Esperanza, la madre de Caldes de Malavella

Morir viviendo, sobrevivir sufriendo

No me extrañaría que se confirmara la muerte de una madre y sus hijas por  suicidio  y lo entiendo perfectamente. Es difícil, muy difícil, sobreponerse a la pérdida de un ser querido, siempre, pero lo es más, cuando esta pérdida se produce de la noche a la mañana por un accidente. Sé de lo que hablo.

 Durante algún tiempo el dolor que sientes es tan intenso que no hay nada que te pueda consolar, ni siquiera la presencia de otros seres queridos y es tal la locura que sientes que no es difícil cometer otras locuras mayores.

 ¿Quién puede comprender lo que pasa por la cabeza de una madre que piensa ha perdido su apoyo, su compañía, su ayuda, para sacar adelante a las hijas que junto a su compañero trajo a este mundo?

 Sólo aquellas personas que han sufrido también mucho dolor.

 Los accidentes de tráfico generan muchas tragedias. Historias personales que apenas son conocidas, salvo como en este caso, se saldan con la muerte de los supervivientes.

 Cuando las estadísticas hablan de número de fallecidos de cada fin de semana no tienen en cuenta la muerte en vida de los que pierden al fallecido ni la de los propios supervivientes en ese mismo accidentes, a veces, con secuelas físicas importantes y mucho más importantes las psíquicas.

 Nada vuelve a ser igual.

 Estas fechas navideñas aumentan aún más el dolor.

 Quisieras acostarte y levantarte cuando todo haya pasado, pero eso no es tan fácil, máxime cuando de ti dependen niños.

 Mi marido y yo tenemos la suerte, ¡qué paradoja! de no tener niños por los que vivir, y así podemos huir, escondernos, de las luces, las fiestas, los compromisos. Escondernos y cerrar puertas y ventanas para no escuchar la alegría de los demás.

 En cambio, el que produjo nuestro dolor, está una Navidad más libre y supongo que celebrándolo. ¡Qué contradicción! y nosotros somos los que nos escondemos.

 ¡Cómo entiendo a esta mujer!

 ¡Cómo siento la pérdida de tantas vidas! A veces, la pérdida no produce fuerza, te la roba por completo.  

 Pero, por favor, no la llamen «presunta homicida», como he leído en alguna noticia. ¡Quién iba a querer más que ella a esas niñas?

 Que se planteen las autoridades y el resto de sociedad lo que puede producir la muerte de un ser querido por los llamados accidentes. Muertes  que parece que no pesan. 

 Esperanza perdió la esperanza pero no a sus hijas. ¡Que descansen juntas y en paz!

 Publicado lunes, 24 de diciembre de 2007 8:04 por FZ_madredHelena

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter

Acerca de Flor Zapata

Desde Abril de 2005, soy Flor Zapata, madre de Helena. Ese es mi pie de firma desde que escribo para concienciar sobre los peligros de una conducción no responsable.
Esta entrada fue publicada en Correo sin entregar, Mujeres, Sentimientos y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *