María de los Ángeles Grande Vega

El otro día estuve en una eucaristía de acción de gracias por la vida de María de los Ángeles Grande Vega, una compañera de trabajo, una luchadora, enfrentada durante años a esa cruel enfermedad llamada cáncer, una persona optimista y alegre, y, para mí, portadora de un mensaje de Helena.
Ángeles perdió la batalla hace poco más de un mes, y aunque no puedo decir que fuera amiga personal de ella, ni hubiese seguido toda su enfermedad, si que la había visto alguna vez después de que hubiéramos dejado de ser compañeras, y había asistido a una de sus exposiciones. Porque Ángeles, entre convalecencia y mejora, además de cuidarse, hacer deporte y vivir la vida, pintaba.
Y en una de sus exposiciones, compramos un cuadro. Lo vi y me enamoré de él.
Había en ese cuadro algo especial que me resultaba familiar, y no sabía que era.
Lo colocamos en un lugar cerca de la habitación de Helena y era como una señal que indicaba que allí comenzaba el territorio de Helena.

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Un día encontré la explicación de qué era lo que me resultaba familiar en ese cuadro.
Cuando fuimos a Holanda a recoger las pertenencias de Helena, tarea tan dolorosa como enterrarla, entre sus cosas había una camiseta que yo no conocía. Pensé que sería algo que había intercambiado con alguna compañera, pero sus amigas me comentaron que sí era de ella, lo había comprado en Holanda, por eso no la había visto.
Esa camiseta fue una prenda más, de las muchas de ella, que comencé a utilizar yo, pero no había reparado en la similitud del estampado de la camiseta y el dibujo del cuadro de Ángeles.

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No creo que sean imaginaciones mías. Podéis verlo vosotros. Aunque a través de las fotos no se distinga demasiado bien.

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Y se lo comentamos a María Ángeles, incluso le dijimos que tenía que venir un día a casa para ver el parecido (María Ángeles nunca estuvo en casa). Pero ya nunca lo podrá comprobar.
El otro día me acordaba de esta historia.
Quizás a sus padres o a sus hermanas les gustaría conocerla, pero ellos tampoco nunca lo sabrán, porque ni siquiera me pude acercar a ellos para darles mi pesar.
Querida Ángeles, Merche, como yo te llamaba porque así se llamaba una compañera de colegio que tuve en mi adolescencia, con tu mismo apellido, y yo siempre te confundía, gracias, por tu pintura. No sé si fue una señal o pura coincidencia, pero con ella, siempre estarás presente en nuestra casa y en nuestro corazón.
Descansa en paz, ya has luchado suficiente.

«…Hoy, Señor, te daré las gracias por mi vivir, por la tierra y mis amigos, porque siempre fui feliz. Por el tronco en que nací y la savia que encontré…». Texto elegido por los familiares de María Ángeles para este acto.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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Acerca de Flor Zapata

Desde Abril de 2005, soy Flor Zapata, madre de Helena. Ese es mi pie de firma desde que escribo para concienciar sobre los peligros de una conducción no responsable.
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