Los Tesoros

Helenacolaboradora

Cuando era pequeña, los tesoros iban ligados a piratas y un mapa. Un poco más mayor, un tesoro era cuando encontraba unas monedillas o unos billetes, olvidados en algún monedero o en algún bolsillo. Incluso tengo una anécdota, de cuando era también pequeña, ligada a un tesoro, que descubrieron mis amiguitos, cuando rompieron el termómetro y para que su madre no les regañara dijeron que habían encontrado un tesoro, al ver el aspecto del mercurio.

Pero desde que no tengo a mi hija, para mí un tesoro es encontrar cosas relacionadas con ella. Dibujos, escritura, fotos… todo aquello que me traiga un poco de vida, de su vida.

Ayer encontré muchos tesoros en forma de escritos y dibujos, de su edad más tierna, desde los tres a los cinco años. Y me recordaron cómo era ella, ya desde pequeña: tierna, coqueta, responsable, y no le gustaba el fútbol.

El tesoro, en concreto, se trata de varias revistas que hacían en su guardería, donde los niños participaban con sus dibujos, historias y experiencias (salidas, excursiones, acampadas).

revista

Y cuando encuentras estos tesoros, te inunda una alegría-tristeza difícil de explicar.

¿Qué hacer? ¿Guardarlo o destruirlo rompiendo un poco más el corazón?

Yo ojeé con avidez todas las hojas, buscando la clase de Helena, esperando encontrar algún mensaje, algo nuevo que no supiera de ella. No encontré nada nuevo, solo cosas que ya no recordaba.

También encontré otros cuadernos con deberes, y el dibujo de un hada, que utilizaré para los cuentos del hada Helena, y lo orgullosa que se encontraba de su nombre, porque por todos lados lo iba escribiendo: Helena Castillo Zapata.

Y

“…cuando no hay ya lágrimas bastantes,

porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,

con su sola presencia ha dividido en dos un cuerpo …”

Volví a llorar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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El corazón encogido

Sí, lo reconozco, cuando me encuentro mal, escribo. Y desde hace unos días, se me une un no del todo buen estado físico, con un estado emocional, compungido, preocupado, triste. Nunca me gustaron lo enfrentamientos, tampoco las separaciones, y me costaría muchísimo elegir.

Desde que existe Facebook, es fácil recordar dónde estabas tal día como hoy, qué hacías, pensabas, decías. Hoy me recordaba que es la fiesta de mi pueblo, de la virgen de ese lugar, y reproducía mi frase, de este mismo día, hace cinco años, sobre mi tierra, mi casa, mi infancia: La Mancha. Mi Mancha. Mi casa hundida. De la que recuerdo todo o nada, pero llevo su olor prendido en mi alma.

Y esa frase me ha recordado mis primeras salidas de esa mi casa. Mis primeros veranos en la playa. Mi primer contacto con otro mundo. Mi apertura a la vida más allá de esos primeros muros que conocía y que me arropaban. Y esas primeras salidas fueron a Cataluña.

Allí conocí el mar por primera vez. Allí me encontré, por primera vez, con personas de otros países, con otros idiomas. Allí hice amistades, conocí nuevas comidas, hice la primera amiga epistolar (a la que he buscado después y aún no he encontrado). Pasé mis mejores veranos. Me enamoré, el primer flirteo juvenil. Viví la primera pérdida: mi amado primo, casi hermano. Conocí el cementerio más bonito que había visto hasta entonces, ese que describía la canción de Serrat en Mediterraneo. Allí está mi primo. Todo eso fue durante mi infancia/adolescencia.

Y ya de adulta, siempre digo que mi hija se gestó en Rosas. Que nunca tuve problemas en Cataluña, ni con su idioma ni con su gente. Que cuando comencé a ser “La madredHelena”, encontré nuevos amigos en Cataluña: otras madres, otros jóvenes que me ayudaron con mi blog, mossos que me seguían o a los que seguía, periodistas… gente buena.

calvosotelo

Por eso, estos días, tengo el corazón encogido. Estoy triste por la situación a la que hemos llegado. Porque la diversidad enriquece, la cerrazón empobrece. Porque me gusta que cada uno tenga sus ideas, pero, hasta ahora, no me han gustado las fronteras. Y no creo que unos tenga toda la razón y otros ninguna. Ni que unos sean malos, malos, y otros buenos, buenos. Porque, después de lo que he vivido, sé que lo verdaderamente importante es la vida. Y esa es tan corta y efímera.

esquela

 

Hoy me siento extranjera, de ningún lugar, porque la tierra que me vio nacer tumbo mi casa. Porque la tuvimos que reconstruir  en otro lugar, el que nos daba de comer. Y con ello se abrió mi mundo. Ahora soy, o quiero serlo, una ciudadana del mundo, pero sin el corazón encogido.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Los Veranos

elbanco

Hace unos días descubrí que no podía escribir en mis blogs, y que la página que alojaba los “Cuentos del Hada Helena” había cerrado su servicio. Dos malas noticias para alguien que no domina la informática.

