Escribir con las tripas

Ayer, domingo, 25 de enero de 2015, El País Semanal publicaba su número 2000, y el título de su portada era «Dos mil domingos contando historias». Y en ese número 2000, una carta, «escribir con las tripas», de la cual soy autora.

La carta dice así:

Escribir con las tripas

“En abril del 2005, mi hija Helena, la única que tenía, murió por el impacto recibido en su coche por un automóvil cuyo conductor conducía bajo los efectos del alcohol. Tenía solo 20 años”. Así comenzaba mi primer escrito. Una carta abierta a los jóvenes, publicada en algunos periódicos, entre ellos El País, hace 10 años. Las muertes producidas entonces en carretera eran más de 3.000. Después hice varios cursos de creación literaria. No supe ser una alumna aventajada. Mis escritos siguieron versando sobre seguridad vial, la pérdida de un hijo o el duelo. Porque yo no escribía por inspiración, sino por dolor, y con las tripas. Como dice Javier Cercas en su artículo del 4 de enero de 2015, mi escritura estaba más allá de la literatura. Y gracias a su texto he podido saber que escribir con las tripas puede ser también literatura.

Flor Zapata Ruiz. Alcobendas (Madrid)

Y el origen de esta carta está en este artículo de Javier Cercas:

Literatura más allá de la literatura

Uno de los mejores textos literarios que he leído en mi vida no es un texto literario. De hecho, ni siquiera fue pensado para publicarse. Lo escribió el escritor israelí David Grossman y lo leyó en el funeral de su hijo Uri, muerto el 21 de agosto de 2006, cuando el carro de combate en el que avanzaba por el sur de Líbano fue alcanzado por un misil antitanque de Hezbolá; los periodistas presentes en las exequias reprodujeron con mayor o menor fidelidad pasajes del discurso fúnebre y al final, para evitar confusiones, Grossman lo corrigió y se lo entregó a los periódicos, varios de los cuales lo reprodujeron; entre ellos, EL PAÍS. Aunque días antes de la muerte de su hijo Grossman había firmado con otros escritores un llamamiento al Gobierno israelí para que diera por terminadas sus operaciones militares en Líbano, a lo largo del texto apenas se dice una sola palabra del conflicto, salvo en el título: “Nuestra familia ha perdido la guerra”.

Grossman habla de las cosas que nunca volverá a hacer con su hijo, como ver Los Simpson, y de las cosas que aprendió de él. Describe su carácter, recuerda su sentido del humor, afirma que, contra la opinión de sus superiores, se empeñó en ser jefe de una compañía de carros de combate (y que lo consiguió), dice que era el izquierdista de su batallón, sostiene que era de esas raras personas que se hacen responsables de lo que ocurre a su alrededor, que siempre se podía contar con él, que siempre estaba en primera línea, que nunca se arrugaba. Escribe: “Era un chico que tenía unos valores, ese término tan vilipendiado en los últimos años; porque en nuestro mundo loco, cruel y cínico no es cool tener valores”. Escribe que debemos defender nuestras vidas, pero también “empeñarnos en proteger nuestra alma, empeñarnos en protegerla de la tentación de la fuerza y las ideas simplistas, la tentación del cinismo, la contaminación del corazón y el desprecio del individuo”. Concluye: “Has iluminado nuestra vida, Uri. Tu madre y yo te criamos con amor. Fue fácil quererte con todo nuestro corazón, y sé que tú también viviste bien. Que tu breve vida fue bella. Espero haber sido un padre digno de un hijo como tú”.

La literatura es lo que se escribe como si uno estuviera a punto de ser ejecutado

