Las sillas de Lidl

Carta a Lidl España

Señores de la empresa Lidl:

Comienza la campaña de Navidad. Para ustedes los comerciantes, el agosto del año. Fechas de compras, alegría, que ustedes se encargan de potenciar, y felicidad para aquellos que pueden ser felices.

Los que tenemos motivos para no serlo o estarlo, son unas fechas penosas. Máxime, cuando a nuestro dolor, por la falta de nuestros seres queridos, ustedes los comerciantes se encargan de recordándonoslo constantemente, tocándonos la fibra sensible, con afán de vender más.

Por si ya teníamos poco con el famoso “vuelve a casa vuelve”, de todos los años, ahora vienen ustedes hablándonos de las sillas que les faltan en estas fechas, y el grado de felicidad según el número de sillas que se necesitan para acoplar a los que se reúnen.

Sí, tienen razón en una cosa: el grado de felicidad se mide en sillas. Para los que hemos perdido uno o más de un miembro en  nuestra familia, una silla, tan solo una silla, vacía, es una gran infelicidad.

¿Por qué se empeñan en jugar con cosas que duelen para hacer un anuncio, aunque aparentemente esté tratado en tono positivo?

Por si no lo sabían, en el ámbito del duelo, una silla vacía tiene una connotación muy triste. Los que hemos pasado por ello, lo sabemos bien. Y nos alegramos de las familias que viven este tiempo con ilusión y alegría, pero, por favor, no jueguen con los sentimientos de esta forma.

En mi casa, hace doce años que ya no existe Navidad. Nos sobran sillas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

(El vídeo ha sido eliminado para no hacer más publicidad a la empresa)

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Otoño

Recuerdo que el otoño me sentaba mal, me ponía enferma. El cansancio y la melancolía se apoderaban de mí. Ahora, eso me puede pasar en cualquier momento, no es necesario que sea otoño, pero, aún así, el inicio del otoño, ahora, es el momento del recuento.

Sí, el recuento de cuántas cosas hemos hecho este verano sin ellos.

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Sí, porque no dejamos de seguir haciendo cosas, sin su presencia. Vacaciones, viajes, excursiones, reuniones de amigos…Tantas cosas tan extraordinarias, que en otros momentos habrían sido un disfrute divino, cuando nos faltan, nunca llegan a producir un placer total.

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Sí, ese atardecer, que podría ser en África, en Serengeti, aunque es un atardecer español, podría ser el éxtasis, y casi lo llegas a sentir así, pero de repente, cuando reflexionas, sientes que ese momento de felicidad no es real, es de una vida que no es la tuya. Es una nueva vida que intentas llenar con viajes, amigos, y apurando el soplo de vida que nunca sabemos hasta cuando durará, cuando ya has padecido el revés de un segundo.

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Intento mirar, observar, disfrutar con los ojos de ella, pensando en ella, ver por ella, pero jamás sabré si ella lo ve.

Que difícil es llenarse, porque el hueco que han dejado los hijos que nos faltan es imposible de volver a rellenar, a pesar del cariño y la compañía de los amigos.

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Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Las abuelas de Madres sin hijos

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(Imagen de Madres sin hijos para este blog, de la pintora Celsa Sanchez)

El término “Madres sin hijos” ya tiene once años. Desde el primer momento tuve claro que madre siempre lo sería, pero con la pérdida de mi hija me había convertido en una “madre sin hijos”, y también supe que para mí esta era la denominación de todas aquellas madres que perdíamos a un hijo, y que este sería el nombre para mi blog.

Y así comencé a conocer a otras madres sin hijos. Pero aunque, curiosamente, muchas de las madres que perdimos a nuestros hijos, eran hijos únicos, hay otras muchas madres que, afortunadamente, tienen y tenían más hijos.

Esas madres ya tenían un tesoro, pero si han tenido o tienen nietos, tienen un amor más que no viene a ocupar ningún lugar pero si a llenar un vacío.

Creo que la primera madre sin hijos que conocí, con nietos, fue Manuela, la madre de Edu. Incluso hice un cuento para su nieta,  la buscadora de ángeles y hadas.

Después he perdido un poco el orden cronológico pero me parece que es así: Gracia, madre de Manolo, que ya tiene dos nietos. Mis compañeros de desgracia Isabel y Antonio, que tienen dos. Mi vecina Paloma, que tiene a su nieto Carlos. Teresa, de Miami que tiene varios y la última es la preciosa Shaila. Carmen, que tuvo al precioso Christiam y ahora ya tiene también a Aión.

Y este año han nacido unos cuantos más: Marisol, con su pequeña Sabinica. Mari Carmen, que creo que ya tenía una nieta más. MCarmen, mi paisana, que acaba de tener a su Rubén.  Y así muchas más que ahora mismo no recuerdo.

Y otras que están esperando. Y algunas que no me entero porque dicen que no me lo quieren decir para no causarme más dolor. Porque es cierto que, aunque de todas me alegro, siento cierta envidia. Porque el conductor borracho que me arrebató la vida de mi hija, me privó también de ese placer: SER ABUELA.

Perdonadme si cuando veo esas preciosas fotos en vuestros muros, se confunden mis lágrimas con vuestra alegría. De veras que me alegro por vosotras, pero es imposible no pensar que no puedo disfrutar de mi hija, y tampoco de unos nietos, porque estoy segura de que los habría tenido. Siempre pensé que con tener un solo hijo a mi hija le abocaba a ser madre de familia numerosa, y ella así lo decía. Y también decía que si no los podía tener, los adoptaría.

Algunas personas también no los ha sugerido, pero si la naturaleza es sabía y sabe hasta cuando puede dar hijos, la inteligencia también sabe elegir.

También hay quien, en esa misericordia por querer consolarte, te aconseja que te compres un perro, pero, aunque haya perros mejores que personas, ningún perro puede sustituir a un hijo.

Queridas amigas, compañeras, abuelas, disfrutad de vuestros nietos. Llenad vuestro corazón con esa presencia que os inundará de futuro, y en muchos casos, porque vosotras a sí lo decís, hasta de recuerdos y parecidos. Y no os importe decírmelo, aunque sepáis que me dais un poquito de envidia.

Disculpadme aquellas que, en este momento, no he recordado que también sois abuelas.

P.D. La más reciente, Francesca, la nieta de Analía, tan solo tiene unos días.

Mi abuela es un hada

Mi abuela Mariana,

Tiene una cana

cana canariera.

 

Mi abuela Mariana,

me cuenta los cuentos

siempre a su manera.

 

Yo la quiero mucho,

yo la quiero tanto …

Me ducha, me peina

y me lleva al campo.

 

Me enseña canciones,

me ayuda a estudiar,

dice poesías,

solemos jugar.

 

Luego por la noche

mi abuela me vela,

un cuento me cuenta

y cuando me duermo,

me apaga la vela,

Mariana mi abuela.

 

Mi abuela Mariana,

de paja el sombrero,

el traje de pana,

mi abuela Mariana

no parece abuela,

me parece un hada.

Gloria Fuertes

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Locura, cordura

11años

Hacía mucho tiempo que no me ponía a escribir nada más levantarme. De hecho, cada vez me cuesta más escribir. Ya he comentado en muchas ocasiones que, según ha ido pasando el tiempo, siento más pudor de compartir mis sentimientos.

Pero el dolor sigue latente. Quizás con mayor ardor, porque para el resto del mundo el paso del tiempo tendría que haberlo apagado. Porque, ese paso del tiempo, para los de enfrente, lo cura todo. Porque, según los demás, cada día se me ve mejor: más guapa, más sonriente, más arreglada…

Pero el dolor está debajo de ese maquillaje, y ahora, ya, ni siquiera la escritura lo apacigua. Es más, el cuerpo es muy sabio, y quizás se aleja de la escritura, para no llorar más. Porque escribir es sanador, pero es que es una escritura en la que la tinta y las lágrimas se mezclan casi a partes iguales.

