Carta a los padres de Alejandra

calamayo

(Alejandra, joven atropellada y abandonada en la M-117, el pasado 14 de enero de 2018)

Queridos padres de Alejandra:

Esta noche apenas he dormido pensando en vosotros. Sí, recordaba esa noche en la que todavía no había podido ver el cuerpo de mi hija y tenía la esperanza de que al hacerlo diría, “se han confundido, no es mi hija”. Porque eso será lo primero que os tocará aceptar, que es vuestra hija.

Es dolor os dejará parados, en shock, pero yo os aconsejo que no dejéis pasar mucho tiempo. Si vuestro estado no os lo permite, dejarlo en manos de alguien de la familia, pero no perdáis un minuto. Buscar un buen abogado. Y si es posible, unos buenos investigadores en “criminología vial”. Aunque normalmente la investigación de la guardia civil de tráfico suele ser muy buena. No esperéis que la justicia haga lo que tenga que hacer. Adelantaos.

Sé que decir esto a unos padres que acaban de perder a una hija es muy duro, pero la justicia no os la devolverá. Ni siquiera os compensara de la mejor forma, porque no hay compensación que valga una vida, ni castigo que sea comparable al que, a partir de ahora, vais a sufrir.

Para la justicia será un caso más, ellos jamás verán a Alejandra, y sus apuntes esparcidos por la cuneta, eso solo será para vosotros.

Atropellar a una persona y abandonarla es un hecho criminal, pero todo lo relacionado con lo que llaman “accidente de tráfico”, no tiene el mismo valor que cualquier otro hecho criminal.

En principio, no perdáis el tiempo con la vía, el estado, la iluminación, la no existencia de arcén. Ir contra la administración es la tarea más ingrata e infructuosa que he visto. Casi nunca se consigue nada, y eso solo le exculpa a él. Ya tendréis tiempo de iniciar una lucha contra esa situación. Conozco el caso de una urbanización en Garrucha, Almería, en parecida situación, sin un paso, con una circulación endiablada, y desde hace años, y no han conseguido nada.

Y armaros de paciencia y fuerza. Al hecho de perder a vuestra hija, hay que unir el dolor que produce tener que pasar por un juicio, ver cara a cara al culpable, y recibir una sentencia que nunca será suficiente, para la perdida que habéis tenido.

Yo solo soy una madre, ahora una madre sin hijos, por haber perdido a mi única hija, no tengo un lenguaje adecuado a términos jurídicos o de investigación, pero lo primero que pediría es que a ese culpable se le realicen todas las pruebas necesarias para saber si conducía con ciertas sustancias. Y digo sustancias, porque pasadas ya las horas que han pasado, no se puede saber si conducía bajos los efectos del alcohol.

También, y muy importante, que no haya ningún resquicio para que esta persona pueda marcharse del país. Lo mejor sería prisión preventiva, pero puede que te digan como a mí: que dado el tiempo que transcurre hasta que sale el juicio y que las condenas por “accidentes de tráfico” son tan bajas, ningún juez permite una prisión preventiva porque el culpable estaría más tiempo en prisión que lo que luego dictaminaría la sentencia.

Todo esto es lo primero que me ha salido desde la rabia, desde el dolor de ver unos nuevos padres que comienzan este camino, pero desde mi corazón, solo puedo deciros que estoy muy cerca de vosotros si necesitáis mi ayuda afectiva para estos momentos. Solo los que hemos pasado ya por ello, sabemos de vuestro dolor.

Vuestro dolor es el mío.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. A mi hija la mató un conductor con alcohol.

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Trece Finales Sin Ti

helena

Cada año es más difícil este resumen, porque vivir no es conocer las noticias de ese año, vivir es respirar, amar, conocer, disfrutar un atardecer, besar a los que quieres, discutir y reconciliarse, luchar por lo que se quiere, en una palabra, disfrutar de la vida, y con este resumen yo no te traigo a la vida.

Empezaré por los que se han ido:

De la familia, se marchó la tía Antonia, aunque como dice un anuncio (que a ti tanto te gustaba analizar los anuncios), ya hacía tiempo que se había marchado.

También se han marchado político, cantantes, actores, escritores, pero creo que ninguno es de los que tú puedas recordar. Y este año se han marchado muchas mujeres, algunas muy jóvenes, a las que les han dado muerte sus parejas. ¿Qué estamos haciendo mal para que siga habiendo esa desigualdad y hombres y mujeres sigan enfrentados?

Tus amigos:

Siguen adelante. La gran mayoría son papás y mamás, algunos de más de uno, y todos tienen unos hijos preciosos, como habrían sido los tuyos. Pero de todos ellos este año destaca Álvaro, que ha sido papá de una niña preciosa. Y como la vida no se corta, hay algunos que ya están esperando el segundo para el próximo año. También ha sido un año  de alguna boda, como la de tu amiga Natalia. Estuvimos invitados, a Grecia, habría sido precioso asistir a una boda griega, pero aunque han pasado tantos años, aún no podemos.

La Política

La política está hecha un asco. Ahora ya no es que unos partidos van contra otros, pero salen de la cámara y todos son tan amiguitos y se van a comer juntos. Ahora hay una parte de España que quiere separarse. Y de repente, vecinos, familias, amigos, se encuentran unos frente a otros, porque piensan distinto. Y las calles se han llenado de banderas, y yo creo que eso no es bueno, cuando las banderas separan y no unen. Al principio a mi me asustó mucho, porque recordé cosas que me contaron los abuelos, pero creo que se solucionará. Lo que más me preocupa es que hemos apartado el interés de algo mucho peor: La corrupción.

lasbanderas

(Las banderas de mi casa. Obra de Celsa Sánchez)

La Carretera

La carretera se sigue cobrando vidas. Este año ha subido el número de víctimas. Nada que ver con el año en que te mataron, pero sigue habiendo nuevas familias que en estas fechas están como nosotros: sin tener nada que celebrar. Eso sí, cada vez está peor visto conducir con alcohol, aunque ahora lo hacen con drogas. También lo hacían antes, pero no se controlaba. Y siempre quiero pensar que tu vida sirvió para que otros se dieran cuenta que el alcohol que uno toma, mata a otro.

esquela

La música

Este año el bombazo es una canción que se titula “Despacito”. Y así, despacito, pasito a pasito, nos vamos acercando a ti. Pero tenemos la alegría de que seguimos en contacto con Diana Navarro, y nos vemos cada año, y disfrutamos de su voz y sus abrazos.

Y este año el vídeo va a ser de ella. Podría poner cualquier canción de su disco Resiliencia, porque en casi todas ellas nos vemos reflejados, y aunque tratamos de aplicarnos sus letras, es difícil.

…”Yo me voy a querer, voy aprender a vivir sin tu amor y yo me voy a querer, voy a salir de tu vida sin ti y voy a seguir queriéndome voy aprender a caminar sola sin sentir el agobio del tiempo, lanzaré mis sonrisas al viento está vez no tendré ningún miedo”.

Querida Hija: Es probable que llegue un día en el que ya no sea capaz de escribirte este resumen, porque cada vez me cuesta más. Porque cada año que pasa, las heridas adquieren un borde más duro, y es más doloroso sangrar, y aunque pareciera que el tiempo lo cura todo, no es verdad. Solo es más difícil llorar, porque si al principio llorar es un consuelo, con el tiempo la fuente se seca, tu cuerpo llora y el desahogo que producen unas lágrimas no se produce, porque la fuente no mana.

Con lágrimas o sin ellas, nunca te vamos a olvidar, porque tú has sido y eres nuestra vida, nuestro objetivo, nuestra lucha, nuestra finalidad de vida, y sin ti ya no tiene sentido.

Te quiero, te queremos, y siempre estás con nosotros.

felicit

(Felicitación de Helena)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Un conductor borracho la mató el 17 de abril de 2005.

 

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Trece Navidades

Cada vez me cuesta más escribir. Casi puedo decir que no quiero escribir porque escribir es llorar. Porque cuando la escritura es terapia, la cura es dolorosa.

Que día tan felices para quien es feliz, y cuanto dolor para los que no tenemos motivo de felicidad. Hay que hacer miles de esfuerzos para entender la felicidad de la que alardean por todos lados. A veces, una felicidad más hipócrita de lo que parece, porque quién no tiene un ausente, quién no tiene una silla vacía. Pero también entiendo la felicidad de esos pequeños, que aún no saben de la vida, ni de tristezas ni temores.

Por ellos es fácil olvidar el dolor y todos los males. Yo también dejaría de un lado mis penas y mis ausencias y me pondría la máscara más risueña, si tuviera que estar delante de uno de esos inocentes.

E intento sobreponerme rebuscando entre mis recuerdos bonitos, entre los mejores tiempos pasados, y encuentro mensajes preciosos de mi amada hija. Y primero me río, luego lloro y después maldigo.

¡Que desgracia tan grande!

Mi madre una mujer especialmente cariñosa, no sabía cómo ayudarme con esta pena, cuando a ella misma le costó la razón, y me decía: no somos los únicos, muchas personas ya han pasado por esto. Y yo le decía: de nada me sirve el dolor de los demás para curar el mío.

Aunque tratemos de ponernos en el lugar del otro, nuestra tragedia es la peor. La de cada uno. Pero cada uno tiene derecho a ser feliz, a resolver su dolor de la forma que más bálsamo le produzca. Y hay personas que deciden quererse y ser felices, olvidar el dolor y no hacer sufrir a los que tienen a su alrededor. ¡Qué inteligentes!

Otros hacemos juegos malabares para estar parados poco. Para aparentar la mayor normalidad. Cada día hacemos un ejercicio de motivación para seguir adelante, pero no nos engañemos, en el fondo, el poso de la tristeza está en nuestros ojos.

Feliz Navidad. Os deseo lo mejor. Y lo hago con lo mejor que tengo, las felicitaciones de mi hija.

felicitacionHelena

(Dibujo de Helena para felicitarnos una navidad)

La vida es bella, vividla con intensidad. La familia es como el cuadro de esta artista, Rosalía Banet,  un solo cuerpo con muchas cabezas. Disfrutad de ella… si podéis.

lafamilia

 

(Obra de la colección Aflición de la arrtista Rosalía Banet)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho. Esta es la navidad número trece que ella no puede celebrar, pero sí lo hará su ejecutor.

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Nueve meses

helenacorazon

Hoy he encontrado en un sobre el informe de una ecografía ginecológica. Cuando lo he leído, era la primera y única ecografía que me hicieron estando embarazada.

Describe el feto, estado, medida, placenta, y sexo.

He recorrido el papel, ya amarillento, desde principio a final, y cual ha sido mi sorpresa cuando he leído la fecha. Era exactamente el mismo día, mismo mes de la muerte de Helena, pero 21 años antes.

¿Por qué suceden estas cosas? ¿Cómo ha podido estar guardado en una caja durante 33 años y descubrirlo hoy, inesperadamente, entre libros? ¿Por qué lo he descubierto hoy?

Mi querida hijita, ¿qué quieres decirme? Yo no te voy a olvidar jamás. Estás dentro de mi como ese día cuando me dijeron que eras una niña y que tu corazón latía con fuerza. Recuerdo que le comenté al doctor que serías una niña vestida de azul, porque no tenía nada rosa. Debía ser porque, en el fondo, para no llevarme una decepción  quería pensar que iba a ser un niño, pero lo que quería era una niña.

Y fue tan grande tenerte, amarte, cuidarte. me diste tanto y yo te di tan poco, durante tan poco tiempo.

Te quiero, te quiero, te quiero.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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El turrón que hace daño

Como cada año, las personas a las que nos falta un ser querido, a las que nos sobra una silla o más de una, cuando llegan estas fechas, tenemos que soportar el anuncio de un turrón que nos hace mucho daño.

Llevo quejándome de ese anuncio, muchos años, pero no les llega mi queja. Tampoco les debe importar mucho, porque deben estar al tanto de mi queja y la de tantos que, si estas fechas son dolorosas porque no podrán reunirse con muchos de sus seres queridos, porque a quién no le falta alguno, tenemos que soportar ese estribillo machacón que nos anuncia que ya está cerca ese periodo de alegría para mucho y tristeza también para muchos.

Sí, señores de El ALMENDRO, ahora que además tienen una fundación con ese mismo nombre y que tan generosamente han deicidido traer a alguien que hiciera mucho tiempo que no vemos, a mi me hubiera gustado pedirles que me trajeran a mi hija. Me habría encantado mandarle una foto de ella, su nombre, sus datos, el tiempo que hace que no la veo (trece navidades) y me habría encantado ser la ganadora de uno de esos 10 billetes de avión para traérmela hasta mi casa. Pero resulta, que yo no he podido participar en ese sorteo porque mi hija está en un lugar donde no hay aeropuerto. Porque mi hija está muerta, porque la mató un conductor borracho, y está dos metro bajo tierra. Y ustedes se empeñan en que cada año vuelva a casa.

Ya es demasiado que nos tengamos que joder con su querido anuncio, en pos de los que son felices en Navidad, pero que además lo utilicen para crear una fundación sobre la familia, y  los valores de la familia, ya es demasiado. O todavía no se han dado cuenta que en cada familia siempre falta alguien, siempre va a faltar algún miembro, que hay más familias rotas que familias que se reúnen felices por navidad.

https://fundacionvuelveacasa.org/

Señores de El Almendro, DELAVIUDA CONFECTIONARY GROUP,  DLV ALIMENTACIÓN S.A.U., con C.I.F.: A-45428117, como madre, ahora una madre sin hijos,  que no puede disfrutar de estas fiestas, les pido encarecidamente, por favor, que retiren ese anuncio que tanto daño nos hace a todos los que tenemos a alguien que no volverá esta navidad, ni ninguna otra. Se lo pido con toda la fuerza que me da el dolor. Por mí y por las cientos de madres que se encuentran en mi misma situación.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

P.D. En diciembre de 2013, fueron enviados tres ejemplares de una carta con la misma protesta se puede ver pinchando aquí. Ninguna respuesta.

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Los Tesoros

Helenacolaboradora

Cuando era pequeña, los tesoros iban ligados a piratas y un mapa. Un poco más mayor, un tesoro era cuando encontraba unas monedillas o unos billetes, olvidados en algún monedero o en algún bolsillo. Incluso tengo una anécdota, de cuando era también pequeña, ligada a un tesoro, que descubrieron mis amiguitos, cuando rompieron el termómetro y para que su madre no les regañara dijeron que habían encontrado un tesoro, al ver el aspecto del mercurio.

Pero desde que no tengo a mi hija, para mí un tesoro es encontrar cosas relacionadas con ella. Dibujos, escritura, fotos… todo aquello que me traiga un poco de vida, de su vida.

Ayer encontré muchos tesoros en forma de escritos y dibujos, de su edad más tierna, desde los tres a los cinco años. Y me recordaron cómo era ella, ya desde pequeña: tierna, coqueta, responsable, y no le gustaba el fútbol.

El tesoro, en concreto, se trata de varias revistas que hacían en su guardería, donde los niños participaban con sus dibujos, historias y experiencias (salidas, excursiones, acampadas).

revista

Y cuando encuentras estos tesoros, te inunda una alegría-tristeza difícil de explicar.

¿Qué hacer? ¿Guardarlo o destruirlo rompiendo un poco más el corazón?

Yo ojeé con avidez todas las hojas, buscando la clase de Helena, esperando encontrar algún mensaje, algo nuevo que no supiera de ella. No encontré nada nuevo, solo cosas que ya no recordaba.

También encontré otros cuadernos con deberes, y el dibujo de un hada, que utilizaré para los cuentos del hada Helena, y lo orgullosa que se encontraba de su nombre, porque por todos lados lo iba escribiendo: Helena Castillo Zapata.

Y

“…cuando no hay ya lágrimas bastantes,

porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,

con su sola presencia ha dividido en dos un cuerpo …”

Volví a llorar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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El corazón encogido

Sí, lo reconozco, cuando me encuentro mal, escribo. Y desde hace unos días, se me une un no del todo buen estado físico, con un estado emocional, compungido, preocupado, triste. Nunca me gustaron lo enfrentamientos, tampoco las separaciones, y me costaría muchísimo elegir.

Desde que existe Facebook, es fácil recordar dónde estabas tal día como hoy, qué hacías, pensabas, decías. Hoy me recordaba que es la fiesta de mi pueblo, de la virgen de ese lugar, y reproducía mi frase, de este mismo día, hace cinco años, sobre mi tierra, mi casa, mi infancia: La Mancha. Mi Mancha. Mi casa hundida. De la que recuerdo todo o nada, pero llevo su olor prendido en mi alma.

Y esa frase me ha recordado mis primeras salidas de esa mi casa. Mis primeros veranos en la playa. Mi primer contacto con otro mundo. Mi apertura a la vida más allá de esos primeros muros que conocía y que me arropaban. Y esas primeras salidas fueron a Cataluña.

Allí conocí el mar por primera vez. Allí me encontré, por primera vez, con personas de otros países, con otros idiomas. Allí hice amistades, conocí nuevas comidas, hice la primera amiga epistolar (a la que he buscado después y aún no he encontrado). Pasé mis mejores veranos. Me enamoré, el primer flirteo juvenil. Viví la primera pérdida: mi amado primo, casi hermano. Conocí el cementerio más bonito que había visto hasta entonces, ese que describía la canción de Serrat en Mediterraneo. Allí está mi primo. Todo eso fue durante mi infancia/adolescencia.

Y ya de adulta, siempre digo que mi hija se gestó en Rosas. Que nunca tuve problemas en Cataluña, ni con su idioma ni con su gente. Que cuando comencé a ser “La madredHelena”, encontré nuevos amigos en Cataluña: otras madres, otros jóvenes que me ayudaron con mi blog, mossos que me seguían o a los que seguía, periodistas… gente buena.

calvosotelo

Por eso, estos días, tengo el corazón encogido. Estoy triste por la situación a la que hemos llegado. Porque la diversidad enriquece, la cerrazón empobrece. Porque me gusta que cada uno tenga sus ideas, pero, hasta ahora, no me han gustado las fronteras. Y no creo que unos tenga toda la razón y otros ninguna. Ni que unos sean malos, malos, y otros buenos, buenos. Porque, después de lo que he vivido, sé que lo verdaderamente importante es la vida. Y esa es tan corta y efímera.

esquela

 

Hoy me siento extranjera, de ningún lugar, porque la tierra que me vio nacer tumbo mi casa. Porque la tuvimos que reconstruir  en otro lugar, el que nos daba de comer. Y con ello se abrió mi mundo. Ahora soy, o quiero serlo, una ciudadana del mundo, pero sin el corazón encogido.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Los Veranos

elbanco

Hace unos días descubrí que no podía escribir en mis blogs, y que la página que alojaba los “Cuentos del Hada Helena” había cerrado su servicio. Dos malas noticias para alguien que no domina la informática.

Me puse en contacto con el servicio donde se aloja mi web y me comunicó que no tenía espacio. Bueno once años escribiendo es mucho pero no creo que hubiese escrito tanto como para ocupar todo el espacio.

Gracias a un familiar he podido volver a escribir en mis blogs. He tenido mucha suerte, ¡un familiar informático! Sin él, ahora mismo, no estaría escribiendo.

El día que descubrí que no podía escribir, hacía bastante que este blog se había llenado, pero yo no lo sabía. Ese día tenía una imperiosa necesidad de escribir. Supongo que era porque le quería contar a mi hija lo que estaba viendo con sus ojos, o lo que quería que ella viera a través de los míos.

Alguien con muy buen criterio me dijo “prepara tu escrito en borrador de word y cuando todo vuelva a funcionar, lo podrás publicar. La inspiración hay que cuidarla siempre”. ¡Que buen consejo! Pero no le hice caso. Estaba tan angustiada porque no tenía ni idea cómo solucionar el tema, que no escribí. Y ahora no recuerdo ni cómo quise titular el post.

De lo que estoy segura es de que quería hablar sobre las vacaciones sin ellos, sin nuestros hijos.

Primero cuesta volver a tener vacaciones. Si estas suelen ser en un mismo lugar, no hay forma de volver. El dolor es demasiado para volver a hacer los caminos recorridos. Si es a otro lugar, cómo sin ellos.

Después de doce años, se puede decir que estas han sido las primeras vacaciones. Pero ya no son unas vacaciones al uso. Te sientes culpable de poder ver cosas que ellos no verán.

Yo he tratado de sacar partido a estos días y, como siempre, no quiero ser un ejemplo de nada, pero quiero ayudar. Quizás os ayude esta reflexión:

Querida hija: Hace años llegué hasta el fin del mundo. Después he recorrido caminos. He bajado valles. He subido montañas. He encontrado bancos donde descansar, y he observado todo con avidez. Porque todo lo contemplo pensando en que tu lo veas a través de mis ojos.

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(Sus ojos)

Aún no sé cómo puedo disfrutar de la belleza que observo, cuando nos falta la mayor de este mundo: la tuya.

Los veranos, las vacaciones nunca serán igual sin ti.

Gracias, Antonio, por tu buen hacer. En un segundo has puesto fin a mi dolor de no poder escribir. ¡Funciona el blog gracias a ti!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Cuando no hay nada que enterrar

calamayo

Siempre he dicho que, peor que perder a un hijo es no recuperar su cuerpo. Sí, porque por cultura, religión, o simplemente porque somos humanos, necesitamos ver para creer, cosas para recordar, lugares para visitar, y algo material que nos una al pasado.

A lo largo de la historia, cada pueblo ha tenido su forma de enterramiento, su rito funerario, y se puede decir que, algunos estudios sobre la evolución humana, lo hacen observando si tenían forma de enterrramiento.

Hay muchos padres que optan por incinerar a sus hijos y tener sus cenizas en casa. Para ellos es una forma de tenerlos más cercas. Cada uno asume su pérdida como mejor puede.

Pero cada vez que veo, leo, una noticia de desaparición, de muerte, de asesinato, sin posibilidad de que los padres, los familiares, puedan recuperar el cuerpo de su ser querido, mi pena parece menor comparada con la de ellos.

Así es el caso de Marta del Castillo. Esos padres tendrán un duelo eterno.

Hace unos días, coincidiendo con la lectura de el artículo publicado en El País Semanal,  “El Arte que Pudo Ser” sobre la artista fotógrafa Khadija Saye, que murió junto a su madre en la torre Grenfell, donde tantos murieron y será imposible identificar, también vi una película, no de demasiada calidad pero con un tema también en común: una catástrofe de aviación.

Aunque no me sentí identificada con los sentimientos que muestra la película, cuando pierdes a un hijo, quizás por la diferencia cultural o porque la película estaba más interesada es resolver un enigma que en reflejar el tema del duelo, me llamó la atención la forma de resolver el hecho de “cuando no hay nada para enterrar”.

No es que quiera poner la película como ejemplo, no quiero ni pensar si yo no tuviera un lugar donde visitar a Helena, pero quizás pudiera dar un poquito de paz a algunas personas, la forma de solucionar el tema que preocupaba a la madre en esta película: la falta de cuerpo.

Se reunían la madre, la hermana, y la pareja de la persona fallecida en el siniestro de avión, y cada uno de ellos introducía algo del muerto que para ellos era importante: una foto, un mechón de pelo, un objeto...  ( En el 1:21:50 del  vídeo), en una urna, para después enterrarla.

El problema es cuando no puedes tener la seguridad de que esté muerto, cuando solo te confirma su muerte si ves su cuerpo, cuando es por una desaparición pero no hay certeza de si esta vivo o muerto.

Me gustó esa forma de resolverlo. Creo que yo habría hecho algo parecido. Desgraciadamente, por suerte, yo tenía el cuerpo inmóvil y frío de Helena. Ese que muchos de los que me querían, generosamente, trataban de evitar que viera y besara. Jamás me he alegrado más (que ironía), de realizar una acción. Fue como si besara una estatua de mármol, pero fue la única forma de confirmarme que era mi hija a la que habían matado. Esta vez no era un accidente más de un fin de semana. Esta vez habían matado a mi hija.

Pienso también en los padres que tuvieron que reconocer a sus hijos después de los atentados del 11-M. O los padres de las víctimas de yak 42. Otra forma de enterrar o recuperar a un hijo, durante mucho tiempo, incluso, confundidos. 

Si existe un dios, no sé cómo puede ser tan injusto para hacernos sufrir de esa forma.

Sí, como dicen los versos de Rosalía de Castro:

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

Pero yo necesito ver esa hierba crecer. Necesito tener un lugar que visitar de vez en cuando, donde decir : hola hija, cómo estás… aunque después de pronunciar esta frase sepa perfectamente cual es su estado. Necesito un lugar que algún día recoja mi epitafio cumpliendo mi deseo.

Cada día me siento

 más huérfana,

cada día más sola,

cada día más perdida.

No tengo tu regazo,

para consolar mis penas.

Y el mío está seco,

solo y frio.

Hasta el día en que,

loca de tanto vivir,

pueda ir a reposar en otro,

a ella

que salió de mí.

“Tu regazo”. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena..

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

 

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La Justicia del Tiempo

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Los padres que acudimos a un juzgado buscando esa parte de justicia que la sociedad nos debe, cuando la pérdida de un hijo se ha producido por y a causa de otro, nunca es satisfactoria, porque la justicia es garantista, y en el mejor de los casos, los padres que perdieron al hijo no lo van a recuperar, y la pena impuesta al causante, al culpable, nunca será tan grande como la que le tocó a la víctima: la muerte.

Pero, a veces, existe una verdadera justicia: La justicia del tiempo.

En alguna ocasión he hablado sobre los acuerdos antes del juicio. Esos acuerdos, en su gran mayoría no favorecedores a las víctimas, son propiciados por abogados, fiscales, y jueces, que se ven aliviados en su carga de trabajo.

Guille, perdió su vida a manos de alguien que quiso tomarse la justicia por su mano. A sus padres les costó siete años poder llevar al culpable a juicio. Un juicio en el que, el culpable, debería haberse acusado, casi, de asesinato, pero solo se le acusaba de homicidio imprudente.

Dos años, nos dijo la abogada. Eses era el acuerdo, y no se realizaba el juicio.

Eso conllevaba que no entraría en la cárcel, pero como era una persona que tenía otros temas con la justicia, enseguida entraría. Creo que esto tampoco es cierto.

Y cuando unos padres llevan siete años pendientes de poder cerrar una etapa, una herida, casi es un consuelo no tener que entrar en la sala.

Nos dijo que la jueza estaba muy cansada, muy cabreada (por la demora, siete años. Como si la culpa fuera de las víctimas), si se realizaba el juicio era probable que la sentencia fuera menor. Vale, dos años, asintieron los padres. Y si yo no hubiera estado presente, habría dicho que no se enteraron bien, que los nervios… pero es que yo estaba presente. Cuando llegó la comunicación de la sentencia a los padres de Guille, el acuerdo era de 20 meses. Nada  de 24 meses. ¿Nos engañaron? ¿Se confundieron?

Eso sí, le retiraban el carnet por 4 años. Y el pago de costas a cargo del reo. Y si en tres años era reincidente, inmediatamente entraba en la cárcel.

Y como siempre, el papel todo lo soporta, pero, nadie le retiró el carnet. No pagó las costas. Y los padres sintieron que no había servido de nada todo el esfuerzo realizado.

Pero era cuestión de tiempo. Tiempo de esperar. Tiempo de no abandonar.

El que mató a Guille no entró en la cárcel por lo que hizo, pero era cuestión de tiempo que le volvieran a coger. Esta vez por conducir cuando el carnet en teoría lo tenía retirado, aunque estaba en su poder, porque nadie se lo retiró.

Y después de dos años, desde la sentencia, el culpable de la muerte de Guille está en la cárcel. Y para unos padres eso es algo de justicia, aunque esa justicia haya sido la del tiempo.

Querida Meli, la muerte de Guille nunca tendrá justicia, porque la muerte injusta no se paga con nada. Un fuerte abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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