Es un texto brutal, de una serenidad y un coraje asombrosos, que resulta imposible leer sin sobrecogerse. Repito que no era, en principio, un texto literario, pero al final resulta un texto infinitamente más literario que infinidad de textos literarios. Esto no es extraño, por supuesto; al fin y al cabo, la gran literatura a menudo ha sido aquella que en principio no parece literatura, o que defrauda las expectativas literarias de su tiempo: para sus contemporáneos cultos, Cervantes nunca pasó de ser el autor de un best seller sin importancia, y lo que Shakespeare escribía no era ni siquiera literatura (de ahí que sus obras no se editaran con seriedad en vida, privilegio reservado a los autores relevantes). Pero ¿de dónde extrae su fuerza un texto como el de Grossman? ¿Qué lo convierte no ya en literatura, sino en gran literatura? La respuesta está en un texto escrito también por un padre a un hijo y publicado en español pocos meses antes de que se publicara el de Grossman. Se trata de una carta que el 22 de octubre de 1950 le escribió su progenitor a V. S. Naipaul, uno de los mayores escritores vivos. Por entonces Naipaul había llegado a Oxford con una beca, dispuesto no sólo a ser un escritor, sino a ser el mejor escritor posible, y su padre, deseoso de evitarle a su hijo su propio destino de escritor frustrado, le escribe desde su remoto y provinciano hogar en la isla de Trinidad unas palabras que, estoy seguro, Naipaul nunca olvidó: “¿A qué crees que se reduce la literatura? A escribir con las tripas, no con la cabeza. La mayoría escribe con la cabeza. Si el delincuente semianalfabeto escribe normalmente una larga carta a su novia, será como la mayoría de las cartas de semejantes personas. Si el delincuente escribe la carta justo antes de ser ejecutado, será literatura”.

Esa es la respuesta. La literatura es lo que se escribe como si uno estuviera a punto de ser ejecutado; o, mejor aún, como si ya hubiese sido ejecutado, que es como escribe su texto Grossman. La gran literatura es precisamente eso: lo que está justo en el borde de la literatura. O un poco más allá.

elpaissemanal@elpais.es

Sí, tiene razón Javier Cercas. Este blog de Madres sin hijos es una muestra de ello.

Un blog con casi 9 años de historia, que ha conocido diversas direcciones y alojamietos, que ha perdido su historia de comentarios en ese trasiego de webs, pero que sigue aquí, aunque haya tenido que copiar uno a uno sus post. Por ello siempre dice «post escrito el…. por FZ madre de Helena», para que podáis ver que lo que dice ahí se escribió hace años.

Y la mayoría de esos escritos, fueron hechos con las tripas. En el momento de máximo dolor. Cuando las entrañas me sangraban y las lágrimas se mezclaban con la tinta, en este caso, se introducían por entre las teclas, corriendo el riesgo de inundar el ordenador.

Recuerdo que en un determinado tiempo, perdí mi trabajo. Me mandaron para casa. Siempre digo que me eligieron por ser la más triste. Alguien sobraba. Y el primer año de estar en casa, sola, durante todo el día, no hacía otra cosa: llorar y escribir. Ni siquiera comía.

Escribir fue mi forma de sobrevivir.

En todo este tiempo, y aconsejada por los que creyeron ver en este afán mío de escribir, una salida a mi pena, realicé varios cursos o talleres de escritura, con dos renombradas escritoras. Y ellas hicieron muy bien su labor, pero «no supe ser una alumna aventajada». Seguí escribiendo sobre mi dolor. Mi mono tema, como lo llamo yo: Seguridad vial, concienciación, conductores con alcohol, la pérdida…Incluso «Los cuentos del hada Helena» siguen siendo sobre víctimas y muerte.

Los que querían que escribiera sobre otras cosas, al final, abandonaron toda esperanza, y los proyectos de novela, quedaron ocultos en una carpeta del ordenador. ¿Quién sabe si algún día…?

Creo que en esa carta publicada, faltaba esta explicación. O tal vez no. Según las normas de un buen relato, no hay por qué contarlo todo.

Y de vez en cuando, sigo escribiendo con las tripas, aunque ya no esté a punto de morir. Porque, según pasa el tiempo, te das cuenta que estás cada día más enganchado a la vida, y la pena sigue haciéndose más profunda, más interna, más íntima. Pero esto ya os lo he contado en alguna otra ocasión.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Un conductor borracho me la arrebató. Y mis tripas comenzaron a hablar.

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Sentencia por dejar ahogar a un niño en la piscina

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Hace seis años, Diego Novo, un duende muy especial, mi guardián del ventanal, el hijo de Vanessa, perdió la vida en la piscina de su colegio.

Sencillamente se olvidaron de él, y apareció ahogado.

Y después de seis años, y de una primera sentencia, recurrida, la justicia ha dictado una sentencia en la que al colegio, le salva. A la monitora y a socorrista, les baja las penas, ahora tres años y seis meses de inhabilitación, cuando en la primera sentencia les condenaban a seis años, les mantiene un año y medio de prisión, y al resto de imputados, nada de nada. De todas formas, en estos seis años la mayoría ya se había jubilado.

Dice Vanessa que han luchado, han postergado su duelo, esperando esta sentencia, y para nada. Y  que si otra madre, en su misma situación, le preguntara, le diría que no merece la pena.

¡Qué pena! ¡Qué pena de justicia!

Yo creo que sí mereció la pena, Vanessa. Tenías que hacerlo, pero es que la justicia no es igual para todos, aunque se diga que sí.

El colegio tiene mucho poder, y vosotros, mucha pérdida.

Esperemos que otra madre, que está en situación parecida, tenga más suerte con la justicia. Aunque está claro que la justicia se inclina, siempre, del lado del que sobrevive. El muerto, ya está muerto.

Lo siento mucho, mi querida Vanessa. Tu lucha sirvió para que nos conociéramos. Para que conociera a mi guardián, y escribiera, creo, el mejor cuento de toda la saga de los cuentos del hada Helena.

Como bien dices, a Diego no te lo iban a devolver, eso ya lo sabíamos, pero hubiera estado bien que alguien del colegio se hubiera sentido responsable. Quizás tu lucha haya servido para que en ese colegio, no le vuelva a pasar a ningún otro niño. Y que no se vuelva a cumplir la dedicatoria de este blog: Por la acción de otros. Por la omisión de tantos. Por la culpa de todos.

Un fuerte abrazo, amiga.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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El Décimo Final

Sí, este es el décimo final de año sin ti. Ya ha pasado una década, y parece que fue ayer. Pero tu recuerdo y tu ausencia siguen presentes y constantes.

Y se ha convertido en una tradición,  que haga este pequeño resumen del año que ha pasado y no estás con nosotros. Intento recordar aquellos acontecimientos que, pienso, te habrían gustado, impactado o en los que habrías participado. ¡Qué tontería! es una forma más de agarrarme a esta vida que nos ha tocado vivir.

Los amigos:

Y como otros años, comienzo por los amigos.

Los tuyos,  siguen aumentando la familia (o en  proceso de aumento),  que han creado. Así pasa con Quique y Eva.

Y este año tuve noticias de Susana.

Y salvo lo que voy conociendo a través del Facebook, como por ejemplo, que Gela tiene una niña preciosa, de la que no había conocido su existencia hasta este año, poco más sé o te puedo contar. Los amigos son de los amigos, y tú eras la amiga. Nosotros llegamos a través de ti, pero no es lo mismo.

Y de  nuestros amigos, puedo decirte que algunos son abuelos por primera vez, como en el caso de los alfreditos (María Elena ha sido mamá de un niño) y otros siguen aumentado el número de nietos, como Fernando.

Cantantes:

Ya sabes que siempre me gustó la música y el baile, pero tú eras la que me mantenías en la actualidad, aún así, sigo intentando estar actualizada, pero sin saber nombres o buscándolos en Internet cuando algo me gusta o se me queda en la cabeza, como este año con «Happy» o «all about that bass» de Meghan Trainor

Este año creo que no habrá la tradición regalo de reyes alusivo, porque Diana Navarro no tiene disco hasta marzo o abril.

Y en el mundo de la canción y los cantantes, quizás lo que más ríos de tinta ha producido es la entrada en prisión de esa cantante madre de aquel niño que iba al colegio de al lado al tuyo.

Política:

¡Ay, la política! Está que arde, como aluden en un anuncio.

Por fin  ha aparecido un revulsivo. Se llama «Podemos» y está haciendo ponerse las pilas al resto de partidos tradicionales. Ya era hora de que los más jóvenes se implicaran. El problema, creo, es que están creando demasiadas expectativas,  que no sé si van a poder cumplir.

Este año se han destapado nuevas corruptelas y los jueces cada vez tienen más trabajo. Y aunque ya comenzaron a entrar en la cárcel algunos, todavía queda mucho por limpiar, y muchos por entrar en esas residencias que cuando se habla de políticos es lo que parece porque están en módulos especiales, o les conceden el tercer grado en un periquete.

Y las dimisiones, prácticamente no se dan nada más que fuera de España.

Es cierto que tenemos nuevo rey y reina, pero igual que tú escribías en tu diario, el día de su boda, «no nos invitaron» (tu sentido del humor),  esto tampoco nos va a afectar.

A nivel económico dicen que vamos mejor. Los políticos lo dicen. Los comedores sociales siguen llenos, y el pueblo tiene que dar alimentos para que los bancos de alimentos tengan algo que repartir porque se han agotado todos los recursos.

Y ahora, por Navidad, no solo vuelve  el maldito anuncio, sino todos los jóvenes que están en Alemania y otros países, donde únicamente encuentran trabajo, y donde se están aprovechando de todo lo que gastamos en su educación.

La seguridad vial:

Sigue siendo una asignatura pendiente. Sigue sin existir en los colegios, de forma oficial y en el programa.

Seguimos exigiéndola desde las asociaciones de víctimas. Y sigue siendo una labor de voluntariado para muchos policías locales y educadores viales.

Y algunas aseguradoras siguen dando dinero para acciones puntuales en educación vial, y negándolo en indemnizaciones a víctimas. Qué contradición.

Y este año, es muy probable que haya un repunte de cifras, porque aunque no queremos hablar de cifras, sino de personas, las estadísticas son las que cuentan a la hora de tomar medidas.

Y yo, sigo haciendo lo que puedo. Quizás poco, o menos que en otros momentos, pero no abandono, a pesar de ser ya diez años los que llevo concienciando. Y son pocos los que conocen lo que cuesta hacer esto cuando el corazón lo tienes carcomido por el dolor. pero espero que te parezca bien todo lo que hago y lo que he hecho hasta ahora.

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(El lazo de las víctimas de tráfico)

Hay quien me dice que estarías orgullosa, y yo les contesto que yo no quiero ni querría que te sintieras orgullosa, yo querría que estuvieras conmigo, y siendo una simple madre, sin más, sin querer salvar al mundo, y como objetivo, mi casa, mi familia.

Este año me he permitido mandar una felicitación en tu nombre. Como hacías tú cuando la enviabas en nombre de los tres.

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Nosotros:

La familia sigue para adelante. Algunos este año han tenido problemas físicos, pero son fuertes y los van superando.

Las primas siguen con sus amores y las que tuvieron desamor vuelven a estar enamoradas. Los estudios no terminan porque como no hay empleo, tienen que seguir con oposiciones y máster. Y los chicos, siguen creciendo a lo alto y en los estudios.

Y tus papis, creciendo a lo ancho.

Otras noticias:

Hay muchas,  porque un año de vida da para mucho, pero seguro que las que yo te relate no serán las que más te interesarían a ti.

Por ejemplo, una muy reciente, es el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Hay por ahí un chiste o un dicho que dice que preguntado el «Che» sobre cuando se restablecerían las relaciones entre los dos países, este dijo que cuando en Estado Unidos hubiera un presidente negro y en el Vaticano un cura argentino. Chiste o no, es lo que ha sucedido.

Parece ser que este nuevo Papa también está pesando en perseguir las acciones de abusos de la iglesia.

Este año también se marcho un actor, Robin Williams, la señora  Doubtfire.  Y el actor David Ryall,  Elphias Doge en ‘Harry Potter. Y otros muchos escritores y actores que sí fueron referentes en nuestra vida, pero no tanto en la tuya, y por eso no te cuento sobre ellos, aunque estoy segura que si estuvieras a mi lado te hablaría de ellos.

Porque siempre te incluimos en nuestras reflexiones sobre el pasado, para que pudieras conocer de primera mano la historia vivida por este país y por tus ancestros.

Quizás eso te hacía ser tan madura.

Mi querida hija, qué duro se hace otro final sin ti. Aunque, como digo últimamente, cada vez nos hace menos daño la felicidad de los demás, aunque he comenzado a poner algunos adornos, especialmente pensando en lo que nos gustaba ponerlos juntas, estas fechas se hacen difícil, muy difíciles.

Este año no oigo hablar de una silla vacía, sino de «pon una silla de más». Son cosas de la tele, porque en la realidad, cuando una silla se queda vacía, son muchas las que no se vuelven a llenar. Porque en el hogar que entra la muerte, no quieren estar ni los dueños.

Y eso no quiere decir que no deseemos a los demás felicidad y lo mejor. Ni que realicemos pequeños rituales, pensando que brindamos por ti. Porque el ser humano trata de normalizar la anormalidad. Pero no nos pueden pedir que sigamos como si no hubiera pasado nada.

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Mi querida niña, ¡cómo te queremos y te echamos en falta!

Este año la canción es Happy, porque te habría encantado bailarla, porque nos gustaría tener la certeza de que estás en otra dimensión y eres feliz, pero eso nunca lo sabremos.

«…Siento todavía
lo solo que estoy
lo solos que estamos, aparentando
que hemos encontrado al fin la copa definitiva
que nos dará la eterna felicidad…»
Nochevieja. Manuel Juliá Dorado. “Sobre el volcán la flor”

P.D. Se me olvidó decirte que tu amiga Sara, la del colegio, se casó.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

…Puede parecer una locura lo que estoy a punto de decir.
Luz del sol: ella está aquí….  letra de la canción Happy de  Pharrell Williams

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Los ángeles de Navidad

Este año no iba a haber «cuento de Navidad», creía que era suficiente con la «felicitación de Helena», pero han surgido demasiadas cosas que apuntaban a que era algo que faltaba. Además, este es el décimo año sin la presencia de Helena en estos días. Una década es mucho.

Al final aquí está mi Cuento de Navidad. Este año, ángeles. Feliz Navidad a la gente buena de esta tierra.

Los Ángeles de Navidad

Todo comenzó unos días antes. Viendo su serie favorita, ella le dijo:

-Son ángeles.

-¿Cómo van a ser ángeles?

-Te digo yo que son ángeles.

-Y tú cómo lo sabes

-Porque estamos en Navidad, y siempre aparecen ángeles para hacer milagros.

-Qué tontería.

– No es ninguna tontería. Los niños que iban a cantar los villancicos han enfermado y se han quedado sin voz. Y esos que han llegado al pueblo, que son tantos y nadie sabe quiénes son ni a qué se dedican, son ángeles y les van a sustituir. Ya verás como cuando sea el día de Nochebuena, ellos son los que cantan.

Como desde hacía diez años, cada navidad huían del mundanal ruido y se refugiaban en su isla desierta, en su paraíso perdido. Allí, olvidaban las fechas que eran, se escondían o retiraban, y se dedicaban a leer, escribir, pasear, u otros menesteres de simple entretenimiento. La televisión era también otra compañía.

Él se dedicaba  a leer, este año el libro elegido era “así empieza lo malo”. También era un título afín a su situación, aunque ellos ya se habían acostumbrado a “lo malo”. Y, a pesar de que, con el paso del tiempo, ya casi no les molestaba la felicidad de los demás, en esos días, este retiro voluntario era una forma de decir, estoy en duelo.

Por la mañana, él, desde la puerta, le dijo:

-Voy a por pan, mañana día de Navidad no habrá.

Nada más cerrar la puerta, comenzó a rezongar si él se iba a la calle y a ella le tocaba quedarse en casa haciendo las “labores propias de su sexo”.

Solo fue un momento, un pensamiento fugaz que se marchó igual que llegó y no le hizo apartarse de sus tareas. Y así seguía cuando de repente un golpe le hizo soltar la sábana que extendía sobre la cama para reconocer que ese ruido se correspondía con la caída y rotura de una maceta.

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Corrió a la terraza para comprobarlo y allí se encontró con una de sus macetas rota en varios pedazos, la tierra esparcida parte por el suelo y en un recipiente donde solía poner trozos de esquejes que mantenía en agua hasta su plantación.

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-Madre mía, menos mal que no estaba el gruñón. Vaya por Dios, y encima es una de las bonitas. Pero… si no hace viento, cómo se ha podido caer.

Comenzó a recoger los trozos y la tierra. Buscaba el resto de la planta para volver a plantarla y así salvarla. Pero según recogía la tierra  cada vez iba viéndose más porción de suelo, y nada relativo a la planta.

-Pero bueno, y la flor que estaba en esta maceta dónde está. ¡Jesús qué cosas!. Ya no solo pierdo las cosas que no sé dónde las pongo sino también las plantas de las macetas.

En la puerta se oyó introducir una llave y en el quicio apareció su marido.

-Ya estoy aquí.

Todavía con el cepillo y el recogedor en la mano salió a recibirle, y con cierta exaltación le espetó.

-José, ¿sabes qué ha pasado?

-Cualquier cosa. ¿Qué ha pasado María?

-¡Que se ha caído una maceta!

-Lo que te vengo yo diciendo y tú no me haces caso.

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-Ya, pero es que es un misterio.

-¿Un misterio? ¿Qué se caiga una maceta?  Cada día estás peor con tus misterios y señales.

-¡Claro que es un misterio! ¿O no es un misterio que se caiga una maceta cuando no sopla ni una pizca de aire? ¿Y no es misterio que aparezca solo tierra y trozos de cerámica y ni rastro de la planta que había en dicha maceta?

-Mujer, estará caída por algún lugar de la terraza.

-Que no, que no, que no aparece.

-Vamos a ver, voy a mirar yo. Seguro que ha saltado y está por algún rincón.

El marido se dirigió a la terraza con aire de autosuficiencia y con la idea clara de que él descifraría ese enigma, ese misterio que su mujer, estaba seguro, ya estaba viendo como una señal.  Esas señales de la que ella decía que no creía, pero que continuamente estaba pidiendo.

-Mari..a, Maríaaaaaaaa,¡ven, ven!

Ella salió corriendo porque esa especie de tartamudeo, o ese grito, no sonaba a un “qué te decía yo, mira donde está”, sino a algo preocupante.

-¿Qué, qué has encontrado?

-Esto.

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Y señalando hacía un rincón, una flor de  pita, seca, como un esqueleto y a modo de árbol de navidad, estaba cuajada de mariposas.

Y colorín,  colorado, este cuento para los que no creen en los milagros de Navidad, ha terminado.

Flor Zapata Ruiz, madre del hada Helena.

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Hola, soy Helena, Feliz Navidad

Hola, soy Helena,  y en el año 1997, cuando yo tenía trece años, ya me gustaban los anuncios y pensaba en estudiar publicidad. Por entonces,  había un anuncio que rezaba casi como el título de esta carta, solo cambiaba  el nombre.

Hoy soy yo la que quiero desearos Feliz Navidad, pero eso no será posible porque yo ya no estoy en este mundo. No al menos en forma humana. Hay quien dice que sí, que soy su ángel de la guarda, su hada buena, pero eso es solo invención de mi mami. Una forma para sobrevivir y pensar que sigo por aquí.

Aunque, ahora que lo pienso, sí que voy a  aprovechar esa magia del “hada Helena” para hacer posible esta felicitación.

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El hada Helena. Dibujo hecho por Helena.

Estas son las décimas  navidades que no puedo disfrutar. Alguien se encargó de arrebatarme ese lujo, ese derecho, esa felicidad.

Todo comenzó un 17 de abril. Eran las cuatro de la tarde y volvíamos de comer con unos amigos,  mi amor y yo.

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Mis padres no estaban en casa, venían de viaje.  Cuando llegaron, se encontraron un mensaje en el teléfono. “Habla la guardia civil de tráfico. Si son los familiares de Helena, llamen al siguiente número”.

Sí, cuando llegaron mis padres, yo ya estaba muerta.

Perdí a mis padres, a mi amor, a mis amigos, mis estudios… la vida.

Y no fue por mi culpa. Alguien muy borracho fue el causante.

Conducía con 1,07 y 1,08 miligramos de alcohol por aire aspirado. En su estado,  no me vio, quiso adelantarme pero me llevó por delante. Lo que  se llama “colisión por alcance”.

Mi novio se salvó. Yo corrí peor suerte.

El año en que me mataron hubo  3342 muertes en carreteras.

Este año,  muy probablemente, las cifras de muertos en siniestros viales será mayor que el pasado año 2013, y, aunque las autoridades, ahora,  cuando comienzan las comidas y cenas de Navidad,  están poniendo su empeño en disminuir el número de víctimas, mucho me temo que este año la cifra volverá a repuntar.

Por eso me he decidido a escribir esta carta.

Aunque este año quisiera ser el anuncio que entrara en todas las casas para felicitar las fiestas, no sería posible porque en muchas de ellas este año no habrá Navidad. En unas porque ya falta algún miembro, y en otras porque tú serás el nuevo muerto.

Sí, así es, tú puedes ser la nueva víctima. Se dan todas las circunstancias para ello. No hace falta mucho, solo un coche y el alcohol de una celebración. El que tú bebiste o el que otro bebió.

Y en un segundo, todo cambia, todo termina, nada tendrá solución, porque la muerte no pide permiso, ni le importa que sea Navidad.

Por eso, y aprovechando mi nuevo estado, puede que consiga salvar a alguno, pero eso solo  será posible si crees en los cuentos.

Como mucho podré llevarte conmigo a un lugar especial, “el país infinito”, “el país del rey Melenao”. Y solo si mi madre conoce la noticia de tu muerte y se propone escribir sobre ello.

Lo único cierto es que morirás y producirás un gran dolor. Que, como yo, ya no podrásbailar, reír, llorar, comer, amar, viajar, besar, soñar y cualquier otra actividad de vida.

Que tus padres no serán abuelos, aunque físicamente lo parezcan por lo que envejecerán de repente.

Que tus hijos serán huérfanos.

Que tu mujer o esposo se convertirán en viuda o viudo.

Que tus amigos, en el mejor de los casos, hablarán de ti en pasado.

Y tú, como dice la canción, le darás verde a los pinos y amarillo a la genista.

Piensa si merece la pena una copa más, una vida menos.

Yo que tú aprovecharía esta felicitación:

2015

“¡Hola, soy Helena, Feliz Navidad!”

Helena Castillo Zapata, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

www-quieroconducirquierovivir.com

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La realidad de los sueños 2

 

 

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Hoy me he despertado angustiada por un sueño. No es la primera vez, ni la primera vez que hablo aquí de los sueños. Lo que ansiamos soñar las madres sin hijos, única forma de lograr ver a nuestros hijos. Pero los sueños son cada vez más reales, y si nos devuelven la imagen de nuestro hijo, nos devuelven la realidad de que están muertos.

El primer sueño en el que de una forma inconsciente era consciente de la muerte de mi hija, fue el que me sirvió para escribir mi cuento «Baño Nocturno».

Hoy he tenido otro de ese estilo, pero hoy, además, he sentido la angustia de las madres que han perdido a sus hijos por enfermedad, esas a las que yo envidiaba porque ellas, al menos, habían tenido la oportunidad de despedirse de ellos, de hacer todo lo posible e incluso lo imposible, por salvarlos. Pero hoy me he dado cuenta que no hay nada más angustioso, desolador y penoso que saber que tu hijo se muere.

Helena aparecía en el sueño, la veía perfectamente, pero estaba enferma de cáncer, aunque no estaba mal. Solo yo sabía que tenía cáncer. Ella estaba como siempre, animosa, alegre, pero no se explicaba por qué a veces no podía asistir al cole y tenía que ir al médico. Y yo buscaba algún psicólogo que se lo pudiese explicar.

Me he despertado angustiada, llorando, y sabiendo que, hasta en sueños, mi realidad es que mi hija está muerta. Es como si nuestro subconsciente nos diera un toque de atención y nos dijera que no podemos soñar imposibles, no podemos soñar con ellos vivos, por algún lado tiene que salir que van a morir.

Hoy he sentido el dolor de las madres que pierden a sus hijos por enfermedad. Ya no sé que es mejor, si morir de dolor de repente, como es en el caso de las que perdemos a nuestros hijos de la noche a la mañana o verlos marcharse poco a poco, arrancándote el corazón.

Perdonadme, amigas, por haber tenido envidia de vosotras.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Carta a los padres de Michelle, Nerea y Ana Raquel, la niñas de Fuensalida

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Queridos padres y madres de Michelle, Nerea y Ana:

Hace poco más de nueve años yo me encontraba en la misma situación que vosotros, perdía a mi única hija por la acción de un conductor borracho. Y en este caso, puedo llamarle directamente «borracho» porque el índice de alcohol de la persona que arroyo el coche de mi hija era de 1,07 y 1,08.

Ocurrió en una autovía  (M-607), quiso adelantarla pero se la llevó por delante, no se cambió de carril, en su estado,  se pierde la visión y las medidas.

Por ello, sé por lo que estáis pasando.

Quisiera poder mandaros consuelo, pero no lo hay. Solo el tiempo os ayudará a aprender a vivir con ello.

Aunque quieres morir, no te mueres, y la naturaleza te amarra, te enreda, te fija a esta vida que nos ha tocado vivir.

Puede que en algún momento tengáis sentimiento de culpa. Es el sentimiento de culpa que nos queda a los padres por sobrevivir a los hijos.

Tendréis un mar de sentimientos, ninguno agradable, todos dolorosos e insoportables. Querréis morir, pero no se muere. Habéis comenzado vuestro «Duelo»

Encontraréis la forma de sobrevivir. Cada uno encuentra esa forma, y, sobre todo, haced que el recuerdo de ellas no se pierda.

La que subscribe esta carta lo consiguió dedicándose a escribir para concienciar sobre los peligros de una conducción no responsable, y tratando de compartir el dolor, porque el dolor compartido no es menor, pero es más llevadero. Otros se dedican a hacer obras de solidaridad. Otros se refugian en la religión. Cualquier cosa vale para sobrevivir.

Si tenéis más hijos tendréis que sacar fuerza de flaqueza para seguir adelante por ellos y para ellos. Y aunque todos estáis heridos, cada uno deberá cuidar sus heridas y vosotros los padres doblemente, porque aunque ahora está todo muy reciente, pasado un tiempo tendréis que ocuparos de esos otros hijos, para que un día no os digan: «Tu perdiste una hija, pero yo he perdido una madre o un padre.

Cuidaros. Buscad ayuda, física y psíquica. Recordad los momentos felices vividos con ellas. Y manteneos unidos, pero cada uno con su dolor.

Quiero haceros llegar mi solidaridad y mi historia  de supervivencia, por si os pudiera ayudar o aportar un hilo de esperanza.

Vuestro dolor es también el mío, porque antes ya lo sufrí yo. Por eso, os comprendo y os siento. Un fuerte abrazo solidario.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que ella no tomó.

www.quieroconducirquierovivir.com

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Lo Imposible

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Ayer vi la película «Lo imposible», película  que durante mucho tiempo me negué a ver. Esta era la tercera película que me faltaba por ver relacionada con el tsunami ocurrido  en el 2004  en el océano Índico, en el que murieron más de 200000 personas.

En esas tres películas, cuyo tema de fondo es el tsunami, pero en cada una de ellas tratado de forma diferente, se toca el tema de la pérdida, la muerte y el más  allá o cómo reponerse de las tragedias que pueden afectar nuestra vida.

Creo que la primera que vi fue  «Más allá de la vida». Podéis leer lo que escribí en su día sobre ella. La segunda fue «Tsunami: más allá de la tragedia». En ella nuevamente el tema de la muerte, la pérdida de los seres queridos, el duelo y cómo sobrevivir.

Y la tercera, «Lo imposible», durante mucho tiempo  me negué a verla porque desde el principio, y respetando el sufrimiento de los protagonistas, no me parecía una historia importante, puesto que los protagonistas habían sobrevivido. Entonces, nada me podían aportar.

Y he de decir, que no me sorprendió, como ya esperaba,  salvo la admiración por los efectos especiales para hacernos estar inmersos en el verdadero Tsunami.

De las tres películas, para nosotras «madres sin hijos», y en mi opinión, la más cercana, la más real, la que mejor representa  nuestro estado y sentimiento, es la de   «Tsunai: más allá de la tagedia». Os la recomiendo.

Para aquellos que creen en un más allá o que quieren creer, para los que piensan que se pueden poner en contacto con sus seres querido, los que creen en los ECM (experiencias cercanas a la muerte), por supuesto la de «Más allá de la vida», pero por mi escepticismo, esta película me pareció eso, una película.

Y, por supuesto, estas dos películas me gustaron más que «Lo imposible».

No le quito su valor como película (dirección, técnica, escenarios…), pero no me sedujo su historia, no me convenció, no me transmitió el dolor y la desesperanza que sentimos los que hemos sufrido una pérdida.

Ahora entiendo, algo que no me explicaba en principio cuando en su labor de marketing mostraban que era una historia espectacular, algo para contar. No entendía cómo habiendo tantas historias extraordinarias, como tragedia, como ejemplo de supervivencia o de solidaridad, el director se había fijado en esta historia. Ahora lo comprendo, era una historia de película, con final feliz. Y a la gente le gustan los finales felices, no le gustan las tragedias reales, las cosas tristes.

Sí, es algo imposible, pero para imposible, imposible, nuestra situación. Porque todos los padres que hemos perdido a un hijo, aunque pase mucho tiempo, seguimos pensando que es imposible, que no es real, que es un sueño del que vamos a despertar, que no es posible que nos haya pasado esto. Eso sí que es imposible.

Creo que la mayoría de los que hemos perdido a nuestros hijos, y desde que los hemos perdido tenemos una vida que podría dar para una película, pero, y a quién le interesa.

Temas relacionados con la muerte:

Doctora Angi Carmelo

Blog Calcetines del revés

Libros «Palabras que consuelan» Merce Castro Puig

Y en este blog de «Madres sin hijos» encontraréis la forma de sobrevivir de esta madre, ahora sin hijos:

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor borracho.

En este enlace podéis ver la película «Más allá de la tragedia»

http://www.youtube.com/watch?v=bJfMW87Ppqc

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Las Víctimas y el Día en Recuerdo de las Víctimas de Siniestro Vial

siniestros viales

 

Este post es una reflexión de una víctima de Siniestro Vial, puede que otras víctimas no estén en total acuerdo, pero es mi sentir, el de Flor Zapata Ruiz, la madre de Helena, que murió por culpa de un conductor borracho. Seguir leyendo…

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Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Tráfico, 2014

El primer lazo naranja

Y llegó noviembre, y con él el Día de las Victimas  de Siniestros de Tráfico. Y como cada año, el tercer domingo de noviembre se conmemora “El día en recuerdo de las víctimas de tráfico”, o como desde hace pocos meses hemos acordado en llamar “Victimas de Siniestro Vial”. Seguir leyendo…

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