Las indemnizaciones

Y después del golpe mortal y de reconocer a nuestros muertos, viene “La indemnización”.

 Sí, esa que algunos pensarán que puede compensar una vida perdida, esa que más de uno dirá que te ayudará a conseguir, esa que es de justicia recibir, esa que siempre será insuficiente, porque en muchos casos, y aunque suene a materialista,  nunca supondrá una entrada de dinero que sí existía a través de la persona fallecida, o de la persona herida, que no queda para poder seguir trabajando, y esa indemnización que pocos saben para qué sirve.

Hoy las noticias mencionaban como distintos abogados, despacho o asociaciones expertos en conseguir indemnizaciones en accidentes, estaban alrededor de las víctimas del tren de Santiago intentando ayudar, según ellos, a las víctimas de este hecho.

Las víctimas, de cualquier índole,  tienen derecho a que la sociedad les compense por su pérdida, cuando esta se produce por la actuación delictiva, terrorista, asesina o imprudente de persona, personas, o instituciones responsables subsidiariamente. Y el estado tiene garantizado, adjudicado, establecido, qué vale un pie, un brazo, un hijo, un esposo, etc. Y así es, con toda la frialdad del mundo.

 Pero a las víctimas no queremos que nos hablen de ese dinero, un dinero que nos quema y que la mayoría de las víctimas utiliza para los fines más variados, pero nunca con fin lucrativo. Se destina a  obras benéficas, crear una fundación, o se mete en  cuentas bancarias, sin tocar, destinado a otros hijos o nietos, etc., porque la vida de nuestros seres queridos no tiene precio, aunque el estado lo tenga tasado.

 Pero lo que muchos no saben es que de esa indemnización, los abogados se llevarán el 10, 15 y hasta el 20%. Y en esos momentos, lo daríamos todo con tal de que el causante de nuestra desgracia pague su culpa con sus huesos en la cárcel.

 Son muchos los familiares que no pelean por esos euros. Me refiero a que no van a por una indemnización mayor de la estipulada. Que reciben la indemnización, con ella pagan los gastos de juicio, y si han conseguido su objetivo, les da lo mismo que les pidan hasta un 20%.

 Hay padres que se gastan más aún, porque, y sobre todo ahora, si no consiguen que la justicia les de la razón, además de pagar  procurador, abogado, peritos, etc. tendrán que pagar tasas judiciales, y, algunos,  sin conseguir la indemnización debida.

 Nosotros no peleamos esa indemnización. Tomamos lo que por ley nos dio la aseguradora y con ella pagamos al abogado que hizo posible que el causante de la muerte de nuestra hija fuera a la cárcel, hicimos miles de pegatinas por la seguridad vial,  pagamos varias esquelas a nivel nacional, esquelas para concienciar, y algunas cosas más dedicadas a la seguridad vial.

 Es un derecho legítimo pelear por una indemnización. Pero otra cosa es que en esos momentos tan dolorosos alguien se ofrezca no a ayudar, sino a sacar partido de la desgracia de otros.

 Es cierto que la mayoría de los normales mortales, los que no tenemos la costumbre de tener un abogado o un asesor fiscal, como el que tiene un médico de consulta, no sepamos de los pasos a seguir, de los entresijos de las aseguradoras y las leyes que nos amparan, pero el que tenga interés, ya se lo buscará a su debido tiempo.

 Cuando se produce una pérdida y conectan conmigo, los primeros consejos que les doy son: busca un buen psicólogo especializado en muertes traumáticas y un médico. Porque en los primeros momentos creo que casi todos necesitamos medicación y ayuda psicológica. Después les digo, si quieres, si tienes posibilidad, si te apetece, busca un buen abogado que te aconseje qué hacer. No un abogado que diga aquí hay caso, esto está chupado, esto lo conseguimos, y después, que te lleve a la ruina. Y conozco casos de padres que han perdido a sus hijos, y también, su dinero.

 No me gusta esa noticia que ha salido, si de verdad se ha producido así. Pero tampoco tengáis apuro de exigir lo vuestro. No ahora, después, más tarde. Ahora el dolor lo ocupa todo. Ahora no es momento de buscar dinero. Ahora es momento de buscar sosiego, de intentar conseguir cordura y un poquito de consuelo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

www.quieroconducirquierovivir.com

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Reconocer a nuestros muertos

(Las calas de Helena y siempreviva, para las víctimas del tren de Santiago)

No soy psicóloga, no soy experta en nada, solo tengo la experiencia vivida y desde ella, en estos días, pienso en el dolor de los familiares de las víctimas de tren de Santiago.

 

Y pienso en el momento por el que han pasado o están pasando, para identificar a sus muertos o a los restos de ellos. Un momento cruel, desolador y muy fuerte, dentro de toda la etapa de duelo por la que tendrán que pasar.

 

Cuando la muerte se produce en los mal llamados accidentes, cuando no viene de forma natural, ni en la cama de un hospital o en el lecho del hogar, el enfrentamiento con el cuerpo del ser querido siempre nos asusta y nos inquieta.

 

Siempre hay algún familiar caritativo que quiere evitarnos ese mal momento y se muestra voluntario para hacer la identificación. Es de agradecer, pero solo nos aparta por un momento de algo a lo que nos tenemos que enfrentar.

 

Cuando mataron a mi hija, ni siquiera pudimos estar con ella esa noche. Estaba en la sala de autopsia y no podíamos verla ni estar con ella hasta el día siguiente, después de que la forense hiciera su trabajo.

 

Ella misma me aconsejó de que no la viera, que me quedara con el recuerdo de su cara sonriendo. Menos mal que no le hice caso.

 

Conozco a alguna madre que no ha sido capaz de ver a su hijo o hija. Cada uno respondemos de una forma y todas son respetables, pero, por mi experiencia, lo mejor es ver a nuestros muertos, reconocerlos, despedirnos de ellos.

 

Esa noche que no pude estar con mi hija, que no la pude ver, hasta dormí. Sí, me quedé dormida. Estaba tan segura de que no era ella, que no podía ser ella, que quizás eso me hizo dormir. Me decía una y otra vez que cuando la viese podría decir: ésta no es mi hija, se han confundido. Es la fase de negación.

 

Cuando terminó la forense, y antes de cubrir el amado cuerpo de mi hija, bajo un verde manto de hierba, pude verla, comprobar que era ella, y depositar un beso en su rostro frío como el mármol. Entonces fui consciente de que mi hija estaba muerta.

 

Algunos psicólogos aconsejan que este momento se produzca para ayudar en el proceso de duelo. Y yo estoy de acuerdo. Jamás me hubiera perdonado no haberlo hecho, me habría pesado el resto de mi vida. Ese último beso, y ese “te queremos”, siempre en plural, siempre en nuestro papel común de padres, reunía todos los besos y todos los «te quiero» pasados y futuros.

 

Entiendo que no es lo mismo enfrentarse a una cara limpia, con un pequeño golpe que a un cuerpo mutilado, pero creo que habría sido capaz de besar cualquier parte de mi hija.

 

Es espantoso enfrentarse a ese rostro frío, triste, la muerte nunca tiene cara alegre, y mi hija estaba siempre sonriendo, pero mereció la pena.

 

Si cuesta hacerse a la idea, si durante tiempo se sigue esperando que entren por la puerta, si de vez en cuando oyes su risa, si te parece verles por la calle, cuando no ha existido esta despedida ¿qué será?

 

Queridos familiares de Carla, Blanca, Tomás, David, Eva, Yolanda, David y Laura, Rodrigo, Celtia, Laura, Carolina, Luismi, y tantos que los medios de comunicación no han dado a conocer sus nombres ni sus historias, vuestro dolor es el mío. Ahora os queda hacer vuestro duelo, a cada uno le llevara su tiempo y pasará todavía mucho hasta que se pueda cumplir lo que dice el poeta…

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,

Aunque siempre nos falte alguno;

Recoger la vida vacía

Y caminar esperando que lentamente se llene,

Si es posible, otra vez, como antes,

De sueños desconocidos y deseos invisibles.

 

“La Realidad y el Deseo” Luis Cernuda.

 

 

Y después de reconocer a nuestros muertos…

Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromperse… ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!…
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad….

Rosalía de Castro.

No, ellos serán siempre eternos. Como nuestro amor por ellos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

www.quieroconducirquirovivir.com

 

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Dos años sin mi madre

nicho

El tiempo es caprichoso y se clava en el corazón produciendo un dolor punzante que se hace eterno, cuando no podemos controlar nuestro alrededor, cuando quisiéramos salir del estado en que nos encontramos porque es demasiado el dolor. Pero ese mismo tiempo se escapa como el agua de las manos, cuando deseamos que el momento feliz no acabe nunca.

En mi vida hubo una forma nueva de contar el tiempo desde el día que perdí a mi hija. Entonces, éste se alargó como una sombra oscura. He pasado muchos años en los que los días se hacía eternos porque las horas se estiraban más allá de los 60 minutos.

Y tú te marchaste cuando comenzaba a controlar esos minutos. Quizás es por eso que esto dos años desde tu pérdida se me han pasado tan rápidos.

No tuviste la oportunidad de ser la pérdida más importante. Una madre siempre lo es, pero en tu caso, y a pesar del amor que siempre te he tenido, tu nieta se llevó ese privilegio. Y cuando iba a ser tu primer aniversario, papá te arrebató ese privilegio pasando a ser el protagonista.

Y así, y como siempre, tú estabas en un segundo plano, sin dar trabajo, ni preocupación, tú nunca eras un problema, tú eras la solución. Esa es la maravillosa función de una madre.

Pero, mi querida madre, aunque a mí nadie me recordará, mi memoria no quedará en  un hijo, no me echará de menos por las cosas que he dejado, hechas con mis manos, por los hilos con los que cosí los desgarros de la vida, por los besos y los abrazos que da una madre como tú, en tu caso, en lo que me quede de vida, nada ni nadie podrá borrar tu recuerdo y todo lo que me diste, a pesar de estar en ese segundo plano.

Quisiera tener la certeza de saber que estáis todos juntos, pero esa siempre será mi duda.

Y una vez más mi vida está llena de «años sin».

Querida madre, mamá, mami, te echo de menos… ¡tanto! Te quiero.

Lo tuve todo, ahora nada tengo

sólo un montón de años previos

a ese momento en el que algo

me cogerá del pescuezo

y agitará mi sombra hasta que se vaya diluyendo

en un muro ciego que contiene

demasiada tierra. Al final todo se viste de tierra

y la tierra concede su permiso a la vida

para hacerse pasajera

y crear orillas donde sólo había agua

una infatigable desesperación cerca de la inmensidad

en donde se avanza para llegar al principio.

«Años previos» Manuel Juliá. Sobre el volcán la flor.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, hija de María.

 

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Un año sin mi padre

Querido papá: Un año sin ti.

No tuviste el privilegio de ser una fecha a partir de la que empezar a contar porque antes ya se habían marchado Helena y mamá, pero tu recuerdo está y estará presente por tu legado. Ese que construiste con tus propias manos y que ahora es tan difícil de mantener.

No hay nadie que pueda hacer todo lo que tú hacías, y la enfermedad que te apartó de tu mundo y el tiempo que ha pasado, están haciendo mella en todas las cosas que dejaste.

Ahora hay que recurrir a la ayuda exterior, pero esos ya no entiende tus inventos, no tienen tu visión, y cómo explicarles que tú eras un hombre del Renacimiento. Cómo hacerles sentir que tú solo tenías tus manos y ganas de trabajar.

Querido papá, te echamos de menos.

Donde estés tampoco hablarás mucho, pero no sé si tendrás cosas para hacer. Tu forma de hablar.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, hija de Rafael Zapata, un hombre del Renacimiento.

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San Juan, una noche mágica

Ayer, poco después de escribir en el Facebook: Preparada para la noche de San Juan. Me he puesto mi diadema de hada. Y la luna llena…, me dispuse a salir a celebrar la noche de San Juan, algo que no hacía antes de perder a mi hija.

Primero nos acercamos a un rastrillo benéfico que hay cerca de casa. Al pasar junto a uno de los puesto, uno que tiene piedras y conchas pintadas con miniaturas excelentes, la autora de las mismas nos dijo algo así con un marcado acento extranjero, mezclado con expresiones argentina: no se apuren que voy a mostrarle cómo pinto.

Era una mujer guapa, con una belleza dulce, unos ojos claros y cabello rubio, y curiosamente, llevaba también una diadema de flores parecida a la mía.

Tomó una pequeña cartulina y los pinceles y me preguntó ¿flores o mariposas? Mariposas, por favor, le dije. Entonces, comenzó a pintar en la cartulina contando lo que estaba representando: Era una flor que deseaba tanto volar para llegar hasta el cielo, que sus pétalos comenzaron a transformarse en alas, y así se convirtió en una mariposa que comenzó a volar…

Los que me conocéis, los que sabéis de mi historia, los que habéis leído «los cuentos del hada Helena», os podéis imaginar cual fue mi reacción.

Esta artista, esta dulce mujer, con imagen de hada, se trata de Irina Shutova, una pintora de origen ruso, que llegó hasta Argentina y se casó con un boludo, según  sus propias palabras para dirigirse a su marido que también estaba presente, y que, además de su faceta de pintora y maestra de arte de niños, mujeres y discapacitados, dice que hay piedras que la encuentran y le hablan y ella les da vida con bonitas y diminutas imágenes.

Y me regaló una de esas piedras, que ella llama especiales y cargadas de magia con un mensaje muy personal.

Me pareció que la noche de San Juan no podía empezar mejor, aunque el comienzo fuera con lágrimas.

Fue un momento muy emotivo y de gran generosidad por parte de Irina Shutova.

Gracias, Irina. Yo no pedí ningún deseo en la noche de San Juan, porque ya era mucho lo que había recibido.

(Siento que las fotos no sean mejores para mostrar la gran calidad artística)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

www.quieroconducirquierovivir.com

 

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Cómo te cambia la vida

Los que hemos perdido un hijo sabemos cómo te cambia la vida. Conocemos parejas que se rompen, porque cuando la muerte entra por la puerta el amor sale por la ventana. Conocemos padres y madres que se suicidan o simplemente mueren de pena. También sabemos de los que entran en una depresión de la que no consiguen salir. Y otros que les da por beber y llegan a perder su trabajo.

Cuando conocí la noticia de los asesinatos cometidos por el falso maestro shaolín, pensé en las madres de las víctimas, lo que no sabía es que una de esas mujeres era madre y había perdido años antes un hijo.

Hoy, leyendo las noticias del periódico, he conocido que Jenny Sofía Rebollo Tuiran, la mujer colombiana, de la que recogieron sus restos, y siempre según le periódico, había llegado a España después de perder a su hijito de 4 años, atropellado.

Era su primer hijo. Se separó, dejó su país y se vino buscando una nueva vida.

No sé si de verdad sería prostituta, no sé si será verdad que, como hoy decían en la tele, bebía, el caso es que un día cambio su vida y después todo pudo ser una cadena.

Ojalá sea verdad que Jenny se haya reunido con su hijito. Ahora, otra madre comienza otro camino de dolor, la madre de Jenny que no podrá ni ver a su hija muerta porque alguien no solo le dio muerte sino que la descuartizó.

¿Cómo puede haber tanta maldad?

Mi solidaridad con las familias de Jenny Sofía y Mauren Ada Ortuya.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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La ridícula idea de no volver a verte

Pablo Lizcano era un famoso periodista de los años 80 que me gustaba, como periodista, pero especialmente como hombre, porque era muy guapo. Pablo murió el 3 de mayo de 2009.

 Rosa Montero es una escritora y periodista de la que solía leer sus columnas. Creo que la primera columna que guardé de ella fue hace muchos años, y si no estoy confundida, en ella hablaba de los ronquidos. Un artículo real e hilarante que me encantó, máxime cuando, casi todas, tenemos un roncador en casa.

 Durante muchos años no tuve ni idea de que Pablo y Rosa eran pareja.

 Al poco de morir Pablo, y después de leer una entrevista a Rosa, me decidí a escribirla dándole un consejo. ¡Qué osadía! Porque yo sabía del dolor me permitía aconsejarle.

Así comenzó algún que otro intercambio de mails entre Rosa y la madre de Helena.

 Aunque en casa ya había libros de Rosa Montero, en estos últimos años he ido comprando otros.

 Alguna madre y algún padre al ver que en Facebook pongo links de Rosa Montero, me han preguntado si había leído “La ridícula idea de no volver a verte”. Claro que lo he leído, aunque este libro será siempre un libro por leer, pendiente de leer. En cualquier momento lo vuelvo a abrir, por cualquier lugar, y si queda un hueco por subrayar enseguida desaparece.

 Y a esto padres, también sin hijos, les cuento que sí me ha gustado, que sí me gusta, que está lleno de vida y de referencias a la muerte. Pero que no busquen nada nuevo referente al dolor que sentimos, ninguna receta. El libro de Rosa, además de ser tierno, ameno, entretenido, y una magnífica biografía de Marie Curie, está lleno de frases y referencias al dolor producido por la muerte del ser querido, y la reinvención de la vida después de la muerte de un ser querido.

 Algunos sabéis que a mí no me ayudo la lectura, solo la escritura. Pero en este caso lo considero más que recomendable. Es un libro que toma como excusa a Marie Curie, el dolor y la pérdida de Pierre Curie para hablarnos del dolor y el duelo también por la propia pérdida de la escritora.

Ya sé que diréis, pero nada como la pérdida de un hijo. Eso es lo que pensamos nosotros, pero para cada uno su pérdida es la peor. Porque es la que siente, la que se conoce, la que pone punto final a la vida con el  ser querido para abrazarle, besarle, vivir con él.

Este libro está lleno de frases que haría mías. De reflexiones vitales. Es de esos libros con los que lleno un cuadernillo entero de notas. Me encanta. Tan solo hay una cosa en la que no estoy de acuerdo: yo le habría titulado “La insoportable idea de no volver a verte”

 Creo que Rosa Montero escribió este libro cuando habían pasado tres años de la muerte de Pablo Lizcano, quiero brindarle una frase de otro libro que también leí, que alguien me regalo porque la protagonista había perdido también un hijo, “Criadas y Señoras”: Tres años no es mucho tiempo. Cien años todavía serían pocos.

 Se refería al tiempo que habría de pasar para paliar el dolor por la pérdida de un hijo, pero la pérdida del compañero con el que hemos recorrido casi toda la vida, no creo que le vaya a la zaga.

Dice la escritora que  una novela tiene pocas perlas, con suerte, tal vez diez. Yo he querido recopilar diez perlas, pero en este libro hay muchas más. He escogido éstas porque se refieren al duelo, al dolor, a la pérdida:

-Solo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo.

-El verdadero dolor es indecible.

-La pena aguda es una enajenación. Te callas y te encierras.

-Eso es lo primero que te golpea en un duelo: la incapacidad de pensarlo y admitirlo.