Hay un libro de Rosa Montero, “El amor de mi vida”, donde te habla de otros muchos libros, que yo retomo de vez en cuando, pues es una buena guía para saber qué otro libro puede apetecer leer. En estos días, leía alguna de esas reseñas.  Y por ejemplo, en la de la novela “Mi nombre es Jacinto”, de Manuel Fajardo, Rosa definía el dolor por la pérdida de un hijo, en una frase, relatando sobre la temática de  la novela y el dolor del personaje: …sublima el dolor con el dolor del mundo, se sumerge en el sufrimiento de la humanidad entera, porque el sufrimiento por su hijo es demasiado grande.

Y más adelante: …Cordura, que es nuestra capacidad para sobrellevar la locura del mundo, y para ser razonablemente felices pese a todo.

Ese “cordura” me recordó a mi relato “Lo-cu-ra”, publicado hace unos años en los periódicos del grupo Vocento.

No sé si alguna vez fui una persona cuerda. De lo que sí estoy segura es que, nadie que haya pasado por la muerte de un hijo volverá a ser normal, en el sentido de normalidad, “para ser razonablemente felices”.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho

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Madres, mujeres, amigas

En estos onces años he conocido a muchas madres sin hijos. Demasiadas. Pero también he conocido a madres con hijos que ayudaban a otras que los habían perdido. Y también he conocido a mujeres especiales (escritoras, pintoras, cantantes, políticas y solidarias).

mujeres

(Mujeres árbol, de Celsa Sánchez. Autora de la imagen de Madres sin hijos)

Todas me han demostrado que las mujeres somos muy especiales. Muchas, la mano que mece la cuna, y otras que no mecen ninguna cuna, pero ayudan a las que tienen ese cometido.

Mi marido era feliz de tener una hija. Siempre manifestó que deseaba una niña, y siempre decía que “el mundo es de las mujeres”, y que “el mundo será de las mujeres”.

Yo no estoy tan segura. Creo que la liberación de la mujer no es tal en todos los sentidos. Hemos sacrificado mucho a cambio de no demasiado, y, especialmente, hemos sacrificado tiempo y descanso.

De todas esas mujeres que he conocido, con las que han perdido algún hijo,  he compartido dolor y complicidad; con las que eran solidarias y luchadoras, he encontrado ayuda en aquellos temas en los que yo no era experta; las que eran famosas, me ayudaron a concienciar, con sus escritos, sus declaraciones, su música…

diana

(Diana Navarro)

Y en las que he conocido, con menos años, he encontrado la amistad joven, y cierto bálsamo para la ausencia de mi hija.

Virtu es una joven madre,  afortunadamente con hijos, solidaria con otras madres que los han perdido. Ella fue el apoyo para Vanessa, otra joven madre que perdió a su hijo en la piscina del colegio, y gran apoyo en la lucha de Vanessa por conseguir justicia. Ahí la conocí, y a mi también me ayudo en mi lucha para difundir concienciación a través de Internet. E incluso puso cara al “Hada Helena”, y me dijo cómo se llamaban ciertas flores de las que no sabía su nombre.

hada

 

(El hada Helena, realizada por Virtu Castro)

 

cruz

Y Virtu, madre, trabajadora, solidaria, sin apenas tiempo para ella, ha dedicado una semana de sus vacaciones a esta madre sin hijos. Eso tiene mucho valor.

virtu

Un fuerte abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

 

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Sin esperanza

madrehija

Yo creía que con ayuda psicológica, aprendiendo a sobrevivir, encontrando un nuevo camino, con resiliencia, se conseguiría, pero no, no es así.

Porque qué es lo que se conseguiría. ¿Vivir sin el hijo perdido? Imposible.

Por muchos años que pasen, ellos están siempre ahí. El primer pensamiento al abrir los ojos. El ultimo antes de cerrarlos. Y los días llenos de ausencia y añoranza.