Me puse en contacto con el servicio donde se aloja mi web y me comunicó que no tenía espacio. Bueno once años escribiendo es mucho pero no creo que hubiese escrito tanto como para ocupar todo el espacio.

Gracias a un familiar he podido volver a escribir en mis blogs. He tenido mucha suerte, ¡un familiar informático! Sin él, ahora mismo, no estaría escribiendo.

El día que descubrí que no podía escribir, hacía bastante que este blog se había llenado, pero yo no lo sabía. Ese día tenía una imperiosa necesidad de escribir. Supongo que era porque le quería contar a mi hija lo que estaba viendo con sus ojos, o lo que quería que ella viera a través de los míos.

Alguien con muy buen criterio me dijo “prepara tu escrito en borrador de word y cuando todo vuelva a funcionar, lo podrás publicar. La inspiración hay que cuidarla siempre”. ¡Que buen consejo! Pero no le hice caso. Estaba tan angustiada porque no tenía ni idea cómo solucionar el tema, que no escribí. Y ahora no recuerdo ni cómo quise titular el post.

De lo que estoy segura es de que quería hablar sobre las vacaciones sin ellos, sin nuestros hijos.

Primero cuesta volver a tener vacaciones. Si estas suelen ser en un mismo lugar, no hay forma de volver. El dolor es demasiado para volver a hacer los caminos recorridos. Si es a otro lugar, cómo sin ellos.

Después de doce años, se puede decir que estas han sido las primeras vacaciones. Pero ya no son unas vacaciones al uso. Te sientes culpable de poder ver cosas que ellos no verán.

Yo he tratado de sacar partido a estos días y, como siempre, no quiero ser un ejemplo de nada, pero quiero ayudar. Quizás os ayude esta reflexión:

Querida hija: Hace años llegué hasta el fin del mundo. Después he recorrido caminos. He bajado valles. He subido montañas. He encontrado bancos donde descansar, y he observado todo con avidez. Porque todo lo contemplo pensando en que tu lo veas a través de mis ojos.

tusojos

(Sus ojos)

Aún no sé cómo puedo disfrutar de la belleza que observo, cuando nos falta la mayor de este mundo: la tuya.

Los veranos, las vacaciones nunca serán igual sin ti.

Gracias, Antonio, por tu buen hacer. En un segundo has puesto fin a mi dolor de no poder escribir. ¡Funciona el blog gracias a ti!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Cuando no hay nada que enterrar

calamayo

Siempre he dicho que, peor que perder a un hijo es no recuperar su cuerpo. Sí, porque por cultura, religión, o simplemente porque somos humanos, necesitamos ver para creer, cosas para recordar, lugares para visitar, y algo material que nos una al pasado.

A lo largo de la historia, cada pueblo ha tenido su forma de enterramiento, su rito funerario, y se puede decir que, algunos estudios sobre la evolución humana, lo hacen observando si tenían forma de enterrramiento.

Hay muchos padres que optan por incinerar a sus hijos y tener sus cenizas en casa. Para ellos es una forma de tenerlos más cercas. Cada uno asume su pérdida como mejor puede.

Pero cada vez que veo, leo, una noticia de desaparición, de muerte, de asesinato, sin posibilidad de que los padres, los familiares, puedan recuperar el cuerpo de su ser querido, mi pena parece menor comparada con la de ellos.

Así es el caso de Marta del Castillo. Esos padres tendrán un duelo eterno.

Hace unos días, coincidiendo con la lectura de el artículo publicado en El País Semanal,  “El Arte que Pudo Ser” sobre la artista fotógrafa Khadija Saye, que murió junto a su madre en la torre Grenfell, donde tantos murieron y será imposible identificar, también vi una película, no de demasiada calidad pero con un tema también en común: una catástrofe de aviación.

