Paula y el Ratoncito Pérez

Hoy he encontrado un cuento que escribí hace mucho tiempo y que tenía perdido, porque ni siquiera sé si lo llegué a publicar en aquella página que los tenía y desapareció, o si no lo hice nunca, ni en este blog, ni en donde se encuentra todos Los Cuentos del Hada Helena, porque este cuento está escrito para una niña, que vino a los pocos meses de irse Helena, y para mi fue algo muy especial.

Lo siento, pero no lo puedo copiar con la letra que utilicé para el cuento original. Aún así, me parece un cuento especial porque cuenta la historia del Ratoncito Pérez.

Os lo recomiendo para que lo leáis a vuestros niños cuando pierden los dientes. Y ya sabéis que estos cuentos, de los que soy autora, podéis imprimirlos, son gratis, pero haced buen uso de ellos:

Los cuentos del hada Helena

Paula y el Ratoncito Pérez:

Paula tiene siete añitos y es una niña preciosa con el pelo rubio y los ojos claro

La conozco bien aunque yo me había marchado cuando ella nació. Sí, ella casi lleva el mismo tiempo en la tierra que yo en el mundo de las hadas.

El hada Helena

Cuando Paula era pequeñita pasaba a mi casa y se sentaba en mi sillita, la que me fabricó mi  abuelo. Y  pintaba con mis colores. También veía mis cuentos o se los llevaba para que se los leyeran sus papás, pero sabía que después los tenía que devolver. Mis padres no querían desprenderse de ellos.

Ahora, Paula, que lleva uno de los nombres que más le gustaba a mi mamá cuando yo nací, va a tener un hermanito, y también tiene una primita que se llama Yaiza.

Paula ha comenzado a cambiar los dientes, pero seguro que no conoce la historia de cómo se llamó al ratoncito Pérez   y cómo se llama en otros países al personaje que se lleva los dientes de los niños y a cambio les deja un obsequio. Por  ejemplo:

En los países de lengua inglesa es “el hada de los dientes” (Tooth Fairy en inglés),  la que  cuando a un niño se le cae un diente y lo coloca debajo de la almohada mientras duerme, se lo cambia por un pequeño regalo o por monedas.  En los países de habla castellana se le reconoce como «Ratoncito Pérez», con la excepción de algunos lugares de México y Chile en donde se le dice «el Ratón de los Dientes» y en Argentina, Venezuela, Uruguay y Colombia simplemente «El Ratón Pérez». En Francia se le llama «Ratoncito» (la petite souris en francés), en Italia se le conoce como «Topolino», «Topino» (Ratoncito) o «Fatina» (Hadita). En Cataluña esta tarea es encomendada a «l’Angelet» (el Angelito), en el País Vasco -sobre todo Vizcaya-, se encarga «Maritxu teilatukoa» (Mari la del tejado) y en Cantabria es «L´Esquilu de los dientis» (La Ardilla de los dientes). Y  en algunos lugares es tradición tirar los dientes de los niños a los tejados de las casas.

Pero realmente quien puso el nombre al ratoncito Pérez fue el jesuita Luis Coloma  a quien le pidieron que escribiera un cuento para el rey Alfonso XIII, allá por el año 1894.

El padre Coloma escribió un cuento explicando cómo era este personaje.

El ratón vivía con su familia dentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la entonces famosa confitería Prats, en el número ocho de la calle del Arenal, en el corazón de Madrid, a unos cien metros del Palacio Real. El pequeño roedor se escapaba frecuentemente de su domicilio y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones del pequeño rey Bubi I (Así era como le llamaba la Reina  MaríaCristina a su hijito Alfonso XIII)

También a las habitaciones de otros niños más pobres que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.

Y yo sé todo esto porque me lo ha contado el hada de los dientes, y como es mi amiga, le he pedido un favor:

Que en tu caso, además del ratoncito Pérez, ella te dejara un regalo en mi casa.

Me costó mucho convencerla porque decía que cómo iba a hacerlo si en mi casa no estaba tu diente pero yo le prometí que ella encontraría un diente.

Y ahora te voy a contar cómo lo he hecho:

Cuando yo era pequeñita, algunos dientes comenzaron a salirme antes de que hubiera perdido los anteriores. Entonces, mi mamá tenía que llevarme al dentista y me tenían que sacar los de leche para que hubiera espacio para salir los otros.

Como no se me caían solos no podía dejárselos al ratoncito y mi mamá los guardaba en una pequeña cajita.

Entonces, esta noche, cuando todos dormían y antes de que mi amiga “Hada de los dientes” llegara a casa, he cogido uno de mis dientes y lo he puesto debajo de la almohada de mi mamá. Cuando el hada de los dientes  ha llegado, ha encontrado el diente y te ha dejado tu obsequio.

Sé que es una pequeña mentirijilla pero me hacía ilusión que esos dientes que yo no pude dejar al ratoncito sirvieran para conseguir alguna recompensa.

Quería hacer lo posible para compensarte por ser la primera persona que le pintó a mi mamá una mariposa, que es lo que yo soy ahora.

¿Te acuerdas de este dibujo?

Dibujo hecho por Paula

No creo porque tú eras muy pequeña, pero mi mamá lo guardó con mucho cariño.

Ahora, tienes que esperar a que te salgan nuevos dientes. No tienes que tocarlos con la lengua, dicen que para que salgan rectos, tienes que cepillarlos siempre que comas, y no abusar de la “chuches”.

Y  colorín colorado este casi cuento se ha acabado.

Ya sabes, cuando veas revolotear una mariposa cerca de ti puede que sea yo, Helena, el hada Helena.

El hada Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Notas de la Autora:

Los Cuentos del hada Helena son cuentos sobre seguridad vial o víctimas, especialmente de siniestros de tráfico.

*Este cuento está escrito sin ánimo de lucro

*Todos los derechos son de su autora, Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

*Puedes encontrar más cuentos del hada Helena, en:

http://cuentosdelhadahelena.soopbook.es/

© Reservados todos los derechos.

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El Cine y la Realidad

Las calas de Helena

Un Don Especial. “A Gift of Miracles”

Mi psicóloga me decía que hay familias que después de una muerte traumática, pierden el norte, la cabeza, y se pasan el día viendo televisión. Yo no veo televisión, yo veo películas que ponen en televisión, y aunque estoy de acuerdo en que se pierde un poco la cabeza, mi gusto por el cine me viene de pequeña, me lo transmitió mi padre y esas tardes de cine con él.

Admito que me evaden, pero sigo viendo el cine con los mismos ojos de niña, y sigo haciéndome las misma preguntas que le hacía a él:  ”Y ahora qué…, por qué se ha muerto… y la niña… y dónde se van…”. Para mí, una película nunca termina con la palabra Fin.

Y desde que mataron a mi hija, ya no me importan las películas por su valor artístico, o por los actores, me gustan por lo que transmitan, por el mensaje, por lo que me hacen reflexionar.

Ayer, vi una de esas películas que las televisiones parece que compran al peso. Sin actores conocidos, simple, a primera vista,  pero enseguida me enganchó por el tema y porque me recordó a dos personas.

“Un Don Especial” se llamaba, pero no la busquéis por  el nombre que le ponen en español porque no la encontraréis. “A Gift os Miracles” es su título original.

Trataré de no destriparla mucho para los que estén interesados en verla, pero básicamente es la historia de una joven científica que está preparando su proyecto de doctorado (de ahí el recuerdo de mi sobrina), y le ponen como apoyo  a un profesor para ayudarle a escribir dicho proyecto (¿te imaginas, Diana?), y comienzan a suceder una serie de “coincidencias”, para algunos, los que racionalizan;  señales, para los que quieren creer que hay una esperanza, un más allá,  en estrecha relación con la proximidad del cumpleaños de la madre de esta joven que había muerto en un siniestro de tráfico. Y aquí es cuando me recuerda a la segunda persona, una niñita de pocos años, que ayer conmemoraba el segundo aniversario de la muerte de su joven madre, por culpa de un conductor borracho.

Y cómo no, a mi propia experiencia.

Es muy probable que a los que no han vivido un hecho así, esta película sea una tontería que no les diga nada, pero a mí, incluso el final, me hizo reflexionar y pensar.

¿Qué habría hecho, pensado, sentido, si el borracho que mató a mi hija hubiera muerto también ese día?

¿Se podría dar la misma situación en la hija de Ana cuando fuera mayor? En este caso, en la realidad  tampoco se podrá dar porque el que mató a su madre tampoco murió. Porque, casi llego a pensar,  que los conductores borrachos nunca se matan ellos, sino los demás. Eso solo pasa en las películas.

Como que en una Universidad te ponga un profesor para ayudarte a «solo redactar» tu doctorado. Al menos en España.

Ojo, Diana, en la película, la ayuda, la inspiración para redactar el trabajo, la ponían, la centraban, en los sentimientos. Quizás esto te sirva de ayuda.

Un fuerte abrazo a la familia de Ana, y en especial a esa niñita que vivirá sin apenas conocer a su madre, como en la película, pero en este caso no es una película, es la realidad más cruel que viven miles de huérfanos de siniestros de tráfico, de los que nunca se habla.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho.

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Treinta y seis

Querida hija: Feliz cumple sin velas. Treinta y seis, probablemente ya me habrías hecho abuela, pero no se trata de lo que yo no pude ser, sino de lo que tú no pudiste vivir, lo que te arrebataron.

Hace treinta y seis años yo estaba muy asustada, y preocupada.  Y no era por el riesgo que pudiera correr, era la preocupación normal de una madre: estará todo bien.

Entonces, no se hacían tantas pruebas ni ecografías como hoy en día. Creo que a mí solo me hicieron una a los siete meses y entonces fue cuando me enteré que eras una niña.

Te recibí temblando y llorando por el esfuerzo realizado. Te abracé con miedo y mis muñecas quedaron manchadas. Y desde ese preciso momento, mi vida, nuestras vidas, cambiaron. Nada volvió a tener tantas importancia como tú. Toda nuestra vida giraba en torno a ti. Nuestro objetivo y nuestra vida eras tú. Eras lo más importante. Y lo sigues siendo. Pero, ahora, la pena es inmensa.

No sé cuantas veces digo, al cabo del día, ¡ay, qué pena! Se ha convertido en un tic, un latiguillo, ya ni me doy cuenta de que lo digo. Nada que ver con el sentimiento con el que te recibimos.

Querida hija, eres lo más importante que nos ha pasado en nuestra vida, un día, hace treinta y seis años. Y ahora, quince años después, dieciséis cumples sin velas, ya nada tiene sentido, solo estamos haciendo tiempo para llegar al final.

Siempre serás nuestra hija favorita, como te decía para hacerte de rabiar. Y siempre, eternamente joven, porque el tiempo se paró en las fotos, igual que se nos congeló la verdadera felicidad.

Y seguimos queriéndote como ese primer día que viste la luz, o quizás más.

Después de las innumerables calas que han dado las macetas, hoy todavía hay una para acompañar nuestra tristeza.

Las calas de Helena

Siempre joven. Eternamente joven. Siempre nuestra hija. Y nos hubiera gustado que vivieras eternamente. Tú deberías habernos enterrado, nunca al revés. Y nos faltan tus besos. Te queremos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por culpa de un conductor borracho.

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La Ventanilla

Como ya sabéis, de pequeñita yo vivía en una mina. Sí, sí, ya sé que no era dentro de la mina, sino en una de esas seis casas que existían en las dependencias del pozo de mina, pero a mí me gusta contarlo así.

Durante tiempo, era la única niña que existía en ese lugar y tuve que inventarme historias, amiguitos y juegos con los que entretener mi vida. Hacía una segunda voz para replicar mis comentarios y así no echaba en falta un compañero de juego.

Y uno de mis juegos favoritos era ponerme frente a una silla, apoyarme en su asiento a especie de mostrador, y utilizar el respaldo de la misma como si fuera una ventanilla. Y a través de ella, vender, ser empleado en una oficina, una farmacia, etc.

Porque cuando yo era una niña,  mi mundo fuera de casa, estaba siempre separado por un mostrador, aveces con vitrina y en algunos casos, con una ventanilla. Alguna farmacia; muy frecuentada por mis padres a causa de mis ”maluras”; alguna mercería, donde mi madre compraba esos hilos de diferentes colores, o donde le forraban los botones con la tela del vestido que me hacía; el taller del relojero; o alguna de aquellas tiendas que vendían las legumbres, el bacalao, las latas en conservas o el aceite, muchas tenían una separación de cristal, a cierta altura, y un hueco en el centro, por donde le daban a mamá lo que compraba.

Y la oficina de la mina, cada mes, pagaba a los mineros lo hacía a través de un ventanuco. Y una pobre con una pierna de chapa (como la de un robot), se ponía allí para que alguno de los mineros le diera algún centimillo. Cuando ya éramos más niños en aquel lugar, esta era una forma de diversión para nosotros. Ver la aglomeración de hombres, haciendo cola para cobrar. Algunos, aprovechando que acababan de terminar su turno, podíamos verlos con la cara aún negra y el casco puesto.  

Y cuando fui más mayor, conocí algún bancos que también tenían estas ventanitas.

Más de sesenta años después, he conocido cual fue, en principio, el origen y el motivo de esta forma de separación entre el vendedor y el cliente, entre el administrador y el empleado.

Sí, prácticamente el mismo que ahora mismo está llevando a poner mamparas en supermercados, farmacias, cafeterías o tiendas: otras epidemias.

Creo que aquellas que recuerdo eran los restos que quedaban de lo que en su día fue para evitar el contagio de la tuberculosis.

Y también creo que por los años 80-90, muchas farmacias las pusieron, pero esta vez fue por otra epidemia: la de la droga.

Después, «la ventanilla» estuvo siempre ligada a la Administración y al funcionario. Hay, chistes, viñetas, escritos y hasta canciones, sobre este tema.

Así que para los que tenemos muchos años,  esta nueva transformación de la sociedad en mamparas de cristal o metacrilato, sí, más modernas o más abiertas, no es una novedad. Claro que, entonces, yo le pedía a mi madre que me aupara para poder ver lo que había más allá del mostrador o de la ventanilla,  y ahora ya no me puede aupar nadie, ni tengo a quién aupar.

Y también hay otra gran diferencia. Esas cintas que colgaban del techo como si fuera una especie de tripa (para los niños de entonces), semejante a un rollo de cinta Celo (para los niños de ahora), y cuya misión era que se quedaran pegadas las moscas, en aquellos locales donde se vendía comida.

Y lo que seguirá igual es que, entonces, para mí el mundo era enorme e inalcanzable, y ahora, nuevamente, el mundo se me hace inalcanzable porque ya no me queda demasiado tiempo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Quince Años. El Año que Vivimos Peligrosamente

Querida Hija:

En estos quince años, este día sería un año más en el que escribiría sobre mi sentimiento de pérdida. Publicaría tu esquela recordatorio, y fotos de tus calas en el cementerio.

Y lo normal es que hubiera esperado a fin de año para contarte lo que está pasando,  pero es tan grave el tema que no puedo demorarlo. Ya sé que muchas madres de las que lean esto me dirán, que para qué contártelo si tú ya lo sabes, pero yo tengo tantas dudas que tengo que hacerlo.

Mi querida hija, estamos viviendo una película de ciencia ficción parecida a algunas de las que veíamos juntas, pero esta es real. Hay un bichito de la familia de los coronavirus, llamado Covid-19 que está matando a las personas, especialmente a los más mayores, y que contagia con una virulencia increíble. En pocos meses se ha extendido desde China y ya afecta prácticamente a todo el planeta Tierra. Ya hay 1, 9 millones de infectados en todo el mundo y más de 120.000 muertos.

En nuestro país ya ha producido más de diecinueve mil fallecidos, y lo peor, es que son muertes en hospitales y en residencias, aislados, sin compañía de sus familias. Los hospitales han estado completamente saturados. Muchos médicos y sanitarios de muchos países han muerto, y muchos están infectados. Tranquila, Tere está bien, y Lucia, tu compañera de celebración de cumple, también.

Es espantoso e increíble, llevamos un mes confinados,  metidos en casa, salvo los que trabajan (médicos, enfermeras, en femenino y masculino, todo el personal de los hospitales, limpieza, policías, militares, guardia civil, bomberos, ambulancias, personal de supermercados), para que podamos quedarnos en casa el resto, para poder contener un poco el virus, y dar tiempo a que los hospitales se recuperen.

Algo increíble de describir y de imaginar, si no se vive.

Los padres de algunas de mis amigas, han muerto. La mayoría de los abuelitos se están marchando, y las personas con patologías, algunas de las que nosotros tenemos, son las que más riesgo corren.

Yo hace mes y medio que no piso la calle. Tu padre, mi príncipe de hierro, fuerte por fuera e hierro caliente por dentro, es el que se expone cada vez que hay que salir a por algo de comida y las muchas medicinas que tomamos.

Hay que salir con mascarilla, guantes, y al regreso hay que lavarlo todo, desinfectarlo, porque el bichito puede venir en cualquier cosa que antes haya sido tocada por un infectado. Y algunos de los abuelitos que tienen la suerte de ser hospitalizados, no saben dónde están porque creen que están siendo atendidos por extraterrestres por la indumentaria que llevan los sanitarios, para tratar de no contagiarse.

Yo llevo bien este confinamiento. No me resulta difícil, ya sabes que nos aislamos desde hace años y lo soportamos bien, pero lo que no soporto es que este año, en este día, no podré llevarte tus calas al cementerio, porque está prohibido salir. Lo más que puedo hacer es enseñarte las calas tan bonitas que este año podrías haber tenido.

Las calas de Helena

En fin, querida hija, esto es triste, muy triste,  muchas personas se van quedando por el camino y nosotros intentamos aprender a vivir con este peligro.

Desconozco el autor.

Ahora,  está prohibido el contacto cercano, los besos, esos que tanto te gustaban, los abrazos, darse la mano, y así el mundo, para nosotros, se convirtió en peligroso, triste, solitario…

Pero no toda la sociedad lo vive así. Los niños lo llevan con bastante  lógica, no pueden salir a la calle, hay que estar en casa porque hay un virus que si no ve a nadie en la calle, se irá. Y la mayoría lo viven con positividad y dicen que resistirán, resistiremos, pero nosotros, a nuestra edad, y con nuestra situación, lo vemos con más pesimismo que positividad.

Desde que te fuiste, nuestra casa se quedó con solo tres paredes. Durante muchos años quisimos marcharnos contigo, pero ahora comenzábamos a levantar cabeza. A nuestra edad, lo de un día más, y un día menos, es una frase lapidaria, y ahora que casi  habíamos conseguido reconstruir esa pared,  amontonando las piedras que siempre nos proporcionaban calor y cariño, pero ahora, se nos hunde el techo.

Casita de Helena, sin techo.

Aniquilación y muerte. Desesperación, incertidumbre, preocupación, desasosiego, por uno y por todos. Si quedaba algo de las ruinas que fuimos, esto lo termino de derrumbar. Y nuestra casa ya no es que le falte una pared, ahora se le cae el techo. Flor, madredHelena. Facebook, 28.03.2020

Este aniversario es un poco más triste, porque el visitarte consuela.

Querida Helena, quince años siguen siendo pocos, y cien no serían suficientes, para olvidarte, para consolarnos, para terminar este duelo que es eterno, como nuestro amor por ti.

Si de verdad tienes la magia de las hadas, tócanos con tu varita. Nos veremos cuando pase todo esto. O bien iré a visitarte, o seré yo la que busque tu regazo.

“No es más grande el que más espacio ocupa, sino el que más vacio deja cuando se va”. De la frases que coleccionaba Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho.

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Una mañana con el Coronavirus

Castillete del pozo Calvo Sotelo, Puertollano. Ya no existe.

Algunos de vosotros ya sabéis que durante mi niñez viví en una mina. Ya, no es que viviera dentro de la mina, por supuesto, estaban las instalaciones de la mina, y seis casas donde vivían profesionales de la mina para que las incidencias que se pudieran producir durante las 24 horas, estuvieran cubiertas .

Mi lugar de juego era el campo y los alrededores del pozo de mina, cuando el guarda se despsitaba.

En la actualidad, con la situación que estamos viviendo, dicen que soñamos mucho. Yo lo hago siempre, no solo ahora, pero esta mañana, cuando he despertado, no me he acordado de lo que he soñado, la sensación que he tenido ha sido un recuerdo muy placentero.

Os voy a contar una historia de mi infancia con los ojos de la niña que era en ese momento .

Mi padre era maquinista de extracción de una mina de pizarra bituminosa en Puertollano. Allá por el año 1962 se produjo una huelga de mineros, que se conoce como «la huelga de los 30 duros».

Los mineros ocuparon los alrededores de las instalaciones de la mina, resistiendo durante días, a la intemperie o refugiándose en pequeñas chozas que hacía con lo que podían, algunas teniendo como respaldo las paredes de las seis casas en las que vivíamos. Esta huelga se producía en un momento de la dictadura en la que las huelgas estaban prohibidas.

Para los pocos niños que vivíamos en esas casas (creo recordar que éramos en total nueve, pero con edad para que nos enterásemos o que lo podamos recordar, solo quizás tres con edades entre siete y nueve años), aquello era una novedad en nuestra vida solitaria.

Nuestro paisaje diario era campo, y la mina. No teníamos colegio. El pueblo quedaba a tres kilómetros. Solo veíamos a algunos mineros, cuando entraban en su turno, andando, o los más privilegiados en bicicleta, o cuando salían con la cara ennegrecida y algunos todavía con su casco. El sonido de nuestra vida era el ruido de los pájaros, el de las torvas cuando caía el mineral a los vagones, o la sirena para los cambios de turno.

Durante esos días de huelga, nos mezclábamos con los mineros, nos asombraba ver tanta gente a la vez, los chamizos que trataban de hacerse con los que podían, lo que se cocinaban o lo que le traían algunas de sus mujeres .

Era nuestra diversión. Nos contaban historias, se metían con nosotros haciéndonos de reír.

Y nos llamaba la atención la cara de preocupación de nuestras madres. No eramos consciente de lo qué estaba pasando, ni del peligro que corrían estos hombres en aquella época.

Y esta situación se mantuvo durante días.

Una mañana, mi madre me despertó con la dulzura que lo hacía siempre y me dijo: venga cariño, despierta que ya ha pasado todo.

Lo que había pasado es que la Guardia Civil llegó, dispersando a los mineros, dando palos, haciendo retenciones y acabando con esa huelga, que después dio sus frutos

Aquella mañana, cuando me asomé al exterior, no puedo llamarle calle porque no era ni siquiera una calle, por el suelo estaban esparcidos los pequeños enseres que habían tenido durante esos días de huelgas. Palos, maderas, cartones y todo aquello que les servía para cubrirse, quedó esparcido por el suelo. Alguna sartén o cazo y prendas de ropa.

Con mi corta edad, solo podía entender que habían desecho nuestro escenario diferente, porque no conocíamos ni jamás habíamos vivido una guerra. Para mi madre había sido un momento de violencia que trató de que yo no viera ni recordara. Solo me dijo: han dado muchos palos.

Pero yo solo recuerdo un bonito despertar y la voz de mi madre diciendo «Venga, despierta, ya ha pasado todo».

Y esta mañana, me hubiera gustado despertarme y haber escuchado esas mismas palabras.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

Gracias a Diario de la Comarca de Puertollano, donde encontré el vídeo.

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Los hijos que nos matan

El lazo naranja de las víctimas de tráfico

Cada año, solo en España, pierden la vida por siniestros de tráfico unas dos mil personas. Esa cifra redonda la doy yo, la DGT da una cifra más exacta, a la que hay que sumar las víctimas que mueren en zonas urbanas, las que lo hacen después de las 24 horas, y las que mueren como consecuencia de las secuelas de sus heridas y que le acortan la vida, pasados unos años. Total, que seguro que son muchos más de esos dos mil que he hecho de cuentas.

Pero si os habéis fijado, yo hablo de «personas que han perdido la vida». La DGT y los medios de comunicación hablan de «fallecidos», pero la realidad es que, la gran mayoría, «los han matado». Sí. Las personas no fallecen en las carreteras. Algunos se matan por sus propias imprudencias. Pero a la gran mayoría los matan otros, que no mueren, por conducir con alcohol y otras drogas, exceso de velocidad, distracciones asesinas, y hechos suicidas. Y algunos con nocturnidad, alevosía y violencia, aunque ahora creo que va a desaparecer el término nocturnidad.

Este blog de «Madres sin hijos», durante muchos años, se ha hecho eco de muchas de esas muertes, pero tuve que dejarlo porque no podía con tanto dolor.

Y anoche, el señor @Jordi Évole, dentro de su campaña de publicidad, de su nuevo programa «Lo de Évole», por distintas cadenas, nos deleitaba nuevamente sobre su empatía con los presos por delitos viales.

Esta vez, en el programa de la Sexta, la noche de la Sexta, decía que las entrevistas a esos presos , palabras textuales, «a mí esos casos me han roto».

Como ya decía en mi otro post de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!, estoy deseando ver esas entrevistas. Estoy expectante por ver a qué clase de delincuente viales ha entrevistado, porque, que sepa señor Évole, que esos presos no están por accidentes de tráfico, esos presos lo son por delitos viales, y por ser los causantes de muertes.


Muertes que, por ser infringidas con un coche, se consideran de menor importancia o producen más solidaridad entre la sociedad, porque nos empeñamos en considerar que es algo fortuito que a todos nos puede pasar, pero no es cierto.

«Le llaman accidente de tráfico para que los que los ocasionan no se sientan culpables«

A nosotros sí que nos han roto por dentro, por fuera y por todas partes, y a nuestros hijos los han matado esos delincuentes viales. Y no ha sido en un accidente de tráfico, porque si se pudo evitar no es un accidente.

Estas son algunas de las madres, más recientes, a las que les han matado sus hijos. La mayoría por conducir con alcohol y otras drogas. Y muchas de ellas, ni siquiera conseguirán que los causantes vayan a la cárcel.

Marijose Jimenez Cebrián

Isabel León Ureña

María Rodriguez Vidal

Catalina Escandell Tur

Carmen Muñoz Osuna

Ana M Díaz Pérez

Esta es solo una pequeña muestra, sin hablar de las que llevamos años, sufriendo y luchando, para que no les pase a otras madres, y pidiendo que la sociedad no vea tan normal estas muertes que ustedes los periodistas siguen llamado «accidentes de tráfico».

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a la que también mató un conductor borracho.

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La Familia Savages

Hoy os voy a hablar de una película de 2007, pero yo la vi ayer. Y la traigo hasta aquí porque me ha recordado momentos muy difíciles para mí, y para todos los que nos toca cuidar a los padres, cuando ya somos madres y padres sin hijos.

La familia Savages, escrita y dirigida por Tama Jenkins, cuenta como dos hermanos, uno profesor y su hermana escritora, tienen que ocuparse de su padre en edad senil, después de no verse con él durante muchos años. Describe también, la relación de los hermanos hasta la muerte de su padre, y el desgarro y la crudeza de los últimos momento cuando te tienes que enfrentar y afrontar, el llevar a tus padres a una residencia.

Pero lo que más me llevó a sentirme identificada con esta película fue la propia enfermedad y estado del padre de esta historia, que era la misma situación por la que pasó mi padre. Un Parkinson producido por un problema vascular y como degenera al final en una demencia .

Una película tratada con una gran sencillez, con dramatismo, y gotas de humor, porque así es el final de nuestros padres en esos duros momentos: mezcla de humor y pena.

Y es cierto que todos llegamos a ese final con mayor o menor deterioro, y los hijos pasamos de ser cuidados a ser cuidadores. Pero el problema es cuando a tu estado emocional, por la pérdida de un hijo, se suma esta otra situación. Y esto ya no es de la película.

Después de la pérdida de mi hija, a mi madre le afectó tanto, que pasó de ser cuidadora de mi padre, ya diagnosticado de Parkinson desde hacía un tiempo, a tener que ser cuidada también ella. Y yo me vi desbordada por la pena de mi propia pérdida, y mis padres que siempre habían sido mi auxilio, convertidos ahora en dos personas completamente dependientes.

Siempre digo que la etapa de deterioro de los padres es una de las más difíciles, pero cuando no estás fuerte anímicamente, se convierte en algo triste, agotador y deprimente.

Cuando se trastoca el curso de la vida, y un nieto desaparece antes que los abuelos, para estos se acelera el desenlace, y los hijos se quedan en un limbo desalentador. Sientes culpa porque ellos no han sido tu dolor más importante, el primero, y sientes la incertidumbre de qué será de ti sin nadie que te aporte esos últimos cuidados de hijo cuidador.