No hay un momento para llorar, ni un momento para olvidar, solo hay momentos. Momentos en los que se vuelve a sonreír, algunos momentos de placer, pocos, algunos, después de mucho tiempo. Y muchos momentos para recordar.

No hay esperanza.

Esperanza, de qué.

Ahora lo entiendo, se acerca otro diecisiete.

Definitivamente, me quedé loca, loca de dolor, y eso no se cura.

Dolor eterno,

dolor enfermo,

dolor compartido,

dolor consentido.

Dolor, duelo, desvelo,

por ti muero.

Duelo. Flor Zapata Ruiz, madredHelena

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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Otro cumple sin velas

madrehija
Creo que en estos once años, desde la creación de este blog, con ese nombre que a algunos les asusta, pero que yo en su día consideré que era el nombre apropiado para designar a las madres que había perdido a sus hijos, Por la acción de otros, por la omisión de tantos, por la culpa de todos, creo que he puesto de moda algunos términos entre esas madres.

Y uno de esos términos es “Cumple sin velas”.

Sí, porque nuestros hijos van a seguir siendo jóvenes toda la vida, y seguirán cumpliendo muchos años, con el aspecto que muestran sus fotos, pero ya no habrá velas.

Sé que hay muchas madres que siguen haciendo tartas y poniendo una vela más, pero yo no  puedo hacerlo. Otros padres dicen que celebran ese cumple con el resto de sus hijos, o con los amigos de sus hijos, pero yo tampoco puedo hacer eso.

Mi celebración es visitar la morada de Helena, y regalarle las flores que tanto le gustaban.

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Pero ella siempre seguirá cumpliendo años, aunque sea sin velas.

Ya sería una mujer con edad para ser madre y haberme hecho abuela, porque yo, a su edad, ya la tenía a ella, pero eso jamás se cumplirá. Solamente en la ficción, en el país del Rey Melenao, en ese país infinito, Helena se rodeará de pequeños. ¡Con lo que le gustaban los niños! Y si de verdad existe ese país, también estará disfrutando de los hijos de sus amigas, esos pequeños que van naciendo y que ella cuida en la distancia.

Feliz cumple sin velas, hija. Eres el regalo más bello que la vida me concedió, y que el alcohol que otro tomó, me arrebató. Y me gustaría corresponderte, pero cómo, dónde…

Ni yo puedo colmarte de regalos, porque no te llegarían, ni tengo palabras bellas, con las que acompañar esos regalos. Por eso utilizo las que me prestan.

“…Quisiera hacerte un regalo,

algo que sea distinto,

que no pueda comprar con dinero,

que no vendan en ningún sitio.

 

Es un presente invisible

con amor y compromiso,

que no se aja ni agota,

que no tiene fin ni principio.

 

Una dádiva te entrego

en prueba de mi cariño

mis gracias con ella quiero

entregarte sin resquicio….”

Felicidades. Nieves Gallardo

Y la música también me presta palabras para decirte que tú has sido lo más importante de mi vida, que puedo irme mañana mismo de este mundo porque las cosas buenas contigo ya las viví,  y que yo nací el día en el que te pusieron sobre mi pecho, el día que te conocí, que fue un 29 de mayo.

Porque fueron muy poco años, pero contigo aprendí…

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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No es lo mismo

11años

Resiliencia: En psicología, capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc.

“la resiliencia potencia la felicidad”

Desgracia:   Hecho que causa gran dolor o infelicidad

Infelicidad: Estado de ánimo de la persona que se siente desgraciada y se encuentra triste por causa de un gran dolor o aflicción.

Resentimiento: Sentimiento de dolor, sufrimiento o tristeza que provoca en una persona un hecho adverso o desgraciado.

Amargura: Disgusto o tristeza, especialmente por no haber podido satisfacer una necesidad o un deseo. Sentimiento prolongado de frustración o resentimiento.

Pena: Sentimiento contenido de disgusto o enfado, avivado por el recuerdo de una ofensa o un daño recibido.

Cada pérdida no es lo mismo, no es la misma. Cada pérdida, para quien la sufre, es la mayor, la más grande, porque es su pérdida.

No es lo mismo perder a unos padres que a un hijo. No es lo mismo perder a un compañero que a un hijo. No es lo mismo perder a un hijo único. No es lo mismo perder a un hijo recién nacido que con más años. No es lo mismo perder a un hijo cuando se es joven que cuando se es mayor. No es lo mismo el primer día que pasado los años. No es lo mismo si la pérdida fue por enfermedad, que como consecuencia de la acción de algo o alguien.

Nada es lo mismo, porque cada persona es distinta, y la vida ya no es igual.

Han pasado once años. Nada es lo mismo.

Sigo teniendo pena, porque ese sentimiento jamás se va, aunque en tu vida haya momentos de alegría, de risas, de esparcimiento.

Me siento desgraciada, en muchos momentos, porque nos ocurrió una desgracia, una tragedia. A nosotros.

No soy feliz porque me falta una parte muy importante de mi vida, de mi cuerpo, de mi pasado y mi futuro.

Pero no tengo amargura o resentimiento, porque con ello no se puede vivir. Aunque maldiga, cien veces al día,  al borracho autor de nuestra desgracia.

Y mi forma de Resiliencia ha sido dedicarme a concienciar y a luchar por la disminución de siniestros de tráfico.

Pero no me digas que no llore. No me digas que olvide. No me compares con otros. No me digas que ya pasó suficiente tiempo.

No me digas que la vida sigue porque la vida sigue hasta que mueres, pero no es una vida completa.

Yo no tengo más hijos, ni posibilidad de tenerlos. Ya no necesito vivir por y para alguien. Ya no viviré miles de experiencias que vivirán otros. Nadie hablará de mi cuando haya muerto. Nadie me llamará abuela. Nadie llevará flores a mi tumba. Nadie guardará mis cartas de amor, más allá de la supervivencia de mi compañero.

¿Quién guardará mis recuerdos?

No es lo mismo. Y sin embargo, sonrío. Y sin embargo me arreglo. Y sin embargo lucho, porque tú no pierdas a tus hijos. Y sin embargo sigo queriendo.

No me des consejo. Ya sé que nadie quiere vivir con el dolor de otro, que hay que ser de una pasta especial para acercarte a quien está sufriendo, pero déjame que llore, al menos, unos días al año: en su cumpleaños, en el mío, en su aniversario… y en todos los días que tú eres feliz o tienes motivo para ello.

No es lo mismo, ni igual, ni parecido.

Querida hija: Once años de sufrimiento. ¿Cómo no? Quien diga que esto se supera es que no sabe lo que es esto.

Olvido

Podría ser tan eterno

el dolor como esta absurda esperanza

de que ya no existirá el dolor

esa presunción de que el ardor del frío

el cieno sobre el tiempo

el alma sin paz

encontrarán una estancia definitiva

más allá de su ausencia

 

quiero saber

qué cosas se duelen a si mismas por desaparecer

en un volcán que aún guarda sus palabras

y cuáles por no poder aparecer

aunque se amen más allá de la muerte

y si el dolor ya  no existirá jamás

ahora que creo en tu palabra

nos moriremos de hambre, de vida y de ausencia

cuando tú nos olvides…

Manuel Juliá (Sobre el volcán la flor)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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El camino de las “madres sin hijos”

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He estado en la tierra de Rosalía de Castro:

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría….

Y alguien me dijo ¿estás haciendo el Camino de Santiago?, y yo le contesté, no. estoy haciendo el camino de las madres, de las “madres sin hijos”. Y como el peregrino que hace el camino en varias etapas, en varios viajes, a lo largo de los años, así haré yo, porque no es posible en una sola vez, ver a todas las madres que han perdido a sus hijos. Se necesita más tiempo.

Me quedaron muchas por ver. A algunas faltó poco. Pero suplieron la ausencia  las pocas que pude ver: Nelly, María Teresa, María Jesús, Montse, y la más reciente en su dolor, Belén.

Pude repartir mi pequeña “menina”, algo que no tiene más valor que el que están hechas por mí, y recibí bonitos regalos de ellas.

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Y los abrazos, otra vez, se volvieron apretados hasta hacer daño, en un intento de fusionar nuestro dolor y nuestro agradecimiento.

Hoy me decía Montse que se llaman “almabrazos”. Que definición tan bonita.

Ya me habían hablado de que las gallegas eran muy cariñosas, pero me han parecido más aún.

Gracias, a la tierra de Rosalía de Castro, por ese poema tan precioso que no puede manifestar mejor la pérdida de un hijo, a los paisajes recorridos en pocos días, para poder llegar a estas madres: Vigo, Boiro, Villagarcia de Arosa y Lalín. Y a las miles de calas que vi por esas carreteras.

Y gracias por dejarme traer una estrella, y no tanto por el constipado.

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Os quiero, madres sin hijos, de Galicia.

Perdón, también tuve oportunidad de conocer a esos padres sin hijos que son el sustento físico y emocional de mis madres sin hijos. ¡Qué buenos compañeros de camino tenemos!

Flor, Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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El infinito

Reconozco que mi incredulidad y falta de creencias me dejan indefensa y sin asidero para sobrevivir. Siempre he dicho que envidio a los que tienen el bálsamo de la fe. De ahí, mi tozudez ante las señales que otros sienten, ven, y buscan.

Mi amiga Meli me dice que soy la persona que más señales recibo, pero que yo me empeño en no reconocer.

Desde que me arrebataron a Helena, muchas de las celebraciones han desaparecido, entre ellas, la fecha de mi cumpleaños. Esa fecha es otro motivo de tristeza porque no tengo a mi hija para que me felicite.

Mi último cumpleaños fue hace once años. Entonces, aunque no podía tener a mi hija cerca de mí, recibí desde Holanda su regalo: una caja de mis caramelos preferidos y una postal. Años después, sigo mirando esa postal, en ese día, para hacerme a la idea de que ella me sigue enviando felicidades.

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Pocas personas saben cual es ese día. Prefiero que no se sepa y así, pasar desapercibida. Pero hay una firma comercial que cada año me felicita y me envía una tarjeta para recoger un pequeño regalo. Nada de valor, es simplemente una forma de hacer que me acerca a sus instalaciones y haga algún gasto.

Y yo, pura contradicción y masoquismo, me acerco a recogerlo. Ni siquiera lo miro hasta pasado unos días.

Esta vez era una pulserita y un colgante. Como os decía, sin valor económico, ya os podéis figurar.

Hoy, día de la mujer, y mirando en las redes, he encontrado algo que publicaba una nueva madre sin hijos, una mujer que, precisamente en este día, conmemora el primer mes del fallecimiento de su hija. Era el escrito de, supongo, alguna amiga de su hija.

En él, hacía alusión al día de hoy “8 de marzo, Día de la mujer” y como ese número, coincidía con el día en el que Paula Sueiro había muerto, hoy un mes, y la relación de ese 8 acostado, con el símbolo del infinito:

“Este ocho acostado que forma el infinito dolor que llevo en el pecho desde que no estás. Cada ocho será  siempre un infinito acostado, un infinito tan presente y lleno de amor..”  Silvia Villanueva.

Pero siguiendo con mi cumpleaños, cada vez  es más triste y doloroso. De nada me sirve la felicitación de los que me quieren, porque la felicidad quedó colgada un día de abril, cruel como un día de sol en primavera, que dice el poeta, a las 16:15 h., en una autovía.

Este año, este fue el regalo que me hizo esa firma comercial, que cada año se preguntará porqué recojo un regalo con tan poco entusiasmo, y deshecho otro que me ofrecen porque no tengo humor para ponerme guapa.

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Querida Belén, quizás esta sea también una señal para ti, en este primer mes de dolor. Y yo, creo que voy a tener que empezar  creer en ellas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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