esperadas ni deseadas, pero habrán producido el mismo impacto en sus familiares y amigos. Los padres de Galicia tendrán el agravante de que no han perdido un hijo, sino dos. Los padres de Andreas, tendrán el consuelo de que su hijo murió haciendo lo que le gustaba.

Pero la mayoría de los que hemos pasado por la pérdida de un hijo nos preguntamos ¿por qué y para qué?

Hacemos todo lo posible por cuidar y proteger a nuestros hijos, pero en lo que se refiere a los toros o los coches esa es otra cuestión. Creo que en España la edad mínima para dedicarse a los toros es 16 añospor eso algunos se van a México. Para conducir un ciclomotor creo que son 15 años, que antes eran 14.  Con 16 años puedes conducir motos de 125 cc.  Con 18 se puede obtener el carnet de conducir coches, pero por supuesto, no se puede ir a 200 km por hora. Pero si es para competir, todo esto no cuenta. Aquí se puede ver un ejemplo.

Y yo, como madre, ahora una madre sin hijos, me pregunto ¿Qué diferencia hay entre vivir o competir?

Ayer una periodista decía del niño piloto que había muerto persiguiendo un sueño.

Los sueños hay que conseguirlos y vivirlos. Mi hija tenía también muchos sueños.

Y a estos nuevos padres sin hijos, mi solidaridad.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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