Aunque no me sentí identificada con los sentimientos que muestra la película, cuando pierdes a un hijo, quizás por la diferencia cultural o porque la película estaba más interesada es resolver un enigma que en reflejar el tema del duelo, me llamó la atención la forma de resolver el hecho de “cuando no hay nada para enterrar”.

No es que quiera poner la película como ejemplo, no quiero ni pensar si yo no tuviera un lugar donde visitar a Helena, pero quizás pudiera dar un poquito de paz a algunas personas, la forma de solucionar el tema que preocupaba a la madre en esta película: la falta de cuerpo.

Se reunían la madre, la hermana, y la pareja de la persona fallecida en el siniestro de avión, y cada uno de ellos introducía algo del muerto que para ellos era importante: una foto, un mechón de pelo, un objeto...  ( En el 1:21:50 del  vídeo), en una urna, para después enterrarla.

El problema es cuando no puedes tener la seguridad de que esté muerto, cuando solo te confirma su muerte si ves su cuerpo, cuando es por una desaparición pero no hay certeza de si esta vivo o muerto.

Me gustó esa forma de resolverlo. Creo que yo habría hecho algo parecido. Desgraciadamente, por suerte, yo tenía el cuerpo inmóvil y frío de Helena. Ese que muchos de los que me querían, generosamente, trataban de evitar que viera y besara. Jamás me he alegrado más (que ironía), de realizar una acción. Fue como si besara una estatua de mármol, pero fue la única forma de confirmarme que era mi hija a la que habían matado. Esta vez no era un accidente más de un fin de semana. Esta vez habían matado a mi hija.

Pienso también en los padres que tuvieron que reconocer a sus hijos después de los atentados del 11-M. O los padres de las víctimas de yak 42. Otra forma de enterrar o recuperar a un hijo, durante mucho tiempo, incluso, confundidos. 

Si existe un dios, no sé cómo puede ser tan injusto para hacernos sufrir de esa forma.

Sí, como dicen los versos de Rosalía de Castro:

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

Pero yo necesito ver esa hierba crecer. Necesito tener un lugar que visitar de vez en cuando, donde decir : hola hija, cómo estás… aunque después de pronunciar esta frase sepa perfectamente cual es su estado. Necesito un lugar que algún día recoja mi epitafio cumpliendo mi deseo.

Cada día me siento

 más huérfana,

cada día más sola,

cada día más perdida.

No tengo tu regazo,

para consolar mis penas.

Y el mío está seco,

solo y frio.

Hasta el día en que,

loca de tanto vivir,

pueda ir a reposar en otro,

a ella

que salió de mí.

“Tu regazo”. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena..

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

 

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La Justicia del Tiempo

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Los padres que acudimos a un juzgado buscando esa parte de justicia que la sociedad nos debe, cuando la pérdida de un hijo se ha producido por y a causa de otro, nunca es satisfactoria, porque la justicia es garantista, y en el mejor de los casos, los padres que perdieron al hijo no lo van a recuperar, y la pena impuesta al causante, al culpable, nunca será tan grande como la que le tocó a la víctima: la muerte.

Pero, a veces, existe una verdadera justicia: La justicia del tiempo.

En alguna ocasión he hablado sobre los acuerdos antes del juicio. Esos acuerdos, en su gran mayoría no favorecedores a las víctimas, son propiciados por abogados, fiscales, y jueces, que se ven aliviados en su carga de trabajo.

Guille, perdió su vida a manos de alguien que quiso tomarse la justicia por su mano. A sus padres les costó siete años poder llevar al culpable a juicio. Un juicio en el que, el culpable, debería haberse acusado, casi, de asesinato, pero solo se le acusaba de homicidio imprudente.

Dos años, nos dijo la abogada. Eses era el acuerdo, y no se realizaba el juicio.

Eso conllevaba que no entraría en la cárcel, pero como era una persona que tenía otros temas con la justicia, enseguida entraría. Creo que esto tampoco es cierto.

Y cuando unos padres llevan siete años pendientes de poder cerrar una etapa, una herida, casi es un consuelo no tener que entrar en la sala.

Nos dijo que la jueza estaba muy cansada, muy cabreada (por la demora, siete años. Como si la culpa fuera de las víctimas), si se realizaba el juicio era probable que la sentencia fuera menor. Vale, dos años, asintieron los padres. Y si yo no hubiera estado presente, habría dicho que no se enteraron bien, que los nervios… pero es que yo estaba presente. Cuando llegó la comunicación de la sentencia a los padres de Guille, el acuerdo era de 20 meses. Nada  de 24 meses. ¿Nos engañaron? ¿Se confundieron?

Eso sí, le retiraban el carnet por 4 años. Y el pago de costas a cargo del reo. Y si en tres años era reincidente, inmediatamente entraba en la cárcel.

Y como siempre, el papel todo lo soporta, pero, nadie le retiró el carnet. No pagó las costas. Y los padres sintieron que no había servido de nada todo el esfuerzo realizado.

Pero era cuestión de tiempo. Tiempo de esperar. Tiempo de no abandonar.

El que mató a Guille no entró en la cárcel por lo que hizo, pero era cuestión de tiempo que le volvieran a coger. Esta vez por conducir cuando el carnet en teoría lo tenía retirado, aunque estaba en su poder, porque nadie se lo retiró.

Y después de dos años, desde la sentencia, el culpable de la muerte de Guille está en la cárcel. Y para unos padres eso es algo de justicia, aunque esa justicia haya sido la del tiempo.

Querida Meli, la muerte de Guille nunca tendrá justicia, porque la muerte injusta no se paga con nada. Un fuerte abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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Treinta y Tres Años

Treinta y tres años. A esta frase siempre le sigue un “la edad de Cristo”. Pero en este caso no estoy hablando de Cristo, sino de la edad de mi hija, Helena, que cumple treinta y tres años.

Los cumple porque hace 33 años yo la traje a este mundo. La parí con dolor y sufrimiento, como manda la maldición bíblica,  pero nunca pensé que ese sería un dolor menor, y el más feliz, comparado con el que sufriría desde que me la arrebataron.

Hace doce años que no puedo felicitar a mi hija. Hace doce años que lo más que puedo es felicitarla en este lugar, mezclando teclas con lágrimas. Una felicitación virtual, pero de la que no tengo seguridad pueda llegarle.

Tuve la hija más bonita del mundo. Guapa, buena, cariñosa, alegre. Lo más bonito de mi vida. Mi objetivo durante veinte años, casi veintiuno, porque no me dieron opción a seguir haciéndolo, y las entrañas que un día estuvieron llenas de vida, me las arracaron cuando le dieron muerte a ella.

Hoy, mi hija, con treinta y tres años, podría ser madre (sus amigas ya lo son, y algunas hasta por segunda vez), y yo abuela, algo que también me arrebataron.

Por eso, hoy, esta felicitación está llena de dolor y amargura.

Mi querida hija, ni siquiera soy capaz de decir, donde quieras que estés. Ni siquiera me creo que estés en “El País Infinito”, con el rey Melenao, ese país que me he inventado, porque donde quiero que estés es aquí, conmigo, con nosotros.

Te compraría el mejor regalo, aquel que tú me pidieras, no escatimaría, como otras veces lo hacía, solo para educarte bien. Siempre intentando que le supieras dar valor a las cosas, y que supieras que la vida no es fácil.

Ahora sí que no es fácil, mi vida. Ahora solo puedo regalarte flores, tus calas, y este año, este molinillo.

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Pero nuestro amor será siempre eterno, siempre, siempre, hasta que volvamos a ti, tu padre y yo. Espero que haya alguien después de mí que mande poner en tu lápida este epitafio: Tú saliste de mi vientre, hoy vengo yo a tu regazo.

Feliz cumple sin velas, hija. Te queremos.

Ha sido muy difícil encontrar una foto en la que estuvieras sola. Siempre estabas abrazada a alguien.

Helenaholanda

Cada día me siento

 más huérfana,

cada día más sola,

cada día más perdida.

No tengo tu regazo,

para consolar mis penas.

Y el mío está seco,

solo y frio.

Hasta el día en que,

loca de tanto vivir,

pueda ir a reposar en otro,

a ella

que salió de mí.

“Tu regazo”. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena..

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Sin palabras

calasreflexion

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero las personas siguen buscando “frases para cuando se ha perdido un hijo”. Sí, en este blog, el post que más entradas tiene es , “Frases para padres que han perdido un hijo” porque la gran mayoría de entradas se realiza cuando las personas buscan palabras con las que consolar a alguien en esa situación. No saben que no hay palabras de consuelo.

Cada día me quedo sin palabras. A pesar de conocer el dolor, de saber del sufrimiento, y especialmente en estos días, me quedo sin palabras  cada vez que conozco que unos nuevos padres comienzan este recorrido de dolor. Y no hay un nuevo día sin un nuevo dolor.

Este blog que comenzó con el dolor de esta madre sin hijos, con el dolor producido por un siniestro de tráfico, cada día conoce del dolor de otros padres, por las guerras, las enfermedades, los asesinatos, las injusticias, y por supuesto, los siniestros de tráfico. Pero si tuviera que hacerles llegar mi solidaridad, aunque hay una frase que siempre repito: “vuestro dolor es el mío”, lo haría sin palabras, solo con un abrazo. Apretado, cálido, silencioso. Porque cualquier palabra estropearía el momento. Porque no hay palabras que abriguen tanto como un abrazo. Porque no hay palabras.

elabrazo

Así es que no busquéis frases hechas para consolar. Sonarán vacías,  frías, falsas. Solo los cuerpos saben transmitir el calor. Cuando pasen años, esos padres no recordarán tus palabras, pero sí recordarán tu cálido abrazo. Porque no hay palabras.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Doce años

 

calasreflexion

Doce años intentando hacer una esquela viviente, perenne, es demasiado tiempo… seguir leyendo

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El Jardín de Laurita

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El Jardín de Laurita es famosa por ella, por su madre, por el amor de esta por Laura. Y no sería el mismo sin ella. Su banderola, su foto, sus flores, se convierten en un punto de referencia en ese jardín, y sirven de guía, a veces, para encontrar otras tumbas.

Y no importa el tiempo que pase, o el día que haga,  Isabel, la madre de Laurita, se mantiene fiel a su visita al “Jardín de Laurita”. Y ese cementerio, especial, de los más bonitos de España, pierde su nombre para convertirse en el jardín de Laura.

Mañana no es miércoles, el día de visita obligada, pero es el aniversario de la partida de Laurita, y el jardín de Laura brillará como un faro.

Gracias, Isabel, por que al igual que las calas o cartuchos, ahora son las “calas de Helena”, tú has convertido ese cementerio en un jardín.

Un fuerte abrazo en un día tan doloroso.

Existir es un hecho,

Vivir un arte.

Frase de Laurita.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Las esquelas a Elenita

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En estos días, han sido muchos los que se ha acordado de mí al leer la historia de las Esquelas a Elenita. Hace 23 años que murió Elena Lupiañez Salanova, y su marido, cada año, publica una esquela que son verdaderas cartas dirigidas a su mujer, con amor, humor, y contándole cómo siga aquí la vida.

Y todos los que se han acordado de  mí ha sido por la publicación de nuestras esquelas sobre Helena.

Una de ellas, la que publicamos en el primer aniversario, siempre he dicho que fue la mejor campaña que podría haber hecho la DGT.

Esa esquela salió en todos los medios de comunicación, prensa y televisión, y a ella han recurrido las redes, revistas del motor, periodistas, profesores de educación vial en sus charlas, y hasta curas en sus homilías. Y muy recientemente, un libro de Jordi Moltó y Juan Herrera, titulado “Marca España”, también ha recurrido a ella, aunque ha omitido los apellidos. Que digo yo, que bien podían haber contactado conmigo para comentármelo.  Mi contacto es público en un montón de sitios. Aún no tengo el libro, solo lo sé porque una amiga me ha informado de ello. Espero que lo hayan tratado con respeto.

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Yo hubiera querido seguir publicando una esquela cada año, o al menos, en su décimo aniversario, pero el padre de Helena no está de acuerdo. Por eso, y a través de mis blogs, cada año yo hago su recuerdo, y todos los finales de año una carta resumen de cómo ha sido el año. 

Claro que solo lo leerán los que tienen conocimiento de estos blogs, no los que leen un periódico. Por eso me ha hecho especial efecto el gesto de cariño de José Luis Casaus. ¡Cuanta ternura y recuerdo hay en esa esquela!

Igual que la denuncia sobre los siniestros viales que existe en la de Helena.

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Siempre digo que las esquelas más dolorosas son las que publican los padres que pierden a sus hijos, pero también las hay de hermanos, y cada año.

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Helena y Elena, muertas en distintas circunstancia, están unidad, también, por una esquela. Nuestra forma de decir que serán eternas.

Un abrazo, José Luis Casaus. Mientras puedas, sigue escribiéndola. Ya sabes lo que dice el poema de Miguel Hernández, “Carta”:

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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