-La muerte es vista como una anomalía y el duelo, como una patología.

-…no te recuperas nunca, ése es el error: uno no se recupera, uno se reinventa.

-El verdadero dolor es inefable, nos deja sordos y mudos, está más allá de toda descripción y todo consuelo.

-Aunque pase el tiempo, el dolor de la pérdida, cuando se pone a doler, te sigue pareciendo igual de intenso.

-salvo que mueras joven, cuando se alcanza la vejez se diría que lo que sucede interesa poco.

-Manejar la muerte nunca ha sido fácil.

 Querida Rosa Montero, tú ya te has reinventado la vida, Pablo estará muy orgulloso.

 Y el último abrazo de Rosa Montero a Pablo Lizcano, un adiós lleno de poesía: Una vida

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

 

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Cumple sin velas

Regalo de Carmen, madre de Néstor

29 de mayo de 2013

Querida Helena, mi amada hija, la más querida. Sí, sí, ya sé que estás diciendo lo de siempre: que eres la única que tengo, por eso eres la más querida, pero es la verdad, cariño.

Un año más, es tu cumple sin velas, como desde hace 9 cumpleaños. Este año, coincide día y número de años: veintinueve. ¡Qué mayor!

¿Cómo serías, cómo estarías con 29 años? Esa es la primera contradicción de aquellos que os marcháis antes que los padres: nosotros seguimos envejeciendo y vosotros, desde el cristal, seguís igual de jóvenes que el último día que os vimos por última vez. Pero los años siguen cayendo, uno tras otro, en nuestro corazón y en nuestra cuenta.

Y el corazón se va arrugando a la vez que el color de la fotografía se va aclarando.

La tuya me sigue con la mirada, desde donde esté, me posicione donde me posicione, con esa medio sonrisa, con tus pendientes de plumas, con tu suéter rojo, ese color que tanto te gustaba y  te quedaba tan bien.

Y así, año tras año, casi se puede decir que llegamos a acostumbrarnos a vuestro cumpleaños en ausencia. A resignarnos. ¡Qué triste es acostumbrarse a este ritual de cumpleaños sin velas!

Ya casi no hay rebeldía, solo pena.

Te escribo esta carta teniendo justo enfrente una de tus fotos con 16 años, guapísima, elegante, con tu primer recogido, vestida para ir de boda, esa en la que te llevaste de calle a los chicos, y ahora, yo te he convertido en una mariposa, un hada… ¿por qué? ¿Para no pensar en lo que te has convertido?

…¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!…
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad…

(Rosalía de Castro)

Quisiera escribirte una carta más amable, más alegre, pero es imposible. Puedo acostumbrarme a que cada año no estés para celebrar tu cumple, pero no me pidas que esté alegre, no puedo fingir.

Querida hija, es insoportable tu falta, tu ausencia, la falta de tus besos y abrazos, tu risa, tus carcajadas, tu olor, tu compañía.

Te queremos, te añoramos, te necesitamos, pero no te tenemos.

Felicidades, hada Helena.

elhadahelena

(El hada Helena. regalo de Virtu)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Morir de pena

Fue una amiga, y también madre sin hija, quien me informó de la muerte de la madre del pequeño que murió arrollado por una carroza de la cabalgata de Reyes en Málaga. No me había enterado.

Mi primer comentario: no extraña, se habrá suicidado. Y ella, enseguida me dijo: no, no se sabe. Simplemente ha podido morirse de pena. Yo tenía una clienta que se murió de pena.

Hoy, cuando buscaba información para este post he leído que esta madre que perdió a su niñito en la cabalgata no estaba muy bien del corazón. Imaginaros, si los que lo tenemos bien se nos estropea, después de una cosa así, cómo puede afectar a los que ya no lo tienen.

He sentido una gran pena por esta madre. Y una vez más he reflexionado sobre el drama de perder a un hijo, sea por la causa que fuera.

Y buscando más, he encontrado que la causa fue cerrada por que no se encontró delito. Palabras textuales que aparecen en un medio: El juzgado archivó la causa al no ver indicio de delito ni de falta en este caso; y señaló que, aun cuando pudiera existir una «falta de cuidado» por parte del conductor y del coordinador de seguridad, calificó ésta de «levísima, carente de entidad para configurar penalmente la falta de atención padecida».

La fiscalía de Málaga había decidido este mismo mes, unirse a la petición de la familia para que se reabriese el caso.

La muerte de un hijo no es algo «levísimo» y puede llevar a otras muertes.

Las cabalgatas de reyes tienen que tener más medidas de seguridad. La cabalgatas y cualquier otro evento.

Y vosotras, queridas madres sin hijos (lo sé por experiencia), que muchas habéis pensado, soñado, fantaseado, imaginado, con quitaros de en medio en algún momento, mucho cuidado. Cuando esa imagen pase por vuestras cabezas, buscad ayuda. No está demostrado que directamente fuéramos a encontrarnos con ellos, y tenemos que seguir aquí para seguir recordándolos, para llevarles flores, para que no les olviden, para pedir justicia, para terminar aquello que dejaron a medias, para cuidar a otros hijos, las que los tienen o, simplemente, para que otras no los pierdan.

Mi más sentido y cariñoso abrazo para con esta familia que suma un nuevo dolor.

Y para el resto de madres, cuidaros mucho. La pena es como un bichito que te va comiendo y reconcomiendo poquito a poco.

¡Ay, pena, penita, pena -pena-,
pena de mi corazón,
que me corre por las venas -pena-
con la fuerza de un ciclón!
Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe dónde va.
Es un desierto de arena -pena-,
es mi gloria en un penal.
¡Ay, penal! ¡Ay, penal!
¡Ay, pena, penita, pena!
(Autores Quintero, Leon y Quiroga)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

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Ochos años sin Helena

Se cumple el octavo aniversario de la pérdida de Helena.

Y seguimos aquí, con la misma pena, con el dolor adormecido, porque la vida ya se encarga de engancharte para que no trates de bajarte de este mundo.

Y siguen pasando los días, las semanas, los meses, los años, tratando de llenar la bolsa de la vida, que sigue con un roto por el que se van cayendo todas las cosas que vamos metiendo.

Y de nada sirven risas, charlas, viajes, escritos, cuentos, lucha… porque cada una de esas cosas es por la ausencia y para Helena. Si ella estuviera aquí, nada de eso existiría. No sería necesario, no habría caído en ello, sería más egoísta, viviendo mi vida feliz.

Gracias, amigos, amigas, por estar ahí, pendiente de nosotros, mostrándonos vuestro cariño, preocupados porque ya son 8 años de ausencia. Pero no os preocupéis. Mañana volveremos a llenar la bolsa, y pasado, y al otro, y cada día se irá cayendo algo. No importa.

De momento, tenemos al hada Helena. Y esta noche, duerme en su cama:

elhadahelena

(Muñeca Realizada por Virtudes Castro)

Gracias a Virtu, que la ha enviado desde A Coruña. Ya sabéis la querencia que tiene el hada Helena por un tal Diego, de esa ciudad.

Preciosa, Virtu. La foto no es muy buena, y no se distinguen bien las alas, pero enseguida se reconoce que es el hada Helena porque en su manos porta un corazón. Ahora, la cama de Helena ya no está vacía.  Esto ha dulcificado un poco este día.

El cielo se vistió de rosa

de azul  y brisa de mar,

veinte calas tan hermosas

como su dulce mirar…

esperaban su llegada

al reino de nunca jamás

 “Amanecer”. Julia Zapata, para Helena.

Querida hija, ¡cuánto te echamos de menos! Porque, como tú bien decías, no es más grande el que más espacio ocupa, sino el que más vacío deja cuando se va.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

 

 

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