Paula y el Ratoncito Pérez

Hoy he encontrado un cuento que escribí hace mucho tiempo y que tenía perdido, porque ni siquiera sé si lo llegué a publicar en aquella página que los tenía y desapareció, o si no lo hice nunca, ni en este blog, ni en donde se encuentra todos Los Cuentos del Hada Helena, porque este cuento está escrito para una niña, que vino a los pocos meses de irse Helena, y para mi fue algo muy especial.

Lo siento, pero no lo puedo copiar con la letra que utilicé para el cuento original. Aún así, me parece un cuento especial porque cuenta la historia del Ratoncito Pérez.

Os lo recomiendo para que lo leáis a vuestros niños cuando pierden los dientes. Y ya sabéis que estos cuentos, de los que soy autora, podéis imprimirlos, son gratis, pero haced buen uso de ellos:

Los cuentos del hada Helena

Paula y el Ratoncito Pérez:

Paula tiene siete añitos y es una niña preciosa con el pelo rubio y los ojos claro

La conozco bien aunque yo me había marchado cuando ella nació. Sí, ella casi lleva el mismo tiempo en la tierra que yo en el mundo de las hadas.

El hada Helena

Cuando Paula era pequeñita pasaba a mi casa y se sentaba en mi sillita, la que me fabricó mi  abuelo. Y  pintaba con mis colores. También veía mis cuentos o se los llevaba para que se los leyeran sus papás, pero sabía que después los tenía que devolver. Mis padres no querían desprenderse de ellos.

Ahora, Paula, que lleva uno de los nombres que más le gustaba a mi mamá cuando yo nací, va a tener un hermanito, y también tiene una primita que se llama Yaiza.

Paula ha comenzado a cambiar los dientes, pero seguro que no conoce la historia de cómo se llamó al ratoncito Pérez   y cómo se llama en otros países al personaje que se lleva los dientes de los niños y a cambio les deja un obsequio. Por  ejemplo:

En los países de lengua inglesa es “el hada de los dientes” (Tooth Fairy en inglés),  la que  cuando a un niño se le cae un diente y lo coloca debajo de la almohada mientras duerme, se lo cambia por un pequeño regalo o por monedas.  En los países de habla castellana se le reconoce como «Ratoncito Pérez», con la excepción de algunos lugares de México y Chile en donde se le dice «el Ratón de los Dientes» y en Argentina, Venezuela, Uruguay y Colombia simplemente «El Ratón Pérez». En Francia se le llama «Ratoncito» (la petite souris en francés), en Italia se le conoce como «Topolino», «Topino» (Ratoncito) o «Fatina» (Hadita). En Cataluña esta tarea es encomendada a «l’Angelet» (el Angelito), en el País Vasco -sobre todo Vizcaya-, se encarga «Maritxu teilatukoa» (Mari la del tejado) y en Cantabria es «L´Esquilu de los dientis» (La Ardilla de los dientes). Y  en algunos lugares es tradición tirar los dientes de los niños a los tejados de las casas.

Pero realmente quien puso el nombre al ratoncito Pérez fue el jesuita Luis Coloma  a quien le pidieron que escribiera un cuento para el rey Alfonso XIII, allá por el año 1894.

El padre Coloma escribió un cuento explicando cómo era este personaje.

El ratón vivía con su familia dentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la entonces famosa confitería Prats, en el número ocho de la calle del Arenal, en el corazón de Madrid, a unos cien metros del Palacio Real. El pequeño roedor se escapaba frecuentemente de su domicilio y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones del pequeño rey Bubi I (Así era como le llamaba la Reina  MaríaCristina a su hijito Alfonso XIII)

También a las habitaciones de otros niños más pobres que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.

Y yo sé todo esto porque me lo ha contado el hada de los dientes, y como es mi amiga, le he pedido un favor:

Que en tu caso, además del ratoncito Pérez, ella te dejara un regalo en mi casa.

Me costó mucho convencerla porque decía que cómo iba a hacerlo si en mi casa no estaba tu diente pero yo le prometí que ella encontraría un diente.

Y ahora te voy a contar cómo lo he hecho:

Cuando yo era pequeñita, algunos dientes comenzaron a salirme antes de que hubiera perdido los anteriores. Entonces, mi mamá tenía que llevarme al dentista y me tenían que sacar los de leche para que hubiera espacio para salir los otros.

Como no se me caían solos no podía dejárselos al ratoncito y mi mamá los guardaba en una pequeña cajita.

Entonces, esta noche, cuando todos dormían y antes de que mi amiga “Hada de los dientes” llegara a casa, he cogido uno de mis dientes y lo he puesto debajo de la almohada de mi mamá. Cuando el hada de los dientes  ha llegado, ha encontrado el diente y te ha dejado tu obsequio.

Sé que es una pequeña mentirijilla pero me hacía ilusión que esos dientes que yo no pude dejar al ratoncito sirvieran para conseguir alguna recompensa.

Quería hacer lo posible para compensarte por ser la primera persona que le pintó a mi mamá una mariposa, que es lo que yo soy ahora.

¿Te acuerdas de este dibujo?

Dibujo hecho por Paula

No creo porque tú eras muy pequeña, pero mi mamá lo guardó con mucho cariño.

Ahora, tienes que esperar a que te salgan nuevos dientes. No tienes que tocarlos con la lengua, dicen que para que salgan rectos, tienes que cepillarlos siempre que comas, y no abusar de la “chuches”.

Y  colorín colorado este casi cuento se ha acabado.

Ya sabes, cuando veas revolotear una mariposa cerca de ti puede que sea yo, Helena, el hada Helena.

El hada Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Notas de la Autora:

Los Cuentos del hada Helena son cuentos sobre seguridad vial o víctimas, especialmente de siniestros de tráfico.

*Este cuento está escrito sin ánimo de lucro

*Todos los derechos son de su autora, Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

*Puedes encontrar más cuentos del hada Helena, en:

http://cuentosdelhadahelena.soopbook.es/

© Reservados todos los derechos.

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter

Acerca de Flor Zapata

Desde Abril de 2005, soy Flor Zapata, madre de Helena. Ese es mi pie de firma desde que escribo para concienciar sobre los peligros de una conducción no responsable.
Esta entrada fue publicada en Cuentos, Historias, Literatura, Uncategorized y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *