Recuérdame

No hace mucho vi una película que ya estaba empezada, mejor dicho, casi terminando, pero una frase me impactó: Todo lo que hagas en esta vida será insignificante, pero es importante que lo hagas porque nadie lo hará por ti.

Recuerdo que la escribí en Facebook.  Y ayer, pude ver la película completa y pude entender mucho más su significado, así como el de toda la película.

La película es «Recuérdame» dirigida  por Allen Coulter y escrita por, Will Fetters y Jenny Lumet e interpretada por Robert Pattison y otros.

Parece ser que esa famosa frase que me tocó se le atribuye a Gandhi, y no os voy a contar mucho sobre la película ni su impactante final, por si algún día os apetece verla, pero si os diré que trata sobre la tragedia que supone perder un miembro de la familia y como ese hecho nos marca para el resto de nuestras vidas.

Como en la película, la pérdida de un ser querido nos trastorna,  nos marca, y en muchos casos, hace que la familia se rompa. Pero también, como en la película, hay que tratar de volver a hacer cosas y recuperar una vida, que ya no tendrá nada que ver con la anterior, será completamente distinta, pero que tiene que seguir porque aunque queramos morirnos, no nos morimos.

Son muchos los padres que no pueden volver a hacer ciertas cosas: pasar por donde ocurrió el drama, ir a los lugares donde iban antes, volver a ver las fotos, celebrar fiestas, etc. Pero  tarde o temprano hay cosas que, sin remedio, hay que volver a hacer.

Siempre digo que  por una parte el no tener más hijos, desgraciadamente, nos permite llevar una vida distinta: sin futuro, pero sin ciertos compromisos o fechas que duelen enormemente. Pero aquellos padres que tienen más hijo, tienen que vivir una vida con el resto de sus hijos.

Hoy me contaban de una madre que perdió a un hijo  hace cuatro años y sigue tan sumida en el dolor que no quiere saber nada del resto de la familia. Recuerdo la frase de alguien que me escribió que decía a su madre: Mamá, tú has perdido a un hijo, pero yo he perdido una madre.

Pero cómo hacer entender al corazón de la sin razón de seguir viviendo.

Siempre dije que los padres que habían perdido un hijo se les notaba siempre algo, quedaban tocados. Lo que yo llamo «estar locos de dolor». Y sé que hay muchos padres que hacen verdaderos esfuerzos porque no se les note nada, porque no quieren dar pena,  o porque no quieren ser el blanco de las miradas, pero cómo conseguirlo. Yo digo que es normal que demos pena, y no me importa que lo sepa todo el mundo. Es terrible lo que nos ha pasado.

Pero volviendo a la película,  los protagonistas también viven y la vida les vuelve a golpear, y algunos consiguen volver a hacer cosas que durante mucho tiempo no pudieron hacer. Porque de eso se trata, de volver a empezar una nueva vida. Pero no os preocupéis si por ahora no podéis. Cada uno es un mundo, y cada uno necesita su tiempo. «El tiempo cuenta y sigue contando».

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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María de los Ángeles Grande Vega

El otro día estuve en una eucaristía de acción de gracias por la vida de María de los Ángeles Grande Vega, una compañera de trabajo, una luchadora, enfrentada durante años a esa cruel enfermedad llamada cáncer, una persona optimista y alegre, y, para mí, portadora de un mensaje de Helena.
Ángeles perdió la batalla hace poco más de un mes, y aunque no puedo decir que fuera amiga personal de ella, ni hubiese seguido toda su enfermedad, si que la había visto alguna vez después de que hubiéramos dejado de ser compañeras, y había asistido a una de sus exposiciones. Porque Ángeles, entre convalecencia y mejora, además de cuidarse, hacer deporte y vivir la vida, pintaba.
Y en una de sus exposiciones, compramos un cuadro. Lo vi y me enamoré de él.
Había en ese cuadro algo especial que me resultaba familiar, y no sabía que era.
Lo colocamos en un lugar cerca de la habitación de Helena y era como una señal que indicaba que allí comenzaba el territorio de Helena.

pintura1

Un día encontré la explicación de qué era lo que me resultaba familiar en ese cuadro.
Cuando fuimos a Holanda a recoger las pertenencias de Helena, tarea tan dolorosa como enterrarla, entre sus cosas había una camiseta que yo no conocía. Pensé que sería algo que había intercambiado con alguna compañera, pero sus amigas me comentaron que sí era de ella, lo había comprado en Holanda, por eso no la había visto.
Esa camiseta fue una prenda más, de las muchas de ella, que comencé a utilizar yo, pero no había reparado en la similitud del estampado de la camiseta y el dibujo del cuadro de Ángeles.

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No creo que sean imaginaciones mías. Podéis verlo vosotros. Aunque a través de las fotos no se distinga demasiado bien.

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Y se lo comentamos a María Ángeles, incluso le dijimos que tenía que venir un día a casa para ver el parecido (María Ángeles nunca estuvo en casa). Pero ya nunca lo podrá comprobar.
El otro día me acordaba de esta historia.
Quizás a sus padres o a sus hermanas les gustaría conocerla, pero ellos tampoco nunca lo sabrán, porque ni siquiera me pude acercar a ellos para darles mi pesar.
Querida Ángeles, Merche, como yo te llamaba porque así se llamaba una compañera de colegio que tuve en mi adolescencia, con tu mismo apellido, y yo siempre te confundía, gracias, por tu pintura. No sé si fue una señal o pura coincidencia, pero con ella, siempre estarás presente en nuestra casa y en nuestro corazón.
Descansa en paz, ya has luchado suficiente.

«…Hoy, Señor, te daré las gracias por mi vivir, por la tierra y mis amigos, porque siempre fui feliz. Por el tronco en que nací y la savia que encontré…». Texto elegido por los familiares de María Ángeles para este acto.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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Mi vida rota

castigo

Hace unos días estuve, invitada por una asociación de víctimas de tráfico, a dar una charla a los trabajadores de una empresa petrolera. 

Estaba muy constipada, pero hice un esfuerzo por acudir a esta cita, igual que siempre que me requieren para dar alguna charla.

Más de uno me dice que por qué no me olvido de estas charlas, que con ellas lo único que hago es aumentar mi dolor y no poner fin a lo que pasó. Yo les digo que, algunas de estas charlas me ayudan a seguir viviendo esta vida rota.

Además de la persona que propicia este tipo de charlas, miembro de la asociación, y el otro compañero con el que siempre coincido, un policía de seguridad vial, estaba un ponente más, un chico joven que yo pensé era otro policía más.

Pero la sorpresa fue mayúscula cuando, de boca del propio joven, supe que él estaba allí porque era culpable de la muerte de una persona. Había matado a una persona por conducir con alcohol.

Aún no sé que pensé, que sentí. Reconozco que cualquier atisbo de rabia, odio, o violencia hacia él se habría disipado al ver cómo temblaba relatando cómo sucedió y su expresión de arrepentimiento.

Reconozco que fue una encerrona, que se me debería haber informado antes, pero la sinceridad de la persona que me invitó también me desarmó: «si te lo hubiera dicho, no habrías venido».

Me encontraba tan mal físicamente (me había levantado de la cama para ir a dar la charla), que una vez terminada mi exposición me marché, no esperé a la exposición de los otros compañeros.

Y después, me comentaron que, una vez me había ido, este chico tuvo un ataque de nervios, ansiedad, culpabilidad, o llámalo como quieras.

Si además de haber pasado ya unos cuantos meses por la cárcel, este chico intenta paliar su culpa asistiendo a este tipo de eventos, también para mostrarse como ejemplo de lo que no se debe hacer, y parece que verdaderamente se siente arrepentido, la puntilla fue mi presentación en donde hago un alarde de la historia de mi hija con fotos incluidas. Y el chico se sintió como si él la hubiera matado.

No hace muchos días, en el periódico vi una foto y un reportaje titulado camino por la reconciliación. Era un reportaje de cómo  una exguerrillera colombiana, un exparamilitar, y un representante de las víctimas, hacen conjuntamente el camino de Santiago. Un ejemplo de reconciliación y paz.

No hace mucho, también, os escribí sobre mi entrevista con un miembro de CONCAE, para intentar que me uniera al programa de Construyendo Puentes.

Y muchas veces me llegan noticias en la prensa o fotos de algunos casos de víctimas del terrorismo de ETA intentando un acercamiento.

Reconozco que todas estas personas tiene un gran valor o generosidad, pero yo no sé si yo podré, en algún momento de mi vida, acercarme a este tema. Y no sé si podré porque cada día que pasa mi vida está más rota.

Perder un hijo, y como en mi caso, único, supone que tu vida se parte. Se parte y se acaba, porque a partir de ese momento, tu vida no tiene una continuidad.

Es una vida totalmente ficticia.

Yo puedo comer hasta la saciedad. Puedo reír hasta llorar. Puedo viajar sin parar. Puedo hablar, bailar, comer, cenar, salir, entrar, reír, llorar… pero es una mentira. Nada de todo ello me llena por completo. Nada me importa. Son solo momentos que van llenando las horas, las reuniones con los amigos, los días, los años, pero, en el fondo, mi vida está rota, y los trozos ya no se pueden volver a pegar. Aunque me pidan perdón.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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El final del verano

banderas de papel

 

(Banderas de papel, verdes, rojas y amarillas. Fiesta)

Cuando la plaza se llena de banderas de papel, verdes, rojas y amarillas, ha llegado el final del verano.

Querida hija: Otro verano más, y ya van diez, sin tu presencia. Sí, ya sé, da igual verano, invierno, otoño o primavera, cualquier época es propicia para recordarte y echarte de menos, pero el verano, época de vacaciones, más tiempo para estar juntos, la playa, las fiestas del pueblo, eran tantos momentos de convivencia, de complicidad, de pasarlo bien, que se cortaron de raíz, de golpe, en un segundo… ¡Cómo no llorar tu ausencia de una forma especial!

Esta noche ya está preparada la fiesta de la piscina. Ese es ya el punto final al verano. Y a partir de aquí, el tiempo, la climatología,  se unirán para añadir más melancolía.

Este verano hemos hecho cosas sin ti. Algunas han sido la primera vez después de muchos años. Cada día intentamos volver a retomar el gusto por aquellas cosas que hacíamos contigo de pequeña. Por ejemplo, ver piedras, cómo decías tú. Y cada cosa nueva que hacemos, es un esfuerzo gigante, una lucha contra ese sentimiento de rabia y  pena, porque tú no puedes estar presente.

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(Hipogéos fenicios de Villaricos)

¡Cómo cuesta cada baño, cada día de playa en los mismos lugares de vacaciones de 20 años! ¡Qué esfuerzo hay que hacer! Durante años no hemos podido, ahora vamos volviendo a esos lugares, pero sigue costando mucho. En cambio, hay cosas imposible de volver a hacer.

Querida hija, todo tiene un sabor amargo. Lo intentamos, de veras que lo intentamos, y , a veces, nos asombramos de cómo podemos ser así de animosos para seguir aparentando que estamos bien,  que no ha pasado nada. Ni nosotros mismos nos lo explicamos. Quizás tú tengas parte de culpa, quizás seas tú la que nos manda la fuerza para seguir.

musicaenChillon

 

(Música en la plaza de Chillón)

Hace poco escuché esta frase en una película : «Estés sola o no, tendrás que seguir adelante, pero recuerda que, aunque estés sola, estamos unidas en la soledad».

Otro final de verano que no estás, mi amada hija. Y no hará falta que llegue el invierno para sentir el frío de nuestro corazón roto, el hielo en nuestra sonrisa, y la nieve sobre nuestras sienes.

Las cifras de este último verano:

-Muertes en siniestros de tráfico durante Julio y agosto: 225 personas. Cinco más que en la misma fecha de 2014

– En lo que va e año, 727 personas han muerto por siniestros de tráfico.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

 

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La felicidad de los otros

celebraciones

Hacía mucho tiempo que no me levantaba de mañanita para escribir. La falta de «imperiosa necesidad» de escribir para llorar o la sensación de que ya lo has dicho todo, son los culpables.

Pero no es del todo cierto, siempre hay una nueva reflexión, experiencia, sentimiento, que necesitan salir; lo que falta, muchas veces, es tiempo.

Hace diez años, decidimos que ya no teníamos nada que celebrar, y abandonamos las fiestas de Navidad y a los familiares, para pasar a nuestro retiro y huir de todos y todo.

Con el paso del tiempo, la felicidad de los demás hace menos daño, no duele lo mismo, te haces inmune, lo entiendes, lo respetas y hasta parece que no te importa que los demás sean felices.

Pero no pasa lo mismo con aquellas celebraciones emotivas, que sabes que tú nunca podrás ya tener porque quien se encargan de llevarlas a cabo son los hijos.

Entonces, te invade la añoranza, la envidia, la triste realidad, y desemboca en la pena. Y por mucho que te alegre el evento al que asistes, el agradecimiento porque se acuerden de ti y te ayuden a seguir en esta vida, compartiendo cosas que tú ya no podrías vivir,  la felicidad de los otros te recuerda que tú nunca serás tan  feliz.

¡Qué envidia! Y como yo digo, no hay justificación  de que sea «sana», porque la envidia nunca puede ser sana. ¡Cuánto agradecimiento! Porque siempre es de agradecer que los otros quieran compartir contigo su felicidad y te ayuden a seguir en este mundo. Pero tenéis que perdonar nuestras lágrimas en los momentos de vuestra alegría.

Es tanto lo que perdemos con los hijos.

Gracias, amigos, por mantenernos en este mundo, por compartir con nosotros vuestra vida.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Paredes de papel

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Esta noche ha sido una de esas con la presencia de Helena. Sí, a través de un sueño.

Ya lo he dicho muchas veces, que soñar es la única forma de ver a nuestros hijos, pero, incluso, a veces, aunque en el sueño están presentes, tampoco podemos verlos.

Casi siempre que sueño con Helena algo me indica que la cosa no va bien. Y así en primer sueño, ese que fue el origen de «Baño Nocturno», Helena se hacía viejita, esta noche aparecía en un sueño en el que el ambiente tampoco era agradable.

Acababa de estallar una bomba. Edificios se venían abajo. Tratábamos de enterarnos qué había pasado y  ponernos a salvo, especialmente a Helena, que era pequeña, y aunque la bomba había sido no muy lejos, a nosotros no nos había afectado. Aparentemente, porque entonces nos damos cuenta que las paredes de nuestra casa no son de ladrillo, sino de una especie de paneles recubiertos de papel, y después de la bomba, los paneles están llenos de grietas.

¡Qué cosas!

Este sueño me ha recordado un escrito que, hace mucho tiempo,cuando comenzaba con este blog, alguien dejó. Luego, mi amiga Vanessa, lo puso en su blog. Se trata de «estoy construyendo una casa con tres paredes».

Resulta que mi casa,ahora, tiene las paredes de papel. Está llena de grietas. Ya no la reconozco. Las bombas caen cerca. Otras casas se caen, la mía no, pero tiene paredes de papel.

Creo que no es necesario ser especialista en interpretación de sueños, ni psicóloga, ni psiquiatra, para saber el significado de este sueño.

«…No es un buen diseño. Con una pared expuesta a las inclemencias del tiempo, nunca podrá dar un buen cobijo para los fríos vientos de la vida. Sería mucho mejor que tuviera cuatro paredes, pero uno de los lados no tiene cimientos, por lo que sólo puedo levantar tres paredes.

    La estoy construyendo en los escombros de la casa que tenía antes. Era un lugar sólido y acogedor, y era donde más me gustaba estar en éste mundo. Tenía cuatro buenas paredes y yo pensaba que podría soportar la tormenta más violenta. Pero no fue así. Una tormenta que va más allá de mi capacidad de comprensión echó la casa abajo dejó sus fragmentos a mi alrededor en el suelo…»

Nuestra casa nunca volverá a ser la misma, porque falta una pared. Será por eso que vagamos. Que vamos y venimos, a otras casas. Que hacemos los caminos recorridos una y otra vez, siempre con la misma soledad, sin la ilusión de la primera vez, gastando el tiempo.

Aquellos que habéis tenido una pérdida, no dejéis de leer «una casa con tres paredes»

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Felicidades, Helena

 

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Estaba asustada, muy asustada. La incertidumbre de lo desconocido. Era una niña adulta, con todos los cursos realizados, con todas las lecturas hechas, pero con la ignorancia de lo no vivido.