La interpretación que hace Philips Bosco, de este padre en estado senil, es magnífica, porque cuando yo le miraba, veía reflejado a mi padre y sus últimos momentos.

La vida es dura, según avanzamos más, y jamás pensamos en lo que nos deparará. Como dice la canción de Dani Martín, la vida nos da todo y nos lo quita. El problema es la forma de quitárnoslo.

Os la recomiendo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por culpa de un conductor borracho.

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Quince finales sin ti

Publicado el 31/12/2019 por Flor Zapata Ruiz

Querida hija: Quince años sobreviviendo. ¡Qué barbaridad! Me parece imposible que hayamos sido capaces de sobrevivirte quince años. Para los que este año sea el primero que pasan sin sus seres queridos y piensen que van a morir, este es el ejemplo. Nadie se muere, en el término general de la palabra, aunque como diría “chiquito”, física, moral y “sesuamente”, se muere cada día un poquito más.

Pero lo hacemos tan bien que nadie se da cuenta de ello. Es más, este año, que más que nunca se resume en una película, los comentarios han sido siempre: “Os vemos muy bien”, “Estás fenomenal”, “Has rejuvenecido”…

Y comienzo:

Este año también hubo muchos que se fueron:

Esta vez, no de la familia, pero si conocidos artistas, cantantes, deportistas, y muchos anónimos en siniestros de tráfico. Y siguen siendo muchos jóvenes. Unas veces se matan y otras los matan. Y aunque se empeñan en decir que son menos, siempre son más. Un muerto más en una familia. Unas navidades menos. Si todos los políticos, gobernantes, jueces, tuviesen en su haber la pérdida de un ser querido en siniestros de tráfico, sabrían la tragedia tan enorme que produce esos mal llamados accidentes de tráfico y se tomarían como una cuestión de estado la disminución de esos mal llamados accidentes. Porque en su gran mayoría son producidos por el consumo de alcohol y otras drogas. No es que no seamos objetivos por ser víctimas, es que nadie, que no lo pasa, sabe lo que es este sufrimiento para toda la vida.

Entre los que se fueron está el que hizo famoso el “chatina”, que junto a Lina Morga eran de los actores antiguos que te hacían tanta gracia.

Tus amigos:

Sigo conociendo el paradero de algunos. Este año he sabido de Julia, la compañera del cole que te enseñó a hacer pendientes. Ya es mamá de un niño.

Álvaro celebró su boda este año. Y tu cocinera preferida, Susy, está a puntito de ser mamá.

Tus primos:

Siguen emancipándose.

La política:

Ya lo han conseguido. No, no me refiero a ningún acuerdo. Han conseguido que la gente la aborrezca, que pasen de ella, que tengan el peor concepto de los políticos, después de que nos hayan hecho votar varias veces y ahora haya casi tantos partidos como gustos en la sociedad.

Pero creo que  lo más preocupante y va en aumento, es el problema de los movimientos migratorios y la violencia machista.

La Seguridad Vial:

Mi lucha por la concienciación sobre los siniestros de tráfico, y una conducción segura, este año me dio una pequeña alegría. Una asociación de policías y educadores en seguridad vial: ATESVAN,  me concedió, en Roquetas de Mar,  el premio a  las buenas prácticas en Seguridad Vial. Fue un momento muy emotivo. Sentí tanto cariño que me dio una llorera que no veas.

Gracias, amigos policías

Esa fue la parte bonita. La fea, y como te decía anteriormente, es que siguen muriendo en el asfalto, muchos, aunque se empeñen en decir que son menos. No se puede decir que sean menos cuando son más de mil. Siguen siendo muchos dramas.

El  Cine:

Este año te tengo que hablar de cine. Ya sabes que siempre te conté que de pequeña yo también le dije a la abuela eso de “mamá quiero ser artista”, pero no lo he sido ni nunca lo seré, aunque este año he participado en una película.

Sí, yo que siempre dije “no” a televisiones, entrevistas o vídeos porque, desde que perdí mi bonita sonrisa siempre pienso que doy mal en pantalla, este año, dije sí.

Una periodista me preguntó qué papel hacía yo en la película y le contesté: el que me ha tocado hacer en esta vida, de víctima.

Sí, no sé cómo lo hago pero voy tropezándome en mi camino con jóvenes, casi más jóvenes que serías tú hoy, y debe ser por tu falta, o porque me recuerdan a ti, las adopto, aunque ellas no lo saben.

Esta vez he conocido a una directora de cine: Raquel Troyano. Y ha hecho una película sobre la historia de la pérdida  que sufrió su madre, también en un siniestro de tráfico, del que era su hermano, y ha aprovechado para darnos voz  a otras víctimas.

Y como tu madre se mete en todos los charcos, se ofreció a ayudar y terminó metida en el largometraje aportando mi testimonio.

Y aprovechando el conocimiento de otra joven que también se cruzó en mi camino y es otra artista, esta vez de la música, la nominé y ha hecho una cosa preciosa.

Bueno esto es como te lo cuento yo, pero hay quien dice que esta cadena la has montado tú, mi hada Helena.

A veces siento vergüenza de lo que pensarás de la loca de tu madre. Y cada año digo que ya me retiro, que ya no hay más que pueda hacer, que pido alguien que me sustituya, pero al final no soy capaz de decir completamente adiós.

La verdad es que este año me han sucedido cosas mágicas y “Una Mañana Fría” me ha dado calor, pero sigo sintiendo tu ausencia muy internamente, y ese frío no hay quien lo caliente.

La Música:

En música sigue la fama de Rosalía, la cantante de la que te hable el año pasado. Y la música urbana sigue en auge, aunque cada vez estoy más desfasada porque eras tú quien me tenías al día.

Pero este año, por supuesto, la música es la de esa película “Una Mañana Fría”. Se titula “Tras la Niebla”, la ha compuesto y canta Lewa Handpan, y tiene una letra dedicada a las víctimas de tráfico, pero muy especialmente está hecha para mí. Por su letra y porque Lewa la hizo pensando en mí, y me la entregó con dedicatoria (perdonadme este momento de ego).

Dedicatoria de Lewa

Este año el video musical es esta canción, la canción original de la película «Una Mañana Fría» y ojalá llegue hasta los Goyas.

Y su letra dice así:

Tras la Niebla. Lewa. Canción original de la película “Una Mañana Fría”

Somos sal,

latido y sudor;

somos pieles gemelas.

Somos luz,

vacío y caudal;

el brillo tras la niebla.

Somos red,

abismo y puntal;

trampa, genio y torpeza.

Somos voz,

cadencia y azar;

viento y polvo de estrellas.

He vencido el  miedo

A ser el dardo en la conciencia.

Quema más tu amor

sin recibir.

Solo en tu recuerdo

Soy esencia.

He aprendido a perdonarme

y a seguir,

y vivir, y seguir, y vivir…

Este año, Raquel Troyano y Lewa Handpan, estas dos jóvenes, me han hecho un poquito feliz.

Y siguiendo la propuesta de un concurso de escritura, que me llamó la atención porque se trataba de hacer, en diecinueve palabras, un resumen del año, algo que yo llevo haciendo catorce años, aquí está mi resumen número quince:

Quince finales sin ti. Quince resúmenes. Este año con una película: Una Mañana Fría. Por ti, y para otros.

París, gracias a nuestros amigos.

Querida hija, este año conocimos París. Tú estás presente en todo lo que hacemos. Lo que es nuevo, lo que te has perdido, lo que no conoces, lo hacemos, lo disfrutamos , mirando con tus ojos, pensando en ti, echándote en falta, con pena de que no nos acompañes, y con la tristeza de que la vida te haya dado tan poco y te ha quitado tanto. Veinte años no ha sido nada. Se nos pasó en un segundo, aunque te disfrutáramos intensamente ese tiempo, pero nuestra casa quedó sin techo.

Casa sin techo, hecha con los juguetes de Helena

Siempre con nosotros. Te quiero, te queremos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, a la que mató un conductor borracho.

www.quieroconducirquierovivir.com

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Las no navidades

Felicitaciones de Helena

Queridas madres y padres sin hijos:

Este año, además de no haber navidad, no hay cuento como en otros años, pero hay un sueño, muy revelador, que he tenido esta noche.

En él aparecía Helena, con poca edad. Casi siempre, en los sueños que aparece lo hace con poca edad, no sé el porqué.

Helena, no dormía en casa, dormía en casa de unos vecinos, y estos habían vendido el piso, pero ella seguía durmiendo en esa casa. En una cama pequeña, casi como si fuera una cuna.

Las felicitaciones de Helena a sus vecinos

Después de que estos vecinos vendiera su casa, los nuevos propietarios, cuando vienen a vivir, comienzan a tener una serie de goteras. Goteras que llegan a tal punto en el que el agua cae a chorros. Y este agua caía en la cama de Helena.

Hay detalle que no recuerdo pero supongo que ante esta riada de agua los vecinos se empiezan a cuestionar qué hace Helena durmiendo allí a pesar del agua.

Entonces plantean que por qué Helena no se va a casa a dormir, y Helena dice algo así como que no va a casa a dormir porque yo me empeño en estar recordando a todas horas el drama que nos ha pasado.

Y ahí me he despertado. Angustiada, sudando, y con el corazón encogido.

¿Qué os parece? Helena me reprocha que esté triste por su muerte.

Queridos amigos, disfrutad en estos días de vuestros otros hijos, nietos, familiares. Que no os reprochen que no celebráis la Navidad por la pérdida de otro hermano o hermana.

Vuestros nietos necesitan la navidad, y vosotros a ellos.

Yo puedo permitirme estar enfada con el mundo, aunque Helena no lo entienda.

No hay navidad

Un fuerte abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

www.quieroconducirquierovivir.com

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