Llevaba tres días esperándote. Eso decían los expertos. Yo creo que llevaba toda la vida, desde que jugaba con muñecas, pero tenía miedo, mucho miedo.

Y llegaste, con la piel arrugadita.

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Y nos presentaron. Una presentación húmeda. Te arropé con mis muñecas, no me atreví a utilizar las manos, y las muñecas se quedaron marcadas de rojo. ¡Ay, cuantas veces me ha venido esa imagen de las muñecas manchadas de sangre!

Hoy quería encontrar un poema alegre para celebrar esos 31 años, entre los poemas que escriben los que tienen las palabras que a mí me faltan, pero todos los que encontraba y expresaban mi estado eran tristes, como yo.

Pero no podía utilizar un poema triste para celebrar el don de haberte tenido, la alegría de tu llegada, el mejor regalo que me hizo la vida. He buscado y buscado y he encontrado este brindis. Un brindis especial, su título ya lo anuncia. Para mí,  por la felicidad pasada, por la aniquilación recibida un día de abril, cruel como una mañana de primavera:

Al final o al principio

brinda por la esperanza

de todo lo que se agota

por las horas que no amas y sin embargo te atenazan

en un tiempo que jamás habías imaginado.

Brinda con una copa de vino y siente

que se despiertan los ojos por todos los espacios

y nace una energía vital desconocida

en la escasez o desmesura de la ausencia, también

en la senda de tumbas que tiene el olvido.

 

Brinda aunque la felicidad

se convierta en un secreto indescifrable

en un cuerpo que rechaza tus besos y te empuja

al lugar de donde viven los desterrados

recorriendo un laberinto que nunca se acaba

siguiendo una luz

siguiendo una sombra, siguiendo el sonido

de una carne que se acerca con el ruido de un río

que se bebe de pronto las miserias

y las lleva hasta el mar.

 

Brinda por las mañanas que no quieren despertarse

Y todos los tesoros que no saben emerger de la

                                                                              laguna

por la ficción desorientada

de una madre que no sabe cuándo

regresan los hijos de la guerra

con el corazón sin músculos, maquillados con barro.

 

Brinda por la flores mendigas del jardín

que se esconden

y el olor de la niebla en las piedras

que todavía se despiertan

atravesadas por el silencio.

Brindis o Aniquilación. Manuel Juliá. Sobre el volcán la flor.

Querida hija, esa foto que inicia esta carta de felicidad y dolor, la encontré entre tus papeles. Supongo que te la envió la firma comercial a la que pediste el edredón que te querías llevar a Holanda. Ese pedido que hiciste con tanta urgencia y que por esa entrega urgente te cobraron un porrón, y yo te eché en cara.

Ahora me parece que te cobraron poco por este tesoro que he encontrado.

20150526_193032

Felicidades, Helena, mi querida hija, mi hada. Muchas de tus amigas son madres. ¡Qué feliz abuela podría ser! ¡Qué pena la mía!

 

 

 

 

20150526_214227

 

Espero que en el “país infinito” estés rodeada de farolillos, de papelillos de colores, de dulces caramelos, de cintas de raso, de animalitos, celebrando tu cumple.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

 

 

 

 

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Demasiada Juventud

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Anoche vi una película que trataba de la amistad, del amor de los padres por los hijos y de los errores que se cometen cuando se es joven. Y esa película me recordó otra historia. Una historia real, que podría ser una película, pero por desgracia no lo es.

Hay una edad en la que no existe familia, padres, hermanos, sólo existen los amigos.

La amistad es el verdadero motor de las relaciones, y las vivencias, las aventuras, los sentimientos que compartimos durante esa época, nos marcarán para toda la vida.

Por un amigo se harán los mayores sacrificios, incluso las primeras o únicas mentiras se producen por ellos. Recuerdo que Helena, una niña buena, que nunca mentía, una vez la descubrimos como mentía para tapar a una amiguita.

Y esas aventuras, que se comparten con los amigos, a veces, conllevan demasiado peligro, pero los jóvenes no lo ven, no tienen esa sensación, ellos lo único que sopesan es que no pueden fallar a un amigo. Demasiada juventud, lo llamo yo.

Eso fue lo que hizo Guille, ayudar a un amigo. Y con esa ayuda se encontró en una situación, que en principio podríamos clasificarla de chiquillada, pero que al final acabo con su vida.

Guille se vio envuelto en un hecho que jurídicamente es una simple falta, pero siempre hay gente que se erige en héroes o salvadores, si lo miramos desde una perspectiva, o que se toman la justicia por su mano, si lo miramos desde otro punto.

Guille llevaba de paquete a su amigo, ese al que no podía fallar. El que le había pedido un favor. El que cometió una gran tontería. Pero Guille pago con su vida.

Alguien se convirtió en juez del acto cometido por unos jóvenes, y no se le ocurrió otra cosa que poner fin a una loca carrera envistiendo con un coche la moto que conducía Guille.

El amigo de Guille fue condenado por hurto, y Guille condenado de por vida a vivir en un cementerio. Y sus padres, a pasar varios años luchando, además de con la pena, con la justicia para que ese hecho que quitó la vida a Guille no fuese tomado como una simple falta.

Pero empezando por abogados poco eficientes, órganos judiciales colapsados, pocos organizados, errores, pérdidas de pruebas, testigos con afán de retrasar pruebas, etc., todo ello ha llevado a que después de 7 años, haya unos padres que aún no han encontrado justicia y casi tengan perdida la esperanza de encontrarla.

El próximo día 25, se celebrará el juicio por la muerte de Guille. Un juicio al  que  hace siete años ya hubo alguien que se encargó de aplicar sentencia. ¿Qué pueden esperar ya unos buenos padres?

No esperes por el juicio final. Se lleva a cabo cada día. Albert Camus

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima de un conductor borracho.

 

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Barruntar las fechas

Sí, las fechas se barruntan. El número, el día, el mes. La lluvia, el sol, el cielo. El color, el olor, la música. Son tantas las cosas que nos traen su memoria.

Sí, llevo unos días barruntando que se acerca una fecha. Una de esas fechas, antes, llena de alegría, ahora…

Sí, hace unos días que suspiro y repito una y otra vez ¡Que pena!

Sí, hoy lo decía con triple intención. Pena por mí, pena por esas dos nuevas madres. La del  niño muerto por la rama de un árbol. La del niño atropellado.

¡Que pena!

Muchas veces barrunto las fechas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Las señales de Helena

macanudo

 

Viñeta titulada «Macanudo» del artista Liniers,  en El País Semanal de hoy día 19 de abril de 2015

El duelo es distinto según las creencias. Aquellos que practicas cualquier tipo de religión o creencia, transfomarán su duelo a imagen o semejanza de las creencias que tienen y practican, y casi siempre, las mismas serán un consuelo, un bálsamo.

Pero para los que su creencias o ideología está ligada al puro raciocinio la esperanza se esfuma con la muerte. El final es ese, la muerte.

Yo, que navego entre muchos mundos, que respeto todas las creencias, aunque no las comparta, que no doy nada por definitivo, aunque me incline por cierta desesperanza, en el fondo quiero creer. No sé en qué, cómo o cuándo, pero utilizo mis resortes para sobrevivir.

Ayer se cumplieron diez años del momento en que cubrimos el cuerpo de Helena con un verde manto:

«…Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba…»

Rosalía de Castro

Y hoy, cuando abro  «El País Semanal», con lo primero que me encuentro es con la viñeta que inicia este post.

Si había algo que nos unía a Helena y a mí, más allá de la relación filial de madre e hija, si hay alguna otra cosa que recuerdo, echo en falta, añoro, de Helena, más allá de su presencia, su amor, su cariño, sus besos, etc., es tenerla como pareja de baile. A ambas nos gustaba bailar, y ella era mi compañera, y ejercía de compañero porque a mi no me era fácil cambiar el paso.

Y si tengo dudas de la existencia de otra vida, de el alma, o  el más allá, yo convertí a mi hija en un hada, en una mariposa. Y hoy, me invita a bailar.

macanudo

 

Gracias, Liniers por, sin saberlo, hacerme este regalo.

Meli, otra señal.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

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